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CRÍTICA – Euphoria (Temporada 2, Episodio 3)
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hace 4 añosel
Había comentado la semana pasada que la trama de Rue parecía haberse quedado estancada, pues entre verla tocando fondo en su adicción y sobria por completo cuando apenas inicia su relación con Jules, cualquier fase intermedia me generaba poco interés. Sin embargo, creo que, sin necesidad de retractarme, el tercer episodio ha rescatado uno de los recursos más celebrados de la primera temporada y lo ha asociado a su problema con los narcóticos. El rompimiento de la cuarta pared cuando el personaje de Zendaya realiza una exposición directa al público sobre las dick pics fue un suceso que terminó de definir lo que la serie pretendía ocasionar en los espectadores en aquel tercer episodio, allá por el lejano año 2019.
Aquí tenemos, justo después del clásico flashback de entrada que esta vez retrocedió varias décadas hasta la adolescencia de Cal, una utilización similar del recurso, menos potente que aquel de los nudes varoniles, pero lúdico de todas formas, en la que Rue explica las fases de su recaída en la drogas y cómo hacer para despistar a las personas cercanas para no ser descubierta. La apertura de este rompimiento es igualmente muy acertada porque se encuadra dentro de lo que tanto el reparto como el showrunner, Sam Levinson, han intentado dejar en claro desde el comienzo, dentro y fuera de la pantalla: estos personajes no son arquetipos a imitar. Rue inicia hablándole directamente a la pantalla: «Sé que, por ser un personaje que es seguido por muchas personas, debo tomar buenas decisiones, pero recaí». Más adelante, también la veremos iniciándose como dealer, lo que suponemos que terminará muy mal.

Otra gran cualidad de Euphoria que a veces no se destaca lo suficiente, ya que puede llegar a ser imperceptible, es la transición limpia que logra para explicar la actualidad de cada subtrama. Así, por ejemplo, mientras vemos como Lexi decide montar una obra de teatro (por cierto, la única que hace algo productivo con su vida), ella imagina que está viendo su propia vida como una directora de una serie de televisión y, a través de ese recurso bastante ingenioso, es que exploramos internamente a Cassie, quién está a punto de explotar y confesar sus encuentros con Nate delante de todas las demás.
No quiero dejar de mencionar otra gran escena, con una fotografía, iluminación y movimientos de cámara muy propios, como es la que tenemos entre Rue, Jules y Elliot, con la pareja de chicas haciendo un interrogatorio al tercero, casi con una dinámica de policía bueno/policía malo y sospechoso. Esto también sirve de pista para descubrir la química entre Elliot y Rue. Si la semana pasada creíamos que Rue podría iniciar una especie de infidelidad, es posible que, en realidad, pueda ser víctima de una. Siendo completamente honesto, este tipo de tramas no es lo mejor que ofrece el programa, pues esos enredos amorosos son comunes en series juveniles más convencionales como Élite o, incluso, Sex Education. Sin embargo, todo va a depender de cómo se vaya desarrollando y como el argumento pueda justificar estos giros.
Otra de las tramas que también guarda mucha tensión es la de Cal con Fezco, pero es evidente que el padre de Nate no está en igualdad de condiciones por la información errónea que su hijo le brinda. Le termina saliendo todo mal cuando va a buscarlo hasta su casa y Ashtray no tiene piedad con él. Solo es mediante la misericordia de Fezco que puede salvar su vida.

