Opinión
CRÍTICA – American Vandal (Segunda Temporada)
Publicado
hace 6 añosel
La pasé realmente bien con la primera temporada de “American Vandal”. Después de todo, lo que parecía ser, al principio, una serie enfocada en un chiste extremadamente inmaduro, se convirtió en algo bastante más intrigante: una crítica a los prejuicios, la manera en que la gente joven percibe a los demás, e incluso al sistema educativo norteamericano. Se trató, pues, de un show que atrajo a un público considerablemente grande a través de una premisa sonsa e hilarante, y los mantuvo atentos gracias a un guión espectacularmente escrito, y personajes que de verdad se sentían como adolescentes, estudiantes, profesores y padres de la vida real.
¿Qué podrían hacer, entonces, lo creadores, con la segunda temporada? ¿Cómo seguir con un concepto similar, pero sin hacer que los nuevos episodios se sientan como más de lo mismo? ¿Cómo transmitir más temas relevantes a la sociedad occidental contemporánea, haciendo uso de historias igual de absurdas, pero a la vez, creíbles?
Pues eso es lo que nos lleva al “Brownout”.

Si la segunda temporada de “American Vandal” funciona tan bien, es precisamente porque logra responder aquellas preguntas de la manera más entretenida y verosímil posible. Haciendo uso de una premisa igual de hilarante que la de la primera temporada, estos últimos episodios (sí, últimos, lamentablemente) del show logran desarrollar a un nuevo grupo de personajes que se sienten muy humanos, presentándonos una historia que parece haber sido extraída directamente de los noticieros y los periódicos, pero que forma parte de una propuesta que continúa con lo establecido en la temporada anterior. Se trata, pues, y aunque no lo crean, de una temporada superior a la anterior, y de los ocho episodios de “televisión” más graciosos y adictivos que haya visto en un buen tiempo. Me demoré bastante en animarme a ver esta segunda temporada de “American Vandal”, pero valió demasiado la pena.
Al comenzar, vemos cómo los protagonistas (e investigadores) de la temporada pasada, Peter Maldonado (Tyler Álvarez) y Sam Ecklund (Griffin Gluck) viajan a un prestigioso colegio en Washington para investigar el “Brownout”. Resulta que alguien contaminó la limonada de la cafetería del colegio en hora de clases, lo cual hizo que a todos los estudiantes les dé diarrea explosiva al mismo tiempo. ¿El resultado? Una de las secuencias más asquerosas (e incómodamente graciosas) que haya visto en mucho tiempo.
El responsable de dicho evento se hace llamar el “Turd Burglar”, y ha amenazado con realizar más acciones de este tipo. Es por esto que, luego del éxito del documental anterior (el cual, dentro de este universo, y de manera muy meta, fue vendido a Netflix), Peter y Sam son llamados para realizar una nueva investigación y descubrir la identidad del Burglar. Y aunque parece que la policía encuentra al responsable en tiempo récord, nuestros protagonistas no están convencidos de que ese sea el caso. Después de todo, parece que Kevin McClain (Travis Tope), el “chico raro” de la escuela, ha sido obligado a confesar. Dispuestos a encontrar al verdadero Burglar, Peter y Sam se ponen a entrevistar a todos los maestros y estudiantes del colegio, seguros de que el culpable se encuentra muy cerca de ellos.

