Mark Hamill dice que es difícil no parecer un loco cuando le piden que haga su voz de Joker de Batman: The Animated Series en público. Hamill, mejor conocido por el papel icónico de Luke Skywalker en el universo de Star Wars, también es famoso por dar voz al Joker. Primero asumió el papel de voz para Batman: The Animated Series, y lo hizo suyo, dándole al icónico villano de Batman una voz y una actitud distintivas. Desde entonces, ha interpretado al Joker en varias series de televisión, películas y videojuegos durante los últimos 30 años.
Hamill, un nerd confeso y fanático de los cómics, también es una de las estrellas más receptivas de las franquicias de Star Wars y Batman, complaciendo a los fanáticos y haciendo apariciones en el personaje de Luke Skywalker y The Joker en programas de entrevistas, para organizaciones benéficas y incluso solo para el público en general. Incluso leyó los tweets del entonces presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, como The Joker en 2017, revelando lo que pensaba del líder republicano. Pero no siempre es divertido para Hamill interpretar la voz, dice, especialmente en lugares públicos en momentos aleatorios.
Hamill retuiteó un video que lo mostraba haciendo la voz del Joker para un niño enfermo como parte de una de sus apariciones benéficas. El niño le preguntó qué pensaba el Joker de Luke Skywalker, y Hamill se deslizó sin problemas en la voz icónica, completa con su risa maníaca, lo que hizo que su perro comenzara a ladrar. El retweet de Hamill agregó que está feliz de hacer la voz en privado, pero que puede ser «incómodo» cuando miembros aleatorios del público le piden que lo haga en lugares como el aeropuerto o la tienda de comestibles. Dice que puede hacer que parezca un «loco al azar» para aquellos que no saben quién es, y se vuelve «perturbador». Puedes ver el tweet a continuación:
I was happy to do The Joker on this private zoom for @ChildrensLA, but it’s awkward when people ask me to do him in a grocery store or the airport. You can’t do him quietly & it’s disturbing for those who assume I’m just some random kook. 🃏😜@MakeMarchMatterhttps://t.co/84cOmIIcZQ
Es comprensible por qué se vuelve incómodo, ya que no hay forma de hacer la icónica voz de Hamill para Joker a menos del 110%. Es ruidoso y salvaje y se ríe como el maníaco que es. Así la gente puede simpatizar con Hamill. Pero el tweet es quizás también una señal no tan sutil de Hamill a su legión de fanáticos de que sus días de interpretar la voz en público han llegado a su fin. El actor veterano debe recibir solicitudes todo el tiempo y, a la edad de 69 años, probablemente esté cansado de tener que aceptar todas y cada una de las solicitudes.
Con suerte, el tweet ayuda a los fanáticos a comprender lo agotador que puede ser, y Hamill puede tener un descanso de tener que ponerse en situaciones incómodas en el futuro. Por supuesto, nunca estará realmente libre de solicitudes de voz de The Joker en público, pero tal vez sucedan con menos frecuencia ahora. Hamill, de todas las personas, comprenderá el deseo del público de ver y escuchar a sus íconos de la cultura pop en persona, y ser la mejor versión del Joker, según su coprotagonista de Batman: The Animated Series, Kevin Conroy, significará que será sujeto a solicitudes de vez en cuando.
Y llegamos al final. ¿Será el final de la serie en general? ¿O será como la última vez, que el buen Ted y compañía descansarán un rato para luego regresar? El desenlace de este episodio nos sugiere un futuro brillante tanto para él como para Alice y Beard y Rebecca y todo el mundo, por lo que no me fastidiaría ver una quinta temporada. Pero a la vez, si este llegara a ser el final del show (ahora sí de verdad), tampoco me molestaría. La cuarta temporada de Ted Lasso no ha sido la mejor de todas, pero especialmente con este desenlace, al menos ha logrado justificar su propia existencia; y, de paso (y para variar), hacer llorar a su público.
El episodio, pues, termina por resolver todos los enredos y conflictos antes presentados, sin dejar a nadie mal parado –no, ni siquiera a la maldita de Zelda. Como era de esperarse, esta última se revela como la que le estuvo comprando las acciones de Richmond a todo el mundo, pero felizmente, tanto Rebecca como Leslie tenían un as bajo la manga. Ted logra conectar mejor con su hijo al revelarle la verdad de cómo murió su abuelo. Y hablando de muerte, todo el mundo tiene que lidiar con el fallecimiento de Mae del episodio pasado, lo cual, curiosamente, trae consigo buenas consecuencias tanto para el club (y el conflicto con Zelda) como para los tres fieles accionistas y asiduos clientes del pub, quienes se convierten en sus nuevos dueños.
¿Y qué hay de Roy y Keeley? Luego de pasar por algunos momentos (quizás no tan) tensos, se dan cuenta de que están listos para ser padres, con el primero pidiendo una nueva junta de los Diamond Dogs para que sus amigos lo ayuden con sus inseguridades. Y luego de tantos cambios y sorpresas, Rebecca por fin decide casarse, dándose cuenta de que no le tiene miedo al matrimonio o al compromiso; solo al haber estado antes con la persona incorrecta. ¿Se siente todo esto súper conveniente y fresa? Pues sí. Pero a la vez funciona como para cerrarlo absolutamente todo y dejar al espectador en lágrimas, esto último, cortesía de una narración en off particularmente emotiva por parte de Mae.
