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CRÍTICA – El mundo oculto de Sabrina (Temporada 2)
Publicado
hace 5 añosel
Si hay algo que se puede decir definitivamente de la segunda temporada de “El mundo oculto de Sabrina”, es que logra expandir y continuar mucho de lo que se introdujo en la primera. En ese sentido, se siente como un producto bien planeado, como parte de una estructura —o como se diría en el mundo de la producción para televisión, una Biblia de la serie… lo cual, en este caso en particular, es deliciosamente irónico— que resulta en un mundo cohesivo y coherente. La segunda temporada (o parte) de “El mundo oculto de Sabrina” maneja el mismo tono macabro y perturbador de su predecesor, pero sin perder de vista a sus personajes y sus relaciones, manteniendo mucho del corazón que tanto me cautivó anteriormente.
Lo cual no quiere decir que el show sea perfecto, por supuesto. De hecho —y esto puede ser algo que se originó en su fuente original de inspiración—, esta segunda temporada de “El mundo oculto de Sabrina” depende mucho de los clichés del género fantástico para jóvenes, empleando elementos narrativos como una profecía, una protagonista Única y Diferente, y hasta un enfrentamiento final entre el bien y el mal. Si la serie funciona, es gracias a los detalles; la creación de este mundo palpable y oscuro, la caracterización de sus personajes, y las interacciones entre ellos. A nivel macro, desgraciadamente, se torna bastante previsible, culminando en un capítulo final que, valgan verdades, me dejó con ganas de más, pero que a la vez se sintió ligeramente anticlimático.

Sabrina Spellman (Kiernan Shipka), nuestra adolecerte mitad-bruja y mitad-mortal favorita (ahora con pelo blanco), tiene mucho con qué lidiar. Lo que inicialmente parece ser un mero balance entre su vida de bruja en la Academia de las Artes Ocultas, y su vida “normal” con sus amigos mortales, rápidamente se convierte en algo mucho más complicado. Queda claro que el Señor Oscuro (el Diablo; Mefistófeles; Lucifer… ¡ya saben!) quiere algo con ella, y está usando a un ser llamado Lilith, quien habita el cuerpo de la profesora Wardwell (Michelle Gómez) para conseguirlo. Es así que Sabrina va dando, poco a poco, los pasos necesarios para atravesar el Camino de la Noche, y eventualmente convertirse en la sirvienta del Señor Oscuro (no, no Voldemort).
A la par, resulta interesante como esta temporada le da más qué hacer a los personajes secundarios (especialmente los mortales). Ros (Jaz Sinclair) comienza a tener poderes especiales y, desgraciadamente, también a quedarse ciega; Susie (Lachlan Watson) se da cuenta de que es transgénero, y comienza a llamarse Theo… y por supuesto, sigue viendo a su antepasado de cuando en cuando, quien le brinda ayuda cuando más lo necesita. Harvey (Ross Lynch) continua alejándose de Sabrina y hasta se comienza a enamorar de alguien más, mientras que el brujo Nick Scratch (Gavin Leatherwood) se acerca más y más a Sabrina. Y por supuesto, el siniestro Padre Blackwood (el gran Richard Coyle… ¡en serio, miren “Coupling”) sigue ganando más y más poder en la Academia de las Artes Ocultas, introduciendo reglas y obligaciones cada vez más misóginas y retrógradas.
Se podría argumentar, de hecho, que esta segunda parte de “El mundo oculto de Sabrina” trata de hacer demasiado, por lo que por momentos se siente un poco desordenada. No me tomen a mal; la mayor parte del tiempo, el show no pierde de vista a su personaje central, y en general, es admirable la manera en que logra balancear tanto personaje secundario y subtrama. Pero esto también resulta en temas que no son desarrollados de manera tan profunda como me hubiese gustado. La transición de Theo, por ejemplo, cobra importancia durante la primera mitad de la temporada, pero el personaje va teniendo menos y menos qué hacer durante la segunda. Y desgraciadamente, al pobre de Harvey siguen sin darle una personalidad particularmente interesante, lo cual resulta ahora incluso más fastidioso, ya que lo emparejan con un personaje femenino bastante más interesante que él.

