El cuarto episodio de Moon Knight se titula “La Tumba” y lo más probable es que lo que haya sepultado dentro de ella sea todo lo que ha sucedido en los tres capítulos anteriores, pues el MCU ha practicado en esta serie una pirueta argumental lo suficientemente singular como para no dejar indiferente a ningún espectador. Ya vamos a hablar de ello, pero antes es necesario desmenuzar todo el episodio para dar un veredicto de la decisión que Marvel Studios ha tomado.
Retomamos la acción donde se quedó en el cierre del episodio anterior. Steven y Layla se encuentran en medio del desierto, aunque el primero se encuentra inconsciente tras el final que le han dado a Khonshu. De pronto, unos desconocidos llegan a atacarlos y Layla se las arregla para abatirlos. Tras ello, Steven retoma el conocimiento y ambos enrumban hacia la tumba de Ammit, no sin antes oír las insistencias de Marc para dejarlo retomar el control. Uno de los puntos más altos de la serie está en Oscar Isaac y su capacidad para desdoblar su interpretación entre las personalidades que hemos visto. Sin embargo, también es menester resaltar la grata sorpresa que ha sido la aparición de May Calamawy como Layla, pues ha conseguido estar a la altura en todas las interacciones con los personajes de Isaac, ajustando su registro para adecuar la química frente a cada uno de ellos. Aquí, por ejemplo, vemos cierta atracción entre ella y Steven de la que ya nos venían dando ciertas pistas.
Mucho de lo posterior en el episodio podrían ser escenas de cualquier saga de películas de aventuras arqueológicas como Indiana Jones o La Momia: desde secuencias en las que hay que pelear contra figuras antropomórficas, acciones de riesgo en las que se deben saltar precipicios y símbolos por descifrar hasta el descubrimiento de una tumba que era de… ¡Ni más ni menos que Alejandro Magno! El desarrollo del capítulo estaba muy por debajo del nivel mostrado por Marvel Studios en cualquiera de sus múltiples producciones para cine y servicios de streaming, y el guion estaba muy flojo e incluso inverosímil -palabra difícil de emplear en una saga cinematográfica en la que ya tenemos confirmado el “multiverso” hace bastantes entregas-, pero llegó el giro de tuerca que retorció todo lo visto hasta el momento.
Marc había tomado posesión del cuerpo cuando Layla le exigió respuestas sobre la muerte de su padre, de la que Harrow le había contado una supuesta verdad hacía unos instantes. Sin embargo, todo se vio interrumpido por el enfrentamiento entre Marc y Harrow que concluye con este último disparándole dos veces en el pecho al protagonista. Aquí es cuando se hizo muy evidente que todo el episodio había estado yendo a tropezones de manera premeditada. No era un guion mal contado, sino la imaginación de Marc que había estado creando este universo y por ello es por lo que hay varias cosas que no aparentaban tener mucha coherencia o estaban resultando demasiado genéricas.
Lo siguiente que vemos en pantalla es a Marc en un hospital psiquiátrico donde la enfermera que lo cuida es Layla y el doctor no es otro que Harrow.Este recurso no es nuevo en thrillers psicológicos, pero que Marvel Studios se atreva a utilizarlo es, cuanto menos, interesante. La ejecución de este dependerá del tiempo que tengan para desarrollar sobre el nuevo planteamiento, pero el episodio se toma el tiempo de dar otro remezón al público. Cuando ya todo indica que Marc había estado alucinando y nada de lo que vimos fue real, este logra escapar del médico y los guardias, escabulléndose en una habitación en la que encuentra un sarcófago en el que estaba Steven Grant. Las cosas se ponen aún más extrañas cuando ambos intentan huir y en su camino se encuentran a Taweret, una diosa egipcia en forma de hipopótamo.