Sobre el triángulo amoroso de Maddy, Cassie y Nate, la dinámica encuentra pivotes interesantes en las inseguridades de la segunda, tratando de llamar la atención del chico imitando conductas y formas de vestir de su amiga. La escena final nos muestra un nuevo giro en esta trama, aunque vuelvo a lo que comentaba líneas arriba: las idas y venidas de romances entre los personajes se entienden ya que son propias de la inestabilidad emocional que presenta cada adolescente, pero espero que no abusen de ellas porque Euphoria, sin ser extremadamente novedosa, se ha diferenciado por no caer en las tramas convencionales de otras series juveniles.
Ha sido, en definitiva, un capítulo muy interesante y hasta, podría decirse, experimental, especialmente, en la primera media hora con los rompimientos de cuarta pared utilizados eficientemente. Ya estamos bien metidos en una temporada que empieza a ganar en intensidad y, mientras seguimos con un estilo visual muy singular, las historias de cada adolescente también parecen estar acercándose a sitios bastante oscuros.
Estudié Economía en la Udep, pero mi película favorita no es Wall Street ni mi serie favorita es Billions. En realidad no tengo ninguna favorita, por eso dedico todo el tiempo posible a ver la mayor cantidad de series y películas que pueda, y porque me gusta. Escribo también en estrimin.pe.
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Parece que la gente de Marvel Studios por fin se está dando cuenta de lo mucho que se ha saturado el mercado con películas y series de superhéroes —al menos lo suficiente como para que por lo menos algunos de sus productos se desvíen de los cánones y expectativas del subgénero. Es así que su más reciente serie para streaming, Wonder Man, creada por Destin Daniel Cretton y Andrew Guest, se termina sintiendo no como una historia más de superhéroes, sino más bien como una mezcla entre sátira y homenaje al mundo de Hollywood, los actores, los directores, los agentes y los productores. Interesante, y ciertamente superior a lo que esperaba.
Lo que se supone es una miniserie (pero muy fácilmente podría continuar con una temporada más, o quizás incluso en el cine) comienza con un flashback en el que vemos a un pequeño Simon Williams (Kameron J. Meadows) yendo con su padre, Sandford (Béchir Sylvain), a ver la película de Wonder Wan. Es así que el chico termina encantado con el mundo del cine y la actuación y, años después y ya de adulto (interpretado por Yahya Abdul-Mateen II), se convierte, evidentemente, en actor. ¿El problema? Es un actor que no logra conseguir muchos trabajos y que, cuando lo logra, termina siendo despedido debido a sus ansiedades y ganas de tener el control de todo.

Su fortuna cambia, sin embargo, cuando se hace amigo de Trevor Slattery (el gran Ben Kingsley), a quien recordarán por haber “interpretado” a una versión falsa del Mandarín en Iron Man 3, y por su aparición relativamente reciente en Shang-Chi y la Leyenda de los Diez Anillos. Juntos, deciden ir al casting para una nueva versión de Wonder Wan, esta vez dirigida por un cineasta ganador del Oscar llamado Von Kovak (Zlatko Burić). Y para su sorpresa, ¡son llamados de vuelta! Pero hay un ligero problema. Trevor le está escondiendo un pequeño secreto a su nuevo amigo: está trabajando para el Departamento de Control de Daños, ya que uno de sus agentes, Cleary (Arian Moayed), ha descubierto que Simon tiene poderes de verdad, los cuales podrían llegar a ser peligrosos. Y aunque se supone que Trevor tiene que espiarlo, los eventos de la vida real terminan yendo en contra de aquella misión.
Lo mejor de Wonder Man es que no se siente para nada como una historia tradicional de superhéroes. Lo que han hecho Cretton y Guest con la serie, más bien, es desarrollar una historia enfocada principalmente en sus protagonistas como seres humanos, situándola en un contexto hollywoodiense que resulta fascinante, y ayuda a que el universo Marvel se sienta más cercano y menos fantástico. Para complementar este tono verosímil, Wonder Man cuenta con varios cameos de actores haciendo de sí mismos, como Joe Pantoliano (o Joey Pants), Ashley Greene o hasta Josh Gad.
Y hablando de Josh Gad. El cómico actor aparece en el cuarto episodio de la serie, el cual, a pesar de desviarse un poco de la narrativa principal, termina siendo uno de los más interesantes de la temporada. En él, vemos cómo un simple guardia de discoteca llamado DeMarr Davis (Byron Bowers) se convierte, de casualidad, en un superhéroe llamado (con cariño) Doorman, pero también en una suerte de celebridad, primero trabajando como el guardaespaldas de Gad y luego como actor. Lo que hace este episodio no es solo justificar por qué Simon tiene tanto miedo de que la gente descubra que tiene poderes, sino también mostrar cómo alguien se puede volver famoso de la noche a la mañana, para luego ser utilizado y escupido por la industria y el público. Se trata de una historia emotiva, trágica y temáticamente relevante para todo lo que hace el show.

Pero regresando a Simon y Trevor. El primero es caracterizado como un tipo de mucho talento e inteligencia quien, sin embargo, siempre logra tropezar cuando se le presentan oportunidades geniales, generalmente debido a que se mete “autocabes”. Su ansiedad, su deseo por controlarlo todo, y el miedo que siente por que descubran sus poderes no solo le cuestan varios trabajos, sino también una relación con una chica llamada Vivian (Olivia Thirlby). Yahya Abdul-Mateen II interpreta a Simon con humanidad, logrando establecer un buen balance entre carisma y algo de ansiedad social.
Por su parte, Ben Kingsley está muy bien, como siempre, como Trevor, esta vez interpretándolo de forma no tan cómica como en Shang-Chi, donde era más una figura secundaria algo absurda. Acá, más bien, vemos que se trata de un hombre astuto que realmente ama la actuación, pero que siempre ha desperdiciado las oportunidades que se le han presentado en la vida. Por ende, quiere ayudar a Simon para que no se convierta en alguien como él. La forma en que culmina su historia, además, es tanto trágica como agridulce y emotiva, y lo deja a uno con la fuerte sensación de que estos dos personajes deberían regresar, ya sea en una segunda temporada o en alguna película.

