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Netflix

¡Se viene un anime de ‘Splinter Cell’ por parte del guionista de ‘John Wick’!

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Netflix y Ubisoft han anunciado el desarrollo de una serie de anime que adaptará la franquicia de videojuegos de “Splinter Cell”.

Derek Kolstad, más conocido por escribir los guiones de las películas “John Wick”, será el guionista y productor ejecutivo de la serie. Además, según las fuentes de Variety, el show contará con dos temporadas de 16 episodios ya aprobadas por el gigante del streaming.

El primer juego de “Splinter Cell” salió en el 2002 para el PlayStation 2, la Xbox y la GameCube, y recibió muy buenas críticas. El título contaba la historia de Sam Fisher, un Navy Seal americano que es reclutado por la NSA para trabajar en la división Third Echelon. Era una propuesta tipo stealth, algo similar a los juegos de “Metal Gear” de Hideo Kojima, pero con una identidad propia, apelando al realismo del trabajo de Tom Clancy.

El juego original tuvo seis secuelas y una serie de novelas, muchas de las cuales eran bastante fieles al producto original. Adicionalmente, en 2012 se anunció que Tom Hardy protagonizaría una adaptación cinematográfica de “Splinter Cell”, pero el proyecto nunca llegó a concretarse. Luego del fracaso de la película de “Assassin’s Creed”, no sorprendería que al final Ubisoft solo se concentre en esta serie para Netflix recién anunciada.

Sin embargo, vale la pena mencionar que “Splinter Cell” no es el primer proyecto de Ubisoft para una plataforma de streaming. La empresa de origen francés también produce una serie llamada “Mythic Quest” para Apple, cuya segunda temporada ya ha sido aprobada. Adicionalmente, también estuvieron involucrados en la anteriormente mencionada película de “Assassin’s Creed” en el 2016.

¿Qué dicen? ¿Se animarán a ver esta serie de “Splinter Cell”? ¿Tienen gratos recuerdos de los tres primeros juegos, al igual que yo? ¿Están emocionados por ver a Sam Fisher y sus compañeros en la pantalla chica? ¡Dejen sus comentarios!

Fuente: Variety.

Cofundador y editor en NoEsEnSerie.com. Bachiller en Comunicación Audiovisual por la PUCP, y miembro de la APRECI—Asociación de Prensa Cinematográfica. Integra el staff de la revista MasGamers, las webs de Nintendo Pe y Fans de Zelda Perú, el portal web Cinencuentro, y el portal de cine peruano FotografiaCalato.com. Adicionalmente, es YouTuber para el canal Aprieta Start, y formó parte del staff de prensa del 18 Festival de Cine de Lima. También trabaja como fotógrafo para Star Wars Fan Club Perú. Desde enero del 2012 publica críticas y comentarios de cine en el blog Proyectando Ideas (el cual forma parte de la Asociación de Blogs de Cine). Crítico oficial de RottenTomatoes.com. Cinéfilo y seriómano empedernido.

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CRÍTICA: Astérix y Obélix: el combate de los jefes (miniserie)

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Basada en el cómic del mismo nombre, Astérix y Obélix: el combate de los jefes es de las mejores adaptaciones de las aventuras del héroe galo a la pantalla chica que haya visto. Lo cual, honestamente, no debería sorprender, considerando que la serie trae de vuelta al director-guionista Alain Chabat, cineasta responsable de la mejor película de acción en vivo del personaje, Astérix y Obélix: Misión Cleopatra (recién reestrenada como parte del Festival de Cine Francés en Lima, dicho sea de paso). Si aquella cinta es la mejor representación de Astérix y compañía con actores de carne y hueso, Astérix y Obélix: el combate de los jefes es, pues, de lo mejor que se ha hecho en animación con este universo hasta el momento.

Ahora bien, tomen en cuenta que Astérix y Obélix: el combate de los jefes consta únicamente de cinco episodios, lo cual puede percibirse como muy poco. Pero no se preocupen, porque son suficientes, felizmente, para narrar una trama basada, nuevamente, en el cómic de Goscinny y Uderzo, pero con algunas novedades que serán apreciadas por los fanáticos de estos personajes. No me esperaba, por ejemplo, que tengamos todo un episodio dedicado a Astérix y Obélix de niños, que nos muestra, además, cómo el segundo se cayó en una marmita de Poción Mágica, lo cual terminó por otorgarle poderes de súper fuerza permanentes.


