Opinión
CRÍTICA – American Vandal (Segunda Temporada)
Publicado
hace 7 añosel
La pasé realmente bien con la primera temporada de “American Vandal”. Después de todo, lo que parecía ser, al principio, una serie enfocada en un chiste extremadamente inmaduro, se convirtió en algo bastante más intrigante: una crítica a los prejuicios, la manera en que la gente joven percibe a los demás, e incluso al sistema educativo norteamericano. Se trató, pues, de un show que atrajo a un público considerablemente grande a través de una premisa sonsa e hilarante, y los mantuvo atentos gracias a un guión espectacularmente escrito, y personajes que de verdad se sentían como adolescentes, estudiantes, profesores y padres de la vida real.
¿Qué podrían hacer, entonces, lo creadores, con la segunda temporada? ¿Cómo seguir con un concepto similar, pero sin hacer que los nuevos episodios se sientan como más de lo mismo? ¿Cómo transmitir más temas relevantes a la sociedad occidental contemporánea, haciendo uso de historias igual de absurdas, pero a la vez, creíbles?
Pues eso es lo que nos lleva al “Brownout”.

Si la segunda temporada de “American Vandal” funciona tan bien, es precisamente porque logra responder aquellas preguntas de la manera más entretenida y verosímil posible. Haciendo uso de una premisa igual de hilarante que la de la primera temporada, estos últimos episodios (sí, últimos, lamentablemente) del show logran desarrollar a un nuevo grupo de personajes que se sienten muy humanos, presentándonos una historia que parece haber sido extraída directamente de los noticieros y los periódicos, pero que forma parte de una propuesta que continúa con lo establecido en la temporada anterior. Se trata, pues, y aunque no lo crean, de una temporada superior a la anterior, y de los ocho episodios de “televisión” más graciosos y adictivos que haya visto en un buen tiempo. Me demoré bastante en animarme a ver esta segunda temporada de “American Vandal”, pero valió demasiado la pena.
Al comenzar, vemos cómo los protagonistas (e investigadores) de la temporada pasada, Peter Maldonado (Tyler Álvarez) y Sam Ecklund (Griffin Gluck) viajan a un prestigioso colegio en Washington para investigar el “Brownout”. Resulta que alguien contaminó la limonada de la cafetería del colegio en hora de clases, lo cual hizo que a todos los estudiantes les dé diarrea explosiva al mismo tiempo. ¿El resultado? Una de las secuencias más asquerosas (e incómodamente graciosas) que haya visto en mucho tiempo.
El responsable de dicho evento se hace llamar el “Turd Burglar”, y ha amenazado con realizar más acciones de este tipo. Es por esto que, luego del éxito del documental anterior (el cual, dentro de este universo, y de manera muy meta, fue vendido a Netflix), Peter y Sam son llamados para realizar una nueva investigación y descubrir la identidad del Burglar. Y aunque parece que la policía encuentra al responsable en tiempo récord, nuestros protagonistas no están convencidos de que ese sea el caso. Después de todo, parece que Kevin McClain (Travis Tope), el “chico raro” de la escuela, ha sido obligado a confesar. Dispuestos a encontrar al verdadero Burglar, Peter y Sam se ponen a entrevistar a todos los maestros y estudiantes del colegio, seguros de que el culpable se encuentra muy cerca de ellos.

Vale la pena recalcar que esta segunda temporada de “American Vandal” maneja la misma estructura y estilo que la primera. Tenemos a los dos investigadores, a un posible sospechoso que ellos creen está siendo injustamente acusado, y a todo un grupo de personajes que podrían estar involucrados en el vandalismo. Si estos nuevos episodios no se sienten como más de lo mismo, es porque la situación en la que Peter y Sam se involucran es completamente diferente, lo cual le permite a los guionistas insertar nuevos giros narrativos, nuevos obstáculos, y por supuesto, nuevos elementos satíricos. Es ligeramente similar a lo que vimos antes, sí, pero a la vez… mejor.
Consideren, si no, la escuela en la que se lleva a cabo el “Brownout”. Se trata de un institución para gente de dinero, en la que estudian chicos extremamente privilegiados. Hay una chica cuyo apellido está en el nombre de la biblioteca; un jugador de básquetbol admirado por todos (profesores y estudiantes), y en general, chicos que viven en una burbuja alucinante de privilegio y poder. Consideren, si no, la secuencia en donde explican su viaje a Centro América, el cual supuestamente es para “ayudar a niños pobres”, pero que usualmente termina en pachanga y celebración. O la manera en que muchos de los profesores se comportan, dándole favoritismo a ciertos estudiantes, pensando únicamente en la reputación del colegio, y en cómo ellos pueden salir ganando. “American Vandal” se lleva a cabo en una burbuja de privilegio tóxico, la cual resulta terriblemente familiar, incluso para aquellos que no vivimos en los Estados Unidos.

