Opinión
Critica: Sense8 – temporadas 1 y 2
Publicado
hace 8 añosel
Quienes han visto la serie y la han disfrutado, conocen este intro que te eriza la piel con su música de notas in crecendo, flanqueadas por algunas otras en distorsión como dando a entender la llegada o el avance de algo que no entendemos, emergiendo del caos. Pues bien, esta es la trama de Sense8.
La serie fue producida por Netflix y creada, escrita y dirigida por las Hermanas Wachowski y J. Michael Straczynski.
La historia narra las interacciones que se dan entre 8 personas de distintas nacionalidades, todas ellas en sus países de origen. Luego de la muerte de una misteriosa mujer cuya imagen se aparece a los personajes, estos desarrollan o despiertan la capacidad de comunicarse entre ellos de un modo que yo llamaría «espiritualmente», no es telepatía, es algo que va mucho más allá de eso. Imagínate conversar con una persona que se encuentra al otro lado del mundo y no solo eso; puedes captar los sonidos, ver lo que esa persona está viendo y sintiendo (frío, calor, olores del ambiente, etc), recuerdos, experiencias, las cuales incluyen habilidades, conocimientos; lo que te convertiría en un experto en armas sin jamás haber tocado una. En la serie se les conoce como «Sensates» algo así como «sensitivos» que además es un juego de palabras porque el titulo Sense8 se pronuncia igual…y además son 8.
El argumento de esta serie caló rápido en miles de personas. Al ser estos 8 personajes de orígenes y estilos tan diversos se creó una empatía con la audiencia. Los 8 principales son:
Un policia de chicago , Will Gorski
Una DJ Islandesa que vive en Londres, Riley Blue
Un conductor de Matatu (aka chofer de combi) en Nairobi, Capheus Onyango «Van Damme»
Una mujer de negocios y kickboxer en Corea, Sun Bak
Un actor de películas de acción en México, Lito Rodríguez
Una química farmacéutica en Mumbai, Kala Dandekar
Un ladrón de cajas fuertes en Berlin, Wolfgang Bogdanow
Una bloguera política y hacker transexual en San Francisco, Nomi Marks
Solo imagina la riqueza de historias que se genera de esta mezcla. Definitivamente la trama es original, va directo a la acción sin caer en profundas filosofadas sobre la existencia humana, de hecho, solo rozan el tema con la única función de explicar la conexión entre estas personas.
Otro punto a remarcar es que esta serie es la más inclusiva que haya visto, han procurado que los protagonistas aquí sean los usuales «mejor amigo del protagonista» de otras series, todos por igual, todos con la misma importancia y es precisamente uno de los puntos fuertes de la serie que le hizo ganarse el cariño de los fans. En Netflix, más de 500.000 usuarios calificaron la serie con un promedio de 4.1/5 y Rotten Tomatoes le dio 85% de critica y 95% de audiencia.
Son personajes muy reales, tienen sus propios problemas y aún así deben lidiar con los de sus «contactos»; solo imagina esto: no basta con que tengas mil cosas en la cabeza (las cuentas, problemas en el trabajo, discusión con la pareja), vas a dormir y a los 5 minutos te interrumpe tu contacto de Alemania para decirte que está metido en un problema con una mafia y de repente los otros 6 contactos se suman al chisme e invaden la habitación (porque los ves) y tú solo querías dormir y olvidarte de los problemas del día. Pero aquí viene lo bonito, con todo y su normalidad en cuanto a vida mundana se refiere, se apoyan, son una familia más intima que cualquiera de sangre y más vale llevarte bien porque no puedes simplemente separarte de tus contactos. En ese sentido son héroes porque actúan como tales para proteger y salvar a los miembros de su equipo del típico enemigo que acosa a seres extraordinarios como ellos, el gobierno que descubre su existencia (lo vemos en X-men, Heroes y otras historias similares) y los persigue.

Con esta habilidad resulta imposible estar solo. Incluso en prisión tienes invitados.
Como siempre, evito dar detalles muy específicos y así no arruinar la trama para quienes aún no la han visto. Pero sí puedo decir que son muy humanos, incluso más humanos que la mayoría sin esa maravillosa habilidad.
Otro detalle que me gustó y me pareció increible, sobre todo en estos tiempos en los que, con el chroma, hasta el puesto de periódicos o el jardín de una casa es falso (Mira el video ChromaKey, abajo), los actores son ubicados realmente en las locaciones de esos países. Si el policía de Chicago se traslada mentalmente a Londres para comunicarse con la Dj islandesa, el actor es enviado a Londres o ella a Chicago o a Corea o Nairobi.
