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Opinión

Crítica – Black Mirror, no hay cuarta mala

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Cada vez que me toca ver una nueva temporada de una serie me arrastran sentimientos encontrados. Expectativa, ansiedad y miedo. ¿Y el miedo por qué? Simple, temor de que esta ficción no logre superar mis expectativas de las entregas anteriores y desconfianza de perder el tiempo en una serie que no logre captar mi interés y por ende no permita poder ver otra que sí lo logre. Pero bueno, son gajes de todo seriomano empedernido.

Esta vez le toco a Black Mirror. La cuarta temporada amenazaba con apoderarse con esta mezcla de sentimientos negativos sobre mí y saben que? Me equivoque. La última entrega tiene todo lo necesario para quedarse recontra pendiente al cel, Tablet o Tv  con el streaming llamado Netflix.

El creador Charlie Brooker ha logrado un tratamiento narrativo óptimo, historias bien contadas con una cuidadosa Dirección de Arte y una Fotografía extraordinaria. ejemplos como en el capítulo 5, Metall Head, realizada toda en versión blanco y negro. Y qué decir del 6, Black Musseum sin lugar a dudas los 69 minutos de extensión se hacen cortos  y terminas deseando que dure tanto o igual como un largometraje.

Ni que hablar de las actuaciones de los protagonistas. Andrea Riseburg en Crocodile (la vimos en Oblivion con Tom Cruise) ofrece una extraordinaria representación de una mujer que intenta redimir su culpa a base de crímenes o Jesse Plemons en el capítulo 1, USS Callister, el más lúdico y nostálgico de todos.

Mención Honrosa para Daniel Lapaine como el médico que busca curar y termina sin cura y otro para la abnegada madre en el episodio que todos los padres debemos ver, Arkangel.

Ya espero con todos los sentimientos descritos arriba, la siguiente entrega  y anhelo seguir gozando y sorprendiéndome con la premisa de los creadores: el avance científico no hace nada más que destruir la naturaleza humana. Veremos si será cierto

Co- Fundador de NOESENSERIE.COM. Bachiller en Ciencias de la Comunicación en UL. Empedernido observador de la vida y el séptimo arte, Seriómano a mil y padre de Tadeo.

Noticias

Los verdaderos ganadores

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Tras pasar la euforia de la última edición del Globo de Oro podemos sentarnos a dar un pequeño, pero conciso análisis de la primera entrega de premios del 2018 en cuanto a tv se refiere.

Sin duda, la ganadora de la noche fue Big Litlle Lies. la serie de Nicole Kidman y cia. se llevó 4 globos de las 6 nominaciones, reforzando la premisa que HBO no solo es un juego de tronos.

Pero eso es lo que vimos en el podio y en los discursos, sin embargo, lo que muestran los números es que en cada edición los Streaming empiezan a acaparar más nominaciones y adeptos frente a las grandes cadenas de tv.

HULU con the handmaid’s tale se llevo indiscutiblemente dos globos como mejor serie dramática y mejor actriz dramática para Elisabeth Moss, mientras la plataforma de contenidos AMAZON de las 3 nominaciones con las que llego, gracias The Marvelous Mrs maisel, obtuvo el premio a mejor comedia y a mejor actriz para Rachel Brosnahan.

El rey del Streaming, Netflix, entro con nueve nominaciones, por series como The Crown (2), Master of None (2), y Stranger Things (2), entre otras, pero no pudo celebrar la victoria de la nostálgica serie ochentera como mejor drama, y solo tuvo que contentarse con Master of None como mejor comedia, gracias a Aziz Ansari, como mejor actor.

 

En total los servicios de Streaming tuvieron 15 nominaciones de las 55 instancias, es decir, el 36 % de total en competencia de la edición 75 de los globos de oro fueron a los contenidos multimedia.

El futuro de las series cada vez más sale de la tv y se mete a la Tablet o cel. El tiempo dictara en que acabara esta historia, si prenderas la caja boba o sacaras el teléfono del bolsillo paa verla. Veremos.

 

 

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Crítica – Mindhunter (Primera Temporada)

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Loa fanáticos del True Crime, aquellas historias de asesinatos, violaciones y otros horrendos crímenes que ocurrieron en la vida real, y que son presentados y analizados en diferentes videos, shows, podcasts, y demás formatos, definitivamente la pasarán bien con Mindhunter. El más reciente show original de Netflix (bueno, si es que no contamos la segunda temporada de Stranger Things, claro está), producido por David Fincher y Charlize Theron, es un tipo de policial que pocas veces se ha visto en este formato: más interesado en los “por qués” que en los “cómos”, más preocupado por lo que está en las mentes de los criminales, que en evitar que cometan sus crímenes.