Pero acá quien es importa es Sabrina, y como siempre, Kiernan Shipka está excelente, esta vez, incluso más que el primera temporada, dándole una personalidad y un encanto muy particulares al personaje. Sabrina sigue siendo feroz y ligeramente arrogante —lo cual, al igual que antes, trae consigo consecuencias negativas de cuando en cuando—, pero también piadosa y amorosa. Disfruté de las dudas que comenzaba a tener debido a su naturaleza dual, así como los problemas a los que tenía que enfrentarse a la hora de tratar de balancear su vida de mortal y su vida de bruja. Shipka interpreta a Sabrina como alguien que todavía tiene mucho qué aprender, pero que cuando es necesario, siempre está dispuesta a hacer de todo por quienes ella ama. Y considerando el final de esta temporada, va a ser interesante ver como la desarrollan en el futuro (después de todo, como di a entender líneas arriba, ella es ESPECIAL).
El reparto secundario está muy bien también. Miranda Otto interpreta a Zelda de manera un poco más suave, esta vez; sigue siendo alguien totalmente devota al Señor Oscuro, pero también parece haber aprendido un poco más del valor de la familia, demostrando más afecto inesperado hacia Sabrina. Resulta entretenido, además, verla fingir devoción hacia el Padre Blackwood, especialmente luego de una serie de eventos que se llevan a cabo durante la primera mitad de la temporada. Hablando de él, Richard Coyle sigue desarrollando a Blackwood como alguien despiadado y terriblemente machista; Lucy Davis sigue siendo la M.V.P. como Hilda (a estas alturas del partido, los demás ya deberían haber aprendido a no subestimarla); Michelle Gomez es simplemente hipnotizante como Wardwell; Gavin Leaderwood tiene mucho más que hacer ahora como Nick Scratch (gran nombre), demostrando que se trata de alguien mucho mas vulnerable de lo que uno se hubiese imaginado inicialmente, y el gran Alexis Denisof tiene un rol pequeño pero importante como alguien que logra otorgarle algo de humanidad y compasión a uno de nuestros viejos conocidos.

Si la primera temporada de “El mundo oculto de Sabrina” demostró ser inesperadamente violenta y hasta sangrienta, la segunda sigue con la tradición. Puede que se trate de una serie protagonizada principalmente por adolescentes, pero eso no quiere decir que evite incluir contenido fuerte y hasta chocante. Esta segunda temporada tiene de todo: degollamientos, gente colgada, sacrificios, rituales satánicos, y hasta apariciones mucho más frecuentes del Señor Oscuro mismo quien, valgan verdades, no luce tan intimidante que digamos cuando le cámara se le acerca, bien iluminando y en locaciones mundanas. Y aunque disfruté de su apariencia durante el último episodio, me hubiera gustado verlo más así, como para tener una sensación más palpable de lo intimidante y hasta perturbadoramente elegante que puede llegar a ser.
Visualmente, la parte 2 de “El mundo oculto de Sabrina” se siente ligeramente menos estilizada que la primera. Hay un menor uso de distorsión en los extremos del encuadre, y aunque el show no ha perdido la atmósfera tan particular con la que comenzó, al habernos ya acostumbrado al tono y al universo en el que se lleva a cabo, todo se siente ligeramente menos misterioso y oscuro. Además, no ayuda el que igual cuente con momentos innegablemente cursis y hasta absurdos —una escena en particular en el último episodio, donde Sabrina y sus amigos conversan muy casualmente sobre eventos sobrenaturales y potencialmente cataclísmicos, me resultó involuntariamente graciosa. El balance entre el contenido adolescente y los elementos satánicos de la serie no es igual de sólido aquí que en la primera temporada, pero felizmente no llega a desaparecer del todo.