Según las Wachowski, esto hace que los paisajes se sientan más orgánicos al ser reales (parece que llevaron la moda orgánica al extremo), grabando incluso con público local. Hay una escena donde Riley, la Dj, se presenta en el famoso auditorio de conciertos Koko en Londres frente a miles de espectadores. Resulta que el público no sabía que ella era una actriz y no una verdadera Dj. Además hay otra escena donde los personajes asisten a una presentación de lucha libre, la cual también fue real con público real. La hacker de San Francisco se subió a una motocicleta en una exhibición real y el chofer de combi condujo el vehículo por todo Nairobi, incluso fue detenido por la policía y la producción tuvo que explicar lo que estaban haciendo.
Tuppence Middleton quien interpreta a Riley la Dj, contó en una ocasión: «Comenzamos en un lugar y luego todos nos movemos hacia el próxima ubicación. Por lo tanto, eso en sí mismo te altera la mente porque se filma todo basado en dónde estás en el mundo, contrario a dónde estás en la historia, eso es muy confuso «. Y no solo resultó confuso sino que además sumamente caro. Una de las razones por las que la serie fue cancelada al concluir la segunda temporada fue por los elevados costos de producción, 9 millones de dolares por episodio, demasiado para una serie con buena trama pero que no es Games Of Thrones para costar igual. Y eran 12 episodios por temporada, así que saquemos cuentas. Se dice que tenia poca audiencia, creo que más bien tuvo poca para lo que costaba.
La cancelación fue tan sorpresiva que se formaron movimientos y protestas (virtuales por supuesto). Netflix no cedió hasta buen tiempo después. No aprobó de ninguna manera una tercera temporada pero dijo que produciría una película para darle cierre a la historia. En serio, la cancelaron dejando la historia a la mitad y nosotros nos quedamos en el aire sin saber como se resuelve.
Cuando Lana Wachowski recibió la noticia entró en una profunda depresión. Ya recuperada escribió en su Twitter lo siguiente:
«La cantidad de amor y dolor que sucedió a la noticia de que Sense8 no continuaría, fue tan intensa que a menudo me sentí incapaz de abrir mi propio correo electrónico. Nunca había trabajado tan duro ni puesto tanto de mí misma en un proyecto como con ‘Sense8’ y su cancelación me dejó vacía».
Death doesn’t let you say goodbye. 2 hour finale episode in the works. Tell your cluster. pic.twitter.com/GHZgGuHwS0
— Sense8 (@sense8) 29 de junio de 2017
Lana también señaló que, a pesar del amor de Netflix por Sense8, su escasa audiencia sumada a las dificultades y los crecientes costes que el equipo afrontó durante la segunda temporada, grabada en 16 ciudades de 11 países para capturar las historias de su elenco coral, hicieron inviable su continuidad. Además agradeció a los fans su dedicación, que finalmente llevó a Netflix a recuperar la serie. «Aunque es cierto que estas decisiones suelen ser irreversibles, no siempre es cierto», señaló en su carta. «Improbablemente, impredeciblemente, vuestro amor ha llevado Sense8 de vuelta a la vida'»
La serie es simplemente mágica, para muchos no es entendible o confusa pero es una historia buena que te hace soñar con un mundo en el que los seres humanos son más unidos, más conectados, más inclusivos, seres que se sienten unos a otros y se cuidan.
En verdad, Sense8 no mereció ser cancelada, al menos de esa forma tan abrupta. Es una serie a la que debes darle su oportunidad. Y si la ves rara es porque es de las hermanas Wachowski.
destacado
CRÍTICA: Astérix y Obélix: el combate de los jefes (miniserie)
Publicado
hace 3 semanasel
13 mayo, 2026
Basada en el cómic del mismo nombre, Astérix y Obélix: el combate de los jefes es de las mejores adaptaciones de las aventuras del héroe galo a la pantalla chica que haya visto. Lo cual, honestamente, no debería sorprender, considerando que la serie trae de vuelta al director-guionista Alain Chabat, cineasta responsable de la mejor película de acción en vivo del personaje, Astérix y Obélix: Misión Cleopatra (recién reestrenada como parte del Festival de Cine Francés en Lima, dicho sea de paso). Si aquella cinta es la mejor representación de Astérix y compañía con actores de carne y hueso, Astérix y Obélix: el combate de los jefes es, pues, de lo mejor que se ha hecho en animación con este universo hasta el momento.