Ha sido un deleite, pues, tener a Ted Lasso de vuelta en nuestras pantallas. No ha sido una temporada perfecta, pero entre sus nuevos (y memorables) personajes femeninos y arcos interesantemente maduros para los personajes clásicos, me terminó por convencer. Y bueno, ayuda el que literalmente hayan dejado lo mejor para el final. Veremos si llega una quinta temporada; pase lo que pase, al menos podemos decir que ha sido una buena racha de cuatro temporadas.
El noveno episodio de la cuarta temporada de Ted Lasso es de emociones agridulces y novedades impactantes. Después de todo, ya estamos llegando al final, por lo que tiene sentido que la serie, por fin, comience a desenredar algunos nudos, a poner a sus protagonistas en situaciones difíciles, pero también a obligarlos a triunfar, aunque sea por un ratito. En esos sentidos, el episodio funciona muy bien a nivel emocional, permitiéndole al espectador sentir la euforia de la victoria, pero también las consecuencias (quizás no tan positivas) de algunas decisiones o eventos.
Esta vez, tenemos al equipo femenino de Richmond viajando a Bristol para un partido decisivo: si no gana, no será promocionado a la liga. Lamentablemente, luego de desmayarse en un partido previo, Keeley no puede viajar; resulta, pues, que está embarazada, noticia que la tiene muy tensa, y que tiene miedo de contarle a Roy. Por otro lado, Gemma está empecinada en volver a las canchas; Beard se ha puesto pelo (Dios mío…); y la gran Mae Green (Annette Badland), dueña del pub al que van todos los personajes, es invitada por Ted para acompañarlos en el bus hasta Bristol. Después de todo, necesitan todo el apoyo posible para ganar.
Acá incluyo spoilers, así que tiene sentido decir que sí, efectivamente, las chicas ganan el partido, y debido a varias razones. Primero porque la arquera Quinn (Jude Mack) por fin se anima a usar guantes; porque Gemma entra un rato a la cancha para meter un gol, y finalmente, porque por fin le dan la oportunidad a la calientabancas de Shannon (Shannon Hayes) de jugar en el partido, lo cual resulta en un gol más. Pero como no todo puede ser felicidad, a la par nos enteramos de quién ha estado comprando las acciones de Richmond: nada más y nada menos que Zelda (Tracey Ullman), lo cual, valgan verdades, no es del todo chocante, pero seguro tendrá repercusiones en el episodio final. Pero lo peor es que, al final del partido, vemos que Mae ha caído, y aunque no escuchamos lo que Rebecca le dice a Ted, podemos asumir que la fanática más antigua de Richmond ha fallecido.
Habrá que esperar a la próxima semana a ver qué sucede. Pero con un solo episodio más de historia, creo que esta cuarta temporada de Ted Lasso tendrá que hacer bastante para concluir de forma satisfactoria (un algo agridulce). A menos, claro, que una quinta temporada sea anunciada inmediatamente…
Más que los otros episodios de esta temporada, el octavo se concentra en el drama, dejando la comedia un poco de lado para permitirles crecer a sus personajes. Y cuando hablo de los personajes, me refiero a los secundarios, ya que fuera de un excelente discurso para las chicas, Ted (Jason Sudeikis) no aparece mucho acá –y Beard (Brendan Hunt) tampoco (aunque vamos viendo cómo va lidiando con su crisis de la mediana edad, primero con los ojos azules el episodio pasado, y al parecer, ahora injertándose pelo). Es así que terminamos con el episodio más largo de la temporada hasta ahora, que aprovecha al máximo su duración para avanzar con la historia.
Para este crítico, la trama principal es la de Alice (Tanya Reynolds) y Gemma (Abbie Hern). La segunda sufre una lesión en un partido a la vez que le ofrecen un trabajo fuera del mundo del fútbol, lo cual la hace dudar sobre su futuro en Richmond. Y la primera se dedica el episodio entero a lidiar con esto, finalmente dándose cuenta del valor que tiene su jugadora no solo para ella sino también para el resto del equipo. Mientras tanto, Roy Kent (Brett Goldstein) se rehúsa a ir a su homenaje, y cuando es obligado por Keeley (Juno Temple), se ve involucrado en una serie de situaciones absurdas que, finalmente, le permiten darse cuenta de que sí valdría la pena darle una nueva oportunidad a una relación con la chica.
Fuera de aquellas tramas, tenemos a Leslie (Jeremy Swift) investigando un repentino misterio: resulta que un montón de gente ha estado vendiendo sus acciones en Richmond, lo cual parece ser parte de una conspiración contra el equipo. Y aunque vemos a otros personajes como Rebecca (Hannah Waddingham) o el resto de jugadoras del equipo, el episodio termina concentrándose en estas dos tramas principales y la secundaria… para bien. Porque, fuera de un par de gags que no funcionan y momentos caricaturescos que van en contra del tono más bien serio de esta semana (como cuando Roy rompe el sunroof de su carro y de alguna forma logra que Keeley salga por ahí), el octavo episodio de esta temporada de Ted Lasso logra atar varios nudos, completar ciertas subtramas y hacer crecer a sus personajes. No me reí mucho, pero sentí bastante; no hay muchas quejas.