Un cambio de registro considerable es el que nos ha entregado el tercer episodio de Moon Knight que, tal como nos anunció el final de la semana anterior, ha trasladado la acción a Egipto. Si en el primer capítulo todo se centró en la personalidad de Steven Grant y para el segundo fue predominante el personaje de Marc Spector, el más reciente ha deslizado la posibilidad de una tercera personalidad, mucho más sanguinaria y probablemente la causante de todas las muertes de las que se le acusa a Marc, lo que regresa a la serie al género del thriller psicológico por unos instantes.
De todas formas, los reflectores del episodio se los ha llevado Khonshu, o por lo menos es el personaje con el que podemos empatizar un poco más. Hemos descubierto bastante de su historia y como su trasfondo es el trauma de haber sido exiliado por los demás dioses egipcios, a quienes vemos a través de sus avatares en la Enéada convocada tras el eclipse que provoca el propio Khonshu como medida desesperada para tratar de frenar el progreso que ha logrado Harrow en la búsqueda de la tumba de Ammit. Sin embargo, Khonshu no goza de popularidad dentro del círculo de dioses y Harrow consigue destruir cualquier acusación atacando el trastorno de personalidad que sufre Marc. Es probable que tengamos más interacciones en el futuro cercano con este grupo de avatares que funciona de una forma muy parecida a como si de unos “Eternals retirados” se tratasen.
Otro de los puntos interesantes de este episodio ha sido la aparición póstuma de Gaspard Ulliel -a quien se le dedica el episodio en los créditos- como Anton Mogart, un personaje que en los cómics tiene una rivalidad mucho más significativa con Moon Knight que el propio Harrow y que en la trama tiene en su poder el sarcófago de Senfu, mismo que contiene indicios de la ubicación de Ammit. Layla, quien ha falsificado su pasaporte para poder entrar a Egipto en la escena de entrada, y Marc acuden a buscarlo. Esto gatilla las mejores escenas de acción, pues nos ha permitido ver el traje -uno de los mejores vestuarios del MCU- con mucho mayor detalle y, al mismo tiempo, descubrir nuevos atributos y poderes del héroe.
Tras hacerse con unos pergaminos que esconden la ubicación de Amitt, Marc se ve obligado a dejar el control a Steven para poder descifrarlos, convirtiéndolos en un mapa que señala el camino a través de las estrellas. Sin embargo, por la antigüedad del mapa, Khonshu se ve obligado a sacrificarse, sabiendo que esto conllevaría un castigo por parte de la Enéada, y retrocede el tiempo unos dos mil años para que Steven y Layla puedan guiarse hacia su objetivo.
El episodio nos ha permitido ver Egipto de una forma muy distinta a la que cualquier producción estándar nos lo mostraría. De hecho, hay una conversación muy interesante entre Layla y Marc en la que vamos adentrándonos en la dinámica que mantenía la relación de ambos y en esta escena estamos rodeados de filtros púrpuras, opuestos a las tonalidades ocres que se otorgan a las tomas en esta ubicación geográfica. Además, tenemos bastantes referencias a la saga de Indiana Jones que enriquecen las secuencias y debemos resaltar también que la serie asume todos los riesgos de hacer propios muchos elementos de la mitología egipcia.
Así atravesamos la mitad de temporada, con Khonshu fuera de escena y Harrow fortalecido por el apoyo de los dioses. Aún hay mucho por excavar, tanto en las personalidades del protagonista como en la relación que tiene con Layla y la muerte con su padre, de la que parecen deslizarnos que algo muy tenebroso saldrá a la luz pronto. Con todo ello, y con muchos elementos interesantes y el desarrollo de los personajes bastante equilibrado y consistente, tal vez sea necesario que la trama acelere unas cuantas marchas en los próximos episodios para sustituir al suspenso que se fue difuminando tras el primer episodio.
Estudié Economía en la Udep, pero mi película favorita no es Wall Street ni mi serie favorita es Billions. En realidad no tengo ninguna favorita, por eso dedico todo el tiempo posible a ver la mayor cantidad de series y películas que pueda, y porque me gusta. Escribo también en estrimin.pe.
Y llegamos al final. ¿Será el final de la serie en general? ¿O será como la última vez, que el buen Ted y compañía descansarán un rato para luego regresar? El desenlace de este episodio nos sugiere un futuro brillante tanto para él como para Alice y Beard y Rebecca y todo el mundo, por lo que no me fastidiaría ver una quinta temporada. Pero a la vez, si este llegara a ser el final del show (ahora sí de verdad), tampoco me molestaría. La cuarta temporada de Ted Lasso no ha sido la mejor de todas, pero especialmente con este desenlace, al menos ha logrado justificar su propia existencia; y, de paso (y para variar), hacer llorar a su público.
El episodio, pues, termina por resolver todos los enredos y conflictos antes presentados, sin dejar a nadie mal parado –no, ni siquiera a la maldita de Zelda. Como era de esperarse, esta última se revela como la que le estuvo comprando las acciones de Richmond a todo el mundo, pero felizmente, tanto Rebecca como Leslie tenían un as bajo la manga. Ted logra conectar mejor con su hijo al revelarle la verdad de cómo murió su abuelo. Y hablando de muerte, todo el mundo tiene que lidiar con el fallecimiento de Mae del episodio pasado, lo cual, curiosamente, trae consigo buenas consecuencias tanto para el club (y el conflicto con Zelda) como para los tres fieles accionistas y asiduos clientes del pub, quienes se convierten en sus nuevos dueños.
