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CRÍTICA – Star Wars: Visions
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hace 4 añosel
La idea de “Star Wars: Visions” me encanta: darle las riendas de la franquicia a diferentes artistas del anime, para que interpreten y reinterpreten a la galaxia muy, muy lejana de diferentes maneras. Es muy similar a lo que las Hermanas Wachowski hicieron con “The Animatrix”, y en aquel caso, trajo consigo resultados innegablemente intrigantes. Lo mejor, además, es que en el caso de “Star Wars”, ni siquiera tienen que ceñirse al canon; sí, pueden tratar de enlazar estas nuevas historias a las trilogías principales para cine o al universo expandido de Disney, pero también pueden hacer lo suyo propio, sin preocuparse demasiado por la continuidad. No es una exageración decir que las posibilidades son infinitas.
Es por todo eso que “Star Wars: Visions” terminó siendo una ligerísima decepción. No me tomen a mal; en general, lo que tenemos son nueve historias originales, que utilizan todo tipo de influencias para mostrarnos lugares de la galaxia que no se habían visto antes (al menos no de esta manera). Pero el problema, para vuestro servidor, está en la calidad de los guiones: un par de episodios cuentan historias verdaderamente emotivas y llenas de potencial, que hasta me gustaría fuesen expandidas en series de streaming propias, mientras que otros solo sirven como entretenimiento puro y ligero… y unos cuantos no logran convencer para nada. Es una mezcla de lo bueno, lo malo y lo feo; perspectivas diferentes, pero no igual de satisfactorias.
Vale la pena, entonces, comentar cada episodio de manera individual y breve, como para que se den una idea de lo que pueden esperar de “Star Wars: Visions”. Eso sí, por más de que este crítico haya visto la temporada entera de un tirón, no le recomendaría a mis lectores que hagan lo mismo. Creo que es mejor disfrutar de estos episodios de manera individual, como para que no se entremezclen y uno no confunda una historia con otra. No es algo que debería tomarles demasiado esfuerzo, además; cada episodio dura entre 14 y 22 minutos, por lo que si se dedican a ver uno o dos episodios al día, con calma y tratando de absorberlos bien, tampoco deberían demorarse demasiado en terminar la serie.
Episodio 1: El Duelo

“Star Wars: Visions” comienza de manera sólida, con un episodio que le rinde tributo a las historias de samurái y al periodo medieval japonés. El estilo de animación es sublime —me encanta la estética con trazos evidentes y animación no siempre perfecta—, y aunque la historia es algo previsible, tener a un shogun de este tipo como protagonista, resulta en una trama que mezcla de manera satisfactoria a las referencias principales de la saga —Kurosawa y el cine japonés en general siempre estuvieron en la mente de Lucas al crear “Star Wars”—, junto con elementos más tradicionales de ciencia ficción. Un episodio entretenido y visualmente impactante.
Episodio 2: Tatooine Rhapsody

Este es posiblemente el episodio que menos me gustó —la idea de un grupo de rock tipo Blink 182 desenvolviéndose en la galaxia de “Star Wars” no carece de potencial, pero la manera en que es ejecutada en este episodio es demasiado superficial, dándole más espacio a las canciones —lo cual es entendible… hasta cierto punto— que a los personajes o a la trama. El estilo de animación es un poco más jovial e infantil, lo cual va bien con el tono de la narrativa, y me gustó que incluyan varios personajes reconocibles de las películas, pero en general, no se trata de un episodio esencial, o que siquiera nos presente una historia particularmente entretenida o llena de momentos chocantes. La música es suficientemente pegajosa… y eso es lo mejor que se puede decir del episodio.
Episodio 3: Los Gemelos

