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CRÍTICA – Star Wars: Visions
Publicado
hace 5 añosel
La idea de “Star Wars: Visions” me encanta: darle las riendas de la franquicia a diferentes artistas del anime, para que interpreten y reinterpreten a la galaxia muy, muy lejana de diferentes maneras. Es muy similar a lo que las Hermanas Wachowski hicieron con “The Animatrix”, y en aquel caso, trajo consigo resultados innegablemente intrigantes. Lo mejor, además, es que en el caso de “Star Wars”, ni siquiera tienen que ceñirse al canon; sí, pueden tratar de enlazar estas nuevas historias a las trilogías principales para cine o al universo expandido de Disney, pero también pueden hacer lo suyo propio, sin preocuparse demasiado por la continuidad. No es una exageración decir que las posibilidades son infinitas.
Es por todo eso que “Star Wars: Visions” terminó siendo una ligerísima decepción. No me tomen a mal; en general, lo que tenemos son nueve historias originales, que utilizan todo tipo de influencias para mostrarnos lugares de la galaxia que no se habían visto antes (al menos no de esta manera). Pero el problema, para vuestro servidor, está en la calidad de los guiones: un par de episodios cuentan historias verdaderamente emotivas y llenas de potencial, que hasta me gustaría fuesen expandidas en series de streaming propias, mientras que otros solo sirven como entretenimiento puro y ligero… y unos cuantos no logran convencer para nada. Es una mezcla de lo bueno, lo malo y lo feo; perspectivas diferentes, pero no igual de satisfactorias.
Vale la pena, entonces, comentar cada episodio de manera individual y breve, como para que se den una idea de lo que pueden esperar de “Star Wars: Visions”. Eso sí, por más de que este crítico haya visto la temporada entera de un tirón, no le recomendaría a mis lectores que hagan lo mismo. Creo que es mejor disfrutar de estos episodios de manera individual, como para que no se entremezclen y uno no confunda una historia con otra. No es algo que debería tomarles demasiado esfuerzo, además; cada episodio dura entre 14 y 22 minutos, por lo que si se dedican a ver uno o dos episodios al día, con calma y tratando de absorberlos bien, tampoco deberían demorarse demasiado en terminar la serie.
Episodio 1: El Duelo

“Star Wars: Visions” comienza de manera sólida, con un episodio que le rinde tributo a las historias de samurái y al periodo medieval japonés. El estilo de animación es sublime —me encanta la estética con trazos evidentes y animación no siempre perfecta—, y aunque la historia es algo previsible, tener a un shogun de este tipo como protagonista, resulta en una trama que mezcla de manera satisfactoria a las referencias principales de la saga —Kurosawa y el cine japonés en general siempre estuvieron en la mente de Lucas al crear “Star Wars”—, junto con elementos más tradicionales de ciencia ficción. Un episodio entretenido y visualmente impactante.
Episodio 2: Tatooine Rhapsody

Este es posiblemente el episodio que menos me gustó —la idea de un grupo de rock tipo Blink 182 desenvolviéndose en la galaxia de “Star Wars” no carece de potencial, pero la manera en que es ejecutada en este episodio es demasiado superficial, dándole más espacio a las canciones —lo cual es entendible… hasta cierto punto— que a los personajes o a la trama. El estilo de animación es un poco más jovial e infantil, lo cual va bien con el tono de la narrativa, y me gustó que incluyan varios personajes reconocibles de las películas, pero en general, no se trata de un episodio esencial, o que siquiera nos presente una historia particularmente entretenida o llena de momentos chocantes. La música es suficientemente pegajosa… y eso es lo mejor que se puede decir del episodio.
Episodio 3: Los Gemelos

Este es uno de los episodios más curiosos de “Star Wars: Visions”. La idea de una suerte de historia alternativa, protagonizada por dos gemelos creados a través del Lado Oscuro de la Fuerza, es realmente intrigante, y de hecho resulta en un episodio que, por momentos, se asemeja a algo que las Secuelas hubieran podido hacer para satisfacer a los fanáticos más acérrimos de la Saga. Sin embargo, donde este episodio sufre es en el diálogo y las caracterizaciones: las frases que tienen que decir Neil Patrick Harris y Alison Brie son frecuentemente absurdas y exageradas, y el final es innegablemente explosivo, pero algo previsible. Una mezcla de buenas ideas y animación atractiva, con una ejecución algo fallida.
Episodio 4: La novia de la aldea