Fuera de los defectos ya mencionados, sin embargo, “El mundo oculto de Sabrina” sigue siendo una serie recomendable durante su segunda temporada. Después de todo, todavía tenemos una historia desvergonzadamente satánica, llena de referencias a demonios, sacrificios, y hasta un flashback en particular que no me esperaba en lo absoluto. Y Sabrina sigue siendo un personaje fascinante y muy bien actuado, por más que ahora esté ligada a una profecía arquetípica que, fuera de “Harry Potter” y las precuelas de “Star Wars”, nunca se siente como algo lógico o particularmente interesante. Pero si no son cristianos extremos y están en busca de un show ligero pero lleno de momentos violentamente chocantes, giros narrativos repentinos, y personajes intrigantes, “El mundo oculto de Sabrina” sigue siendo una buena opción. Sólo espero que la tercera temporada mantenga el mismo tono y cumpla con lo prometido en las últimas escenas de la segunda; después de todo, no tendrían por qué incluir números musicales innecesarios, humor absurdo, o un tono más cursi, ¿no?
¿No?
Ay, no…
Cofundador y editor en NoEsEnSerie.com. Bachiller en Comunicación Audiovisual por la PUCP, y miembro de la APRECI—Asociación de Prensa Cinematográfica. Integra el staff de la revista MasGamers, las webs de Nintendo Pe y Fans de Zelda Perú, el portal web Cinencuentro, y el portal de cine peruano FotografiaCalato.com. Adicionalmente, es YouTuber para el canal Aprieta Start, y formó parte del staff de prensa del 18 Festival de Cine de Lima. También trabaja como fotógrafo para Star Wars Fan Club Perú. Desde enero del 2012 publica críticas y comentarios de cine en el blog Proyectando Ideas (el cual forma parte de la Asociación de Blogs de Cine). Crítico oficial de RottenTomatoes.com. Cinéfilo y seriómano empedernido.
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Parece que la gente de Marvel Studios por fin se está dando cuenta de lo mucho que se ha saturado el mercado con películas y series de superhéroes —al menos lo suficiente como para que por lo menos algunos de sus productos se desvíen de los cánones y expectativas del subgénero. Es así que su más reciente serie para streaming, Wonder Man, creada por Destin Daniel Cretton y Andrew Guest, se termina sintiendo no como una historia más de superhéroes, sino más bien como una mezcla entre sátira y homenaje al mundo de Hollywood, los actores, los directores, los agentes y los productores. Interesante, y ciertamente superior a lo que esperaba.
Lo que se supone es una miniserie (pero muy fácilmente podría continuar con una temporada más, o quizás incluso en el cine) comienza con un flashback en el que vemos a un pequeño Simon Williams (Kameron J. Meadows) yendo con su padre, Sandford (Béchir Sylvain), a ver la película de Wonder Wan. Es así que el chico termina encantado con el mundo del cine y la actuación y, años después y ya de adulto (interpretado por Yahya Abdul-Mateen II), se convierte, evidentemente, en actor. ¿El problema? Es un actor que no logra conseguir muchos trabajos y que, cuando lo logra, termina siendo despedido debido a sus ansiedades y ganas de tener el control de todo.

Su fortuna cambia, sin embargo, cuando se hace amigo de Trevor Slattery (el gran Ben Kingsley), a quien recordarán por haber “interpretado” a una versión falsa del Mandarín en Iron Man 3, y por su aparición relativamente reciente en Shang-Chi y la Leyenda de los Diez Anillos. Juntos, deciden ir al casting para una nueva versión de Wonder Wan, esta vez dirigida por un cineasta ganador del Oscar llamado Von Kovak (Zlatko Burić). Y para su sorpresa, ¡son llamados de vuelta! Pero hay un ligero problema. Trevor le está escondiendo un pequeño secreto a su nuevo amigo: está trabajando para el Departamento de Control de Daños, ya que uno de sus agentes, Cleary (Arian Moayed), ha descubierto que Simon tiene poderes de verdad, los cuales podrían llegar a ser peligrosos. Y aunque se supone que Trevor tiene que espiarlo, los eventos de la vida real terminan yendo en contra de aquella misión.
Lo mejor de Wonder Man es que no se siente para nada como una historia tradicional de superhéroes. Lo que han hecho Cretton y Guest con la serie, más bien, es desarrollar una historia enfocada principalmente en sus protagonistas como seres humanos, situándola en un contexto hollywoodiense que resulta fascinante, y ayuda a que el universo Marvel se sienta más cercano y menos fantástico. Para complementar este tono verosímil, Wonder Man cuenta con varios cameos de actores haciendo de sí mismos, como Joe Pantoliano (o Joey Pants), Ashley Greene o hasta Josh Gad.
Y hablando de Josh Gad. El cómico actor aparece en el cuarto episodio de la serie, el cual, a pesar de desviarse un poco de la narrativa principal, termina siendo uno de los más interesantes de la temporada. En él, vemos cómo un simple guardia de discoteca llamado DeMarr Davis (Byron Bowers) se convierte, de casualidad, en un superhéroe llamado (con cariño) Doorman, pero también en una suerte de celebridad, primero trabajando como el guardaespaldas de Gad y luego como actor. Lo que hace este episodio no es solo justificar por qué Simon tiene tanto miedo de que la gente descubra que tiene poderes, sino también mostrar cómo alguien se puede volver famoso de la noche a la mañana, para luego ser utilizado y escupido por la industria y el público. Se trata de una historia emotiva, trágica y temáticamente relevante para todo lo que hace el show.

