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CRÍTICA – Inventando a Anna (Miniserie)
Publicado
hace 5 añosel
Una primavera de títulos basados en historias de estafadores reales está floreciendo en los servicios de streaming. Tan solo una semana después de El estafador de Tinder ha llegado, también a Netflix, Inventando a Anna. La serie, que narra los pecados y la caída de Anna Sorokin, consta de nueve partes y está dirigida por Shonda Rhimes (Grey’s Anatomy), quien ha tomado como base el artículo periodístico de Jessica Presler, publicado en New York Magazine en 2018. De hecho, Pressler es productora y consultora de la serie. Es importante destacar este detalle, pues HBO prepara otra serie sobre el mismo caso, pero la abordará desde un punto de vista distinto, pues ha adquirido los derechos del best-seller, My Friend Anna: The True Story of a Fake Heiress, escrita por Rachel Williams, quien es una de las víctimas de Anna.
La serie utiliza como elemento de despegue a Vivian Kent (Anna Chlumsky), una periodista que tiene el rol de Jessica Pressler. En la ficción, trabaja para una revista llamada Manhattan y necesita escribir un artículo que la redima de uno anterior, en el que falló groseramente y le ha hecho perder credibilidad profesional. Para ello, se enfoca en Anna Delvey (Julia Garner, en una performance sobresaliente), cuyo apellido real es Sorokin. Anna afirmaba ser alemana y heredera de un fideicomiso de sesenta millones de euros, lo que le había permitido infiltrarse en la alta sociedad neoyorquina y sacar rédito de ello, como pases VIP a eventos, estadías en lujosos hoteles y ropa de alta costura. Sin embargo, el supuesto objetivo final que tenía era el de iniciar una fundación dirigida a las élites sociales que maneje la galería de arte más exclusiva del país. Para ello, intentó estafar a los banqueros e inversionistas más renombrados en busca de financiamiento. La serie nos presenta a Anna ya en prisión a la espera de un juicio, con Todd (Arian Moayed) como su abogado, quien también tiene un papel relevante en la conclusión de la serie.

Antes de ir analizando algunos aspectos muy interesantes de la cinta, me permito comentar que tengo cierta intriga por la estructura que está tomando Netflix para sus series originales. Varios de los episodios de esta serie superan largamente la hora de duración -incluso el último se alarga hasta los ochenta y dos minutos- y esa característica la hemos visto últimamente también en Estamos muertos, otra serie coreana reciente, también de Netflix por poner un ejemplo. Veremos si es que la tendencia es hacer producciones con capítulos cada vez más extensos.
Acoplo la reflexión anterior a la idea que tengo que definitivamente Inventando a Anna pudo haber estado mucho más comprimida en términos de duración. No he podido comprobar la opinión de otros colegas, pero, en mi humilde opinión, percibí que la subtrama periodística ha resultado muy poco provechosa para el ritmo de la serie. Nunca logré empatizar con el personaje de Vivian ni con los problemas que ella tiene y mucho menos con su estilo de buscar los testimonios de los implicados. Creo que el guion y la propia actriz desaprovechan en darle profundidad a sus dilemas como el de trabajar o atender a su hija recién nacida y el de explorar qué es lo que le atrae tanto de la historia de Anna, ya que hasta me queda más claro el porqué Todd la apoya que las propias razones de Vivian. Incluso, hasta es un poco descuidada en su método de investigación y sinceramente, este hecho resulta bastante sorpresivo pues, como ya mencioné, la periodista real es una de las productoras de esta serie. A pesar de ello, los pasajes de sus compañeros en «Escriberia», sección donde están los periodistas cercanos al retiro, sí le dan un aire mucho más cálido a los capítulos.