Este es uno de los episodios más curiosos de “Star Wars: Visions”. La idea de una suerte de historia alternativa, protagonizada por dos gemelos creados a través del Lado Oscuro de la Fuerza, es realmente intrigante, y de hecho resulta en un episodio que, por momentos, se asemeja a algo que las Secuelas hubieran podido hacer para satisfacer a los fanáticos más acérrimos de la Saga. Sin embargo, donde este episodio sufre es en el diálogo y las caracterizaciones: las frases que tienen que decir Neil Patrick Harris y Alison Brie son frecuentemente absurdas y exageradas, y el final es innegablemente explosivo, pero algo previsible. Una mezcla de buenas ideas y animación atractiva, con una ejecución algo fallida.
Episodio 4: La novia de la aldea

Lo más interesante de este episodio está en la exploración de una cultura nunca antes vista, en un pequeño planeta con costumbres muy específicas. Se trata de un episodio de poca acción, que se siente como una suerte de respiro entre historias un poco más frenéticas, y reconocibles como algo similar a lo visto en las películas. El estilo de animación es suficientemente vistoso, y las actuaciones de voz logran darle personalidad a los protagonistas. El desarrollo de la narrativa, donde un héroe tiene que salvar a una aldea de una maldad inimaginable, es cliché puro, pero a la vez, funciona para desarrollar los temas anteriormente mencionados. Nada mal.
Episodio 5 – El noveno Jedi

Este es EL mejor episodio de “Star Wars: Visions”, y el único con el potencial de ser expandido en una nueva serie. “El noveno Jedi” se lleva a cabo después de los eventos del Episodio IX, “El ascenso de Skywalker”, y involucra a un grupo de Sith que quiere robarle los últimos sables láser de la galaxia a un herrero —una premisa que resulta en una historia que me hizo pensar: “¿por qué las secuelas no pudieron ser así?” Desde la acción hasta la construcción de los personajes (los Jedi sin Maestro, los Sith, la hija del Herrero), este quinto episodio me dejó encantado, y se sintió como algo distinto… y sin embargo, suficientemente familiar, como para que merezca pertenecer a la Saga Galáctica. Verdaderamente genial.
Episodio 6 – T0B1

Si alguna vez quisieron saber qué pasaría si trataran de meter a Astro Boy en la Galaxia de “Star Wars”, lo podrán averiguar en este sexto episodio. Al igual que el segundo, se siente un poco más infantil y naive, y sin embargo funciona debido a lo rápido que se mueve, y a lo encantadores que terminan siendo los personajes principales —el pequeño robot del título, y su padre, un científico que me recordó a cierto Doctor en los juegos de “Mega Man”. Sí, hay bastante lore que es explicado de manera algo torpe y frenética, pero entre el protagonista adorable y una batalla final suficientemente espectacular, “T0-B1” logra superar cualquier expectativa que uno pueda tener.
Episodio 7 – El anciano

Este episodio es, en general, bastante soso y depende demasiado del diálogo… hasta que llega, por supuesto, al duelo final con el personaje del título. Siendo justos, disfruté de la relación entre el Maestro Jedi y su Padawan, pero ciertas escenas protagonizadas por dichos personajes terminaron resultando en nada, como si hubieran sido insertadas únicamente porque necesitaban matar algo de tiempo. Sin embargo, el enfrentamiento final está sublimemente animado, y me hizo recordar, al igual que otros episodios, al cine clásico de samuráis. Además, me gusta que este episodio le rinda tributo a la época de las precuelas —algo que el resto de la serie, por alguna razón u otra, no se animó a hacer.
Episodio 8 – Lop y Ocho

Este es el episodio para los furries…. pero felizmente va más allá de eso. Lo que hace “Lop y Ocho” es contar una historia de rebeldía, en donde un padre de principios muy claros tiene que decidir entre dos hijas que han tomado dos caminos muy distintos en relación a la presencia del Imperio Galáctico en su humilde planeta. Fuera de que la protagonista sea una conejita aguerrida (nuevamente: los furries estarán felices), el episodio se lleva a cabo de manera conmovedora e intrigante, desarrollando de manera eficiente la relación entre personajes, y el enfrentamiento final entre estos. Además, tiene algo que decir sobre el efecto que tiene el Imperio en ciertos planetas, lo cual es transmitido de manera más entretenida que en otros episodios. Lo disfrutarán aunque no sean furries.
Episodio 9 – Akakiri