Ahora bien, tomen en cuenta que Astérix y Obélix: el combate de los jefes consta únicamente de cinco episodios, lo cual puede percibirse como muy poco. Pero no se preocupen, porque son suficientes, felizmente, para narrar una trama basada, nuevamente, en el cómic de Goscinny y Uderzo, pero con algunas novedades que serán apreciadas por los fanáticos de estos personajes. No me esperaba, por ejemplo, que tengamos todo un episodio dedicado a Astérix y Obélix de niños, que nos muestra, además, cómo el segundo se cayó en una marmita de Poción Mágica, lo cual terminó por otorgarle poderes de súper fuerza permanentes.

Este tipo de adiciones no son gratuitas, felizmente. Todo el punto de esta serie está en retratar la amistad de nuestros dos protagonistas de la forma más emotiva posible, lo cual, por supuesto, ayuda a que la narrativa se desarrolle con más potencia. Pero me adelanto. Por si no lo sabían, las aventuras de Astérix se llevan a cabo durante el apogeo del Imperio Romano y el gobierno de Julio César (voz de Laurent Lafitte), quien ha logrado conquistar toda la Galia. ¿Toda? ¡No! Queda un pueblito de irreductibles galos que se niegan a ser conquistados y que, gracias a la Poción Mágica del Druida Panoramix (Thierry Lhermitte), pueden enfrentarse a sus enemigos sin ser derrotados… hasta el momento.
Porque, lamentablemente, César parece haber encontrado una solución a sus problemas. Gracias a la inteligencia de la joven Métadata (Anaïs Demoustier), sobrina del legionario Fastanefurius (Fred Testot), han desarrollado un nuevo plan: utilizar la ley de los galos y, específicamente, la tradición del Combate de los Jefes, para que un jefe galo fiel a los romanos rete al jefe de la aldea gala, Abraracurcix (Grégoire Ludig), y por fin puedan hacerse de dicho bastión rebelde. Para eso, tienen que deshacerse de Panoramix de esa forma los rebeldes no contarán con la poción y por ende, serán incapaces de ganar el combate.

Eso último resulta… a medias. Porque luego de que a Panoramix le cae un menhir encima, en vez de morir, simplemente pierde la memoria y se vuelve un poco loco. Lo cual evidentemente es un problema, y motiva a nuestros héroes, el pequeño Astérix (Alain Chabat), y el gigante y súper fuerte Obélix (Gilles Lellouche) a encontrar una solución para su problema. Pero esto, evidentemente, termina siendo más difícil de resolver de lo esperado, especialmente teniendo en cuenta que el César ha encontrado rápidamente a un jefe galo que manipular: Aplusbégalix (Grégory Gadebois) se muere por ser romano (a pesar de ser originalmente galo), y no tiene ningún problema con participar del Combate de los Jefes.
Nuevamente: los fans de los cómics la pasarán bien con Astérix y Obélix: el combate de los jefes justamente por lo bien que adapta la historia original, pero los espectadores neófitos también se vacilarán gracias a lo entretenida que es la serie. Los episodios son breves, rápidos y enérgicos, los chistes son frecuentes y, como debe ser, los juegos de palabras no podrían ser más graciosos. ¿Cómo no dejarme cautivar por una serie que incluye a personajes romanos con nombres como Métadata, Mileycirus o Annabarbera, o un chiste que vincula la palabra Netflix con el sufijo con el que cuentan todos los nombres de los galos? (Incluso hay un personaje que pasa de llamarse Unmillóndevistus a Unmillóndeclix… ¡ja!) Es todo muy entretenido y absurdo.

Todo esto es apoyado, felizmente, por animación de muy buena calidad. Los personajes lucen tal y como los recordamos, y se mueven todos de forma caricaturesca y enérgica. Los ambientes están suficientemente detallados, las escenas de combate son satisfactorias, y como no podía ser de otra forma, Chabat se deleita en incluir parodias inesperadas. Es así que terminamos con una breve sátira del póster oficial de Star Wars: Los Últimos Jedi, una referencia a la pelea final de Avengers: Endgame, y una representación colorida de lo que significa toma la Poción Mágica. Además, hay toques totalmente excéntricos, como cuando un demente Panoramix alucina con su propio show de marionetas (¿por qué no?), o cuando se abre todo un parque temático alrededor del coliseo donde se lleva a cabo el Combate de los Jefes (con montañas rusas y todo).