Lo más interesante de este episodio está en la exploración de una cultura nunca antes vista, en un pequeño planeta con costumbres muy específicas. Se trata de un episodio de poca acción, que se siente como una suerte de respiro entre historias un poco más frenéticas, y reconocibles como algo similar a lo visto en las películas. El estilo de animación es suficientemente vistoso, y las actuaciones de voz logran darle personalidad a los protagonistas. El desarrollo de la narrativa, donde un héroe tiene que salvar a una aldea de una maldad inimaginable, es cliché puro, pero a la vez, funciona para desarrollar los temas anteriormente mencionados. Nada mal.
Episodio 5 – El noveno Jedi

Este es EL mejor episodio de “Star Wars: Visions”, y el único con el potencial de ser expandido en una nueva serie. “El noveno Jedi” se lleva a cabo después de los eventos del Episodio IX, “El ascenso de Skywalker”, y involucra a un grupo de Sith que quiere robarle los últimos sables láser de la galaxia a un herrero —una premisa que resulta en una historia que me hizo pensar: “¿por qué las secuelas no pudieron ser así?” Desde la acción hasta la construcción de los personajes (los Jedi sin Maestro, los Sith, la hija del Herrero), este quinto episodio me dejó encantado, y se sintió como algo distinto… y sin embargo, suficientemente familiar, como para que merezca pertenecer a la Saga Galáctica. Verdaderamente genial.
Episodio 6 – T0B1

Si alguna vez quisieron saber qué pasaría si trataran de meter a Astro Boy en la Galaxia de “Star Wars”, lo podrán averiguar en este sexto episodio. Al igual que el segundo, se siente un poco más infantil y naive, y sin embargo funciona debido a lo rápido que se mueve, y a lo encantadores que terminan siendo los personajes principales —el pequeño robot del título, y su padre, un científico que me recordó a cierto Doctor en los juegos de “Mega Man”. Sí, hay bastante lore que es explicado de manera algo torpe y frenética, pero entre el protagonista adorable y una batalla final suficientemente espectacular, “T0-B1” logra superar cualquier expectativa que uno pueda tener.
Episodio 7 – El anciano

Este episodio es, en general, bastante soso y depende demasiado del diálogo… hasta que llega, por supuesto, al duelo final con el personaje del título. Siendo justos, disfruté de la relación entre el Maestro Jedi y su Padawan, pero ciertas escenas protagonizadas por dichos personajes terminaron resultando en nada, como si hubieran sido insertadas únicamente porque necesitaban matar algo de tiempo. Sin embargo, el enfrentamiento final está sublimemente animado, y me hizo recordar, al igual que otros episodios, al cine clásico de samuráis. Además, me gusta que este episodio le rinda tributo a la época de las precuelas —algo que el resto de la serie, por alguna razón u otra, no se animó a hacer.
Episodio 8 – Lop y Ocho

Este es el episodio para los furries…. pero felizmente va más allá de eso. Lo que hace “Lop y Ocho” es contar una historia de rebeldía, en donde un padre de principios muy claros tiene que decidir entre dos hijas que han tomado dos caminos muy distintos en relación a la presencia del Imperio Galáctico en su humilde planeta. Fuera de que la protagonista sea una conejita aguerrida (nuevamente: los furries estarán felices), el episodio se lleva a cabo de manera conmovedora e intrigante, desarrollando de manera eficiente la relación entre personajes, y el enfrentamiento final entre estos. Además, tiene algo que decir sobre el efecto que tiene el Imperio en ciertos planetas, lo cual es transmitido de manera más entretenida que en otros episodios. Lo disfrutarán aunque no sean furries.
Episodio 9 – Akakiri