Se trata de un acercamiento al material, visto antes en el libro del mismo nombre (en el cual está basada la serie, por supuesto) y en incontables videos de YouTube, pero no tanto en ficción tradicional. Después de todo, este estilo no se presta mucho para secuencias típicas de tensión y acción, ni para explosiones, balaceras o clichés. Pero es precisamente por esto que funciona Mindhunter; se siente más como un show original que como una regurgitación de lo que tantas veces hemos visto en CSI o NCIS, una historia protagonizada por personajes fascinantes, bien desarrollados a pesar del foco tan claro que tiene el show en su propia trama.

Jonathan Groff (a quien no le dan la oportunidad de cantar esta vez, lamentablemente) interpreta a Holden Ford, un joven agente de la FBI que se alía con Bill Tench (Holt McCallany) para desarrollar un campo de investigación innovador dedicado a explorar la psicología de los criminales, para poder saber por qué hacen lo que hacen. Inicialmente no reciben mucho apoyo de su jefe, Shepard (Cotter Smith), pero una vez que se juntan con una académica llamada Wendy Carr (Anna Torv), logran hacer crecer a su nuevo departamento, lo cual los lleva a interactuar con toda suerte de asesinos y violadores de la peor calaña.

Mindhunter comienza de manera un poco lenta, introduciendo con calma a los personajes centrales (especialmente a Holden), sus conflictos internos, y las relaciones que mantienen entre sí. Es cierto que la serie está muy preocupada por desarrollar una trama intensa e intrigante, pero nunca deja de lado a sus personajes. De hecho, es vital poder entender tanto a Holden como a Bill para saber exactamente por qué están tan interesados en trabajar en esto. Cada uno tiene sus propios demonios internos, y estos son presentados de manera muy efectiva y creíble.

La relación que Holden mantiene con una estudiante llamada Debbie (Hannah Gross), por ejemplo, es fascinante, ya que se trata de una demostración realista y progresista de un romance en pantallas. Ambos disfrutan mucho del sexo —y el guion hace mucho énfasis en la manera en que Holden le da placer a ella, y no viceversa—, pero parecen estar juntos, al menos inicialmente, porque tienen visiones algo similares del mundo… o al menos de la psicología de otras personas. Es interesante, entonces, ver como su relación evoluciona y retrocede y se degenera a lo largo de la temporada, mientras Holden se va obsesionando cada vez más con su trabajo.

El caso de Bill es más particular; tiene una vida familiar aparentemente ideal, pero una vez que se hace amigo de Holden, va revelando las verdades sobre su relación con su esposa y, más importante, con su pequeño hijo. Resulta realmente desgarrador el comprender por qué es que Holden está tan interesado en entender la psicología de gente que es diferente. El caso de Wendy es algo más superficial —los verdaderos protagonistas del show son Holden y Bill, como si estuviesen en una suerte de buddy cop setentero—, pero igual de intrigante (y , otra vez, sorprendentemente progresista).

Pero lo que más destaca en Mindhunter es la manera en que desarrolla las investigaciones por parte de Holden y Bill, así como la forma en que son detenidos, de cuando en cuando, por su jefe. Sus interacciones con asesinos en prisión (especialmente un escalofriante Edmund Kemper, interpretado de manera magistral por Cameron Britton) son extremadamente tensas, y a pesar de estar basadas únicamente en diálogo y pura actuación, uno jamás puede dejar de sentir que cualquier cosa podría salir mal, en cualquier momento. Además —y especialmente para los que estén interesados, nuevamente, en True Crime— resulta muy interesante ver los comienzos del desarrollo de la psicología criminal en los años 70, con Holden y Bill dándose cuenta cómo es que los cerebros de estas personas funcionan; sus motivaciones, sus respectivas visiones del mundo, y sí, incluso la forma en que, en ciertos momentos, los manipulan.

Jonathan Groff es excelente como Holden; inicialmente lo interpreta como un chico inocente, con una voz suave y lenguaje corporal que lo hace parecer un cachorrillo tímido. Pero poco a poco va revelando un lado más oscuro del personaje, lo cual lo convierte en un protagonista, a veces, difícil de querer, pero continuamente fascinante. Holt McCallany es igual de efectivo como Bill Tench, la contraparte perfecta para Holden; más cínico, más práctico, y más consciente del daño que las conversaciones con los asesinos le pueden hacer a su compañero. Hannah Gross es algo irritante como Debbie —no me cabe la menor duda que esto es a propósito— y Anna Torv interpreta a Wendy como una mujer fuerte, inteligente, y muy dedicada a su trabajo, pero sin llegar a ser tan irresponsable u obseso como Holden.

