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CRÍTICA – Ted (Temporada 1)

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Impresionante lo que Seth MacFarlane ha hecho con la serie de Ted, especialmente considerando lo bien recibidas que fueron las dos películas protagonizadas por Mark Wahlberg. Porque, a pesar de aquellas producciones ciertamente dejaron huella y son bien recordadas por una buena cantidad de espectadores, muchos argumentan hoy que el show es incluso mejor (y no solo porque Wahlberg brilla por su ausencia). Lo que tenemos acá es una serie consistentemente graciosa, sorprendentemente dulce y por momentos hasta sorprendente, que debería gustarle tanto a los fanáticos del humor arriesgado como a quienes simplemente estén buscando una buena historia.

La primera temporada de Ted se lleva a cabo en 1993 y tiene como protagonistas a un Johnny Bennett de 16 años (un excelente Max Burkholder) y su oso de peluche con vida, Ted (voz de Seth MacFarlane). Este último vive ahora en casa luego de haber pasado por un breve periodo de fama en Hollywood, consciente de que todo el mundo se aburrió de la novedad de tener a un oso de peluche que habla y tiene consciencia. Es así que el show se centra en la vida de estos dos en casa junto a los padres de John, el problemático Matty (Scott Grimes) y la gentil Susan (Alanna Ubach), y a la prima Blaire (Giorgia Whigham), quien va a la universidad.

La trama comienza de verdad, sin embargo, cuando la familia se da cuenta de que Ted tiene que hacer algo por la vida, y por ende es enviado al colegio junto a Johnny, donde el dúo se tiene que enfrentar a un bully llamado Clive (Jack Seavor McDonald), y en general, tratar de sobrevivir a la vida adolescente. Felizmente, Ted logra ser lo suficientemente variado como serie como para incluir diferentes conflictos y temas importantes para nuestros protagonistas, algunos relacionados a la droga (acá es cuando nos enteramos de cómo Johnny y Ted se convirtieron en fanáticos de la hierba), otros más a sus intereses y varios, incluso, vinculados a los problemas propios de la adolescencia (como los desamores, o el miedo a seguir siendo virgen).

Lo mejor de Ted, pues, es que se siente como una historia que pertenece al mismo universo de las películas, pero que a la vez, logra obtener una identidad propia, más vintage y con varias referencias a lo que era la vida de la gente común y corriente en los 90s. ¿Johnny y Ted quieren ver porno? Pues tienen que encontrar una manera de alquilar películas para adultos en la videotienda de su barrio. ¿No tienen nada que hacer? Se ponen a leer revistas o jugar con su GameBoy. ¿Quieren conocer gente o conseguir contactos? Lo tienen que hacer a la antigua, ya que no hay Internet y mucho menos redes sociales. Hasta cierto punto, Ted se siente como una serie un poco a la antigua, que de verdad entiende cómo era la vida para los jóvenes hace más de treinta años.

Siendo el principal diferencial, por supuesto, el que el show tenga como coprotagonista a un oso de peluche digital. Es verdaderamente impresionante el trabajo que MacFarlane y su equipo de VFX han hecho para convertir a Ted en un personaje que se ve real, se siente real, e interactúa de manera completamente creíble con el resto del reparto. Ted no cuenta con un solo momento poco convincente o de calidad visual decepcionante. Obviamente los personajes humanos son importantes, pero si la serie funciona y da risa y nunca llama la atención a sí misma de forma negativa, es justamente porque Ted en sí funciona.

Ahora bien, no podemos dejar de destacar el trabajo del reparto de carne y hueso. Max Burkholder es el Johnny perfecto: gracioso, medio inocentón —tanto así que a veces se deja influenciar demasiado por Ted— y en general, totalmente creíble como la contraparte perfecta de Ted. De hecho, Burkholder es quien cuenta con el trabajo más retador de la serie, ya que tiene que interactuar con la nada la mayor parte del tiempo, conversando con alguien que no está en el set. Por su parte, MacFarlane trae de vuelta al Ted que vimos en las películas sin mayores problemas, dándole vida al personaje del título solo con su voz, y convirtiéndolo en una figura que contrasta hilarantemente con los humanos.

Quienes se roban el show, sin embargo, son los otros miembros de la familia de Johnny. Alanna Ubach está increíble como Susan, interpretándola, al menos de forma superficial, como la estereotípica madre de familia de los 80 y 90: totalmente sumisa al marido, y siempre pendiente de lo que sucede en casa. Pero poco a poco, Susan va demostrando tener una mayor dimensión, y es Ubach quien logra convertirla tanto en un personaje redondo, como en una de las presencias más graciosas de la serie (chequeen cómo pronuncia palabras como “Indian” o “karaoke”). Por otro lado, Scott Grimes también destaca como Matty, la representación perfecta de la masculinidad tradicional (y ligeramente tóxica) que seguramente muchos reconocerán. Y Giorgia Whigham, como Blaire, representa la voz de la razón: una perspectiva liberal y queer del mundo que contrasta perfectamente (y divertidamente) con las visiones más bien conservadoras de Susan y Matty.