Vale la pena recalcar que esta segunda temporada de “American Vandal” maneja la misma estructura y estilo que la primera. Tenemos a los dos investigadores, a un posible sospechoso que ellos creen está siendo injustamente acusado, y a todo un grupo de personajes que podrían estar involucrados en el vandalismo. Si estos nuevos episodios no se sienten como más de lo mismo, es porque la situación en la que Peter y Sam se involucran es completamente diferente, lo cual le permite a los guionistas insertar nuevos giros narrativos, nuevos obstáculos, y por supuesto, nuevos elementos satíricos. Es ligeramente similar a lo que vimos antes, sí, pero a la vez… mejor.
Consideren, si no, la escuela en la que se lleva a cabo el “Brownout”. Se trata de un institución para gente de dinero, en la que estudian chicos extremamente privilegiados. Hay una chica cuyo apellido está en el nombre de la biblioteca; un jugador de básquetbol admirado por todos (profesores y estudiantes), y en general, chicos que viven en una burbuja alucinante de privilegio y poder. Consideren, si no, la secuencia en donde explican su viaje a Centro América, el cual supuestamente es para “ayudar a niños pobres”, pero que usualmente termina en pachanga y celebración. O la manera en que muchos de los profesores se comportan, dándole favoritismo a ciertos estudiantes, pensando únicamente en la reputación del colegio, y en cómo ellos pueden salir ganando. “American Vandal” se lleva a cabo en una burbuja de privilegio tóxico, la cual resulta terriblemente familiar, incluso para aquellos que no vivimos en los Estados Unidos.

Y al igual que en la primera temporada, todo este contexto está construido de manera magistral. Puede que solo sean ocho episodios, pero son más que suficientes para presentarnos a una serie de personajes que muy bien podrían haber estado basados en personas reales. Sí, muchos de ellos —como los mencionados en el párrafo anterior— están basados en arquetipos, pero poco a poco son desarrollados a través de entrevistas e interacciones con los dos protagonistas, para convertirse en seres humanos tridimensionales. Y muchas de las motivaciones detrás de sus acciones son precisas y muy creíbles; algunos son chicos que ven más allá de sus privilegios; otros quieren ser aceptados por los demás, y otros simplemente quieren cobrar venganza.
Es precisamente por esta gran cantidad de personajes secundarios tan reales, que el desarrollo de la investigación termina siendo tan emocionante y poco previsible. El show cuenta con una buena cantidad de posibles sospechosos, y muchos de ellos tienen suficientes motivaciones como para haber sido capaces de realizar los actos de vandalismo en el colegio. Súmenle a esto una serie de giros narrativos que realmente no veía venir —pero que felizmente, en retrospectiva, tienen sentido—, y esta segunda temporada de “American Vandal” se torna en un experiencia verdaderamente adictiva. Así como en la primera me moría por saber quién había dibujado los penes, acá realmente quería saber quién había causado los “Crímenes de Caca” (sí, el “Brownout” fue solo el primero de varios eventos).
Adicionalmente, “American Vandal” hace un buen uso de los medios modernos y de las redes sociales para contar su historia, pero también para desarrollar el contexto en el que se desenvuelven los adolescentes hoy en día. El “Turd Burglar”, por ejemplo, sube videos y posts sobre sus crímenes a una cuenta de Instagram, etiquetando a todos los estudiantes del colegio, y cuelgas pistas sobre sus futuros crímenes. Además, muchas de las interacciones, chismes y confesiones en el show se transmiten de manera virtual, haciendo uso de mensajes de texto, emojis y demás, lo cual le permite a “American Vandal” sentirse como un producto de nuestro tiempo. En pocas palabras, la serie parece haber sido hecha por jóvenes para jóvenes, retratando a una generación en particular de manera prácticamente perfecta. Uno de los personajes critica duramente a la misma —acusándolos de hipócritas—, pero la serie en sí simplemente presenta a los jóvenes, para que cada uno saque sus propias conclusiones.

