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CRÍTICA – After Life (Temporada 3)

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En el memorable e irreverente discurso de entrada que Ricky Gervais ofreció en la gala de los Golden Globes en enero del 2020, el actor y comediante aprovechó la ocasión para hacerle un poco de promoción a su serie, que en ese entonces solo contaba con una temporada. La broma iba más o menos así: «Pueden ‘maratonear’ la temporada entera de After Life en lugar de estar viendo esta ceremonia. La serie trata sobre un hombre que se quiere suicidar porque su esposa murió de cáncer y, aún así, es más divertida que este show». 

Sin ánimo de ir en desmedro de los alicaídos Globos de Oro, debo confirmar que el también guionista no dijo mentira alguna. Es cierto que ninguna de las temporadas sobrepasan los seis capítulos de media hora cada uno, es cierto que ese es el argumento de la serie y es cierto, también, que es una serie bastante cómica -obviedad clara- si es que simpatizas con el humor de Gervais. Si es que no, seguramente se requerirá un esfuerzo adicional para consumir los episodios, pero con una recompensa emocional bastante relevante por la trama en cuestión.

 

Es que Ricky Gervais, más conocido por ser el creador de The Office UK (de la versión original), podría sufrir el prejuicio de ser un comediante sin alma y bastante despiadado. Nada más lejos de la realidad y quienes hayan visto alguna vez Derek, otra sitcom también de su creación, podrán confirmarlo. Gervais aprovecha, tanto en aquella como en su última After Life, para hacer humor dentro de temas para nada glamorosos, como la ancianidad, la soledad y la salud mental. El mayor mérito es que nunca, ni con el paso del tiempo, asoma una señal de torpeza o falta de fineza para abordar esos temas, una tarea por demás compleja. Lo que sí subyace es una visión bastante idealista de la sociedad, en la que cada personaje cuida por el otro, privados de cualquier malicia intencional, y donde los únicos problemas a los que se enfrentan, surgen por pura mala fortuna o por el ciclo natural de la vida.

 Al final de la segunda temporada, habíamos dejado a Tony (Ricky Gervais) enfrentando otra dolorosa pérdida tras la muerte de su padre. Sin haber superado aún la partida temprana de su esposa Lisa (Kerry Godliman), de la que aún tenemos los videos que ella le grabó antes de fallecer, Tony deberá resolver su situación amical/amorosa con Emma (Ashley Jensen) y seguir sanando en medio de su círculo más cercano que integran sus compañeros de trabajo y unos cuantos amigos.

Si bien aún vemos a un Tony que no se ha recuperado completamente, y que quizá nunca lo hará, notamos que él ha entendido que no debe proyectar su amargura en el trato hacia los demás. Sin embargo, sabemos que, en esencia, es el mismo Tony de siempre (de antes de su pérdida) porque no huye del enfrentamiento cuando algo no le gusta. El elemento cómico en su personaje recaía en la brusquedad con la que decía las cosas, lo cual no ha cambiado, pero ya no la usa para herir a los demás. Esa es la evolución del personaje que está sustentada en lo que ha aprendido en todos estos años.

 

La tercera temporada de After Life cierra con broche de oro una serie agridulce en su trama,  pero edulcorada en su resultado. Si hace poco nos sorprendíamos por la facilidad con la que Ted Lasso nos podía hacer llorar y reír al mismo tiempo, pues esta última entrega de la serie que tenemos entre manos no puede hacer menos que confirmar que las series inglesas tienen la receta bien aprendida. Aquella en la que la calidez humana y la empatía necesaria para preocuparse por los problemas de los demás son el remedio que reconforta y que alivia nuestras almas tras los golpes de realidad.

After Life nunca será un fenómeno de masas, pero tampoco necesita serlo. Me parece que, en cambio, se enriquece en aquella cierta intimidad, propia de cualquier ser humano que afronta una pérdida y necesita un tiempo para guardar luto. La finalización de esta serie, sin embargo, no es una pérdida bajo ningún punto vista, sino el culmen satisfactorio de un camino de sanación y reconciliación con la vida misma. Muy recomendada.

Estudié Economía en la Udep, pero mi película favorita no es Wall Street ni mi serie favorita es Billions. En realidad no tengo ninguna favorita, por eso dedico todo el tiempo posible a ver la mayor cantidad de series y películas que pueda, y porque me gusta. Escribo también en estrimin.pe.

