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Opinión

CRÍTICA – American Vandal (Segunda Temporada)

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La pasé realmente bien con la primera temporada de “American Vandal”. Después de todo, lo que parecía ser, al principio, una serie enfocada en un chiste extremadamente inmaduro, se convirtió en algo bastante más intrigante: una crítica a los prejuicios, la manera en que la gente joven percibe a los demás, e incluso al sistema educativo norteamericano. Se trató, pues, de un show que atrajo a un público considerablemente grande a través de una premisa sonsa e hilarante, y los mantuvo atentos gracias a un guión espectacularmente escrito, y personajes que de verdad se sentían como adolescentes, estudiantes, profesores y padres de la vida real.

¿Qué podrían hacer, entonces, lo creadores, con la segunda temporada? ¿Cómo seguir con un concepto similar, pero sin hacer que los nuevos episodios se sientan como más de lo mismo? ¿Cómo transmitir más temas relevantes a la sociedad occidental contemporánea, haciendo uso de historias igual de absurdas, pero a la vez, creíbles?

Pues eso es lo que nos lleva al “Brownout”.

Si la segunda temporada de “American Vandal” funciona tan bien, es precisamente porque logra responder aquellas preguntas de la manera más entretenida y verosímil posible. Haciendo uso de una premisa igual de hilarante que la de la primera temporada, estos últimos episodios (sí, últimos, lamentablemente) del show logran desarrollar a un nuevo grupo de personajes que se sienten muy humanos, presentándonos una historia que parece haber sido extraída directamente de los noticieros y los periódicos, pero que forma parte de una propuesta que continúa con lo establecido en la temporada anterior. Se trata, pues, y aunque no lo crean, de una temporada superior a la anterior, y de los ocho episodios de “televisión” más graciosos y adictivos que haya visto en un buen tiempo. Me demoré bastante en animarme a ver esta segunda temporada de “American Vandal”, pero valió demasiado la pena.

Al comenzar, vemos cómo los protagonistas (e investigadores) de la temporada pasada, Peter Maldonado (Tyler Álvarez) y Sam Ecklund (Griffin Gluck) viajan a un prestigioso colegio en Washington para investigar el “Brownout”. Resulta que alguien contaminó la limonada de la cafetería del colegio en hora de clases, lo cual hizo que a todos los estudiantes les dé diarrea explosiva al mismo tiempo. ¿El resultado? Una de las secuencias más asquerosas (e incómodamente graciosas) que haya visto en mucho tiempo.

El responsable de dicho evento se hace llamar el “Turd Burglar”, y ha amenazado con realizar más acciones de este tipo. Es por esto que, luego del éxito del documental anterior (el cual, dentro de este universo, y de manera muy meta, fue vendido a Netflix), Peter y Sam son llamados para realizar una nueva investigación y descubrir la identidad del Burglar. Y aunque parece que la policía encuentra al responsable en tiempo récord, nuestros protagonistas no están convencidos de que ese sea el caso. Después de todo, parece que Kevin McClain (Travis Tope), el “chico raro” de la escuela, ha sido obligado a confesar. Dispuestos a encontrar al verdadero Burglar, Peter y Sam se ponen a entrevistar a todos los maestros y estudiantes del colegio, seguros de que el culpable se encuentra muy cerca de ellos.

Vale la pena recalcar que esta segunda temporada de “American Vandal” maneja la misma estructura y estilo que la primera. Tenemos a los dos investigadores, a un posible sospechoso que ellos creen está siendo injustamente acusado, y a todo un grupo de personajes que podrían estar involucrados en el vandalismo. Si estos nuevos episodios no se sienten como más de lo mismo, es porque la situación en la que Peter y Sam se involucran es completamente diferente, lo cual le permite a los guionistas insertar nuevos giros narrativos, nuevos obstáculos, y por supuesto, nuevos elementos satíricos. Es ligeramente similar a lo que vimos antes, sí, pero a la vez… mejor.

Consideren, si no, la escuela en la que se lleva a cabo el “Brownout”. Se trata de un institución para gente de dinero, en la que estudian chicos extremamente privilegiados. Hay una chica cuyo apellido está en el nombre de la biblioteca; un jugador de básquetbol admirado por todos (profesores y estudiantes), y en general, chicos que viven en una burbuja alucinante de privilegio y poder. Consideren, si no, la secuencia en donde explican su viaje a Centro América, el cual supuestamente es para “ayudar a niños pobres”, pero que usualmente termina en pachanga y celebración. O la manera en que muchos de los profesores se comportan, dándole favoritismo a ciertos estudiantes, pensando únicamente en la reputación del colegio, y en cómo ellos pueden salir ganando. “American Vandal” se lleva a cabo en una burbuja de privilegio tóxico, la cual resulta terriblemente familiar, incluso para aquellos que no vivimos en los Estados Unidos.