A nivel técnico, Mindhunter es puro David Fincher, a pesar de que él no dirige todos los episodios: movimientos de cámara suaves que no llaman demasiado la atención a sí mismos, colorización fría pero muy atractiva, y una banda sonora que inmediatamente lo ubica a uno en los años 70. De hecho, la recreación de la época es impecable, desde los carros que aparecen en muchas escenas, hasta el vestuario de todos los personajes (y los peinados y bigotes; especialmente de los policías de pueblo pequeño) y, por momentos, su manera de hablar. Mindhunter es una de las series más cinematográficas de Netflix hasta el momento; estoy seguro que se vería igual de bien en una pantalla grande de cine, que en una TV o tablet.

Mindhunter es una de las series más adictivas de Netflix hasta ahora. Intriga y desarrolla tensión sin necesidad de recurrir a clichés o estereotipos, y logra desarrollar personajes verosímiles por los que uno termina preocupándose. Y a pesar de lidiar con asesinos, violadores, y sus terribles actos, jamás maneja un tono demasiado sombrío o deprimente; sí, es seria, pero contiene suficientes momentos de ligereza como para que no se torne en un inaguantable ejercicio de melodrama. La mayoría de episodios tienen como prólogo a la historia de un asesino que nunca llega a interactuar con los protagonistas; asumo que este personaje ha sido reservado para la segunda temporada (ya confirmada, felizmente). La espera de casi un año para los siguientes episodios de Mindhunter va a ser casi insoportable (y eso es lo mejor que uno puede decir sobre una serie hoy en día).

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Stranger Things 2: Retorno a los 80s

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Regresa el gran homenaje de los hermanos Ross y Matt Duffer a las cintas ochenteras y ahora, la pandilla conformada por Mike (Finn Wolfhard), el payaso Dustin (Gaten Matarazzo), el siempre pragmático Lucas (Caleb McLaughlin) y el pequeño Will (Noah Schnapp) – rescatado de la dimensión desconocida de Al Revés y recuperándose del trauma – deben enfrentarse a un reto aún mayor, completamente ajeno a los monstruos que quieren invadirnos; eso es sencillo comparado a la naciente pubertad y el exceso de hormonas.

Esta secuela al éxito del año pasado funciona precisamente por lo entrañable de sus personajes, todos, de alguna manera u otra, creciendo como los niños y jóvenes que son. Están en la edad en la que las niñas dejan de ser compañeras de juegos (o en su defecto, un fastidio al que hay que evitar) para convertirse en algo más. La llegada de Max (Sadie Sink) crea un triángulo amoroso entre Caleb – tal vez el más maduro de los amigos – y el siempre simpático Dustin, que está más preocupado del bicho que encuentra en el tacho de la basura, una amistad entre niño y extraterrestre que recuerda otro clásico de Spielberg. Mike, por su parte, recuerda con cariño a la extraviada Eleven (Millie Bobby Brown), quien tiene sus propios demonios por superar.

Hasta para los adolescentes es época de cambios: Nancy (Natalia Dyer) cuestiona su relación con Steve (Joe Keery), quien se da cuenta que su reinado como el Rey de la Secundaria está terminando. La suya es tal vez la mejor transformación: el patán del colegio es ahora una suerte de hermano mayor y mentor de estos chiquillos, el Josh Brolin de estos modernos Goonies. Stranger Things 2 es una historia de aprendizaje, un coming-of-age cruzado con una cinta de monstruos, una aventura de tintes apocalipticos que aún así no olvida que sus protagonistas son niños. Es por la química y gracia de su reparto que esta nueva temporada funciona tan bien.

Al igual que la primera parte, es un afectuoso homenaje a las cintas ochenteras con las que buena parte del público creció, que van desde la mencionada Goonies – Sean Astin reaparece mucho mayor, pero sin perder su entusiasmo por encontrar tesoros – hasta Aliens de James Cameron – el que Paul Reiser, el odiado Burke de aquel clásico, interprete a una figura de autoridad ambigua no es coincidencia – y pasando por cuanto clásico uno pueda nombrar. Gran parte de la gracia de estos capítulos es descubrir las referencias, por lo que es mejor no mencionarlas; eso daría para un artículo aparte.

Para los Duffer, esto no es un mero ejercicio de nostalgia: también quieren contar una buena historia y aquí lo logran expandiendo más lo que espera a nuestros heroés en Al Revés, una dimensión cercana a los horrores innombrables de H.P. Lovecraft. Todo esto sin perder el buen humor, personajes entrañables y gran cariño por toda una época de cine. Salvo algunos reveses – enviar a Eleven a otra ciudad para descubrir su pasado y recibir un makeover a lo Joan Jett frena la historia en su momento más crucial – Stranger Things 2 continua lo planteado en su anterior temporada y deja a uno con ganas de más; particularmente para los que en su momento rayaron con todas sus referencias.

 

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