Y al igual que en la primera temporada, todo este contexto está construido de manera magistral. Puede que solo sean ocho episodios, pero son más que suficientes para presentarnos a una serie de personajes que muy bien podrían haber estado basados en personas reales. Sí, muchos de ellos —como los mencionados en el párrafo anterior— están basados en arquetipos, pero poco a poco son desarrollados a través de entrevistas e interacciones con los dos protagonistas, para convertirse en seres humanos tridimensionales. Y muchas de las motivaciones detrás de sus acciones son precisas y muy creíbles; algunos son chicos que ven más allá de sus privilegios; otros quieren ser aceptados por los demás, y otros simplemente quieren cobrar venganza.
Es precisamente por esta gran cantidad de personajes secundarios tan reales, que el desarrollo de la investigación termina siendo tan emocionante y poco previsible. El show cuenta con una buena cantidad de posibles sospechosos, y muchos de ellos tienen suficientes motivaciones como para haber sido capaces de realizar los actos de vandalismo en el colegio. Súmenle a esto una serie de giros narrativos que realmente no veía venir —pero que felizmente, en retrospectiva, tienen sentido—, y esta segunda temporada de “American Vandal” se torna en un experiencia verdaderamente adictiva. Así como en la primera me moría por saber quién había dibujado los penes, acá realmente quería saber quién había causado los “Crímenes de Caca” (sí, el “Brownout” fue solo el primero de varios eventos).
Adicionalmente, “American Vandal” hace un buen uso de los medios modernos y de las redes sociales para contar su historia, pero también para desarrollar el contexto en el que se desenvuelven los adolescentes hoy en día. El “Turd Burglar”, por ejemplo, sube videos y posts sobre sus crímenes a una cuenta de Instagram, etiquetando a todos los estudiantes del colegio, y cuelgas pistas sobre sus futuros crímenes. Además, muchas de las interacciones, chismes y confesiones en el show se transmiten de manera virtual, haciendo uso de mensajes de texto, emojis y demás, lo cual le permite a “American Vandal” sentirse como un producto de nuestro tiempo. En pocas palabras, la serie parece haber sido hecha por jóvenes para jóvenes, retratando a una generación en particular de manera prácticamente perfecta. Uno de los personajes critica duramente a la misma —acusándolos de hipócritas—, pero la serie en sí simplemente presenta a los jóvenes, para que cada uno saque sus propias conclusiones.