Lo que tenemos acá es una interesante historia de venganza y traición, con secciones bellamente animadas –especialmente las visiones (heh) del protagonista—, pero una narrativa de ritmo algo irregular. Al igual que un par de episodios anteriores, la mayor parte de la historia resulta algo sosa y monótona, tornándose interesante recién hacia el final, con el violento enfrentamiento entre héroe y villano. En todo caso, tiene mucho qué decir sobre las difíciles decisiones que se tienen que tomar a la hora de elegir entre el Lado Luminoso y el Lado Oscuro de la Fuerza, lo cual es más de lo que se puede decir de la mayoría de episodios de “Star Wars: Visions”. Un final decente para un show de calidad variante, pero en general, entretenido.
De todo un poco

Como se deben haber dado cuenta, “Star Wars: Visions” es un show que nos trae diferentes perspectivas de la Galaxia Muy, Muy Lejana, con protagonistas hombres y mujeres, humanos y alienígenas, jóvenes y viejos. No todas las historias son igual de satisfactorias, pero la mayoría están sublimemente animadas, especialmente en lo que se refiere a los movimientos de los personajes, y los duelos con sables de luz (o katanas de luz). No se puede dejar de admitir que resulta refrescante ver historias tan diferentes en la Galaxia de “Star Wars” —y en todo caso, el show trae consigo el potencial de desarrollar algunas de estas de forma expandida, quizás en la tele o hasta en el cine. ¡Vale la pena soñar!
Cofundador y editor en NoEsEnSerie.com. Bachiller en Comunicación Audiovisual por la PUCP, y miembro de la APRECI—Asociación de Prensa Cinematográfica. Integra el staff de la revista MasGamers, las webs de Nintendo Pe y Fans de Zelda Perú, el portal web Cinencuentro, y el portal de cine peruano FotografiaCalato.com. Adicionalmente, es YouTuber para el canal Aprieta Start, y formó parte del staff de prensa del 18 Festival de Cine de Lima. También trabaja como fotógrafo para Star Wars Fan Club Perú. Desde enero del 2012 publica críticas y comentarios de cine en el blog Proyectando Ideas (el cual forma parte de la Asociación de Blogs de Cine). Crítico oficial de RottenTomatoes.com. Cinéfilo y seriómano empedernido.
Amazon Prime Video
CRÍTICA: Spider-Noir, Temporada 1 (Prime Video)
Publicado
hace 1 mesel
18 junio, 2026
Si lo que esperan de Spider-Noir es un remedo de lo que Nic Cage hizo en Spider-man: un nuevo universo, no lo encontrarán acá. Más bien, lo que dicho ídolo de masas (lo siento, es uno de mis actores favoritos) hace acá junto al showrunner Oren Uziel es utilizar a dicha versión del personaje como punto de partida para desarrollar una historia que homenajea al cine clásico de detectives de los años treinta, manejando una estética en blanco y negro (esa la versión que decidí ver, pero también hay una alternativa en True Colour) muy bien realizada, y funcionando como una narrativa contenida, ambiciosa y entretenida. La pasé muy bien con Spider-Noir, y no solo gracias al maestro de Nic Cage.
Spider-Noir se lleva a cabo en una interpretación alterna de la Nueva York de la Gran Depresión, quince años después de la Primera Guerra Mundial. En dicho contexto, conocemos a Ben Reilly (Cage), veterano de dicha guerra, ahora convertido en detective privado junto a su secretaria, la astuta Janet Ruiz (Karen Rodríguez). Pero Ben también solía ser La Araña, superhéroe de poderes magníficos (básicamente los mismos que los del clásico Spider-man) que ahora se ha retirado. Esto último le ha permitido al mafioso Silvermane (Brendan Gleeson) tomar el control de la ciudad, lo cual frustra al alcalde Morris (Michael Kostroff), quien está haciendo campaña para la reelección.