Lo que tenemos acá es una interesante historia de venganza y traición, con secciones bellamente animadas –especialmente las visiones (heh) del protagonista—, pero una narrativa de ritmo algo irregular. Al igual que un par de episodios anteriores, la mayor parte de la historia resulta algo sosa y monótona, tornándose interesante recién hacia el final, con el violento enfrentamiento entre héroe y villano. En todo caso, tiene mucho qué decir sobre las difíciles decisiones que se tienen que tomar a la hora de elegir entre el Lado Luminoso y el Lado Oscuro de la Fuerza, lo cual es más de lo que se puede decir de la mayoría de episodios de “Star Wars: Visions”. Un final decente para un show de calidad variante, pero en general, entretenido.
De todo un poco

Como se deben haber dado cuenta, “Star Wars: Visions” es un show que nos trae diferentes perspectivas de la Galaxia Muy, Muy Lejana, con protagonistas hombres y mujeres, humanos y alienígenas, jóvenes y viejos. No todas las historias son igual de satisfactorias, pero la mayoría están sublimemente animadas, especialmente en lo que se refiere a los movimientos de los personajes, y los duelos con sables de luz (o katanas de luz). No se puede dejar de admitir que resulta refrescante ver historias tan diferentes en la Galaxia de “Star Wars” —y en todo caso, el show trae consigo el potencial de desarrollar algunas de estas de forma expandida, quizás en la tele o hasta en el cine. ¡Vale la pena soñar!
Cofundador y editor en NoEsEnSerie.com. Bachiller en Comunicación Audiovisual por la PUCP, y miembro de la APRECI—Asociación de Prensa Cinematográfica. Integra el staff de la revista MasGamers, las webs de Nintendo Pe y Fans de Zelda Perú, el portal web Cinencuentro, y el portal de cine peruano FotografiaCalato.com. Adicionalmente, es YouTuber para el canal Aprieta Start, y formó parte del staff de prensa del 18 Festival de Cine de Lima. También trabaja como fotógrafo para Star Wars Fan Club Perú. Desde enero del 2012 publica críticas y comentarios de cine en el blog Proyectando Ideas (el cual forma parte de la Asociación de Blogs de Cine). Crítico oficial de RottenTomatoes.com. Cinéfilo y seriómano empedernido.
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Parece que la gente de Marvel Studios por fin se está dando cuenta de lo mucho que se ha saturado el mercado con películas y series de superhéroes —al menos lo suficiente como para que por lo menos algunos de sus productos se desvíen de los cánones y expectativas del subgénero. Es así que su más reciente serie para streaming, Wonder Man, creada por Destin Daniel Cretton y Andrew Guest, se termina sintiendo no como una historia más de superhéroes, sino más bien como una mezcla entre sátira y homenaje al mundo de Hollywood, los actores, los directores, los agentes y los productores. Interesante, y ciertamente superior a lo que esperaba.
Lo que se supone es una miniserie (pero muy fácilmente podría continuar con una temporada más, o quizás incluso en el cine) comienza con un flashback en el que vemos a un pequeño Simon Williams (Kameron J. Meadows) yendo con su padre, Sandford (Béchir Sylvain), a ver la película de Wonder Wan. Es así que el chico termina encantado con el mundo del cine y la actuación y, años después y ya de adulto (interpretado por Yahya Abdul-Mateen II), se convierte, evidentemente, en actor. ¿El problema? Es un actor que no logra conseguir muchos trabajos y que, cuando lo logra, termina siendo despedido debido a sus ansiedades y ganas de tener el control de todo.