Este tipo de adiciones no son gratuitas, felizmente. Todo el punto de esta serie está en retratar la amistad de nuestros dos protagonistas de la forma más emotiva posible, lo cual, por supuesto, ayuda a que la narrativa se desarrolle con más potencia. Pero me adelanto. Por si no lo sabían, las aventuras de Astérix se llevan a cabo durante el apogeo del Imperio Romano y el gobierno de Julio César (voz de Laurent Lafitte), quien ha logrado conquistar toda la Galia. ¿Toda? ¡No! Queda un pueblito de irreductibles galos que se niegan a ser conquistados y que, gracias a la Poción Mágica del Druida Panoramix (Thierry Lhermitte), pueden enfrentarse a sus enemigos sin ser derrotados… hasta el momento.

Porque, lamentablemente, César parece haber encontrado una solución a sus problemas. Gracias a la inteligencia de la joven Métadata (Anaïs Demoustier), sobrina del legionario Fastanefurius (Fred Testot), han desarrollado un nuevo plan: utilizar la ley de los galos y, específicamente, la tradición del Combate de los Jefes, para que un jefe galo fiel a los romanos rete al jefe de la aldea gala, Abraracurcix (Grégoire Ludig), y por fin puedan hacerse de dicho bastión rebelde. Para eso, tienen que deshacerse de Panoramix de esa forma los rebeldes no contarán con la poción y por ende, serán incapaces de ganar el combate.


Eso último resulta… a medias. Porque luego de que a Panoramix le cae un menhir encima, en vez de morir, simplemente pierde la memoria y se vuelve un poco loco. Lo cual evidentemente es un problema, y motiva a nuestros héroes, el pequeño Astérix (Alain Chabat), y el gigante y súper fuerte Obélix (Gilles Lellouche) a encontrar una solución para su problema. Pero esto, evidentemente, termina siendo más difícil de resolver de lo esperado, especialmente teniendo en cuenta que el César ha encontrado rápidamente a un jefe galo que manipular: Aplusbégalix (Grégory Gadebois) se muere por ser romano (a pesar de ser originalmente galo), y no tiene ningún problema con participar del Combate de los Jefes.

Nuevamente: los fans de los cómics la pasarán bien con Astérix y Obélix: el combate de los jefes justamente por lo bien que adapta la historia original, pero los espectadores neófitos también se vacilarán gracias a lo entretenida que es la serie. Los episodios son breves, rápidos y enérgicos, los chistes son frecuentes y, como debe ser, los juegos de palabras no podrían ser más graciosos. ¿Cómo no dejarme cautivar por una serie que incluye a personajes romanos con nombres como Métadata, Mileycirus o Annabarbera, o un chiste que vincula la palabra Netflix con el sufijo con el que cuentan todos los nombres de los galos? (Incluso hay un personaje que pasa de llamarse Unmillóndevistus a Unmillóndeclix… ¡ja!) Es todo muy entretenido y absurdo.


Todo esto es apoyado, felizmente, por animación de muy buena calidad. Los personajes lucen tal y como los recordamos, y se mueven todos de forma caricaturesca y enérgica. Los ambientes están suficientemente detallados, las escenas de combate son satisfactorias, y como no podía ser de otra forma, Chabat se deleita en incluir parodias inesperadas. Es así que terminamos con una breve sátira del póster oficial de Star Wars: Los Últimos Jedi, una referencia a la pelea final de Avengers: Endgame, y una representación colorida de lo que significa toma la Poción Mágica. Además, hay toques totalmente excéntricos, como cuando un demente Panoramix alucina con su propio show de marionetas (¿por qué no?), o cuando se abre todo un parque temático alrededor del coliseo donde se lleva a cabo el Combate de los Jefes (con montañas rusas y todo).

Es así, pues, que la serie animada de Astérix y Obélix: el combate de los jefes logra manejar el mismo tono absurdo y lleno de chistes ridículos de los cómics originales, mezclándolo con juegos de palabras geniales, personajes secundarios muy graciosos, una animación de gran calidad, nuevas parodias, y personajes que destacan por lo bien que han sido construidos (resaltan Métadata, una romana inesperadamente gentil, y la amistad entre Astérix y Obélix, por supuesto). Como fan de estos personajes, la pasé muy bien con Astérix y Obélix: el combate de los jefes. Pero estoy seguro de que aquellos que poco sepan de este universo igual se divertirán con la serie. ¡Espero que Netflix y Chabat se animen a sacar una nueva temporada basada en otro de los cómics!