Pero regresando a Simon y Trevor. El primero es caracterizado como un tipo de mucho talento e inteligencia quien, sin embargo, siempre logra tropezar cuando se le presentan oportunidades geniales, generalmente debido a que se mete “autocabes”. Su ansiedad, su deseo por controlarlo todo, y el miedo que siente por que descubran sus poderes no solo le cuestan varios trabajos, sino también una relación con una chica llamada Vivian (Olivia Thirlby). Yahya Abdul-Mateen II interpreta a Simon con humanidad, logrando establecer un buen balance entre carisma y algo de ansiedad social.
Por su parte, Ben Kingsley está muy bien, como siempre, como Trevor, esta vez interpretándolo de forma no tan cómica como en Shang-Chi, donde era más una figura secundaria algo absurda. Acá, más bien, vemos que se trata de un hombre astuto que realmente ama la actuación, pero que siempre ha desperdiciado las oportunidades que se le han presentado en la vida. Por ende, quiere ayudar a Simon para que no se convierta en alguien como él. La forma en que culmina su historia, además, es tanto trágica como agridulce y emotiva, y lo deja a uno con la fuerte sensación de que estos dos personajes deberían regresar, ya sea en una segunda temporada o en alguna película.

No se pongan a ver Wonder Man, entonces, pensando que se tratará de una serie llena de acción y efectos visuales. Los poderes del protagonista aparecen muy de vez en cuando y tienen resultados más trágicos y chocantes que emocionantes. Y como se ha mencionado ya, el foco de la narrativa está más en los personajes y sus conflictos internos —y bueno, el conflicto con el Departamento de Control de Daños— que en peleas y secuencias de fantasía vistosa. Si la serie funciona, no solo es porque se siente como una representación fidedigna del mundo del espectáculo en Los Ángeles, sino también porque la dupla inesperada de Abdul-Mateen II y Kingsley resulta emotiva y muy entretenida. Me encantaría ver más aventuras protagonizadas por estos dos, de hecho.
Wonder Man es, pues, la prueba máxima de que Marvel puede hacer algo distinto, que vaya más allá de una experiencia tipo montaña rusa (parafraseando a Scorsese), cuando les da la gana. Por momentos sí se siente como una película estirada, al igual que varias otras series cortas de streaming, pero fuera de eso, no tengo mayores quejas. Lo que tenemos acá es una sólida historia enfocada en la humanidad y defectos de su personaje principal, quien, da la casualidad, tiene superpoderes. No es una serie sobre superhéroes, sino más bien una serie sobre personas que, aparte de todo lo demás, cuentan con superpoderes. Wonder Man me sorprendió gratamente; ojalá Kevin Feige y compañía se animen a sacar más series así (o, idealmente, más historias con estos personajes).
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CRÍTICA: Splinter Cell: Deathwatch (Temporada 1)
Publicado
hace 5 mesesel
16 octubre, 2025
Interesante que la franquicia de “Splinter Cell” haya regresado después de tanto tiempo no con un videojuego nuevo —por más de que hayan pasado ya algunos años desde el anuncio de un remake—, sino más bien con una serie animada. Es casi como si la gente de Ubisoft estuviese tanteando el interés que queda todavía hacia la saga —una serie de videojuegos de sigilo —o stealth— que en su momento fueron increíblemente populares, pero que debido a la salida de secuelas francamente decepcionantes para plataformas más recientes, fue muriendo gradual y tristemente. En pocas palabras: “Splinter Cell” merecía —o mejor dicho, merece— más.
Pero bueno, parece que el interés sí existe, ya que dicha serie, “Splinter Cell: Deathwatch”, ha sido renovada para una segunda temporada pocos días después de su estreno en Netflix. Eso debe querer decir, al menos en teoría, que se trata de un buen show, ¿no? Pues sí. Lo que tenemos acá es una historia oscura y llena de acción y sangre, protagonizada por un Sam Fisher ya mayor que debe regresar al ruedo para ayudar nuevamente a su país, y de paso, enfrentar a sus demonios del pasado. Es el tipo de trama que se siente más como una “secuela de legado” que otra cosa, pero que felizmente termina por respetar a su fuente de inspiración principal… bueno, hasta cierto punto.
Lo bueno es que creo que los fans cuerdos deberían quedar bastante satisfechos con “Splinter Cell: Deathwatch”.