Su fortuna cambia, sin embargo, cuando se hace amigo de Trevor Slattery (el gran Ben Kingsley), a quien recordarán por haber “interpretado” a una versión falsa del Mandarín en Iron Man 3, y por su aparición relativamente reciente en Shang-Chi y la Leyenda de los Diez Anillos. Juntos, deciden ir al casting para una nueva versión de Wonder Wan, esta vez dirigida por un cineasta ganador del Oscar llamado Von Kovak (Zlatko Burić). Y para su sorpresa, ¡son llamados de vuelta! Pero hay un ligero problema. Trevor le está escondiendo un pequeño secreto a su nuevo amigo: está trabajando para el Departamento de Control de Daños, ya que uno de sus agentes, Cleary (Arian Moayed), ha descubierto que Simon tiene poderes de verdad, los cuales podrían llegar a ser peligrosos. Y aunque se supone que Trevor tiene que espiarlo, los eventos de la vida real terminan yendo en contra de aquella misión.
Lo mejor de Wonder Man es que no se siente para nada como una historia tradicional de superhéroes. Lo que han hecho Cretton y Guest con la serie, más bien, es desarrollar una historia enfocada principalmente en sus protagonistas como seres humanos, situándola en un contexto hollywoodiense que resulta fascinante, y ayuda a que el universo Marvel se sienta más cercano y menos fantástico. Para complementar este tono verosímil, Wonder Man cuenta con varios cameos de actores haciendo de sí mismos, como Joe Pantoliano (o Joey Pants), Ashley Greene o hasta Josh Gad.
Y hablando de Josh Gad. El cómico actor aparece en el cuarto episodio de la serie, el cual, a pesar de desviarse un poco de la narrativa principal, termina siendo uno de los más interesantes de la temporada. En él, vemos cómo un simple guardia de discoteca llamado DeMarr Davis (Byron Bowers) se convierte, de casualidad, en un superhéroe llamado (con cariño) Doorman, pero también en una suerte de celebridad, primero trabajando como el guardaespaldas de Gad y luego como actor. Lo que hace este episodio no es solo justificar por qué Simon tiene tanto miedo de que la gente descubra que tiene poderes, sino también mostrar cómo alguien se puede volver famoso de la noche a la mañana, para luego ser utilizado y escupido por la industria y el público. Se trata de una historia emotiva, trágica y temáticamente relevante para todo lo que hace el show.

Pero regresando a Simon y Trevor. El primero es caracterizado como un tipo de mucho talento e inteligencia quien, sin embargo, siempre logra tropezar cuando se le presentan oportunidades geniales, generalmente debido a que se mete “autocabes”. Su ansiedad, su deseo por controlarlo todo, y el miedo que siente por que descubran sus poderes no solo le cuestan varios trabajos, sino también una relación con una chica llamada Vivian (Olivia Thirlby). Yahya Abdul-Mateen II interpreta a Simon con humanidad, logrando establecer un buen balance entre carisma y algo de ansiedad social.
Por su parte, Ben Kingsley está muy bien, como siempre, como Trevor, esta vez interpretándolo de forma no tan cómica como en Shang-Chi, donde era más una figura secundaria algo absurda. Acá, más bien, vemos que se trata de un hombre astuto que realmente ama la actuación, pero que siempre ha desperdiciado las oportunidades que se le han presentado en la vida. Por ende, quiere ayudar a Simon para que no se convierta en alguien como él. La forma en que culmina su historia, además, es tanto trágica como agridulce y emotiva, y lo deja a uno con la fuerte sensación de que estos dos personajes deberían regresar, ya sea en una segunda temporada o en alguna película.