Con ese hecho, a mi criterio, como el principal defecto de la producción, también me resulta muy interesante la trama principal y, sobre todo, como se ha planteado. El argumento está repleto de áreas grises en las que es el espectador el que debe implicarse en la historia y deliberar si tiene simpatías o antipatías por las acciones de Anna. Inventando a Anna no se limita a contar los hechos, pues las motivaciones que llevaron a la estafadora a cometer los delitos de los que se le acusa son explicados a lo largo de los episodios, aunque en varias ocasiones parece desear ocultarlas. Lo que se va construyendo, conjuntamente, es un perfil completo del personaje en cuestión, mientras la propia investigación periodística va atando cabos sueltos y armando un reportaje sobre cada paso que Anna da hasta llegar a su objetivo final.

Los motivos que impulsan el plan de Anna, que por momentos roza lo maquiavélico, pueden no ser los correctos. Sin embargo, su carácter oportunista no se coloca en un nivel de moralidad inferior al que tienen las altas esferas económicas y sociales de una ciudad como New York, tan propia y ajena al mismo tiempo. Este hecho es lo que conduce a no ver a Anna como la mala de la trama, aunque tampoco como la víctima, sino como alguien con una idea bastante compleja y borrosa del bien y del mal. Incluso el papel de Todd, quien decide apoyarla por considerar que su origen social es similar al de Anna y guardar cierto resentimiento a la alta sociedad, encaja bastante bien en la sensación que puede tener cualquier espectador frente a la serie.
En medio de todo ello, hay algunas ambigüedades que se adecuan mejor a la realidad que otras y Shonda Rhimes, que ya no es una novata, entiende a la perfección qué sucesos modificar y, por supuesto, cuáles mantener para hacer la historia mucho más atractiva. Inicialmente nos vemos con algunos personajes ficticios de los que no se sabe cerrar muy bien su historia, pues como son ideados expresamente para la serie, terminan teniendo muy poco peso y solo son un vehículo para dibujar mejor el boceto de Anna que luego se profundiza. No obstante, el juicio y todo lo que sucedió en este, tiene mucho material apegado a la realidad, en especial los vestuarios con los que Anna asistió a la corte y que le permitieron captar la atención de la prensa y las redes sociales. Además, el enfoque que se le da a las redes sociales toma protagonismo y por algunos pasajes parece que Inventando a Anna toma una postura crítica frente a ellas, aunque por otros es más bien laxa. Aún mucho más confuso es el hecho de que en ciertas ocasiones Anna sí parece tener dinero, pero luego conocemos a su familia y sabemos que esto no es así, por lo que nunca está totalmente esclarecido cada paso que da y varios cables quedan sin conectar.

Por otro lado, el argumento tiene uno de sus puntos más altos cuando llega el momento del viaje a Marrakech. Quizá también es el quiebre en el que la obligación del espectador por tomar una postura. Sin embargo, puede que todo se desvirtúe por factores externos como una evidente intención de hacer quedar mal al personaje de Rachel Williams (Katie Lowes), pues ella es quien, a pesar de ser víctima de una de las estafas de Anna, sacó mayor provecho de su desgracia y prefirió hacer negocios con HBO que con Netflix. Es muy cierto que en estas producciones inspiradas en casos reales, hay que ver hacia dónde lleva la corriente, pero es algo muy normal en un mercado donde todo se trata de dinero que haya esta especie de sesgo dentro de la trama.
En definitiva, Inventando a Anna tiene todos los elementos para destacar, pues aquel sentimiento de culpa por intentar justificar la conducta delictiva de un personaje convertido en celebridad se vuelve adictivo conforme van pasando los episodios. Aunque algunos hechos son cubiertos algo desprolijos, pueden ser pasados por alto e incluso cooperar a generar ese ambiente de imprecisión que favorece la participación del público y el morbo propio de un caso que se regodea en la falsa moralidad.
Estudié Economía en la Udep, pero mi película favorita no es Wall Street ni mi serie favorita es Billions. En realidad no tengo ninguna favorita, por eso dedico todo el tiempo posible a ver la mayor cantidad de series y películas que pueda, y porque me gusta. Escribo también en estrimin.pe.