Al comenzar “Splinter Cell: Deathwatch”, vemos a una agente siendo enviada por Anna Grimsdottir (voz de Janet Varney) de la agencia secreta estadounidense Fourth Echelon (no Third, como en los juegos clásicos) a rescatar a otro operativo que ha sido secuestro y está siendo torturado por el enemigo. Pero cuando la chica, llamada Zinnia McKenna (Kirby Howell-Baptiste) llega al lugar de los hechos, es demasiado tarde: el otro agente está muerto. Sedienta de venganza y llena de ira, Zinnia comienza a matar a medio mundo, pero es herida, lo cual la obliga a escapar.
Es así que Anna (también llamada “Grim”) decide contactar al viejo agente Sam Fisher (Liev Schreiber), ahora retirado en una granja en Polonia con su perro llamado Kaiju, para que la ayude. Después de todo, no solo tiene a una agente malherida, sino también a un Fourth Echelon totalmente apartado de la red, aparentemente hackeado por un enemigo misterioso. Es así que, cuando Sam se encuentra con Zinnia, va develando una conspiración que involucra a la poderosa CEO de una megacorporación supuestamente proambiente llamada Diana Shetland (Kari Wahlgren), quien resulta ser la hija del ex compañero militar de Sam, Douglas Shetland (Kiff VandenHeuvel), a quien nuestro protagonista se vio obligado a matar años atrás.
Más no voy a decir, ya que la narrativa de “Splinter Cell: Deathwatch” se desarrolla con paciencia a lo largo de ocho episodios frustrantemente cortos. De hecho, creo que es ahí donde radica una de las mayores flaquezas de la serie: entiendo que producir animación (especialmente animación en 2D) es costoso y toma tiempo, pero el que cada episodio dure menos de treinta minutos no hace más que dejarlo a uno con la sensación de que algo le falta a “Splinter Cell: Deathwatch”. Uno puede ver la temporada entera en una tarde, lo cual no es algo malo, supongo, pero a la vez, lo deja a uno con ganas de más. Espero que la confirmada segunda temporada no demore demasiado en llegar.

Ahora, fuera de eso, lo que quizás podría dividir a los fanáticos es la forma en que Sam Fisher es retratado. Para este crítico, se trata del Sam de siempre, quizás un poco más serio que el de los primeros tres juegos —extrañé un poco su sentido del humor sarcástico y por momentos sardónico—, pero increíblemente fuerte y capaz. Resulta satisfactorio verlo enfrentarse a los hombres de Diana, y de cuando en cuando utilizar el sigilo para matarlos y sobrevivir. Sí, “Splinter Cell: Deathwatch” es más una serie de acción —sangrienta, brutal— que de suspenso o stealth puro, pero una vez que Sam se pone sus gafas icónicas para salir a cumplir su misión, uno puede evitar emocionarse.
Ahora bien, otra decisión arriesgada que siento sí funciona es incluir a Zinnia como coprotagonista de la serie. Siento que funciona porque no le quita nada a Sam, y porque termina siendo una contraparte interesante para el avejentado Agente Splinter, con mucho menos experiencia que él, y sedienta de venganza. Zinnia comete errores y Sam está aquí para corregirlos, pero es ella, también, quien le muestra a él cómo las consecuencias de su pasado han llegado al presente para atacarlo, con los dos dándose cuenta de que, a veces, cambiar la realidad problemática contemporánea termina siendo una tarea casi imposible.