No se pongan a ver Wonder Man, entonces, pensando que se tratará de una serie llena de acción y efectos visuales. Los poderes del protagonista aparecen muy de vez en cuando y tienen resultados más trágicos y chocantes que emocionantes. Y como se ha mencionado ya, el foco de la narrativa está más en los personajes y sus conflictos internos —y bueno, el conflicto con el Departamento de Control de Daños— que en peleas y secuencias de fantasía vistosa. Si la serie funciona, no solo es porque se siente como una representación fidedigna del mundo del espectáculo en Los Ángeles, sino también porque la dupla inesperada de Abdul-Mateen II y Kingsley resulta emotiva y muy entretenida. Me encantaría ver más aventuras protagonizadas por estos dos, de hecho.
Wonder Man es, pues, la prueba máxima de que Marvel puede hacer algo distinto, que vaya más allá de una experiencia tipo montaña rusa (parafraseando a Scorsese), cuando les da la gana. Por momentos sí se siente como una película estirada, al igual que varias otras series cortas de streaming, pero fuera de eso, no tengo mayores quejas. Lo que tenemos acá es una sólida historia enfocada en la humanidad y defectos de su personaje principal, quien, da la casualidad, tiene superpoderes. No es una serie sobre superhéroes, sino más bien una serie sobre personas que, aparte de todo lo demás, cuentan con superpoderes. Wonder Man me sorprendió gratamente; ojalá Kevin Feige y compañía se animen a sacar más series así (o, idealmente, más historias con estos personajes).
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CRÍTICA: Splinter Cell: Deathwatch (Temporada 1)
Publicado
hace 5 mesesel
16 octubre, 2025
Interesante que la franquicia de “Splinter Cell” haya regresado después de tanto tiempo no con un videojuego nuevo —por más de que hayan pasado ya algunos años desde el anuncio de un remake—, sino más bien con una serie animada. Es casi como si la gente de Ubisoft estuviese tanteando el interés que queda todavía hacia la saga —una serie de videojuegos de sigilo —o stealth— que en su momento fueron increíblemente populares, pero que debido a la salida de secuelas francamente decepcionantes para plataformas más recientes, fue muriendo gradual y tristemente. En pocas palabras: “Splinter Cell” merecía —o mejor dicho, merece— más.
Pero bueno, parece que el interés sí existe, ya que dicha serie, “Splinter Cell: Deathwatch”, ha sido renovada para una segunda temporada pocos días después de su estreno en Netflix. Eso debe querer decir, al menos en teoría, que se trata de un buen show, ¿no? Pues sí. Lo que tenemos acá es una historia oscura y llena de acción y sangre, protagonizada por un Sam Fisher ya mayor que debe regresar al ruedo para ayudar nuevamente a su país, y de paso, enfrentar a sus demonios del pasado. Es el tipo de trama que se siente más como una “secuela de legado” que otra cosa, pero que felizmente termina por respetar a su fuente de inspiración principal… bueno, hasta cierto punto.
Lo bueno es que creo que los fans cuerdos deberían quedar bastante satisfechos con “Splinter Cell: Deathwatch”.