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CRÍTICA: Ted Lasso – Temporada 4, Episodio 10 (FINAL)
Publicado
hace 2 semanasel
7 octubre, 2026
****½ sobre *****
*ALERTA DE SPOILERS*
Y llegamos al final. ¿Será el final de la serie en general? ¿O será como la última vez, que el buen Ted y compañía descansarán un rato para luego regresar? El desenlace de este episodio nos sugiere un futuro brillante tanto para él como para Alice y Beard y Rebecca y todo el mundo, por lo que no me fastidiaría ver una quinta temporada. Pero a la vez, si este llegara a ser el final del show (ahora sí de verdad), tampoco me molestaría. La cuarta temporada de Ted Lasso no ha sido la mejor de todas, pero especialmente con este desenlace, al menos ha logrado justificar su propia existencia; y, de paso (y para variar), hacer llorar a su público.
El episodio, pues, termina por resolver todos los enredos y conflictos antes presentados, sin dejar a nadie mal parado –no, ni siquiera a la maldita de Zelda. Como era de esperarse, esta última se revela como la que le estuvo comprando las acciones de Richmond a todo el mundo, pero felizmente, tanto Rebecca como Leslie tenían un as bajo la manga. Ted logra conectar mejor con su hijo al revelarle la verdad de cómo murió su abuelo. Y hablando de muerte, todo el mundo tiene que lidiar con el fallecimiento de Mae del episodio pasado, lo cual, curiosamente, trae consigo buenas consecuencias tanto para el club (y el conflicto con Zelda) como para los tres fieles accionistas y asiduos clientes del pub, quienes se convierten en sus nuevos dueños.

¿Y qué hay de Roy y Keeley? Luego de pasar por algunos momentos (quizás no tan) tensos, se dan cuenta de que están listos para ser padres, con el primero pidiendo una nueva junta de los Diamond Dogs para que sus amigos lo ayuden con sus inseguridades. Y luego de tantos cambios y sorpresas, Rebecca por fin decide casarse, dándose cuenta de que no le tiene miedo al matrimonio o al compromiso; solo al haber estado antes con la persona incorrecta. ¿Se siente todo esto súper conveniente y fresa? Pues sí. Pero a la vez funciona como para cerrarlo absolutamente todo y dejar al espectador en lágrimas, esto último, cortesía de una narración en off particularmente emotiva por parte de Mae.
Ha sido un deleite, pues, tener a Ted Lasso de vuelta en nuestras pantallas. No ha sido una temporada perfecta, pero entre sus nuevos (y memorables) personajes femeninos y arcos interesantemente maduros para los personajes clásicos, me terminó por convencer. Y bueno, ayuda el que literalmente hayan dejado lo mejor para el final. Veremos si llega una quinta temporada; pase lo que pase, al menos podemos decir que ha sido una buena racha de cuatro temporadas.
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CRÍTICA: Ted Lasso – Temporada 4, Episodio 9
Publicado
hace 3 semanasel
30 septiembre, 2026
**** sobre *****
*ALERTA DE SPOILERS*
El noveno episodio de la cuarta temporada de Ted Lasso es de emociones agridulces y novedades impactantes. Después de todo, ya estamos llegando al final, por lo que tiene sentido que la serie, por fin, comience a desenredar algunos nudos, a poner a sus protagonistas en situaciones difíciles, pero también a obligarlos a triunfar, aunque sea por un ratito. En esos sentidos, el episodio funciona muy bien a nivel emocional, permitiéndole al espectador sentir la euforia de la victoria, pero también las consecuencias (quizás no tan positivas) de algunas decisiones o eventos.
Esta vez, tenemos al equipo femenino de Richmond viajando a Bristol para un partido decisivo: si no gana, no será promocionado a la liga. Lamentablemente, luego de desmayarse en un partido previo, Keeley no puede viajar; resulta, pues, que está embarazada, noticia que la tiene muy tensa, y que tiene miedo de contarle a Roy. Por otro lado, Gemma está empecinada en volver a las canchas; Beard se ha puesto pelo (Dios mío…); y la gran Mae Green (Annette Badland), dueña del pub al que van todos los personajes, es invitada por Ted para acompañarlos en el bus hasta Bristol. Después de todo, necesitan todo el apoyo posible para ganar.