Es por esto último que Ben termina investigando a Silvermane, lo que lo lleva a involucrarse con Cat Hardy (Li Jun Li), una cantante y pianista que trabaja en el club de dicho mafioso, y es básicamente su prisionera. Además, ella mantiene una relación secreta con Flint Marko (Jack Huston), alias Sandman, un tipo cuyos superpoderes de arena poco a poco se están saliendo de control. Es así que Ben se empecina en ayudar a Cat y de alguna forma traerse abajo el imperio criminal de Silvermane, a la vez enfrentándose tanto a Sandman como a Megawatt (Andrew Lewis Caldwell), un criminal con poderes eléctricos. Felizmente, nuestro protagonista cuenta con la ayuda de Robbie Robertson (Lamorne Morris, de New Girl), un periodista valiente, siempre en busca de una historia interesante para contar.
Para disfrutar de Spider-Noir, no es necesario saber nada del personaje original de los cómics, o de la ya mencionada película animada de Spider-man. En términos generales, esta (¿primera?) temporada de la serie funciona muy bien como una historia independiente, que tiene sentido en el contexto de una versión alternativa de la Nueva York de los años treinta. La historia de trasfondo de Ben es explicada de forma eficiente a través de ocasionales flashbacks, y los villanos (Silvermane, Sandman, Megawatt) son presentados a través de sus relaciones con otros personajes o su rol en el conflicto central. Es decir, no se sienten como fanservice gratuito, ni como referencias a otras historias.
La construcción, además, del mundo en el que viven estos personajes es impecable. A pesar de haber sido grabada en Los Ángeles, Nueva York es presentada de forma creíble y visualmente atractiva, con todos los elementos antiguos que uno esperaría: carros, tiendas de productos anticuados, y hasta un tren que pasa por encima de las calles.Tanto el diseño de producción como el vestuario hacen un excelente trabajo sumergiendo al espectador en este contexto, presentando al mismo Ben, por ejemplo, como un detective de medio pelo con trajes un poco desgastados, que sin embargo luce más impresionante una vez que se pone la máscara de La Araña.

Lo cual me lleva a escribir, por supuesto, sobre Nicolas Cage. El excéntrico actor interpreta a Ben como alguien que, al parecer, va perdiendo la sanidad –o al menos la paciencia– gradualmente a lo largo de los ocho episodios de la temporada. Comienza el show como alguien tranquilo, y ya para el último episodio utiliza todos los recursos actores típicos de Cage: gritos, expresiones faciales curiosas, interpretaciones atípicas de sus diálogos y más. Lo bueno es que Cage nunca convierte a Ben en una caricatura, sino más bien en un tipo que todavía carga con la culpa de la muerte de su esposa, Ruby (Amanda Schull), y que, hasta cierto punto, preferiría ya no tener poderes para convertirse en un hombre normal.
Por su parte, el gran Brendan Gleeson brilla como Silvermane. Lo que muy fácilmente podría haberse convertido en un villano más del montón, exagerado y teatral, más bien es interpretado por el artista irlandés como un tipo inteligente y perspicaz, cuya relativa calma genera nerviosismo, convirtiéndolo en alguien sorprendentemente intimidante. Por otro lado, Li Jun Li interpreta a Cat Hardy como una mujer en busca de autonomía; que por años ha sido controlada por Silvermane, quien decide dónde vive, qué ropa usa, cómo se comporta y qué canta, y que ahora desea su libertad. Lamorne Morris está muy bien como Robbie, inyectándole mucho carisma, al igual que Karen Rodríguez como la fiel y divertida Janet Ruiz. Y tanto Jack Huston (como el sufrido Flint Marko) como Andrew Lewis Caldwell (como un Megawatt algo desesperante pero de voz muy de los treinta) demuestran ser antagonistas interesantes.