Y al igual que en la primera temporada, todo este contexto está construido de manera magistral. Puede que solo sean ocho episodios, pero son más que suficientes para presentarnos a una serie de personajes que muy bien podrían haber estado basados en personas reales. Sí, muchos de ellos —como los mencionados en el párrafo anterior— están basados en arquetipos, pero poco a poco son desarrollados a través de entrevistas e interacciones con los dos protagonistas, para convertirse en seres humanos tridimensionales. Y muchas de las motivaciones detrás de sus acciones son precisas y muy creíbles; algunos son chicos que ven más allá de sus privilegios; otros quieren ser aceptados por los demás, y otros simplemente quieren cobrar venganza.

Es precisamente por esta gran cantidad de personajes secundarios tan reales, que el desarrollo de la investigación termina siendo tan emocionante y poco previsible. El show cuenta con una buena cantidad de posibles sospechosos, y muchos de ellos tienen suficientes motivaciones como para haber sido capaces de realizar los actos de vandalismo en el colegio. Súmenle a esto una serie de giros narrativos que realmente no veía venir —pero que felizmente, en retrospectiva, tienen sentido—, y esta segunda temporada de “American Vandal” se torna en un experiencia verdaderamente adictiva. Así como en la primera me moría por saber quién había dibujado los penes, acá realmente quería saber quién había causado los “Crímenes de Caca” (sí, el “Brownout” fue solo el primero de varios eventos).

Adicionalmente, “American Vandal” hace un buen uso de los medios modernos y de las redes sociales para contar su historia, pero también para desarrollar el contexto en el que se desenvuelven los adolescentes hoy en día. El “Turd Burglar”, por ejemplo, sube videos y posts sobre sus crímenes a una cuenta de Instagram, etiquetando a todos los estudiantes del colegio, y cuelgas pistas sobre sus futuros crímenes. Además, muchas de las interacciones, chismes y confesiones en el show se transmiten de manera virtual, haciendo uso de mensajes de texto, emojis y demás, lo cual le permite a “American Vandal” sentirse como un producto de nuestro tiempo. En pocas palabras, la serie parece haber sido hecha por jóvenes para jóvenes, retratando a una generación en particular de manera prácticamente perfecta. Uno de los personajes critica duramente a la misma —acusándolos de hipócritas—, pero la serie en sí simplemente presenta a los jóvenes, para que cada uno saque sus propias conclusiones.

Al igual que los capítulos anteriores, estos últimos están realizados de tal manera que parecen ser parte de una serie documental de verdad… cuando en realidad, todo es ficción. La utilización de gráficas —muchas de ellas en 3D, esta vez—, así como entrevistas, imágenes de cámaras de seguridad, recreaciones con actores diferentes a los que interpretan a los personajes “de verdad”, y por supuesto, los planos de drone, le otorgan una estética muy elegante y precisa a “American Vandal”. Sí, el tema es absurdo, y sí, nada de lo que vemos ocurrió de verdad, pero todo está presentado de tal manera que luce verosímil, y eso ayuda a que uno siga viendo capítulo tras capítulo, sin querer descansar. De hecho, me terminé viendo los ocho episodios en un solo día (estamos en cuarentena, después de todo…)

Si, al igual que yo, disfrutaron de la primera temporada de “American Vandal”, la pasarán de lo lindo con la segunda. Lo que los creadores han logrado hacer es desarrollar una historia muy al estilo de los documentales que se ven todo el tiempo en Netflix, pero basada en una premisa asquerosa y absurda, la cual termina siendo muy graciosa debido a lo mucho que se toma en serio a sí misma. Sí, maneja el mismo estilo y tono que la temporada anterior, pero funciona ligeramente mejor gracias a sus personajes creíbles, giros narrativos realmente sorprendentes, y a un comentario social inesperadamente incisivo y muy preciso. Es una pena que Netflix haya decidido cancelar “American Vandal”; ni me imagino lo que este mismo equipo creativo hubiera sido capaz de realizar para una tercera temporada. Con suerte, alguien más se animará a producirla eventualmente; estoy seguro que no soy el único que la vería con muchas ganas apenas se estrene.