Al comenzar “Splinter Cell: Deathwatch”, vemos a una agente siendo enviada por Anna Grimsdottir (voz de Janet Varney) de la agencia secreta estadounidense Fourth Echelon (no Third, como en los juegos clásicos) a rescatar a otro operativo que ha sido secuestro y está siendo torturado por el enemigo. Pero cuando la chica, llamada Zinnia McKenna (Kirby Howell-Baptiste) llega al lugar de los hechos, es demasiado tarde: el otro agente está muerto. Sedienta de venganza y llena de ira, Zinnia comienza a matar a medio mundo, pero es herida, lo cual la obliga a escapar.
Es así que Anna (también llamada “Grim”) decide contactar al viejo agente Sam Fisher (Liev Schreiber), ahora retirado en una granja en Polonia con su perro llamado Kaiju, para que la ayude. Después de todo, no solo tiene a una agente malherida, sino también a un Fourth Echelon totalmente apartado de la red, aparentemente hackeado por un enemigo misterioso. Es así que, cuando Sam se encuentra con Zinnia, va develando una conspiración que involucra a la poderosa CEO de una megacorporación supuestamente proambiente llamada Diana Shetland (Kari Wahlgren), quien resulta ser la hija del ex compañero militar de Sam, Douglas Shetland (Kiff VandenHeuvel), a quien nuestro protagonista se vio obligado a matar años atrás.
Más no voy a decir, ya que la narrativa de “Splinter Cell: Deathwatch” se desarrolla con paciencia a lo largo de ocho episodios frustrantemente cortos. De hecho, creo que es ahí donde radica una de las mayores flaquezas de la serie: entiendo que producir animación (especialmente animación en 2D) es costoso y toma tiempo, pero el que cada episodio dure menos de treinta minutos no hace más que dejarlo a uno con la sensación de que algo le falta a “Splinter Cell: Deathwatch”. Uno puede ver la temporada entera en una tarde, lo cual no es algo malo, supongo, pero a la vez, lo deja a uno con ganas de más. Espero que la confirmada segunda temporada no demore demasiado en llegar.

Ahora, fuera de eso, lo que quizás podría dividir a los fanáticos es la forma en que Sam Fisher es retratado. Para este crítico, se trata del Sam de siempre, quizás un poco más serio que el de los primeros tres juegos —extrañé un poco su sentido del humor sarcástico y por momentos sardónico—, pero increíblemente fuerte y capaz. Resulta satisfactorio verlo enfrentarse a los hombres de Diana, y de cuando en cuando utilizar el sigilo para matarlos y sobrevivir. Sí, “Splinter Cell: Deathwatch” es más una serie de acción —sangrienta, brutal— que de suspenso o stealth puro, pero una vez que Sam se pone sus gafas icónicas para salir a cumplir su misión, uno puede evitar emocionarse.
Ahora bien, otra decisión arriesgada que siento sí funciona es incluir a Zinnia como coprotagonista de la serie. Siento que funciona porque no le quita nada a Sam, y porque termina siendo una contraparte interesante para el avejentado Agente Splinter, con mucho menos experiencia que él, y sedienta de venganza. Zinnia comete errores y Sam está aquí para corregirlos, pero es ella, también, quien le muestra a él cómo las consecuencias de su pasado han llegado al presente para atacarlo, con los dos dándose cuenta de que, a veces, cambiar la realidad problemática contemporánea termina siendo una tarea casi imposible.