¿Y qué hay de Roy y Keeley? Luego de pasar por algunos momentos (quizás no tan) tensos, se dan cuenta de que están listos para ser padres, con el primero pidiendo una nueva junta de los Diamond Dogs para que sus amigos lo ayuden con sus inseguridades. Y luego de tantos cambios y sorpresas, Rebecca por fin decide casarse, dándose cuenta de que no le tiene miedo al matrimonio o al compromiso; solo al haber estado antes con la persona incorrecta. ¿Se siente todo esto súper conveniente y fresa? Pues sí. Pero a la vez funciona como para cerrarlo absolutamente todo y dejar al espectador en lágrimas, esto último, cortesía de una narración en off particularmente emotiva por parte de Mae.
Ha sido un deleite, pues, tener a Ted Lasso de vuelta en nuestras pantallas. No ha sido una temporada perfecta, pero entre sus nuevos (y memorables) personajes femeninos y arcos interesantemente maduros para los personajes clásicos, me terminó por convencer. Y bueno, ayuda el que literalmente hayan dejado lo mejor para el final. Veremos si llega una quinta temporada; pase lo que pase, al menos podemos decir que ha sido una buena racha de cuatro temporadas.
El noveno episodio de la cuarta temporada de Ted Lasso es de emociones agridulces y novedades impactantes. Después de todo, ya estamos llegando al final, por lo que tiene sentido que la serie, por fin, comience a desenredar algunos nudos, a poner a sus protagonistas en situaciones difíciles, pero también a obligarlos a triunfar, aunque sea por un ratito. En esos sentidos, el episodio funciona muy bien a nivel emocional, permitiéndole al espectador sentir la euforia de la victoria, pero también las consecuencias (quizás no tan positivas) de algunas decisiones o eventos.
Esta vez, tenemos al equipo femenino de Richmond viajando a Bristol para un partido decisivo: si no gana, no será promocionado a la liga. Lamentablemente, luego de desmayarse en un partido previo, Keeley no puede viajar; resulta, pues, que está embarazada, noticia que la tiene muy tensa, y que tiene miedo de contarle a Roy. Por otro lado, Gemma está empecinada en volver a las canchas; Beard se ha puesto pelo (Dios mío…); y la gran Mae Green (Annette Badland), dueña del pub al que van todos los personajes, es invitada por Ted para acompañarlos en el bus hasta Bristol. Después de todo, necesitan todo el apoyo posible para ganar.
Acá incluyo spoilers, así que tiene sentido decir que sí, efectivamente, las chicas ganan el partido, y debido a varias razones. Primero porque la arquera Quinn (Jude Mack) por fin se anima a usar guantes; porque Gemma entra un rato a la cancha para meter un gol, y finalmente, porque por fin le dan la oportunidad a la calientabancas de Shannon (Shannon Hayes) de jugar en el partido, lo cual resulta en un gol más. Pero como no todo puede ser felicidad, a la par nos enteramos de quién ha estado comprando las acciones de Richmond: nada más y nada menos que Zelda (Tracey Ullman), lo cual, valgan verdades, no es del todo chocante, pero seguro tendrá repercusiones en el episodio final. Pero lo peor es que, al final del partido, vemos que Mae ha caído, y aunque no escuchamos lo que Rebecca le dice a Ted, podemos asumir que la fanática más antigua de Richmond ha fallecido.
Habrá que esperar a la próxima semana a ver qué sucede. Pero con un solo episodio más de historia, creo que esta cuarta temporada de Ted Lasso tendrá que hacer bastante para concluir de forma satisfactoria (un algo agridulce). A menos, claro, que una quinta temporada sea anunciada inmediatamente…
Más que los otros episodios de esta temporada, el octavo se concentra en el drama, dejando la comedia un poco de lado para permitirles crecer a sus personajes. Y cuando hablo de los personajes, me refiero a los secundarios, ya que fuera de un excelente discurso para las chicas, Ted (Jason Sudeikis) no aparece mucho acá –y Beard (Brendan Hunt) tampoco (aunque vamos viendo cómo va lidiando con su crisis de la mediana edad, primero con los ojos azules el episodio pasado, y al parecer, ahora injertándose pelo). Es así que terminamos con el episodio más largo de la temporada hasta ahora, que aprovecha al máximo su duración para avanzar con la historia.
Para este crítico, la trama principal es la de Alice (Tanya Reynolds) y Gemma (Abbie Hern). La segunda sufre una lesión en un partido a la vez que le ofrecen un trabajo fuera del mundo del fútbol, lo cual la hace dudar sobre su futuro en Richmond. Y la primera se dedica el episodio entero a lidiar con esto, finalmente dándose cuenta del valor que tiene su jugadora no solo para ella sino también para el resto del equipo. Mientras tanto, Roy Kent (Brett Goldstein) se rehúsa a ir a su homenaje, y cuando es obligado por Keeley (Juno Temple), se ve involucrado en una serie de situaciones absurdas que, finalmente, le permiten darse cuenta de que sí valdría la pena darle una nueva oportunidad a una relación con la chica.
Fuera de aquellas tramas, tenemos a Leslie (Jeremy Swift) investigando un repentino misterio: resulta que un montón de gente ha estado vendiendo sus acciones en Richmond, lo cual parece ser parte de una conspiración contra el equipo. Y aunque vemos a otros personajes como Rebecca (Hannah Waddingham) o el resto de jugadoras del equipo, el episodio termina concentrándose en estas dos tramas principales y la secundaria… para bien. Porque, fuera de un par de gags que no funcionan y momentos caricaturescos que van en contra del tono más bien serio de esta semana (como cuando Roy rompe el sunroof de su carro y de alguna forma logra que Keeley salga por ahí), el octavo episodio de esta temporada de Ted Lasso logra atar varios nudos, completar ciertas subtramas y hacer crecer a sus personajes. No me reí mucho, pero sentí bastante; no hay muchas quejas.