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CRÍTICA: Daredevil: Born Again – Episodios 5 y 6

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*CUIDADO QUE HAY SPOILERS*

Episodio 5 – ****½ sobre *****

Lo divertido de ver series antes de la época del streaming, es que no todos los episodios tenían que avanzar con la trama general de forma explícita. De hecho, el chiste estaba en tener algunas historias que se podían sentir casi como secundarias, en donde el o la protagonista se veía involucrada en situaciones aisladas. Esa es, precisamente, la sensación que me ha dado el quinto episodio de “Daredevil: Born Again”, el cual se centra en el atraco a un banco en el que se encuentra Matt (Charlie Cox), quien había llegado para intentar sacar un préstamo con la ayuda del administrador asistente, nada más y nada menos que Yusuf Khan (Mohan Kapur), el papá de Kamala Khan / Ms Marvel.

Es así que el episodio se desarrolla como una historia que se puede disfrutar casi por sí sola, pero que contiene referencias como la anteriormente mencionada que dejan muy en claro que esta serie sí se lleva a cabo explícitamente en la MCU. Pero fuera de eso, tenemos un episodio emocionante y tenso, en el que Matt se ve obligado a usar sus poderes —básicamente, su súper sentido del oído— sin que nadie se de cuenta, actuando como un verdadero ciego y sin ponerse su traje de Daredevil. Esto resulta en un episodio increíblemente entretenido, que aprovecha bien la fecha en la que se lleva a cabo —el Día de San Patricio— así como la peligrosa situación en la que se encuentran nuestros personajes. No es un episodio mega importante, pues, pero igual lo disfruté mucho, y además, da la sensación de que establece a una misteriosa figura —el jefe de los criminales— como un villano potencial en el futuro. Habrá que esperar.

 

Episodio 6 – ****½ sobre *****

Es en el episodio 6 de “Daredevil: Born Again”, entonces, donde la trama comienza a avanzar un poco más —a diferencia del anterior, quienes busquen un mayor desarrollo de las líneas narrativas principales de la serie quedarán más contentos con este episodio. Es aquí que vemos como se descubre la forma en que Muse, un asesino serial/grafitero, está haciendo pintas aparentemente imborrables en las calles de Nueva York. Y también es aquí que vemos, por fin, a Matt regresar a sus andanzas, poniéndose el traje de Daredevil nuevamente, esta vez para rescatar a Angela (Camila Rodríguez) de las garras del asesino ya mencionado.

Resulta fascinante, además, ver a Wilson Fisk (Vincent D’Onofrio) formar un escuadrón anti-justicieros, lo que me imagino le traerá problemas más adelante tanto a Daredevil como a personajes como El Castigador. Pero lo que el episodio parece estar más interesado en decirnos es que, al convertirse de nuevo en justiciero, nuestro protagonista no se diferencia demasiado de su archienemigo. Es así que vemos como, en paralelo, Fisk y Matt se ven involucrados en peleas, con el primero sacándole la mugre al ex de Vanessa, y el segundo tratando de acabar con Muse. Entre eso, y la aparición inesperada de Jack Duquesne / El Espadachín (Tony Dalton), quien apareció por primera vez en la serie de “Hawkeye”, es que el sexto episodio de “Daredevil: Born Again” se desarrolla de forma emocionante, satisfactoria y violenta, mezclando contenido temático potente con referencias para los fans. Es decir, tanto este episodio como el anterior son de lo mejor que el show nos ha ofrecido hasta el momento.

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CRÍTICA: Daredevil: Born Again – Episodio 4

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**** sobre *****

*CUIDADO QUE HAY SPOILERS*

Si este se siente como un episodio menor, es porque los tres primeros capítulos de “Daredevil: Born Again” han sido extremadamente buenos; es decir, la valla está alta. Sin embargo, hay mucho para disfrutar en el cuarto episodio de “Daredevil: Born Again”, desde un caso muy particular que le toca atender a Matt Murdock (Charlie Cox), hasta los esfuerzos del alcalde Fisk (Vincent D’Onofrio) por comenzar a cumplir con sus promesas de campaña y, por supuesto, el muy esperado retorno de Frank Castle / El Castigador (Jon Bernthal).