Es así, pues, que la serie animada de Astérix y Obélix: el combate de los jefes logra manejar el mismo tono absurdo y lleno de chistes ridículos de los cómics originales, mezclándolo con juegos de palabras geniales, personajes secundarios muy graciosos, una animación de gran calidad, nuevas parodias, y personajes que destacan por lo bien que han sido construidos (resaltan Métadata, una romana inesperadamente gentil, y la amistad entre Astérix y Obélix, por supuesto). Como fan de estos personajes, la pasé muy bien con Astérix y Obélix: el combate de los jefes. Pero estoy seguro de que aquellos que poco sepan de este universo igual se divertirán con la serie. ¡Espero que Netflix y Chabat se animen a sacar una nueva temporada basada en otro de los cómics!
Si la primera temporada de la serie de Ted fue una experiencia hilarante y, en ciertos momentos, superior a las películas (o al menos a la segunda), esta nueva temporada no hace más que consolidar todo lo que se estableció antes. En vez de siete episodios, tenemos ocho. En vez de simplemente mezclar humor absurdo con personajes reconocibles, tenemos historias increíblemente graciosas, sorprendentemente emotivas y que no tienen miedo de tocar temas algo fuertes. Y aunque —lamentablemente— Seth MacFarlane ya ha confirmado que la tercera temporada probablemente jamás saldrá, el show nos deja con la esperanza de que más aventuras podrían narrarse con estas versiones de sus protagonistas. ¡Solo queda cruzar los dedos!
La segunda temporada de Ted comienza poco después de la primera y no ha cambiado mucho. Johnny (Max Burkholder) sigue siendo virgen, sigue sin tener novia, y esta vez, está en su último año de colegio. Ted (voz de MacFarlane) sigue siendo un osito de peluche sarcástico y grosero, pero de buen corazón. Blaire (Giorgia Whigham) sigue viviendo en la casa de Johnny, y los padres de este último, la amabilísima Susan (Alanna Ubach) y el súper conservador veterano de Vietnam Matty (Scott Grimes) mantienen la misma relación de siempre. Incluso más que la temporada anterior, esta se siente como una serie de aventuras inconexas, sin ninguna narrativa que lo vincule todo. ¿Pero saben qué? Ese no es un problema en absoluto.

Porque al final del día, uno ve una serie como Ted para matarse de risa, y eso es precisamente lo que sucede acá. Con los personajes ya bien establecidos, al igual que sus relaciones, la temporada hace un excelente trabajo desarrollando momentos de humor absurdo, relevante o hasta ligeramente ofensivo, los cuales, sin embargo, nunca se perciben como algo hecho únicamente para molestar a ciertos espectadores. Cuando alguien les diga que ya no se puede bromear sobre nada (lo cual, evidentemente, es mentira), les sugiero que le enseñen esta serie. Ted no tiene miedo de ser grosera, pero a la vez nunca se siente como una producción malintencionada, lo que la vuelve divertida en lugar de frustrante.
Consideren, además, que buena parte del humor se deriva de las diferencias de opinión entre personajes como Matty (que representa el machismo, sexismo, racismo y ultraconservadurismo), Susan (una ama de casa tradicional pero muy gentil y hacendosa), y Blaire (la progresista rebelde y queer, siempre consciente de los problemas del mundo). Si Ted parece tomar partido, evidentemente es porque está del lado de Blaire, pero nada de eso convierte las discusiones entre los tres personajes (con Johnny y Ted de espectadores, básicamente) en algo tedioso. Más bien, cada escena en el comedor de la casa resulta en chistes verdaderamente hilarantes. ¿Qué otra serie se tomaría tanto tiempo hablando sobre lo gay (no no gay) que resulta comer huevos antes, durante y después de ciertos horarios? Es todo tan ridículo que resulta divertido y jamás ofensivo.

Adicionalmente, por más que la temporada consista únicamente en ocho episodios (en gran parte, me imagino, por lo cara que resulta realizar el show), igual cuenta con historias absolutamente memorables. De entre ellas destacan el episodio dedicado enteramente a una campaña de Dungeon and Dragons (súper fiel a las reales, dicho sea de paso); el capítulo donde Susan va a la cárcel (¡!) y, con su bondad, logra hacer de aquel lugar un sitio mejor; y por supuesto, la escena (algo controvertida) en la que MacFarlane interpreta a Bill Clinton con un poco de ayuda del DeepFake. La escena en sí es muy graciosa, pero entiendo por qué algunos espectadores podrían encontrar que Clinton luce algo… perturbador.