Fuera del trabajo de diseño de producción y maquillaje, Spider-Noir hace uso de efectos visuales muy ocasionalmente, básicamente para expandir digitalmente esta versión de la ciudad de Nueva York. No considero que la serie sea de acción, necesariamente, por lo que solo en algunos episodios vemos al protagonista columpiarse por entre los edificios, generalmente a través de un doble digital medianamente convincente. El resto del tiempo se mete en peleas bastante intensas, donde tanto el doble de Cage como el mismísimo actor convencen, interpretando a Ben como alguien un poco fuera de forma, pero igual poderoso. Eso sí, tengan en cuenta que Spider-Noir cuenta con algunos momentos de violencia fuerte (y hasta con una escena de pesadilla con arañas que perturbará a más de un espectador), por lo que no recomiendo que se la enseñen a los fanáticos más pequeños de Spider-man.
Difícil que la primera serie protagonizada por Nicolas Cage (quien siempre ha preferido los largometrajes) fuese a decepcionarme, pero igual estoy muy contento de que Spider-Noir haya terminado siendo tan buena. Lo que tenemos acá es una serie relativamente breve (de ocho episodios de cuarenta y pico minutos cada uno) que se deleita en hacer referencia al cine clásico noir de los cuarenta, con una excelente dirección de fotografía en blanco y negro que aprovecha las sombras fuertes, los planos de split-diopter (me encantan) y el diálogo algo anticuado para diferenciarse de otros proyectos basados en cómics. Súmenle a eso un genial Nicolas Cage, y Spider-Noir se convierte rápidamente en una experiencia memorable y de desenlace satisfactorio. ¡Ojalá se animen a sacar una segunda temporada!
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CRÍTICA: Astérix y Obélix: el combate de los jefes (miniserie)
Publicado
hace 2 mesesel
13 mayo, 2026
Basada en el cómic del mismo nombre, Astérix y Obélix: el combate de los jefes es de las mejores adaptaciones de las aventuras del héroe galo a la pantalla chica que haya visto. Lo cual, honestamente, no debería sorprender, considerando que la serie trae de vuelta al director-guionista Alain Chabat, cineasta responsable de la mejor película de acción en vivo del personaje, Astérix y Obélix: Misión Cleopatra (recién reestrenada como parte del Festival de Cine Francés en Lima, dicho sea de paso). Si aquella cinta es la mejor representación de Astérix y compañía con actores de carne y hueso, Astérix y Obélix: el combate de los jefes es, pues, de lo mejor que se ha hecho en animación con este universo hasta el momento.
Ahora bien, tomen en cuenta que Astérix y Obélix: el combate de los jefes consta únicamente de cinco episodios, lo cual puede percibirse como muy poco. Pero no se preocupen, porque son suficientes, felizmente, para narrar una trama basada, nuevamente, en el cómic de Goscinny y Uderzo, pero con algunas novedades que serán apreciadas por los fanáticos de estos personajes. No me esperaba, por ejemplo, que tengamos todo un episodio dedicado a Astérix y Obélix de niños, que nos muestra, además, cómo el segundo se cayó en una marmita de Poción Mágica, lo cual terminó por otorgarle poderes de súper fuerza permanentes.

Este tipo de adiciones no son gratuitas, felizmente. Todo el punto de esta serie está en retratar la amistad de nuestros dos protagonistas de la forma más emotiva posible, lo cual, por supuesto, ayuda a que la narrativa se desarrolle con más potencia. Pero me adelanto. Por si no lo sabían, las aventuras de Astérix se llevan a cabo durante el apogeo del Imperio Romano y el gobierno de Julio César (voz de Laurent Lafitte), quien ha logrado conquistar toda la Galia. ¿Toda? ¡No! Queda un pueblito de irreductibles galos que se niegan a ser conquistados y que, gracias a la Poción Mágica del Druida Panoramix (Thierry Lhermitte), pueden enfrentarse a sus enemigos sin ser derrotados… hasta el momento.
Porque, lamentablemente, César parece haber encontrado una solución a sus problemas. Gracias a la inteligencia de la joven Métadata (Anaïs Demoustier), sobrina del legionario Fastanefurius (Fred Testot), han desarrollado un nuevo plan: utilizar la ley de los galos y, específicamente, la tradición del Combate de los Jefes, para que un jefe galo fiel a los romanos rete al jefe de la aldea gala, Abraracurcix (Grégoire Ludig), y por fin puedan hacerse de dicho bastión rebelde. Para eso, tienen que deshacerse de Panoramix de esa forma los rebeldes no contarán con la poción y por ende, serán incapaces de ganar el combate.

