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Opinión

CRÍTICA – American Vandal (Primera Temporada)

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“American Vandal” es una serie que, inicialmente, podría sonar como una tontera, pero que gracias a la manera en que satiriza documentales estilo “Making a Murderer” y logra desarrollar un misterio sorprendentemente interesante, termina funcionando mucho más de lo que uno esperaría. Durante los primeros dos o tres capítulos uno ve esta primera temporada de “American Vandal” como una comedia tonta, juvenil… hasta que la trama lo logra atrapar, por más absurda que esta sea. Definitivamente me sorprendió.

Ahora bien, me imagino que se estarán preguntando de qué se trata “American Vandal”. Pues la repuesta es relativamente simple (y algo embarazosa). Jimmy Trato interpreta a Dylan Maxwell, un estudiante de último año en el colegio Hanover, que de la noche a la mañana es acusado de dibujar penes con aerosol en veintisiete carros que se encontraban estacionados en la escuela. A pesar de que él se declara inocente, prácticamente todo el mundo, desde los profesores hasta la administración del colegio y, por supuesto, los estudiantes, no duda de que él sea el culpable. Después de todo, Dylan es conocido como un estudiante problemático, poco inteligente y escandaloso, que encima de todo, se dedica a dibujar genitales masculinos en la pizarra de su clase de español.

Pero hay dos estudiantes que parecen creerle: Peter Maldonado (Tyler Alvarez) y Sam Ecklund (Griffin Gluck). Es por ello que, para averiguar la verdad detrás del vandalismo de los veintisiete carros, deciden hacer un documental al respecto, grabando dentro y fuera del colegio, y entrevistando tanto a profesores y estudiantes, como cualquier potencial involucrado en el supuesto crimen.

Lo brillante de “American Vandal” es que se presenta a sí mismo como un documental verdadero, cuando en realidad, no toma mucho esfuerzo darse cuenta que se trata de ficción pura. De hecho, la temporada entera está filmada y editada de tal manera que uno cree que tanto Peter como Sam se han encargado de la investigación entera, como si fuesen personas verdaderas y no personajes. Hasta los créditos iniciales de cada episodio mencionan que la serie ha sido desarrollada en coproducción con el departamento de audiovisuales de Hanover High. El equipo detrás de “American Vandal” está tan comprometido en otorgarle realismo y verosimilitud, que uno termina siguiéndoles la corriente.

Esto se debe, también, a que “American Vandal” es una perfecta sátira de este tipo de documentales, especialmente series como “Making a Murderer”, que han sido producidas por la misma Netflix. La temporada entera mantiene un tono de seriedad absoluta que contraste magníficamente con la temática infantil y francamente absurda; después de todo, si los protagonistas estuvieran conscientes de que están participando en una tontería, el resultado no sería igual de gracioso.

Estéticamente, además, “American Vandal” parodia los recursos utilizados por los documentales de manera muy precisa: desde las animaciones (demasiado profesionales para haber sido creadas por estudiantes de secundaria, dicho sea de paso) hasta los planos macro, pseudo-artísticos de transición, y las entrevistas a todos los potenciales sospechosos, “American Vandal” es tratado como un documental verdadero, a pesar de tratarse sobre un chico que, supuestamente, ha dibujado penes en un montón de carros. El uso de imágenes dramáticas en blanco y negro, así como las declaraciones de diferentes adultos, hacen del material incluso más divertido.

El desarrollo de la temporada también ayuda a que uno se “meta” en la trama. Debo admitir que para el episodio 4 ó 6 ya estaba completamente interesado en averiguar quién fue el culpable del vandalismo, muy aparte de haber estado riéndome con los aparentemente infinitos chistes sobre penes (o como lo traducen tan elocuentemente los de Netflix, “vergas”). La historia está llena de giros narrativos inesperados, el surgimiento de nuevas evidencias, sospechosos que no habían sido considerados anteriormente, y más. Es decir, “American Vandal” realiza todas las contorsiones narrativas que uno esperaría de un documental sobre un crimen serio o grave, lo cual hace que sea incluso más entretenida (y que funcione mejor como sátira).

Adicionalmente, el hecho de que la serie construya de manera tan verosímil el ambiente de colegio de secundaria estadounidense es francamente impresionante. Sí, muchos de los personajes son bastante arquetípicos, pero podría argumentarse que esa es precisamente la idea. Tenemos profesores populares, profesores jóvenes que quieren aparentar ser cool, otros que pretender ser justos pero que en realidad tienen sus propias vendettas, alumnos populares, perdedores, agrandados, nerds… en fin, cada adulto y cada niño tiene su propia personalidad muy definida, lo cual hace que Hanover que sienta como una escuela real, creíble. Además, resulta hilarante ver la investigación de cada uno de estos justos, y la manera como Peter y Sam los tratan como sospechosos, investigando eventos relacionados a ellos, desde rumores sobre… ejem… masturbaciones y encuentros sexuales, hasta romances, problemas con papás, y mucho más.