Porque al final del día, si vale la pena recomendar esta primera temporada de Ted, es justamente porque es muy graciosa. Es graciosa por cómo utiliza al personaje de Ted en contraste con los humanos menos exagerados; por cómo inserta momentos aparentemente aleatorios o de humor absurdo (mi favorito: cuando un chico le da un consejo a John en el baño del colegio, y este le pregunta: “¿Jesús?”); y por cómo logra incluir algunas lecciones de vida relevantes, mjuchas de ellas relacionadas a la tolerancia y la diversidad, de forma hilarante y jamás forzada. No me tomen a mal: Ted es una serie vulgar y ridícula (a propósito), pero igual han logrado darle un corazón palpitante, lo cual ya de por sí debería considerarse como un logro.

La pasé muy bien con la primera temporada de Ted. Considero que es igual de divertida que la primera película, con la ventaja, por supuesto, de que Mark Wahlberg ha sido reemplazado por un chico más bien simpático. La mayoría de gags funcionan; el tono absurdo hace que el show en general se sienta como un producto redondo (la narración en off de Ian McKellen complementa muy bien a la de Patrick Stewart en las películas), y los personajes son sorprendentemente memorables, especialmente los de los padres de John. Ted me terminó por cautivar, por lo que no aguanto a ver la segunda (y quizás última) temporada. Por lo que he podido leer, se supone que es incluso mejor que esta; ¡ojalá ese sea el caso!

NOTA: Ted está en el servicio de streaming Peacock en Estados Unidos y en Latinoamérica… en Universal Plus. ¡Espero que alguien por acá tenga Universal Plus!

Cofundador y editor en NoEsEnSerie.com. Bachiller en Comunicación Audiovisual por la PUCP, y miembro de la APRECI—Asociación de Prensa Cinematográfica. Integra el staff de la revista MasGamers, las webs de Nintendo Pe y Fans de Zelda Perú, el portal web Cinencuentro, y el portal de cine peruano FotografiaCalato.com. Adicionalmente, es YouTuber para el canal Aprieta Start, y formó parte del staff de prensa del 18 Festival de Cine de Lima. También trabaja como fotógrafo para Star Wars Fan Club Perú. Desde enero del 2012 publica críticas y comentarios de cine en el blog Proyectando Ideas (el cual forma parte de la Asociación de Blogs de Cine). Crítico oficial de RottenTomatoes.com. Cinéfilo y seriómano empedernido.

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CRÍTICA: Ted Lasso – Temporada 4, Episodio 10 (FINAL)

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****½ sobre *****

*ALERTA DE SPOILERS*

Y llegamos al final. ¿Será el final de la serie en general? ¿O será como la última vez, que el buen Ted y compañía descansarán un rato para luego regresar? El desenlace de este episodio nos sugiere un futuro brillante tanto para él como para Alice y Beard y Rebecca y todo el mundo, por lo que no me fastidiaría ver una quinta temporada. Pero a la vez, si este llegara a ser el final del show (ahora sí de verdad), tampoco me molestaría. La cuarta temporada de Ted Lasso no ha sido la mejor de todas, pero especialmente con este desenlace, al menos ha logrado justificar su propia existencia; y, de paso (y para variar), hacer llorar a su público.

El episodio, pues, termina por resolver todos los enredos y conflictos antes presentados, sin dejar a nadie mal parado –no, ni siquiera a la maldita de Zelda. Como era de esperarse, esta última se revela como la que le estuvo comprando las acciones de Richmond a todo el mundo, pero felizmente, tanto Rebecca como Leslie tenían un as bajo la manga. Ted logra conectar mejor con su hijo al revelarle la verdad de cómo murió su abuelo. Y hablando de muerte, todo el mundo tiene que lidiar con el fallecimiento de Mae del episodio pasado, lo cual, curiosamente, trae consigo buenas consecuencias tanto para el club (y el conflicto con Zelda) como para los tres fieles accionistas y asiduos clientes del pub, quienes se convierten en sus nuevos dueños.


¿Y qué hay de Roy y Keeley? Luego de pasar por algunos momentos (quizás no tan) tensos, se dan cuenta de que están listos para ser padres, con el primero pidiendo una nueva junta de los Diamond Dogs para que sus amigos lo ayuden con sus inseguridades. Y luego de tantos cambios y sorpresas, Rebecca por fin decide casarse, dándose cuenta de que no le tiene miedo al matrimonio o al compromiso; solo al haber estado antes con la persona incorrecta. ¿Se siente todo esto súper conveniente y fresa? Pues sí. Pero a la vez funciona como para cerrarlo absolutamente todo y dejar al espectador en lágrimas, esto último, cortesía de una narración en off particularmente emotiva por parte de Mae.

Ha sido un deleite, pues, tener a Ted Lasso de vuelta en nuestras pantallas. No ha sido una temporada perfecta, pero entre sus nuevos (y memorables) personajes femeninos y arcos interesantemente maduros para los personajes clásicos, me terminó por convencer. Y bueno, ayuda el que literalmente hayan dejado lo mejor para el final. Veremos si llega una quinta temporada; pase lo que pase, al menos podemos decir que ha sido una buena racha de cuatro temporadas.