Cofundador y editor en NoEsEnSerie.com. Bachiller en Comunicación Audiovisual por la PUCP, y miembro de la APRECI—Asociación de Prensa Cinematográfica. Integra el staff de la revista MasGamers, las webs de Nintendo Pe y Fans de Zelda Perú, el portal web Cinencuentro, y el portal de cine peruano FotografiaCalato.com. Adicionalmente, es YouTuber para el canal Aprieta Start, y formó parte del staff de prensa del 18 Festival de Cine de Lima. También trabaja como fotógrafo para Star Wars Fan Club Perú. Desde enero del 2012 publica críticas y comentarios de cine en el blog Proyectando Ideas (el cual forma parte de la Asociación de Blogs de Cine). Crítico oficial de RottenTomatoes.com. Cinéfilo y seriómano empedernido.

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CRÍTICA: Daredevil: Born Again – Episodio 7

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**** sobre *****

*CUIDADO QUE HAY SPOILERS*

Por alguna razón, el episodio 7 de “Daredevil: Born Again” es el que se siente más como una suerte de Frankenstein —como una mezcla entre lo que se quería hacer con la versión original del show, con los showurunners originales, y lo que eventualmente se cambió para la versión de ahorita. El resultado es curiosamente igual muy entretenido, pero a la vez, un poco desordenado. El gran énfasis que se le da a la historia de trasfondo del asesino serial Muse (Hunter Doohan), por ejemplo, no va a ninguna parte, y no puedo evitar sentir que los nuevos amigos de Matt realmente no pintan para nada en esta versión de la historia.

No obstante, estoy disfrutando el regreso del Diablo de Hell’s Kitchen, y también de como este episodio lo obliga a rescatar a su novia, la doctora Heather (Margarita Levieva) de las garras del ya mencionado Muse. De hecho, eso resulta en una de las secuencias más tensas de la serie, que culmina en la buena doctora asesinando a Muse a balazos, para luego ser salvada de morir desangrada por Matt. Pero más importante, este suceso es utilizado por Fisk para decirle a la ciudad que Heather fue en realidad salvada por su Grupo de Trabajo anti justicieros, dejando en claro que hará todo lo posible por acabar con este tipo de héroes. Después de todo, Daredevil está de vuelta, y Fisk no podría estar más asustado.

Aparte de eso, el episodio cuenta con algunas subtramas que no están particularmente bien desarrolladas. Tenemos a Vanessa (Ayelet Zurer) trabajando junto con Fisk para deshacerse de sus enemigos; a Daniel Blake (Michael Gandolfini) chantajeando a BB Ulrich (Genera Walton) para quedar bien con su jefe, y a Cherry (Clark Johnson) peleándose con Matt por el regreso de su alter ego enmascarado. Esta última en particular no contribuye a nada, principalmente porque tanto Cherry como Kirsten (Nikki M. James) se sienten como rezagos de la versión vieja de la serie, y por ende, tienen poca relevancia acá. Sin embargo, fuera de eso, el sétimo episodio de “Daredevil: Born Again” se me pasó rápido, e igual logró avanzar con la trama y con la obtención de poder de Fisk en el cargo de alcalde. Ahora sin Muse, veremos en qué tendrá que ocuparse Daredevil la próxima semana.

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CRÍTICA: Daredevil: Born Again – Episodios 5 y 6

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*CUIDADO QUE HAY SPOILERS*

Episodio 5 – ****½ sobre *****

Lo divertido de ver series antes de la época del streaming, es que no todos los episodios tenían que avanzar con la trama general de forma explícita. De hecho, el chiste estaba en tener algunas historias que se podían sentir casi como secundarias, en donde el o la protagonista se veía involucrada en situaciones aisladas. Esa es, precisamente, la sensación que me ha dado el quinto episodio de “Daredevil: Born Again”, el cual se centra en el atraco a un banco en el que se encuentra Matt (Charlie Cox), quien había llegado para intentar sacar un préstamo con la ayuda del administrador asistente, nada más y nada menos que Yusuf Khan (Mohan Kapur), el papá de Kamala Khan / Ms Marvel.

Es así que el episodio se desarrolla como una historia que se puede disfrutar casi por sí sola, pero que contiene referencias como la anteriormente mencionada que dejan muy en claro que esta serie sí se lleva a cabo explícitamente en la MCU. Pero fuera de eso, tenemos un episodio emocionante y tenso, en el que Matt se ve obligado a usar sus poderes —básicamente, su súper sentido del oído— sin que nadie se de cuenta, actuando como un verdadero ciego y sin ponerse su traje de Daredevil. Esto resulta en un episodio increíblemente entretenido, que aprovecha bien la fecha en la que se lleva a cabo —el Día de San Patricio— así como la peligrosa situación en la que se encuentran nuestros personajes. No es un episodio mega importante, pues, pero igual lo disfruté mucho, y además, da la sensación de que establece a una misteriosa figura —el jefe de los criminales— como un villano potencial en el futuro. Habrá que esperar.