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CRÍTICA: Splinter Cell: Deathwatch (Temporada 1)

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Interesante que la franquicia de “Splinter Cell” haya regresado después de tanto tiempo no con un videojuego nuevo —por más de que hayan pasado ya algunos años desde el anuncio de un remake—, sino más bien con una serie animada. Es casi como si la gente de Ubisoft estuviese tanteando el interés que queda todavía hacia la saga —una serie de videojuegos de sigilo —o stealth— que en su momento fueron increíblemente populares, pero que debido a la salida de secuelas francamente decepcionantes para plataformas más recientes, fue muriendo gradual y tristemente. En pocas palabras: “Splinter Cell” merecía —o mejor dicho, merecemás.

Pero bueno, parece que el interés existe, ya que dicha serie, “Splinter Cell: Deathwatch”, ha sido renovada para una segunda temporada pocos días después de su estreno en Netflix. Eso debe querer decir, al menos en teoría, que se trata de un buen show, ¿no? Pues sí. Lo que tenemos acá es una historia oscura y llena de acción y sangre, protagonizada por un Sam Fisher ya mayor que debe regresar al ruedo para ayudar nuevamente a su país, y de paso, enfrentar a sus demonios del pasado. Es el tipo de trama que se siente más como una “secuela de legado” que otra cosa, pero que felizmente termina por respetar a su fuente de inspiración principal… bueno, hasta cierto punto.

Lo bueno es que creo que los fans cuerdos deberían quedar bastante satisfechos con “Splinter Cell: Deathwatch”.

Al comenzar “Splinter Cell: Deathwatch”, vemos a una agente siendo enviada por Anna Grimsdottir (voz de Janet Varney) de la agencia secreta estadounidense Fourth Echelon (no Third, como en los juegos clásicos) a rescatar a otro operativo que ha sido secuestro y está siendo torturado por el enemigo. Pero cuando la chica, llamada Zinnia McKenna (Kirby Howell-Baptiste) llega al lugar de los hechos, es demasiado tarde: el otro agente está muerto. Sedienta de venganza y llena de ira, Zinnia comienza a matar a medio mundo, pero es herida, lo cual la obliga a escapar.

Es así que Anna (también llamada “Grim”) decide contactar al viejo agente Sam Fisher (Liev Schreiber), ahora retirado en una granja en Polonia con su perro llamado Kaiju, para que la ayude. Después de todo, no solo tiene a una agente malherida, sino también a un Fourth Echelon totalmente apartado de la red, aparentemente hackeado por un enemigo misterioso. Es así que, cuando Sam se encuentra con Zinnia, va develando una conspiración que involucra a la poderosa CEO de una megacorporación supuestamente proambiente llamada Diana Shetland (Kari Wahlgren), quien resulta ser la hija del ex compañero militar de Sam, Douglas Shetland (Kiff VandenHeuvel), a quien nuestro protagonista se vio obligado a matar años atrás.

Más no voy a decir, ya que la narrativa de “Splinter Cell: Deathwatch” se desarrolla con paciencia a lo largo de ocho episodios frustrantemente cortos. De hecho, creo que es ahí donde radica una de las mayores flaquezas de la serie: entiendo que producir animación (especialmente animación en 2D) es costoso y toma tiempo, pero el que cada episodio dure menos de treinta minutos no hace más que dejarlo a uno con la sensación de que algo le falta a “Splinter Cell: Deathwatch”. Uno puede ver la temporada entera en una tarde, lo cual no es algo malo, supongo, pero a la vez, lo deja a uno con ganas de más. Espero que la confirmada segunda temporada no demore demasiado en llegar.

Ahora, fuera de eso, lo que quizás podría dividir a los fanáticos es la forma en que Sam Fisher es retratado. Para este crítico, se trata del Sam de siempre, quizás un poco más serio que el de los primeros tres juegos —extrañé un poco su sentido del humor sarcástico y por momentos sardónico—, pero increíblemente fuerte y capaz. Resulta satisfactorio verlo enfrentarse a los hombres de Diana, y de cuando en cuando utilizar el sigilo para matarlos y sobrevivir. Sí, “Splinter Cell: Deathwatch” es más una serie de acción —sangrienta, brutal— que de suspenso o stealth puro, pero una vez que Sam se pone sus gafas icónicas para salir a cumplir su misión, uno puede evitar emocionarse.

Ahora bien, otra decisión arriesgada que siento sí funciona es incluir a Zinnia como coprotagonista de la serie. Siento que funciona porque no le quita nada a Sam, y porque termina siendo una contraparte interesante para el avejentado Agente Splinter, con mucho menos experiencia que él, y sedienta de venganza. Zinnia comete errores y Sam está aquí para corregirlos, pero es ella, también, quien le muestra a él cómo las consecuencias de su pasado han llegado al presente para atacarlo, con los dos dándose cuenta de que, a veces, cambiar la realidad problemática contemporánea termina siendo una tarea casi imposible.