De hecho, ese es uno de los temas principales de “Splinter Cell: Deathwatch”: el cambio. Diana, por ejemplo, se supone quiere cambiar el mundo con Xanadu, una isla artificial que ha creado para desarrollar todo tipo de energías verdes y limpias. Pero también quiere realizar un cambio todavía más grande y total, el cual no pienso revelar acá. Por otro lado, Zinnia representa una suerte de cambio para Fourth Echelon y cómo funciona, y aunque Sam representa el pasado —especialmente cuando lo vemos en sus flashbacks como Douglas, que se llevan a cabo en la misma época que los videojuegos clásicos—, él también se ve obligado a cambiar para enfrentar las consecuencias de sus actos.
A nivel visual, no tengo demasiadas quejas. Por ahí he visto a gente decir que el estilo de animación de “Splinter Cell: Deathwatch” es “feo”, pero simplemente no puedo estar de acuerdo. Los personajes manejan una diseño que mezcla lo realista con lo suficientemente “animado”, y las secuencias de acción son presentadas con estilo y verosimilitud, siendo increíblemente sangrientas para causar un mayor impacto. Y la serie en general hace uso de técnicas audiovisuales propias del cine live-action, como Lens Flares, cambios de foco, suciedades en el “lente” y sutiles movimientos de cámara, para que todo se sienta más cercano y realista. Por otro lado, en lo que se refiere a las actuaciones de voz, creo que todos hacen un buen trabajo. Obviamente se extraña a Michael Ironside (la voz original de Sam), pero Schreiber destaca como su reemplazo, oyéndose no como una imitación de Fisher, sino más bien como una reinterpretación del mismo personaje.
La pasé bien con “Splinter Cell: Deathwatch”. Obviamente el factor nostalgia es fuerte a la hora de ver la serie, especialmente para quienes crecimos con los tres juegos originales hace más de veinte años (todavía los tengo para GameCube, y por supuesto, en HD para mi Xbox Series S). Pero fuera de eso, lo que el show nos propone es una historia breve de conspiraciones, asesinos a sueldo, agentes súper capaces, mucha acción y sangre, y poco humor. Visualmente, “Splinter Cell: Deathwatch” es atractiva y convincente, y aunque a nivel narrativo toma algunos riesgos, nada me terminó por fastidiar o enfadar. Derek Kolstad (el también creador de “John Wick”) ha hecho un buen trabajo con “Splinter Cell: Deathwatch”; solo espero que mantenga el mismo nivel de calidad para la segunda temporada, y que la serie en general convenza a Ubisoft de sacar un nuevo juego. ¡Ya es hora!
destacado
CRÍTICA: Peacemaker (Temporada 2, Episodio 8, FINAL)
Publicado
hace 5 mesesel
10 octubre, 2025
***½ sobre *****
Y llegamos al final de la segunda temporada de “Peacemaker”. Lo que muy bien podría haber sido un festín de cameos, escenas de acción y referencias a otros personajes e historias de DC, terminó siendo de los episodios más emotivos y mejor actuados, pero también más irregulares de la serie. Por un lado, tenemos el mejor trabajo de Danielle Brooks hasta ahora (su Adebayo ciertamente es la MPV del show), así como un cierre satisfactorio para la relación de Chris y Harcourt. Pero por otro lado, tenemos un final que se siente desconectado de mucho de lo que vino antes, y cuyo ritmo pudo ser mejor. No me sorprende, entonces, que varios espectadores hayan quedado algo decepcionados luego de este final. No es horrendo, pero tampoco es completamente satisfactorio.

No obstante, definitivamente se puede decir que pasa bastante en él. Adebayo y Vigilante usan la plata de este último para sacar a Chris de la cárcel. Vemos flashbacks al famoso momento de Chris y Harcourt en el bote (resulta que tuvieron un beso increíble durante un concierto). Bordeaux por fin cambia de bando y se alía con Harcourt, y luego el resto. Eagly es encontrado. Y por supuesto, nos enteramos de cuál fue el plan de Rick Flag Sr todo este tiempo: encontrar un planeta similar a la Tierra en una dimensión alterna, para convertirlo en una prisión para Metahumanos. Es al enterarse de eso que Bordeaux decide traicionarlo. Y es por eso que Harcourt, Economos y el resto deciden encontrar a un prófugo Peacemaker.
Y eso es lo que terminan haciendo, precisamente, lo cual resulta en una de las escenas más emotivas de la serie, con Adebayo convenciéndolo a él de que es querido por todos sus amigos, y que debe escucharse a sí mismo y no a los demás. No obstante, fuera de eso, y del grupo creando, por fin, su propia agencia para alejarse completamente de ARGUS, el episodio (y la serie, al parecer) termina con un cliffhanger: Rick Flag Sr captura a Chris y lo mete en el planeta prisión, dejándolo ahí encerrado. James Gunn ya ha dicho que no hay planes para hacer una tercera temporada (¿¿??), así que asumo que volveremos a ver a Chris y a los demás en… ¿otra serie? ¿Otra película? Solo sé que terminar el show con un cliffhanger es algo cruel, y que esto DEBE ser resuelto pronto. Nuevamente: el final de la segunda temporada de “Peacemaker” tiene momentos brillantes, pero ese cliffhanger… ¡necesito respuestas, y ya!
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