Eso último resulta… a medias. Porque luego de que a Panoramix le cae un menhir encima, en vez de morir, simplemente pierde la memoria y se vuelve un poco loco. Lo cual evidentemente es un problema, y motiva a nuestros héroes, el pequeño Astérix (Alain Chabat), y el gigante y súper fuerte Obélix (Gilles Lellouche) a encontrar una solución para su problema. Pero esto, evidentemente, termina siendo más difícil de resolver de lo esperado, especialmente teniendo en cuenta que el César ha encontrado rápidamente a un jefe galo que manipular: Aplusbégalix (Grégory Gadebois) se muere por ser romano (a pesar de ser originalmente galo), y no tiene ningún problema con participar del Combate de los Jefes.
Nuevamente: los fans de los cómics la pasarán bien con Astérix y Obélix: el combate de los jefes justamente por lo bien que adapta la historia original, pero los espectadores neófitos también se vacilarán gracias a lo entretenida que es la serie. Los episodios son breves, rápidos y enérgicos, los chistes son frecuentes y, como debe ser, los juegos de palabras no podrían ser más graciosos. ¿Cómo no dejarme cautivar por una serie que incluye a personajes romanos con nombres como Métadata, Mileycirus o Annabarbera, o un chiste que vincula la palabra Netflix con el sufijo con el que cuentan todos los nombres de los galos? (Incluso hay un personaje que pasa de llamarse Unmillóndevistus a Unmillóndeclix… ¡ja!) Es todo muy entretenido y absurdo.

Todo esto es apoyado, felizmente, por animación de muy buena calidad. Los personajes lucen tal y como los recordamos, y se mueven todos de forma caricaturesca y enérgica. Los ambientes están suficientemente detallados, las escenas de combate son satisfactorias, y como no podía ser de otra forma, Chabat se deleita en incluir parodias inesperadas. Es así que terminamos con una breve sátira del póster oficial de Star Wars: Los Últimos Jedi, una referencia a la pelea final de Avengers: Endgame, y una representación colorida de lo que significa toma la Poción Mágica. Además, hay toques totalmente excéntricos, como cuando un demente Panoramix alucina con su propio show de marionetas (¿por qué no?), o cuando se abre todo un parque temático alrededor del coliseo donde se lleva a cabo el Combate de los Jefes (con montañas rusas y todo).
Es así, pues, que la serie animada de Astérix y Obélix: el combate de los jefes logra manejar el mismo tono absurdo y lleno de chistes ridículos de los cómics originales, mezclándolo con juegos de palabras geniales, personajes secundarios muy graciosos, una animación de gran calidad, nuevas parodias, y personajes que destacan por lo bien que han sido construidos (resaltan Métadata, una romana inesperadamente gentil, y la amistad entre Astérix y Obélix, por supuesto). Como fan de estos personajes, la pasé muy bien con Astérix y Obélix: el combate de los jefes. Pero estoy seguro de que aquellos que poco sepan de este universo igual se divertirán con la serie. ¡Espero que Netflix y Chabat se animen a sacar una nueva temporada basada en otro de los cómics!
Si la primera temporada de la serie de Ted fue una experiencia hilarante y, en ciertos momentos, superior a las películas (o al menos a la segunda), esta nueva temporada no hace más que consolidar todo lo que se estableció antes. En vez de siete episodios, tenemos ocho. En vez de simplemente mezclar humor absurdo con personajes reconocibles, tenemos historias increíblemente graciosas, sorprendentemente emotivas y que no tienen miedo de tocar temas algo fuertes. Y aunque —lamentablemente— Seth MacFarlane ya ha confirmado que la tercera temporada probablemente jamás saldrá, el show nos deja con la esperanza de que más aventuras podrían narrarse con estas versiones de sus protagonistas. ¡Solo queda cruzar los dedos!
La segunda temporada de Ted comienza poco después de la primera y no ha cambiado mucho. Johnny (Max Burkholder) sigue siendo virgen, sigue sin tener novia, y esta vez, está en su último año de colegio. Ted (voz de MacFarlane) sigue siendo un osito de peluche sarcástico y grosero, pero de buen corazón. Blaire (Giorgia Whigham) sigue viviendo en la casa de Johnny, y los padres de este último, la amabilísima Susan (Alanna Ubach) y el súper conservador veterano de Vietnam Matty (Scott Grimes) mantienen la misma relación de siempre. Incluso más que la temporada anterior, esta se siente como una serie de aventuras inconexas, sin ninguna narrativa que lo vincule todo. ¿Pero saben qué? Ese no es un problema en absoluto.