Moon Knight se ha salido de control -positivamente, diría- y quedan solo dos episodios que van a apostar por jugarnos muchos trucos para engañarnos. La duda principal está en averiguar si todo lo que vimos antes era real o no. Sea como fuere, la serie no se ha tomado la molestia de buscar una relación con los eventos del MCU, factor que le favorece para ensayar este tipo de artilugios en su libreto. Puede ser que esta nueva repartición de fichas en el tablero le de un segundo aire a Moon Knight, que había perdido algo de potencia en la historia que tenía por mostrarnos.
Estudié Economía en la Udep, pero mi película favorita no es Wall Street ni mi serie favorita es Billions. En realidad no tengo ninguna favorita, por eso dedico todo el tiempo posible a ver la mayor cantidad de series y películas que pueda, y porque me gusta. Escribo también en estrimin.pe.
Y llegamos al final. ¿Será el final de la serie en general? ¿O será como la última vez, que el buen Ted y compañía descansarán un rato para luego regresar? El desenlace de este episodio nos sugiere un futuro brillante tanto para él como para Alice y Beard y Rebecca y todo el mundo, por lo que no me fastidiaría ver una quinta temporada. Pero a la vez, si este llegara a ser el final del show (ahora sí de verdad), tampoco me molestaría. La cuarta temporada de Ted Lasso no ha sido la mejor de todas, pero especialmente con este desenlace, al menos ha logrado justificar su propia existencia; y, de paso (y para variar), hacer llorar a su público.
El episodio, pues, termina por resolver todos los enredos y conflictos antes presentados, sin dejar a nadie mal parado –no, ni siquiera a la maldita de Zelda. Como era de esperarse, esta última se revela como la que le estuvo comprando las acciones de Richmond a todo el mundo, pero felizmente, tanto Rebecca como Leslie tenían un as bajo la manga. Ted logra conectar mejor con su hijo al revelarle la verdad de cómo murió su abuelo. Y hablando de muerte, todo el mundo tiene que lidiar con el fallecimiento de Mae del episodio pasado, lo cual, curiosamente, trae consigo buenas consecuencias tanto para el club (y el conflicto con Zelda) como para los tres fieles accionistas y asiduos clientes del pub, quienes se convierten en sus nuevos dueños.
¿Y qué hay de Roy y Keeley? Luego de pasar por algunos momentos (quizás no tan) tensos, se dan cuenta de que están listos para ser padres, con el primero pidiendo una nueva junta de los Diamond Dogs para que sus amigos lo ayuden con sus inseguridades. Y luego de tantos cambios y sorpresas, Rebecca por fin decide casarse, dándose cuenta de que no le tiene miedo al matrimonio o al compromiso; solo al haber estado antes con la persona incorrecta. ¿Se siente todo esto súper conveniente y fresa? Pues sí. Pero a la vez funciona como para cerrarlo absolutamente todo y dejar al espectador en lágrimas, esto último, cortesía de una narración en off particularmente emotiva por parte de Mae.
Ha sido un deleite, pues, tener a Ted Lasso de vuelta en nuestras pantallas. No ha sido una temporada perfecta, pero entre sus nuevos (y memorables) personajes femeninos y arcos interesantemente maduros para los personajes clásicos, me terminó por convencer. Y bueno, ayuda el que literalmente hayan dejado lo mejor para el final. Veremos si llega una quinta temporada; pase lo que pase, al menos podemos decir que ha sido una buena racha de cuatro temporadas.
El noveno episodio de la cuarta temporada de Ted Lasso es de emociones agridulces y novedades impactantes. Después de todo, ya estamos llegando al final, por lo que tiene sentido que la serie, por fin, comience a desenredar algunos nudos, a poner a sus protagonistas en situaciones difíciles, pero también a obligarlos a triunfar, aunque sea por un ratito. En esos sentidos, el episodio funciona muy bien a nivel emocional, permitiéndole al espectador sentir la euforia de la victoria, pero también las consecuencias (quizás no tan positivas) de algunas decisiones o eventos.