Al igual que los capítulos anteriores, estos últimos están realizados de tal manera que parecen ser parte de una serie documental de verdad… cuando en realidad, todo es ficción. La utilización de gráficas —muchas de ellas en 3D, esta vez—, así como entrevistas, imágenes de cámaras de seguridad, recreaciones con actores diferentes a los que interpretan a los personajes “de verdad”, y por supuesto, los planos de drone, le otorgan una estética muy elegante y precisa a “American Vandal”. Sí, el tema es absurdo, y sí, nada de lo que vemos ocurrió de verdad, pero todo está presentado de tal manera que luce verosímil, y eso ayuda a que uno siga viendo capítulo tras capítulo, sin querer descansar. De hecho, me terminé viendo los ocho episodios en un solo día (estamos en cuarentena, después de todo…)
Si, al igual que yo, disfrutaron de la primera temporada de “American Vandal”, la pasarán de lo lindo con la segunda. Lo que los creadores han logrado hacer es desarrollar una historia muy al estilo de los documentales que se ven todo el tiempo en Netflix, pero basada en una premisa asquerosa y absurda, la cual termina siendo muy graciosa debido a lo mucho que se toma en serio a sí misma. Sí, maneja el mismo estilo y tono que la temporada anterior, pero funciona ligeramente mejor gracias a sus personajes creíbles, giros narrativos realmente sorprendentes, y a un comentario social inesperadamente incisivo y muy preciso. Es una pena que Netflix haya decidido cancelar “American Vandal”; ni me imagino lo que este mismo equipo creativo hubiera sido capaz de realizar para una tercera temporada. Con suerte, alguien más se animará a producirla eventualmente; estoy seguro que no soy el único que la vería con muchas ganas apenas se estrene.
Cofundador y editor en NoEsEnSerie.com. Bachiller en Comunicación Audiovisual por la PUCP, y miembro de la APRECI—Asociación de Prensa Cinematográfica. Integra el staff de la revista MasGamers, las webs de Nintendo Pe y Fans de Zelda Perú, el portal web Cinencuentro, y el portal de cine peruano FotografiaCalato.com. Adicionalmente, es YouTuber para el canal Aprieta Start, y formó parte del staff de prensa del 18 Festival de Cine de Lima. También trabaja como fotógrafo para Star Wars Fan Club Perú. Desde enero del 2012 publica críticas y comentarios de cine en el blog Proyectando Ideas (el cual forma parte de la Asociación de Blogs de Cine). Crítico oficial de RottenTomatoes.com. Cinéfilo y seriómano empedernido.
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***½ sobre *****
*ALERTA DE SPOILERS*
Si hay algo que se puede decir de la nueva temporada de Ted Lasso hasta el momento, es que es consistente. Es consistente en lo divertida que es, en lo ligero de su tono y en cómo va desarrollando los conflictos y problemas tanto de los personajes clásicos como de los nuevos. No obstante, no puedo evitar sentir que, con este quinto episodio, algunas decisiones de guion se sienten algo repentinas. Personajes toman decisiones apresuradas sin mayor motivación y llevan a cabo giros narrativos que merecían haber sido construidos con un poco más de cuidado.

En esta ocasión, nos enfocamos en Ted (Jason Sudeikis) lidiando con el enojo de su coentrenadora Alice (Tanya Reynolds), quien no está haciendo un muy buen trabajo motivando al equipo. Esto es particularmente urgente considerando que están a punto de tener un partido importante contra Chelsea. Por otro lado, Rebecca no reacciona de la mejor manera al enterarse de que su novio y la pequeña hija de este han decidido mudarse a Londres. Keeley (Juno Temple) queda un poco decepcionada al ver la cantidad de fanáticos que llegan al estadio para ver el partido, y se ve afectada cuando Roy (Brett Goldstein) le revela que ha tenido varias citas con una misma chica. Y el entrenador Beard (Brendan Hunt) queda en shock luego de ver la obra de teatro de su ex Jane junto a Ted.
Como se pueden dar cuenta, el episodio trata de manejar varias líneas narrativas, todas bastante importantes, lo cual resulta en una sensación algo caótica para el espectador. Evidentemente, queda claro que lo más importante es todo lo vinculado a Ted y Alice, lo cual culmina de forma sorprendente (esto, me imagino, traerá consigo interesantes consecuencias en los siguientes episodios). Pero el resto de las historias luchan por mantener relevancia a lo largo del episodio, lo cual hace que, nuevamente, ciertas decisiones se sientan demasiado repentinas o hasta ilógicas. El quinto episodio de esta cuarta temporada no está mal, pero sí me gustaría que los episodios que quedan hagan un mejor trabajo balanceando todas las líneas narrativas que la serie está intentando desarrollar.
**** sobre *****
*ALERTA DE SPOILERS*
¿Qué es el trabajo en equipo? ¿Y qué pasa cuando un equipo comienza a dividirse en grupitos, todos peleándose entre todos? Eso es lo que vamos viendo a través de este cuarto episodio de la nueva temporada de Ted Lasso, que además representa el regreso triunfal de Trent Crimm (James Lance), quien al parecer ahora cuenta con podcast propio. En todo caso, lo importante acá es que el equipo femenino de AFC Richmond se ha partido en tres grupos: las delanteras, las defensas y las mediocampistas, y tanto Ted como sus dos entrenadores tienen que encontrar la manera de que se amisten y se conviertan en un solo equipo, capaz de trabajar en conjunto.
A la par, tenemos a una Keeley diciéndole a Roy que, para asegurarse de que de verdad quiera estar con ella, debe tener diez citas de verdad con otras mujeres. Lo cual sale tan bien como se deben estar imaginando (especialmente una vez que Roy se daña la rodilla, la cual le ha estado fastidiando por años). Y además, tenemos la llegada de Zelda Southport (Tracy Ullman), una mujer poderosa que se convierte en una suerte de modelo a seguir para Keeley, pero que lamentablemente no termina de convencer a Rebecca. Este es un episodio de trifulcas y problemas, pues, muchos de los cuales culminan en un pub quiz que, para alegría de todos, acaba por unir al grupo (por más que se terminen metiendo en toda una pelea de pub).