Podría listar más momentos chistosos de la temporada, pero lo mejor que pueden hacer es ir a Universal Plus (o, me imagino, alguna web alternativa) y ver Ted. Contrario a lo que se podrían haber imaginado, se trata de una serie tanto graciosa como emotiva, donde la mayoría de personajes brillan, contrastando perfectamente con el osito del título. Blaire tiene más que hacer acá que en la temporada anterior (y encima es partícipe de un episodio sobre el aborto, el cual se siente tanto relevante como importante), Susan es un pan de dios, y apariciones como las del Chico Jesús (que en esta ocasión ayuda a Johnny dándole una moneda para que use una máquina expendedora) terminan de cementar a Ted como una serie ridículamente memorable.

Al igual que en la temporada anterior, además, las actuaciones son todas excelentes, y ayudan a convertir a los personajes en íconos de la comedia. Max Burkholder sigue teniendo el trabajo difícil de interactuar con un oso digital, y lo hace perfectamente (me encanta, además, y también me da miedo, pensar que se supone que eventualmente tendrá que convertirse en Mark Wahlberg… ugh). Alanna Ubach es la ama de casa perfecta, convirtiendo a Susan en uno de los personajes más adorables y dulces de la televisión. Scott Grimes es desagradable e intenso como Matty, pero no por eso lo caricaturiza (consideren el episodio dedicado a sus ataques cardíacos). La Blaire de Giorgia Whigham sigue siendo la única voz de la razón en el show, y por supuesto, la presencia de Ted es invaluable (su mejor momento: cuando tiene un amorío con una mujer casada con un millonario).
Una pena, pues, que Ted no vaya a tener una tercera temporada. Lo que tenemos acá es una serie que combina la comedia ridícula, el humor vulgar y sexual, los personajes memorables y bien construidos, algo de emotividad y una pizca de comentario social y político, para generar risas, llantos y, bueno… más risas. Esta segunda temporada me gustó incluso más que la primera, y por lo que he estado viendo en redes, no creo ser el único. En un mundo perfecto, el show debería continuar, por más que la narración en off de Ian McKellen en el último episodio sea una despedida perfecta. La pasé muy bien con Ted, e igual seguiré cruzando los dedos para que tanto Universal como MacFarlane se animen a continuar la historia de este osito de peluche y su disfuncional familia humana.
Impresionante lo que Seth MacFarlane ha hecho con la serie de Ted, especialmente considerando lo bien recibidas que fueron las dos películas protagonizadas por Mark Wahlberg. Porque, a pesar de aquellas producciones ciertamente dejaron huella y son bien recordadas por una buena cantidad de espectadores, muchos argumentan hoy que el show es incluso mejor (y no solo porque Wahlberg brilla por su ausencia). Lo que tenemos acá es una serie consistentemente graciosa, sorprendentemente dulce y por momentos hasta sorprendente, que debería gustarle tanto a los fanáticos del humor arriesgado como a quienes simplemente estén buscando una buena historia.
La primera temporada de Ted se lleva a cabo en 1993 y tiene como protagonistas a un Johnny Bennett de 16 años (un excelente Max Burkholder) y su oso de peluche con vida, Ted (voz de Seth MacFarlane). Este último vive ahora en casa luego de haber pasado por un breve periodo de fama en Hollywood, consciente de que todo el mundo se aburrió de la novedad de tener a un oso de peluche que habla y tiene consciencia. Es así que el show se centra en la vida de estos dos en casa junto a los padres de John, el problemático Matty (Scott Grimes) y la gentil Susan (Alanna Ubach), y a la prima Blaire (Giorgia Whigham), quien va a la universidad.

La trama comienza de verdad, sin embargo, cuando la familia se da cuenta de que Ted tiene que hacer algo por la vida, y por ende es enviado al colegio junto a Johnny, donde el dúo se tiene que enfrentar a un bully llamado Clive (Jack Seavor McDonald), y en general, tratar de sobrevivir a la vida adolescente. Felizmente, Ted logra ser lo suficientemente variado como serie como para incluir diferentes conflictos y temas importantes para nuestros protagonistas, algunos relacionados a la droga (acá es cuando nos enteramos de cómo Johnny y Ted se convirtieron en fanáticos de la hierba), otros más a sus intereses y varios, incluso, vinculados a los problemas propios de la adolescencia (como los desamores, o el miedo a seguir siendo virgen).