Al igual que los capítulos anteriores, estos últimos están realizados de tal manera que parecen ser parte de una serie documental de verdad… cuando en realidad, todo es ficción. La utilización de gráficas —muchas de ellas en 3D, esta vez—, así como entrevistas, imágenes de cámaras de seguridad, recreaciones con actores diferentes a los que interpretan a los personajes “de verdad”, y por supuesto, los planos de drone, le otorgan una estética muy elegante y precisa a “American Vandal”. Sí, el tema es absurdo, y sí, nada de lo que vemos ocurrió de verdad, pero todo está presentado de tal manera que luce verosímil, y eso ayuda a que uno siga viendo capítulo tras capítulo, sin querer descansar. De hecho, me terminé viendo los ocho episodios en un solo día (estamos en cuarentena, después de todo…)
Si, al igual que yo, disfrutaron de la primera temporada de “American Vandal”, la pasarán de lo lindo con la segunda. Lo que los creadores han logrado hacer es desarrollar una historia muy al estilo de los documentales que se ven todo el tiempo en Netflix, pero basada en una premisa asquerosa y absurda, la cual termina siendo muy graciosa debido a lo mucho que se toma en serio a sí misma. Sí, maneja el mismo estilo y tono que la temporada anterior, pero funciona ligeramente mejor gracias a sus personajes creíbles, giros narrativos realmente sorprendentes, y a un comentario social inesperadamente incisivo y muy preciso. Es una pena que Netflix haya decidido cancelar “American Vandal”; ni me imagino lo que este mismo equipo creativo hubiera sido capaz de realizar para una tercera temporada. Con suerte, alguien más se animará a producirla eventualmente; estoy seguro que no soy el único que la vería con muchas ganas apenas se estrene.
Cofundador y editor en NoEsEnSerie.com. Bachiller en Comunicación Audiovisual por la PUCP, y miembro de la APRECI—Asociación de Prensa Cinematográfica. Integra el staff de la revista MasGamers, las webs de Nintendo Pe y Fans de Zelda Perú, el portal web Cinencuentro, y el portal de cine peruano FotografiaCalato.com. Adicionalmente, es YouTuber para el canal Aprieta Start, y formó parte del staff de prensa del 18 Festival de Cine de Lima. También trabaja como fotógrafo para Star Wars Fan Club Perú. Desde enero del 2012 publica críticas y comentarios de cine en el blog Proyectando Ideas (el cual forma parte de la Asociación de Blogs de Cine). Crítico oficial de RottenTomatoes.com. Cinéfilo y seriómano empedernido.
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CRÍTICA: Ted Lasso – Temporada 4, Episodio 10 (FINAL)
Publicado
hace 2 semanasel
7 octubre, 2026
****½ sobre *****
*ALERTA DE SPOILERS*
Y llegamos al final. ¿Será el final de la serie en general? ¿O será como la última vez, que el buen Ted y compañía descansarán un rato para luego regresar? El desenlace de este episodio nos sugiere un futuro brillante tanto para él como para Alice y Beard y Rebecca y todo el mundo, por lo que no me fastidiaría ver una quinta temporada. Pero a la vez, si este llegara a ser el final del show (ahora sí de verdad), tampoco me molestaría. La cuarta temporada de Ted Lasso no ha sido la mejor de todas, pero especialmente con este desenlace, al menos ha logrado justificar su propia existencia; y, de paso (y para variar), hacer llorar a su público.
El episodio, pues, termina por resolver todos los enredos y conflictos antes presentados, sin dejar a nadie mal parado –no, ni siquiera a la maldita de Zelda. Como era de esperarse, esta última se revela como la que le estuvo comprando las acciones de Richmond a todo el mundo, pero felizmente, tanto Rebecca como Leslie tenían un as bajo la manga. Ted logra conectar mejor con su hijo al revelarle la verdad de cómo murió su abuelo. Y hablando de muerte, todo el mundo tiene que lidiar con el fallecimiento de Mae del episodio pasado, lo cual, curiosamente, trae consigo buenas consecuencias tanto para el club (y el conflicto con Zelda) como para los tres fieles accionistas y asiduos clientes del pub, quienes se convierten en sus nuevos dueños.

¿Y qué hay de Roy y Keeley? Luego de pasar por algunos momentos (quizás no tan) tensos, se dan cuenta de que están listos para ser padres, con el primero pidiendo una nueva junta de los Diamond Dogs para que sus amigos lo ayuden con sus inseguridades. Y luego de tantos cambios y sorpresas, Rebecca por fin decide casarse, dándose cuenta de que no le tiene miedo al matrimonio o al compromiso; solo al haber estado antes con la persona incorrecta. ¿Se siente todo esto súper conveniente y fresa? Pues sí. Pero a la vez funciona como para cerrarlo absolutamente todo y dejar al espectador en lágrimas, esto último, cortesía de una narración en off particularmente emotiva por parte de Mae.
Ha sido un deleite, pues, tener a Ted Lasso de vuelta en nuestras pantallas. No ha sido una temporada perfecta, pero entre sus nuevos (y memorables) personajes femeninos y arcos interesantemente maduros para los personajes clásicos, me terminó por convencer. Y bueno, ayuda el que literalmente hayan dejado lo mejor para el final. Veremos si llega una quinta temporada; pase lo que pase, al menos podemos decir que ha sido una buena racha de cuatro temporadas.
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CRÍTICA: Ted Lasso – Temporada 4, Episodio 9
Publicado
hace 3 semanasel
30 septiembre, 2026
**** sobre *****
*ALERTA DE SPOILERS*
El noveno episodio de la cuarta temporada de Ted Lasso es de emociones agridulces y novedades impactantes. Después de todo, ya estamos llegando al final, por lo que tiene sentido que la serie, por fin, comience a desenredar algunos nudos, a poner a sus protagonistas en situaciones difíciles, pero también a obligarlos a triunfar, aunque sea por un ratito. En esos sentidos, el episodio funciona muy bien a nivel emocional, permitiéndole al espectador sentir la euforia de la victoria, pero también las consecuencias (quizás no tan positivas) de algunas decisiones o eventos.
Esta vez, tenemos al equipo femenino de Richmond viajando a Bristol para un partido decisivo: si no gana, no será promocionado a la liga. Lamentablemente, luego de desmayarse en un partido previo, Keeley no puede viajar; resulta, pues, que está embarazada, noticia que la tiene muy tensa, y que tiene miedo de contarle a Roy. Por otro lado, Gemma está empecinada en volver a las canchas; Beard se ha puesto pelo (Dios mío…); y la gran Mae Green (Annette Badland), dueña del pub al que van todos los personajes, es invitada por Ted para acompañarlos en el bus hasta Bristol. Después de todo, necesitan todo el apoyo posible para ganar.