El cuarto episodio de esta temporada de Ted Lasso continúa con el desarrollo del nuevo equipo femenino, así como la presentación de nuevos problemas para nuestros personajes favoritos. Todo el tema entre Roy y Keeley es un poco previsible pero igual entretenido, pero acá lo verdaderamente interesante está en el desarrollo de las jugadoras de Richmond, especialmente de Gemma (quien rápidamente se ha convertido en una figura popular entre sus compañeras). Ted Lasso, incluso más que en los tres episodios previos, se siente ahora como lo que fue hace años, por más que se esté enfocando en todo un nuevo equipo. ¡Que siga así!
**** sobre *****
*ALERTA DE SPOILERS*
Y seguimos con la cuarta temporada de Ted Lasso. Este tercer episodio es el primero que no se siente como una introducción o prólogo, centrándose ya más en los problemas del equipo femenino de Richmond. Luego de una desastrosa conferencia de prensa, Keeley y Rebecca se quedan sin auspiciador principal. La primera, además, se entera de que los uniformes no llegarán a tiempo por culpa de la empresa de envíos. Y Ted, Beard y la nueva entrenadora se quedan sin dos jugadoras, por lo que deciden realizar pruebas abiertas, por si es que se terminan encontrando con alguna joven promesa o diamante en bruto.

Y resulta que sí. Una nueva jugadora (interpretada por Fay Marsaye, a quien recordarán de la gran serie de Andor) con mucho talento se integra en su equipo… al igual que otra que, quizás, no prometa tanto. Pero igual les sigue faltando una delantera, por lo que deciden llamar a Gemma, una vieja amiga de la nueva entrenadora, que lamentablemente ahora está estudiando derecho. Pero como suele pasar en esta serie, eventualmente Ted la convence de jugar, con esta admitiendo que tendrá que jugar como parte del equipo y seguir estudiando en la universidad. Por su parte, Rebecca está tan ocupada que deja plantado continuamente a su novio, situación a la que este reacciona con sorprendente calma.
Es así, pues, que el episodio logra combinar con eficiencia lo personal con lo profesional; es decir, todo lo vinculado a la vida familiar y amorosa de los personajes (hasta parece que Keeley y Roy podrían volver a tener lo antes… quizás), pero también todo lo relacionado al nuevo equipo y sus problemas. Resulta adorable, por ejemplo, ver llegar a la sobrina de Roy para darles uniformes a las chicas del equipo, o ver a Ted convencer de forma emotiva a Gemma de jugar. Hasta ahora no hay nada extraordinario en estos nuevos episodios de Ted Lasso, pero a la vez, están logrando mantener un buen nivel de emotividad, humor ligero y una que otra sorpresa. A ver que continúan así, o mejor aún, si nos logran entregar algo todavía más sobresaliente.
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