No voy a decir que “American Vandal” es una serie perfecta; algunos de los chistes de penes están de más (aunque admito que me reí con la mayoría… hey, no estoy hecho de piedra) y varios de los giros narrativos se sienten algo artificiales, o como detalles que muy fácilmente hubieran podido ser detectados mucho antes. Sin embargo, debo admitir que, en general, “American Vandal” me sorprendió; me sorprendió con su humor, con sus personajes bien desarrollados, con su misterio central impecablemente construido e inesperadamente intrigante, y con su desenlace.

Sí, el desenlace. Ahora, claramente no les quiero malograr el final (¡deben ver esta serie), por lo que no daré muchos detalles. Basta con decir, no más, que el final de esta primera temporada resultó ser más sorprendente y serio de lo que esperaba; digamos que “American Vandal” no está interesada únicamente en encontrar a la persona que “hizo las vergas”, si no también en transmitir un mensaje sobre la manera en que uno puede llegar a juzgar a otras personas mientras está en el colegio, y sobre la percepción que uno tiene sobre sus compañeros, sean amigos cercanos y meros conocidos. Definitivamente no es algo que me esperaba, pero sin embargo surge muy naturalmente del desarrollo de los protagonistas (especialmente Dylan) y la trama.

“American Vandal” es lo que todo mockumentary debería ser: completamente creíble e hilarante por momentos, pero también muy bien desarrollado (#WhoDrewTheDicks) y capaz de manejar temas algo sensibles y duros. Se trata de una primera temporada breve (son solo ocho capítulos) pero muy divertida, una de las mayores (gratas) sorpresas de este año. Se supone que Netflix producirá una segunda temporada; independientemente si siguen con los mismos personajes o si deciden contar una historia completamente diferente pero de similar corte, espero que mantengan el mismo nivel de calidad que con la primera.

Cofundador y editor en NoEsEnSerie.com. Bachiller en Comunicación Audiovisual por la PUCP, y miembro de la APRECI—Asociación de Prensa Cinematográfica. Integra el staff de la revista MasGamers, las webs de Nintendo Pe y Fans de Zelda Perú, el portal web Cinencuentro, y el portal de cine peruano FotografiaCalato.com. Adicionalmente, es YouTuber para el canal Aprieta Start, y formó parte del staff de prensa del 18 Festival de Cine de Lima. También trabaja como fotógrafo para Star Wars Fan Club Perú. Desde enero del 2012 publica críticas y comentarios de cine en el blog Proyectando Ideas (el cual forma parte de la Asociación de Blogs de Cine). Crítico oficial de RottenTomatoes.com. Cinéfilo y seriómano empedernido.

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CRÍTICA: La vida sexual de las universitarias – Temp 3, Ep 4

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**** sobre *****

*CUIDADO QUE HAY SPOILERS*

La tercera temporada de “La vida sexual de las universitarias” se sigue desarrollando de forma entretenida, esta vez entregándonos un cuarto episodio que logra entrelazar las diferentes tramas de sus protagonistas de forma divertida. No es nada del otro mundo, pero sí me animaría a decir que lo más interesante del episodio es que se siente como algo sacado de las temporadas anteriores, lo cual quiere decir que el personaje de Kacey (Gracie Lawrence) está comenzando a funcionar en el contexto de la serie. ¡Buen comienzo, entonces!

Hay de todo en este episodio de “La vida sexual de las universitarias”, pero si hay una protagonista con menos que hacer que el resto, es Kimberly. Básicamente, tiene un pequeño arco en el que tiene que dejar de intentar ser perfecta, dándose cuenta de que debe cuidar a sus amigos y compañeros de trabajo incluso cuando esto involucre mentir —o la obligue, al final, a quemar una pila de robots que potencialmente podrían haberle quitado su trabajo. Por otro lado, la historia de Whitney es más intrigante: al vemos tratando de manejar sus difíciles tiempos, lo cual la lleva a descuidar su más reciente amorío y, quizás, considerar algo de ayuda de salud mental. Por su parte, Bela, para variar, tiene la historia más graciosa: la vemos “enamorarse” de la mascota de la universidad (un zorro llamado Franklin, o mejor dicho, un chico disfrazado de dicho zorro) para eventualmente darse cuenta que igual no puede dejar de pensar en su Chico Bueno. Esta historia, felizmente, cuenta con un final feliz.

Y por supuesto, de ahí está Kacey. La chica nueva sigue siendo bastante antipática y arrogante, pero todo el punto del episodio, precisamente, es que la obliga a ganar algo de humildad. Después de todo, decide aplicar a la obra de teatro de la universidad (a pesar de que aparentemente odia a la gente de teatro) y, aunque da una buena audición, le dan un papel pequeño porque su canto carece de pasión. Esto resulta en la chica haciendo lo opuesto a lo que la profesora asumía: NO rendirse, y más bien decidir que trabajará duro en su limitado rol. Y creo que eso simboliza muy bien el rol de Kacey y la nueva identidad de “La vida sexual de las universitarias” en general: puede que asumamos bastante sobre ella, pero la idea es que tanto el personaje como la actriz harán todo lo posible por demostrar que merecen estar acá. Pues habrá que darles la oportunidad.