 

Episodio 6 – ****½ sobre *****

Es en el episodio 6 de “Daredevil: Born Again”, entonces, donde la trama comienza a avanzar un poco más —a diferencia del anterior, quienes busquen un mayor desarrollo de las líneas narrativas principales de la serie quedarán más contentos con este episodio. Es aquí que vemos como se descubre la forma en que Muse, un asesino serial/grafitero, está haciendo pintas aparentemente imborrables en las calles de Nueva York. Y también es aquí que vemos, por fin, a Matt regresar a sus andanzas, poniéndose el traje de Daredevil nuevamente, esta vez para rescatar a Angela (Camila Rodríguez) de las garras del asesino ya mencionado.

Resulta fascinante, además, ver a Wilson Fisk (Vincent D’Onofrio) formar un escuadrón anti-justicieros, lo que me imagino le traerá problemas más adelante tanto a Daredevil como a personajes como El Castigador. Pero lo que el episodio parece estar más interesado en decirnos es que, al convertirse de nuevo en justiciero, nuestro protagonista no se diferencia demasiado de su archienemigo. Es así que vemos como, en paralelo, Fisk y Matt se ven involucrados en peleas, con el primero sacándole la mugre al ex de Vanessa, y el segundo tratando de acabar con Muse. Entre eso, y la aparición inesperada de Jack Duquesne / El Espadachín (Tony Dalton), quien apareció por primera vez en la serie de “Hawkeye”, es que el sexto episodio de “Daredevil: Born Again” se desarrolla de forma emocionante, satisfactoria y violenta, mezclando contenido temático potente con referencias para los fans. Es decir, tanto este episodio como el anterior son de lo mejor que el show nos ha ofrecido hasta el momento.

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CRÍTICA: Daredevil: Born Again – Episodio 4

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**** sobre *****

*CUIDADO QUE HAY SPOILERS*

Si este se siente como un episodio menor, es porque los tres primeros capítulos de “Daredevil: Born Again” han sido extremadamente buenos; es decir, la valla está alta. Sin embargo, hay mucho para disfrutar en el cuarto episodio de “Daredevil: Born Again”, desde un caso muy particular que le toca atender a Matt Murdock (Charlie Cox), hasta los esfuerzos del alcalde Fisk (Vincent D’Onofrio) por comenzar a cumplir con sus promesas de campaña y, por supuesto, el muy esperado retorno de Frank Castle / El Castigador (Jon Bernthal).

De hecho, esto último es de lo mejor que tiene el episodio para ofrecer, incluyendo una magnífica escena protagonizada por dos grandes actores dando interpretaciones fascinantes. El diálogo entre Matt y Frank hace un excelente trabajo resumiendo las posturas de ambos personajes, y más importante, dejando en claro que la muerte de Foggy será lo que siempre terminará motivando al primero en esta temporada. Puede que él se mienta a sí mismo o diga que está trabajando únicamente porque es su deber, pero todo lo que hace —especialmente ahora lo relacionado a la muerte de su último cliente, así como sus enfrentamientos con policías corruptos que usan el logo del Punisher— lo hace por Foggy. Es Frank quien le hace ver la realidad a Matt, lo cual parece traerá consigo ciertas consecuencias; ¡me muero por ver a Daredevil de regreso, con traje y todo!

Pero regresando al tema de los policías. Me encanta que “Daredevil: Born Again” no tenga miedo de meterse en temas potencialmente controvertidos, dejando en claro que buena parte de los policías que operan en la Nueva York de Fisk son corruptos y violentos, capaces de matar hasta por venganza. Va a ser interesante ver cómo el show continua desarrollando esto, especialmente ahora que Frank ha regresado. Lo mismo se puede decir sobre Wilson Fisk —algo de progreso se está haciendo con sus terapias de pareja, pero el que tenga encerrado al ex de Vanessa, Adam (Lou Taylor Pucci) en un calabozo nos dice, nuevamente, que Fisk no ha cambiado tanto. Puede que sea capaz de perdonar a Daniel (Michael Gandolfini) luego de haber cometido un error, pero igual parece que no ha terminado de esconder sus violentas tendencias. Habrá que ver qué sucede con él, y claro, de qué forma Daredevil se verá obligado a detenerlo.

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