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CRÍTICA: Ted Lasso – Temporada 4, Episodio 9

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**** sobre *****

*ALERTA DE SPOILERS*

El noveno episodio de la cuarta temporada de Ted Lasso es de emociones agridulces y novedades impactantes. Después de todo, ya estamos llegando al final, por lo que tiene sentido que la serie, por fin, comience a desenredar algunos nudos, a poner a sus protagonistas en situaciones difíciles, pero también a obligarlos a triunfar, aunque sea por un ratito. En esos sentidos, el episodio funciona muy bien a nivel emocional, permitiéndole al espectador sentir la euforia de la victoria, pero también las consecuencias (quizás no tan positivas) de algunas decisiones o eventos.

Esta vez, tenemos al equipo femenino de Richmond viajando a Bristol para un partido decisivo: si no gana, no será promocionado a la liga. Lamentablemente, luego de desmayarse en un partido previo, Keeley no puede viajar; resulta, pues, que está embarazada, noticia que la tiene muy tensa, y que tiene miedo de contarle a Roy. Por otro lado, Gemma está empecinada en volver a las canchas; Beard se ha puesto pelo (Dios mío…); y la gran Mae Green (Annette Badland), dueña del pub al que van todos los personajes, es invitada por Ted para acompañarlos en el bus hasta Bristol. Después de todo, necesitan todo el apoyo posible para ganar.


Acá incluyo spoilers, así que tiene sentido decir que sí, efectivamente, las chicas ganan el partido, y debido a varias razones. Primero porque la arquera Quinn (Jude Mack) por fin se anima a usar guantes; porque Gemma entra un rato a la cancha para meter un gol, y finalmente, porque por fin le dan la oportunidad a la calientabancas de Shannon (Shannon Hayes) de jugar en el partido, lo cual resulta en un gol más. Pero como no todo puede ser felicidad, a la par nos enteramos de quién ha estado comprando las acciones de Richmond: nada más y nada menos que Zelda (Tracey Ullman), lo cual, valgan verdades, no es del todo chocante, pero seguro tendrá repercusiones en el episodio final. Pero lo peor es que, al final del partido, vemos que Mae ha caído, y aunque no escuchamos lo que Rebecca le dice a Ted, podemos asumir que la fanática más antigua de Richmond ha fallecido.

Habrá que esperar a la próxima semana a ver qué sucede. Pero con un solo episodio más de historia, creo que esta cuarta temporada de Ted Lasso tendrá que hacer bastante para concluir de forma satisfactoria (un algo agridulce). A menos, claro, que una quinta temporada sea anunciada inmediatamente…

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CRÍTICA: Ted Lasso – Temporada 4, Episodio 8

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**** sobre *****

*ALERTA DE SPOILERS*

Más que los otros episodios de esta temporada, el octavo se concentra en el drama, dejando la comedia un poco de lado para permitirles crecer a sus personajes. Y cuando hablo de los personajes, me refiero a los secundarios, ya que fuera de un excelente discurso para las chicas, Ted (Jason Sudeikis) no aparece mucho acá –y Beard (Brendan Hunt) tampoco (aunque vamos viendo cómo va lidiando con su crisis de la mediana edad, primero con los ojos azules el episodio pasado, y al parecer, ahora injertándose pelo). Es así que terminamos con el episodio más largo de la temporada hasta ahora, que aprovecha al máximo su duración para avanzar con la historia.


Para este crítico, la trama principal es la de Alice (Tanya Reynolds) y Gemma (Abbie Hern). La segunda sufre una lesión en un partido a la vez que le ofrecen un trabajo fuera del mundo del fútbol, lo cual la hace dudar sobre su futuro en Richmond. Y la primera se dedica el episodio entero a lidiar con esto, finalmente dándose cuenta del valor que tiene su jugadora no solo para ella sino también para el resto del equipo. Mientras tanto, Roy Kent (Brett Goldstein) se rehúsa a ir a su homenaje, y cuando es obligado por Keeley (Juno Temple), se ve involucrado en una serie de situaciones absurdas que, finalmente, le permiten darse cuenta de que sí valdría la pena darle una nueva oportunidad a una relación con la chica.

Fuera de aquellas tramas, tenemos a Leslie (Jeremy Swift) investigando un repentino misterio: resulta que un montón de gente ha estado vendiendo sus acciones en Richmond, lo cual parece ser parte de una conspiración contra el equipo. Y aunque vemos a otros personajes como Rebecca (Hannah Waddingham) o el resto de jugadoras del equipo, el episodio termina concentrándose en estas dos tramas principales y la secundaria… para bien. Porque, fuera de un par de gags que no funcionan y momentos caricaturescos que van en contra del tono más bien serio de esta semana (como cuando Roy rompe el sunroof de su carro y de alguna forma logra que Keeley salga por ahí), el octavo episodio de esta temporada de Ted Lasso logra atar varios nudos, completar ciertas subtramas y hacer crecer a sus personajes. No me reí mucho, pero sentí bastante; no hay muchas quejas.

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