Porque al final del día, uno ve una serie como Ted para matarse de risa, y eso es precisamente lo que sucede acá. Con los personajes ya bien establecidos, al igual que sus relaciones, la temporada hace un excelente trabajo desarrollando momentos de humor absurdo, relevante o hasta ligeramente ofensivo, los cuales, sin embargo, nunca se perciben como algo hecho únicamente para molestar a ciertos espectadores. Cuando alguien les diga que ya no se puede bromear sobre nada (lo cual, evidentemente, es mentira), les sugiero que le enseñen esta serie. Ted no tiene miedo de ser grosera, pero a la vez nunca se siente como una producción malintencionada, lo que la vuelve divertida en lugar de frustrante.
Consideren, además, que buena parte del humor se deriva de las diferencias de opinión entre personajes como Matty (que representa el machismo, sexismo, racismo y ultraconservadurismo), Susan (una ama de casa tradicional pero muy gentil y hacendosa), y Blaire (la progresista rebelde y queer, siempre consciente de los problemas del mundo). Si Ted parece tomar partido, evidentemente es porque está del lado de Blaire, pero nada de eso convierte las discusiones entre los tres personajes (con Johnny y Ted de espectadores, básicamente) en algo tedioso. Más bien, cada escena en el comedor de la casa resulta en chistes verdaderamente hilarantes. ¿Qué otra serie se tomaría tanto tiempo hablando sobre lo gay (no no gay) que resulta comer huevos antes, durante y después de ciertos horarios? Es todo tan ridículo que resulta divertido y jamás ofensivo.

Adicionalmente, por más que la temporada consista únicamente en ocho episodios (en gran parte, me imagino, por lo cara que resulta realizar el show), igual cuenta con historias absolutamente memorables. De entre ellas destacan el episodio dedicado enteramente a una campaña de Dungeon and Dragons (súper fiel a las reales, dicho sea de paso); el capítulo donde Susan va a la cárcel (¡!) y, con su bondad, logra hacer de aquel lugar un sitio mejor; y por supuesto, la escena (algo controvertida) en la que MacFarlane interpreta a Bill Clinton con un poco de ayuda del DeepFake. La escena en sí es muy graciosa, pero entiendo por qué algunos espectadores podrían encontrar que Clinton luce algo… perturbador.
Podría listar más momentos chistosos de la temporada, pero lo mejor que pueden hacer es ir a Universal Plus (o, me imagino, alguna web alternativa) y ver Ted. Contrario a lo que se podrían haber imaginado, se trata de una serie tanto graciosa como emotiva, donde la mayoría de personajes brillan, contrastando perfectamente con el osito del título. Blaire tiene más que hacer acá que en la temporada anterior (y encima es partícipe de un episodio sobre el aborto, el cual se siente tanto relevante como importante), Susan es un pan de dios, y apariciones como las del Chico Jesús (que en esta ocasión ayuda a Johnny dándole una moneda para que use una máquina expendedora) terminan de cementar a Ted como una serie ridículamente memorable.

Al igual que en la temporada anterior, además, las actuaciones son todas excelentes, y ayudan a convertir a los personajes en íconos de la comedia. Max Burkholder sigue teniendo el trabajo difícil de interactuar con un oso digital, y lo hace perfectamente (me encanta, además, y también me da miedo, pensar que se supone que eventualmente tendrá que convertirse en Mark Wahlberg… ugh). Alanna Ubach es la ama de casa perfecta, convirtiendo a Susan en uno de los personajes más adorables y dulces de la televisión. Scott Grimes es desagradable e intenso como Matty, pero no por eso lo caricaturiza (consideren el episodio dedicado a sus ataques cardíacos). La Blaire de Giorgia Whigham sigue siendo la única voz de la razón en el show, y por supuesto, la presencia de Ted es invaluable (su mejor momento: cuando tiene un amorío con una mujer casada con un millonario).
Una pena, pues, que Ted no vaya a tener una tercera temporada. Lo que tenemos acá es una serie que combina la comedia ridícula, el humor vulgar y sexual, los personajes memorables y bien construidos, algo de emotividad y una pizca de comentario social y político, para generar risas, llantos y, bueno… más risas. Esta segunda temporada me gustó incluso más que la primera, y por lo que he estado viendo en redes, no creo ser el único. En un mundo perfecto, el show debería continuar, por más que la narración en off de Ian McKellen en el último episodio sea una despedida perfecta. La pasé muy bien con Ted, e igual seguiré cruzando los dedos para que tanto Universal como MacFarlane se animen a continuar la historia de este osito de peluche y su disfuncional familia humana.
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