De hecho, ese es uno de los temas principales de “Splinter Cell: Deathwatch”: el cambio. Diana, por ejemplo, se supone quiere cambiar el mundo con Xanadu, una isla artificial que ha creado para desarrollar todo tipo de energías verdes y limpias. Pero también quiere realizar un cambio todavía más grande y total, el cual no pienso revelar acá. Por otro lado, Zinnia representa una suerte de cambio para Fourth Echelon y cómo funciona, y aunque Sam representa el pasado —especialmente cuando lo vemos en sus flashbacks como Douglas, que se llevan a cabo en la misma época que los videojuegos clásicos—, él también se ve obligado a cambiar para enfrentar las consecuencias de sus actos.

A nivel visual, no tengo demasiadas quejas. Por ahí he visto a gente decir que el estilo de animación de “Splinter Cell: Deathwatch” es “feo”, pero simplemente no puedo estar de acuerdo. Los personajes manejan una diseño que mezcla lo realista con lo suficientemente “animado”, y las secuencias de acción son presentadas con estilo y verosimilitud, siendo increíblemente sangrientas para causar un mayor impacto. Y la serie en general hace uso de técnicas audiovisuales propias del cine live-action, como Lens Flares, cambios de foco, suciedades en el “lente” y sutiles movimientos de cámara, para que todo se sienta más cercano y realista. Por otro lado, en lo que se refiere a las actuaciones de voz, creo que todos hacen un buen trabajo. Obviamente se extraña a Michael Ironside (la voz original de Sam), pero Schreiber destaca como su reemplazo, oyéndose no como una imitación de Fisher, sino más bien como una reinterpretación del mismo personaje.

La pasé bien con “Splinter Cell: Deathwatch”. Obviamente el factor nostalgia es fuerte a la hora de ver la serie, especialmente para quienes crecimos con los tres juegos originales hace más de veinte años (todavía los tengo para GameCube, y por supuesto, en HD para mi Xbox Series S). Pero fuera de eso, lo que el show nos propone es una historia breve de conspiraciones, asesinos a sueldo, agentes súper capaces, mucha acción y sangre, y poco humor. Visualmente, “Splinter Cell: Deathwatch” es atractiva y convincente, y aunque a nivel narrativo toma algunos riesgos, nada me terminó por fastidiar o enfadar. Derek Kolstad (el también creador de “John Wick”) ha hecho un buen trabajo con “Splinter Cell: Deathwatch”; solo espero que mantenga el mismo nivel de calidad para la segunda temporada, y que la serie en general convenza a Ubisoft de sacar un nuevo juego. ¡Ya es hora!

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CRÍTICA: Indomable (Temporada 1)

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Centrada en la investigación de un asesinato que se lleva a cabo en el Parque Nacional Yosemite en los Estados Unidos, “Indomable” termina siendo una experiencia tensa e intrigante, que además combina una narrativa correcta con un camino emocional potente para sus personajes. Protagonizada por el siempre excelente Eric Bana (“Hulk”, “Troya”, “The Dry”), la serie se puede ver rápido —la primera temporada consta de tan solo seis episodios— y resulta interesante para quienes tengan ganas de ver una historia de investigación, suspenso, personajes bien realizados, y misterios bien construidos. Puede que el final no sea necesariamente el mejor, pero todo lo que viene antes del mismo en “Indomable” funciona.

Al comenzar “Indomable”, nos enteramos de que una chica llamada Lucy Cook (Ezra Franky) se ha tirado de un barranco en el Parque Nacional Yosemite, ya que es encontrada por dos escaladores mientras intentan subir por la montaña. Es así que el Agente Especial Federal Kyle Turner (Bana) es llamado a la escena del crimen, viéndose obligado, eventualmente, a trabajar junto a una nueva Park Ranger recién venida de Los Ángeles, la amable Naya Vásquez (Lily Santiago). Mientras los dos se encargan de la investigación, van interactuando con todo tipo de personajes que trabajan y/o viven en el Parque, incluyendo a la ex esposa de Kyle, Jill Bodwin (Rosemarie DeWitt); el jefe de Kyle, Paul Souter (Sam Neill, de “Jurassic Park”); un Ranger que no se lleva bien con Kyle, Bruce Milch (William Smillie); y un cuidador de animales salvajes sorprendentemente violento, Shane Maguire (Wilson Bethel, de “Daredevil”).