Acá incluyo spoilers, así que tiene sentido decir que sí, efectivamente, las chicas ganan el partido, y debido a varias razones. Primero porque la arquera Quinn (Jude Mack) por fin se anima a usar guantes; porque Gemma entra un rato a la cancha para meter un gol, y finalmente, porque por fin le dan la oportunidad a la calientabancas de Shannon (Shannon Hayes) de jugar en el partido, lo cual resulta en un gol más. Pero como no todo puede ser felicidad, a la par nos enteramos de quién ha estado comprando las acciones de Richmond: nada más y nada menos que Zelda (Tracey Ullman), lo cual, valgan verdades, no es del todo chocante, pero seguro tendrá repercusiones en el episodio final. Pero lo peor es que, al final del partido, vemos que Mae ha caído, y aunque no escuchamos lo que Rebecca le dice a Ted, podemos asumir que la fanática más antigua de Richmond ha fallecido.
Habrá que esperar a la próxima semana a ver qué sucede. Pero con un solo episodio más de historia, creo que esta cuarta temporada de Ted Lasso tendrá que hacer bastante para concluir de forma satisfactoria (un algo agridulce). A menos, claro, que una quinta temporada sea anunciada inmediatamente…
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CRÍTICA: Ted Lasso – Temporada 4, Episodio 8
Publicado
hace 4 semanasel
23 septiembre, 2026
**** sobre *****
*ALERTA DE SPOILERS*
Más que los otros episodios de esta temporada, el octavo se concentra en el drama, dejando la comedia un poco de lado para permitirles crecer a sus personajes. Y cuando hablo de los personajes, me refiero a los secundarios, ya que fuera de un excelente discurso para las chicas, Ted (Jason Sudeikis) no aparece mucho acá –y Beard (Brendan Hunt) tampoco (aunque vamos viendo cómo va lidiando con su crisis de la mediana edad, primero con los ojos azules el episodio pasado, y al parecer, ahora injertándose pelo). Es así que terminamos con el episodio más largo de la temporada hasta ahora, que aprovecha al máximo su duración para avanzar con la historia.

Para este crítico, la trama principal es la de Alice (Tanya Reynolds) y Gemma (Abbie Hern). La segunda sufre una lesión en un partido a la vez que le ofrecen un trabajo fuera del mundo del fútbol, lo cual la hace dudar sobre su futuro en Richmond. Y la primera se dedica el episodio entero a lidiar con esto, finalmente dándose cuenta del valor que tiene su jugadora no solo para ella sino también para el resto del equipo. Mientras tanto, Roy Kent (Brett Goldstein) se rehúsa a ir a su homenaje, y cuando es obligado por Keeley (Juno Temple), se ve involucrado en una serie de situaciones absurdas que, finalmente, le permiten darse cuenta de que sí valdría la pena darle una nueva oportunidad a una relación con la chica.
Fuera de aquellas tramas, tenemos a Leslie (Jeremy Swift) investigando un repentino misterio: resulta que un montón de gente ha estado vendiendo sus acciones en Richmond, lo cual parece ser parte de una conspiración contra el equipo. Y aunque vemos a otros personajes como Rebecca (Hannah Waddingham) o el resto de jugadoras del equipo, el episodio termina concentrándose en estas dos tramas principales y la secundaria… para bien. Porque, fuera de un par de gags que no funcionan y momentos caricaturescos que van en contra del tono más bien serio de esta semana (como cuando Roy rompe el sunroof de su carro y de alguna forma logra que Keeley salga por ahí), el octavo episodio de esta temporada de Ted Lasso logra atar varios nudos, completar ciertas subtramas y hacer crecer a sus personajes. No me reí mucho, pero sentí bastante; no hay muchas quejas.
CRÍTICA: Ted Lasso – Temporada 4, Episodio 10 (FINAL)
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