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CRÍTICA: Star Wars: Skeleton Crew – Episodio 3

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“Skeleton Crew” continúa demostrando ser de lo más interesante que Lucasfilm ha producido en estos últimos años. En su tercer episodio, logra expandir el universo en el que sus niños protagonistas se encuentran, dejando varias pistas sobre la verdadera naturaleza del planeta del que vienen, At Attin. Pues cuando el personaje de Jude Law (quien acá nos enteramos tiene varias identidades y nombres, y claramente no es un Jedi) se los lleva a ver a una vieja amiga (una suerte de búho espacial; de los mejores personajes que el show ha introducido hasta ahora), los niños se enteran de que At Attin es un planeta escondido; el único que queda de los Planetas Joya de la Antigua República, y un lugar que no aparece en ningún mapa.

Y es ahí, también, que nos enteramos de lo aislados que han estado en ese mundo. No saben nada de las Guerras Clónicas o la Guerra Civil Galáctica (literalmente no se han enterado de la Guerra de las Galaxias… ¡ja!), y creen que Alderaan todavía existe. Y retrocediendo un poco, en el prólogo, en donde los padres de los niños interactúan con un droide vigía que les informa que se han ido del planeta, nos percatamos de que el padre de Wim, Wendle (Tunde Adebimpe) sabe… algo. No sabemos exactamente qué, pero queda claro que “Skeleton Crew” lo revelará en su momento. Y es ahí precisamente donde radica lo más divertido de la serie: se está desarrollando como un misterio, y como un misterio que, al menos hasta el momento, no se siente previsible.

Parte de ese misterio, además, es averiguar quién es exactamente Jod Na Nawood (Law). ¿Es un ex Jedi? ¿Es un pirata solamente, o algo más? ¿De verdad sabe usar la Fuerza, o estado utilizando trucos? Para el final del episodio, el personaje hace un trato con los chicos, pero claramente igual no podemos confiar en él. Y eso es lo que nos deja con ganas de más. Eso, y como no podía ser de otra forma, todas las referencias y cameos que hay en el episodio. No solo está Nick Frost como la voz del robot de la nave, SM-33, si no también Alfred Molina como la voz de un Alien, y por qué no, también hay un cameo de un Droide de Batalla B1 que nunca se enteró quién ganó las Guerras Clónicas. Se puede decir, pues, que el episodio 3 de “Skeleton Crew” estuvo buenísimo. ¡Ya no aguanto hasta la próxima semana!

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CRÍTICA: La vida sexual de las universitarias – Temp 3, Ep 3

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**** sobre *****

*CUIDADO QUE HAY SPOILERS*

Ahora que Reneé Rapp se ha ido de “La vida sexual de las universitarias”, toca conocer a un nuevo personaje. Kacey (Gracie Lawrence) comienza este tercer episodio como una chica que aparenta ser amable y fresa, pero que utiliza lenguaje pasivo-agresivo para, como dice Whitney, “comportarse en un perra”. Es muy temprano todavía para determinar si es que el personaje va a funcionar o no, pero considerando el arco por el que pasa en este episodio, creo que el balance es más positivo que negativo. Es muy distinta a lo que Rapp trajo a la serie, en todo caso, lo cual es bueno —de lo contrario, invitaría a demasiadas comparaciones incómodas.

Fuera de eso, tenemos las tramas secundarias, todas bastante interesantes para nuestras protagonistas. Intentando ser más atrevida con el chico bisexual con el que está saliendo, Kimberly va a su primera sex shop y comete un error en una situación íntima con él. Por su parte, Whitney ofende de casualidad a su profesora de Estudios Afroamericanos (curso que comparte con Kimberly, dicho sea de paso), lo cual hace que comience a dudar sobre sus intereses académicos. Y finalmente, Bela comienza a enamorarse de un “chico bueno” por primera vez en su vida, lo cual culmina de forma ligeramente decepcionante para ella (pero no para él).

Como siempre, “La vida sexual de las universitarias” maneja un buen balance entre todas sus historias, permitiéndole, en este caso, a sus personajes evolucionar de distintas maneras —a Kimberly en su vida personal y sexual, a Bela en términos de madurez, y a Whitney en términos profesionales y en cómo percibe las carreras que muchas veces son vistas como poco lucrativas. Todo funciona gracias al gran sentido del humor que “La vida sexual de las universitarias” maneja, como siempre, y a las actuaciones carismáticas y graciosas. Pero nuevamente: el éxito de esta temporada dependerá de qué tan bien funcione el personaje de Kacey, y aunque ha comenzado bien acá, todavía hay mucho por juzgar. Veremos, veremos…

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