Esta vez, tenemos al equipo femenino de Richmond viajando a Bristol para un partido decisivo: si no gana, no será promocionado a la liga. Lamentablemente, luego de desmayarse en un partido previo, Keeley no puede viajar; resulta, pues, que está embarazada, noticia que la tiene muy tensa, y que tiene miedo de contarle a Roy. Por otro lado, Gemma está empecinada en volver a las canchas; Beard se ha puesto pelo (Dios mío…); y la gran Mae Green (Annette Badland), dueña del pub al que van todos los personajes, es invitada por Ted para acompañarlos en el bus hasta Bristol. Después de todo, necesitan todo el apoyo posible para ganar.
Acá incluyo spoilers, así que tiene sentido decir que sí, efectivamente, las chicas ganan el partido, y debido a varias razones. Primero porque la arquera Quinn (Jude Mack) por fin se anima a usar guantes; porque Gemma entra un rato a la cancha para meter un gol, y finalmente, porque por fin le dan la oportunidad a la calientabancas de Shannon (Shannon Hayes) de jugar en el partido, lo cual resulta en un gol más. Pero como no todo puede ser felicidad, a la par nos enteramos de quién ha estado comprando las acciones de Richmond: nada más y nada menos que Zelda (Tracey Ullman), lo cual, valgan verdades, no es del todo chocante, pero seguro tendrá repercusiones en el episodio final. Pero lo peor es que, al final del partido, vemos que Mae ha caído, y aunque no escuchamos lo que Rebecca le dice a Ted, podemos asumir que la fanática más antigua de Richmond ha fallecido.
Habrá que esperar a la próxima semana a ver qué sucede. Pero con un solo episodio más de historia, creo que esta cuarta temporada de Ted Lasso tendrá que hacer bastante para concluir de forma satisfactoria (un algo agridulce). A menos, claro, que una quinta temporada sea anunciada inmediatamente…
Más que los otros episodios de esta temporada, el octavo se concentra en el drama, dejando la comedia un poco de lado para permitirles crecer a sus personajes. Y cuando hablo de los personajes, me refiero a los secundarios, ya que fuera de un excelente discurso para las chicas, Ted (Jason Sudeikis) no aparece mucho acá –y Beard (Brendan Hunt) tampoco (aunque vamos viendo cómo va lidiando con su crisis de la mediana edad, primero con los ojos azules el episodio pasado, y al parecer, ahora injertándose pelo). Es así que terminamos con el episodio más largo de la temporada hasta ahora, que aprovecha al máximo su duración para avanzar con la historia.
Para este crítico, la trama principal es la de Alice (Tanya Reynolds) y Gemma (Abbie Hern). La segunda sufre una lesión en un partido a la vez que le ofrecen un trabajo fuera del mundo del fútbol, lo cual la hace dudar sobre su futuro en Richmond. Y la primera se dedica el episodio entero a lidiar con esto, finalmente dándose cuenta del valor que tiene su jugadora no solo para ella sino también para el resto del equipo. Mientras tanto, Roy Kent (Brett Goldstein) se rehúsa a ir a su homenaje, y cuando es obligado por Keeley (Juno Temple), se ve involucrado en una serie de situaciones absurdas que, finalmente, le permiten darse cuenta de que sí valdría la pena darle una nueva oportunidad a una relación con la chica.
Fuera de aquellas tramas, tenemos a Leslie (Jeremy Swift) investigando un repentino misterio: resulta que un montón de gente ha estado vendiendo sus acciones en Richmond, lo cual parece ser parte de una conspiración contra el equipo. Y aunque vemos a otros personajes como Rebecca (Hannah Waddingham) o el resto de jugadoras del equipo, el episodio termina concentrándose en estas dos tramas principales y la secundaria… para bien. Porque, fuera de un par de gags que no funcionan y momentos caricaturescos que van en contra del tono más bien serio de esta semana (como cuando Roy rompe el sunroof de su carro y de alguna forma logra que Keeley salga por ahí), el octavo episodio de esta temporada de Ted Lasso logra atar varios nudos, completar ciertas subtramas y hacer crecer a sus personajes. No me reí mucho, pero sentí bastante; no hay muchas quejas.