De hecho, esto último es de lo mejor que tiene el episodio para ofrecer, incluyendo una magnífica escena protagonizada por dos grandes actores dando interpretaciones fascinantes. El diálogo entre Matt y Frank hace un excelente trabajo resumiendo las posturas de ambos personajes, y más importante, dejando en claro que la muerte de Foggy será lo que siempre terminará motivando al primero en esta temporada. Puede que él se mienta a sí mismo o diga que está trabajando únicamente porque es su deber, pero todo lo que hace —especialmente ahora lo relacionado a la muerte de su último cliente, así como sus enfrentamientos con policías corruptos que usan el logo del Punisher— lo hace por Foggy. Es Frank quien le hace ver la realidad a Matt, lo cual parece traerá consigo ciertas consecuencias; ¡me muero por ver a Daredevil de regreso, con traje y todo!

Pero regresando al tema de los policías. Me encanta que “Daredevil: Born Again” no tenga miedo de meterse en temas potencialmente controvertidos, dejando en claro que buena parte de los policías que operan en la Nueva York de Fisk son corruptos y violentos, capaces de matar hasta por venganza. Va a ser interesante ver cómo el show continua desarrollando esto, especialmente ahora que Frank ha regresado. Lo mismo se puede decir sobre Wilson Fisk —algo de progreso se está haciendo con sus terapias de pareja, pero el que tenga encerrado al ex de Vanessa, Adam (Lou Taylor Pucci) en un calabozo nos dice, nuevamente, que Fisk no ha cambiado tanto. Puede que sea capaz de perdonar a Daniel (Michael Gandolfini) luego de haber cometido un error, pero igual parece que no ha terminado de esconder sus violentas tendencias. Habrá que ver qué sucede con él, y claro, de qué forma Daredevil se verá obligado a detenerlo.

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CRÍTICA: Daredevil: Born Again – Episodio 3

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****½ sobre *****

*CUIDADO QUE HAY SPOILERS*

“Daredevil: Born Again” continua con un episodio que, por lo menos, se siente igual de satisfactorio y sorprendente que los dos primeros, siendo incluso, en ciertos aspectos, superior a ellos. Lo que tenemos acá es un capítulo dedicado casi enteramente al juicio de Hector Ayala (Kamar de los Reyes), en el que Matt (Charlie Cox) se encarga de defenderlo. Esta semana, pues, no tenemos a nuestro protagonista poniéndose el traje del personaje del título, pero eso no importa —da gusto tener un episodio enfocado en su identidad de civil, mostrándonos como a través de su trabajo como abogado también tiene que lidiar con muchos de los problemas éticos con los que se encuentra al actuar como superhéroe.

No hace falta decir, entonces, que el enfoque en el juicio funciona muy bien, permitiéndole al episodio desarrollar breves —pero intensos— momentos de palpable tensión. Resaltan el viaje por parte de un testigo importante al lugar del juicio, las revelación pública por parte de Matt de la identidad alterna de Hector (el Tigre Blanco), y por supuesto, la conclusión del juicio. Si algo de gusto acá, es ver cómo Hector es establecido y desarrollado como un buen tipo; como alguien que ha estado ayudando tanto a civiles como a policías, y que claramente sería incapaz de matar a alguien a sangre fría. Kamar de los Reyes (Q.E.P.D.) hace un estupendo trabajo interpretando a Hector, mostrándolo como alguien que simplemente se dedica a hacer lo correcto, incluso cuando eso puede traer consigo graves consecuencias.

Y eso es precisamente lo que termina sucediendo acá. Ver como Hector es finalmente asesinado, y encima por alguien que lleva el símbolo del Castigador en su ropa, resulta desgarrador. Al igual que ver a Matt hablar por fin sobre Foggy (Elden Henson) con su su cuasi novia, Heather (Margarita Levieva). Y hasta la trama secundaria con Wilson Fisk (Vincent D’Onofrio) resulta intrigante, especialmente cuando hacia el final lo vemos dando una entrevista en la que se queja del resultado del juicio a Hector. Ver como se discute y maneja el tema de los “vigilantes” a nivel político es más interesante de lo que suena, y es lo que hace que “Daredevil: Born Again” sea algo más que un simple show de personajes en spándex dándole a palazos. Si “Daredevil: Born Again” comenzó con el pie derecho con los primeros dos episodios, este tercero sirve para establecerlo como una serie con harto potencial que espero no vaya a ser desperdiciado.

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