Acá incluyo spoilers, así que tiene sentido decir que sí, efectivamente, las chicas ganan el partido, y debido a varias razones. Primero porque la arquera Quinn (Jude Mack) por fin se anima a usar guantes; porque Gemma entra un rato a la cancha para meter un gol, y finalmente, porque por fin le dan la oportunidad a la calientabancas de Shannon (Shannon Hayes) de jugar en el partido, lo cual resulta en un gol más. Pero como no todo puede ser felicidad, a la par nos enteramos de quién ha estado comprando las acciones de Richmond: nada más y nada menos que Zelda (Tracey Ullman), lo cual, valgan verdades, no es del todo chocante, pero seguro tendrá repercusiones en el episodio final. Pero lo peor es que, al final del partido, vemos que Mae ha caído, y aunque no escuchamos lo que Rebecca le dice a Ted, podemos asumir que la fanática más antigua de Richmond ha fallecido.
Habrá que esperar a la próxima semana a ver qué sucede. Pero con un solo episodio más de historia, creo que esta cuarta temporada de Ted Lasso tendrá que hacer bastante para concluir de forma satisfactoria (un algo agridulce). A menos, claro, que una quinta temporada sea anunciada inmediatamente…
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CRÍTICA: Ted Lasso – Temporada 4, Episodio 8
Publicado
hace 4 semanasel
23 septiembre, 2026
**** sobre *****
*ALERTA DE SPOILERS*
Más que los otros episodios de esta temporada, el octavo se concentra en el drama, dejando la comedia un poco de lado para permitirles crecer a sus personajes. Y cuando hablo de los personajes, me refiero a los secundarios, ya que fuera de un excelente discurso para las chicas, Ted (Jason Sudeikis) no aparece mucho acá –y Beard (Brendan Hunt) tampoco (aunque vamos viendo cómo va lidiando con su crisis de la mediana edad, primero con los ojos azules el episodio pasado, y al parecer, ahora injertándose pelo). Es así que terminamos con el episodio más largo de la temporada hasta ahora, que aprovecha al máximo su duración para avanzar con la historia.

Para este crítico, la trama principal es la de Alice (Tanya Reynolds) y Gemma (Abbie Hern). La segunda sufre una lesión en un partido a la vez que le ofrecen un trabajo fuera del mundo del fútbol, lo cual la hace dudar sobre su futuro en Richmond. Y la primera se dedica el episodio entero a lidiar con esto, finalmente dándose cuenta del valor que tiene su jugadora no solo para ella sino también para el resto del equipo. Mientras tanto, Roy Kent (Brett Goldstein) se rehúsa a ir a su homenaje, y cuando es obligado por Keeley (Juno Temple), se ve involucrado en una serie de situaciones absurdas que, finalmente, le permiten darse cuenta de que sí valdría la pena darle una nueva oportunidad a una relación con la chica.
Fuera de aquellas tramas, tenemos a Leslie (Jeremy Swift) investigando un repentino misterio: resulta que un montón de gente ha estado vendiendo sus acciones en Richmond, lo cual parece ser parte de una conspiración contra el equipo. Y aunque vemos a otros personajes como Rebecca (Hannah Waddingham) o el resto de jugadoras del equipo, el episodio termina concentrándose en estas dos tramas principales y la secundaria… para bien. Porque, fuera de un par de gags que no funcionan y momentos caricaturescos que van en contra del tono más bien serio de esta semana (como cuando Roy rompe el sunroof de su carro y de alguna forma logra que Keeley salga por ahí), el octavo episodio de esta temporada de Ted Lasso logra atar varios nudos, completar ciertas subtramas y hacer crecer a sus personajes. No me reí mucho, pero sentí bastante; no hay muchas quejas.
CRÍTICA: Ted Lasso – Temporada 4, Episodio 10 (FINAL)
CRÍTICA: Ted Lasso – Temporada 4, Episodio 9
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