De hecho, ese es uno de los temas principales de “Splinter Cell: Deathwatch”: el cambio. Diana, por ejemplo, se supone quiere cambiar el mundo con Xanadu, una isla artificial que ha creado para desarrollar todo tipo de energías verdes y limpias. Pero también quiere realizar un cambio todavía más grande y total, el cual no pienso revelar acá. Por otro lado, Zinnia representa una suerte de cambio para Fourth Echelon y cómo funciona, y aunque Sam representa el pasado —especialmente cuando lo vemos en sus flashbacks como Douglas, que se llevan a cabo en la misma época que los videojuegos clásicos—, él también se ve obligado a cambiar para enfrentar las consecuencias de sus actos.
A nivel visual, no tengo demasiadas quejas. Por ahí he visto a gente decir que el estilo de animación de “Splinter Cell: Deathwatch” es “feo”, pero simplemente no puedo estar de acuerdo. Los personajes manejan una diseño que mezcla lo realista con lo suficientemente “animado”, y las secuencias de acción son presentadas con estilo y verosimilitud, siendo increíblemente sangrientas para causar un mayor impacto. Y la serie en general hace uso de técnicas audiovisuales propias del cine live-action, como Lens Flares, cambios de foco, suciedades en el “lente” y sutiles movimientos de cámara, para que todo se sienta más cercano y realista. Por otro lado, en lo que se refiere a las actuaciones de voz, creo que todos hacen un buen trabajo. Obviamente se extraña a Michael Ironside (la voz original de Sam), pero Schreiber destaca como su reemplazo, oyéndose no como una imitación de Fisher, sino más bien como una reinterpretación del mismo personaje.
La pasé bien con “Splinter Cell: Deathwatch”. Obviamente el factor nostalgia es fuerte a la hora de ver la serie, especialmente para quienes crecimos con los tres juegos originales hace más de veinte años (todavía los tengo para GameCube, y por supuesto, en HD para mi Xbox Series S). Pero fuera de eso, lo que el show nos propone es una historia breve de conspiraciones, asesinos a sueldo, agentes súper capaces, mucha acción y sangre, y poco humor. Visualmente, “Splinter Cell: Deathwatch” es atractiva y convincente, y aunque a nivel narrativo toma algunos riesgos, nada me terminó por fastidiar o enfadar. Derek Kolstad (el también creador de “John Wick”) ha hecho un buen trabajo con “Splinter Cell: Deathwatch”; solo espero que mantenga el mismo nivel de calidad para la segunda temporada, y que la serie en general convenza a Ubisoft de sacar un nuevo juego. ¡Ya es hora!
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CRÍTICA: Peacemaker (Temporada 2, Episodio 8, FINAL)
Publicado
hace 5 mesesel
10 octubre, 2025
***½ sobre *****
Y llegamos al final de la segunda temporada de “Peacemaker”. Lo que muy bien podría haber sido un festín de cameos, escenas de acción y referencias a otros personajes e historias de DC, terminó siendo de los episodios más emotivos y mejor actuados, pero también más irregulares de la serie. Por un lado, tenemos el mejor trabajo de Danielle Brooks hasta ahora (su Adebayo ciertamente es la MPV del show), así como un cierre satisfactorio para la relación de Chris y Harcourt. Pero por otro lado, tenemos un final que se siente desconectado de mucho de lo que vino antes, y cuyo ritmo pudo ser mejor. No me sorprende, entonces, que varios espectadores hayan quedado algo decepcionados luego de este final. No es horrendo, pero tampoco es completamente satisfactorio.

No obstante, definitivamente se puede decir que pasa bastante en él. Adebayo y Vigilante usan la plata de este último para sacar a Chris de la cárcel. Vemos flashbacks al famoso momento de Chris y Harcourt en el bote (resulta que tuvieron un beso increíble durante un concierto). Bordeaux por fin cambia de bando y se alía con Harcourt, y luego el resto. Eagly es encontrado. Y por supuesto, nos enteramos de cuál fue el plan de Rick Flag Sr todo este tiempo: encontrar un planeta similar a la Tierra en una dimensión alterna, para convertirlo en una prisión para Metahumanos. Es al enterarse de eso que Bordeaux decide traicionarlo. Y es por eso que Harcourt, Economos y el resto deciden encontrar a un prófugo Peacemaker.
Y eso es lo que terminan haciendo, precisamente, lo cual resulta en una de las escenas más emotivas de la serie, con Adebayo convenciéndolo a él de que es querido por todos sus amigos, y que debe escucharse a sí mismo y no a los demás. No obstante, fuera de eso, y del grupo creando, por fin, su propia agencia para alejarse completamente de ARGUS, el episodio (y la serie, al parecer) termina con un cliffhanger: Rick Flag Sr captura a Chris y lo mete en el planeta prisión, dejándolo ahí encerrado. James Gunn ya ha dicho que no hay planes para hacer una tercera temporada (¿¿??), así que asumo que volveremos a ver a Chris y a los demás en… ¿otra serie? ¿Otra película? Solo sé que terminar el show con un cliffhanger es algo cruel, y que esto DEBE ser resuelto pronto. Nuevamente: el final de la segunda temporada de “Peacemaker” tiene momentos brillantes, pero ese cliffhanger… ¡necesito respuestas, y ya!
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