Lo mejor de Ted, pues, es que se siente como una historia que pertenece al mismo universo de las películas, pero que a la vez, logra obtener una identidad propia, más vintage y con varias referencias a lo que era la vida de la gente común y corriente en los 90s. ¿Johnny y Ted quieren ver porno? Pues tienen que encontrar una manera de alquilar películas para adultos en la videotienda de su barrio. ¿No tienen nada que hacer? Se ponen a leer revistas o jugar con su GameBoy. ¿Quieren conocer gente o conseguir contactos? Lo tienen que hacer a la antigua, ya que no hay Internet y mucho menos redes sociales. Hasta cierto punto, Ted se siente como una serie un poco a la antigua, que de verdad entiende cómo era la vida para los jóvenes hace más de treinta años.
Siendo el principal diferencial, por supuesto, el que el show tenga como coprotagonista a un oso de peluche digital. Es verdaderamente impresionante el trabajo que MacFarlane y su equipo de VFX han hecho para convertir a Ted en un personaje que se ve real, se siente real, e interactúa de manera completamente creíble con el resto del reparto. Ted no cuenta con un solo momento poco convincente o de calidad visual decepcionante. Obviamente los personajes humanos son importantes, pero si la serie funciona y da risa y nunca llama la atención a sí misma de forma negativa, es justamente porque Ted en sí funciona.

Ahora bien, no podemos dejar de destacar el trabajo del reparto de carne y hueso. Max Burkholder es el Johnny perfecto: gracioso, medio inocentón —tanto así que a veces se deja influenciar demasiado por Ted— y en general, totalmente creíble como la contraparte perfecta de Ted. De hecho, Burkholder es quien cuenta con el trabajo más retador de la serie, ya que tiene que interactuar con la nada la mayor parte del tiempo, conversando con alguien que no está en el set. Por su parte, MacFarlane trae de vuelta al Ted que vimos en las películas sin mayores problemas, dándole vida al personaje del título solo con su voz, y convirtiéndolo en una figura que contrasta hilarantemente con los humanos.
Quienes se roban el show, sin embargo, son los otros miembros de la familia de Johnny. Alanna Ubach está increíble como Susan, interpretándola, al menos de forma superficial, como la estereotípica madre de familia de los 80 y 90: totalmente sumisa al marido, y siempre pendiente de lo que sucede en casa. Pero poco a poco, Susan va demostrando tener una mayor dimensión, y es Ubach quien logra convertirla tanto en un personaje redondo, como en una de las presencias más graciosas de la serie (chequeen cómo pronuncia palabras como “Indian” o “karaoke”). Por otro lado, Scott Grimes también destaca como Matty, la representación perfecta de la masculinidad tradicional (y ligeramente tóxica) que seguramente muchos reconocerán. Y Giorgia Whigham, como Blaire, representa la voz de la razón: una perspectiva liberal y queer del mundo que contrasta perfectamente (y divertidamente) con las visiones más bien conservadoras de Susan y Matty.

Porque al final del día, si vale la pena recomendar esta primera temporada de Ted, es justamente porque es muy graciosa. Es graciosa por cómo utiliza al personaje de Ted en contraste con los humanos menos exagerados; por cómo inserta momentos aparentemente aleatorios o de humor absurdo (mi favorito: cuando un chico le da un consejo a John en el baño del colegio, y este le pregunta: “¿Jesús?”); y por cómo logra incluir algunas lecciones de vida relevantes, mjuchas de ellas relacionadas a la tolerancia y la diversidad, de forma hilarante y jamás forzada. No me tomen a mal: Ted es una serie vulgar y ridícula (a propósito), pero igual han logrado darle un corazón palpitante, lo cual ya de por sí debería considerarse como un logro.
La pasé muy bien con la primera temporada de Ted. Considero que es igual de divertida que la primera película, con la ventaja, por supuesto, de que Mark Wahlberg ha sido reemplazado por un chico más bien simpático. La mayoría de gags funcionan; el tono absurdo hace que el show en general se sienta como un producto redondo (la narración en off de Ian McKellen complementa muy bien a la de Patrick Stewart en las películas), y los personajes son sorprendentemente memorables, especialmente los de los padres de John. Ted me terminó por cautivar, por lo que no aguanto a ver la segunda (y quizás última) temporada. Por lo que he podido leer, se supone que es incluso mejor que esta; ¡ojalá ese sea el caso!
NOTA: Ted está en el servicio de streaming Peacock en Estados Unidos y en Latinoamérica… en Universal Plus. ¡Espero que alguien por acá tenga Universal Plus!
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