Ahora, al ser esta una serie, los showrunners aprovechan el tiempo que tienen para desarrollar subtramas interesantes para sus dos protagonistas. Kyle, por ejemplo, está lidiando con la muerte reciente de su hijo Caleb (Ezra Wilson), alucinando con él, recurriendo al alcohol cuando no está trabajando, e interactuando con su ex esposa, también dolida, quien sin embargo ahora cuenta con nueva pareja. Y por su parte, Naya vive con su hijito Gael (Omi Fitzpatrick-Gonzales), mientras intenta evitar a su agresivo ex esposo (también policía), que al parecer no descansará hasta haber encontrado a su ex familia.

En términos generales, “Indomable” hace un buen trabajo entrelazando el misterio principal con aquellas subtramas, desarrollando temas como el manejo del duelo, la muerte, las relaciones de pareja, y lo difícil que es cuidar y proteger a los niños, con cierta efectividad. En términos generales, “Indomable” es una serie que mucho nos dice sobre la vulnerabilidad de los más jóvenes, y especialmente cuando llega a su prologanda conclusión, deja bien en claro que se trata de una historia sobre padres arrepentidos e hijos que han sufrido terribles consecuencias. A veces, como padre o madre, uno quiere hacer lo mejor por sus hijos, pero lamentablemente no siempre es posible.

Esto, evidentemente, se ve con nuestros dos protagonistas. Kyle es un hombre sufrido, que simplemente no puede lidiar con el dolor que siente y por ende se sumerge tanto en su trabajo como en la botella. Tiene todavía una conexión fuerte con Jill, quien claramente empatiza mucho con él, y es incapaz de superar lo que les sucedió un tiempo atrás. Y por su parte, Naya es alguien que simplemente quiere seguir adelante pero tiene que lidiar con sus errores del pasado, haciendo todo lo posible por proteger al pequeño Gael mientras trabaja, dejándolo con la vecina o en el colegio o, eventualmente, incluso con Jill. Es a través de estos dos personajes que vemos diferentes maneras de ser padre o madre, y lo difícil que resulta proteger a los más pequeños en un mundo peligroso.

Previsiblemente, Eric Bana hace un excelente trabajo interpretando a Kyle. Aprovechando lo apuesto que es, logra desarrollar al personaje como un tipo a la vez profesional e imprevisible, a quien la gente le perdona mucho, pero que por momentos le causa canas verdes a sus superiores. Es una actuación que muy fácilmente podría haber resultado sufrida e insoportable, pero que gracias al carisma de Bana, convence. Por su parte, Lily Santiago es encanto puro como Naya, convirtiéndola en un personaje con el que resulta fácil empatizar, y que contrasta perfectamente con el Kyle de Bana, al más puro estilo de una historia Buddy Cop clásica. Y el reparto secundario complementa el trabajo de los principales, siendo lo que resaltan más Sam Neill (considerado, empático) Rosemarie DeWitt (amable, dolida) y Wilson Bethel (psicopático, intenso).

Ahora bien, no quiero incluir spoilers en el presente texto, por lo que solo diré que el desenlace de “Indomable” no me terminó de encantar. Y es extraño, porque el giro final en sí no está mal. Lo que no convence es el hecho de que el último episodio de la temporada se siente como un epílogo extenso, algo cansador luego de la intensidad emocional del clímax natural de la narrativa. Y aunque, como se ha dicho, el reparto de “Indomable” es de primer nivel, hay cierta escena en dicho episodio en el que sus dos actores protagonistas se ven incómodos —no debido al contexto de la escena, si no más bien como si no estuviesen seguros de cómo actuar. Más no puedo decir; solo consideren que, a pesar de lo entretenida e interesante que es “Indomable”, su último episodio no es el mejor.

No obstante, aquel defecto no termina por arruinar “Indomable”. De hecho, disfruté mucho de esta primera temporada, especialmente gracias al desarrollo de su misterio central, y al uso de las locaciones naturales, haciendo que, arriesgándome a caer en clichés, el Parque de Yosemite se convierta en un personaje más de la historia. Además, Bana y Santiago dan excelentes actuaciones, transformándose en protagonistas a los que vale la pena seguir. Todo aquello convierte a “Indomable” en una grata sorpresa; tensa, intrigante y relativamente breve, que me da gusto haya sido renovada para una segunda temporada. Solo espero que la nueva historia esté a la altura de esta primera, y que no demore demasiado en llegar a Netflix.

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