No se pongan a ver Wonder Man, entonces, pensando que se tratará de una serie llena de acción y efectos visuales. Los poderes del protagonista aparecen muy de vez en cuando y tienen resultados más trágicos y chocantes que emocionantes. Y como se ha mencionado ya, el foco de la narrativa está más en los personajes y sus conflictos internos —y bueno, el conflicto con el Departamento de Control de Daños— que en peleas y secuencias de fantasía vistosa. Si la serie funciona, no solo es porque se siente como una representación fidedigna del mundo del espectáculo en Los Ángeles, sino también porque la dupla inesperada de Abdul-Mateen II y Kingsley resulta emotiva y muy entretenida. Me encantaría ver más aventuras protagonizadas por estos dos, de hecho.
Wonder Man es, pues, la prueba máxima de que Marvel puede hacer algo distinto, que vaya más allá de una experiencia tipo montaña rusa (parafraseando a Scorsese), cuando les da la gana. Por momentos sí se siente como una película estirada, al igual que varias otras series cortas de streaming, pero fuera de eso, no tengo mayores quejas. Lo que tenemos acá es una sólida historia enfocada en la humanidad y defectos de su personaje principal, quien, da la casualidad, tiene superpoderes. No es una serie sobre superhéroes, sino más bien una serie sobre personas que, aparte de todo lo demás, cuentan con superpoderes. Wonder Man me sorprendió gratamente; ojalá Kevin Feige y compañía se animen a sacar más series así (o, idealmente, más historias con estos personajes).
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CRÍTICA: Splinter Cell: Deathwatch (Temporada 1)
Publicado
hace 5 mesesel
16 octubre, 2025
Interesante que la franquicia de “Splinter Cell” haya regresado después de tanto tiempo no con un videojuego nuevo —por más de que hayan pasado ya algunos años desde el anuncio de un remake—, sino más bien con una serie animada. Es casi como si la gente de Ubisoft estuviese tanteando el interés que queda todavía hacia la saga —una serie de videojuegos de sigilo —o stealth— que en su momento fueron increíblemente populares, pero que debido a la salida de secuelas francamente decepcionantes para plataformas más recientes, fue muriendo gradual y tristemente. En pocas palabras: “Splinter Cell” merecía —o mejor dicho, merece— más.
Pero bueno, parece que el interés sí existe, ya que dicha serie, “Splinter Cell: Deathwatch”, ha sido renovada para una segunda temporada pocos días después de su estreno en Netflix. Eso debe querer decir, al menos en teoría, que se trata de un buen show, ¿no? Pues sí. Lo que tenemos acá es una historia oscura y llena de acción y sangre, protagonizada por un Sam Fisher ya mayor que debe regresar al ruedo para ayudar nuevamente a su país, y de paso, enfrentar a sus demonios del pasado. Es el tipo de trama que se siente más como una “secuela de legado” que otra cosa, pero que felizmente termina por respetar a su fuente de inspiración principal… bueno, hasta cierto punto.
Lo bueno es que creo que los fans cuerdos deberían quedar bastante satisfechos con “Splinter Cell: Deathwatch”.

Al comenzar “Splinter Cell: Deathwatch”, vemos a una agente siendo enviada por Anna Grimsdottir (voz de Janet Varney) de la agencia secreta estadounidense Fourth Echelon (no Third, como en los juegos clásicos) a rescatar a otro operativo que ha sido secuestro y está siendo torturado por el enemigo. Pero cuando la chica, llamada Zinnia McKenna (Kirby Howell-Baptiste) llega al lugar de los hechos, es demasiado tarde: el otro agente está muerto. Sedienta de venganza y llena de ira, Zinnia comienza a matar a medio mundo, pero es herida, lo cual la obliga a escapar.
Es así que Anna (también llamada “Grim”) decide contactar al viejo agente Sam Fisher (Liev Schreiber), ahora retirado en una granja en Polonia con su perro llamado Kaiju, para que la ayude. Después de todo, no solo tiene a una agente malherida, sino también a un Fourth Echelon totalmente apartado de la red, aparentemente hackeado por un enemigo misterioso. Es así que, cuando Sam se encuentra con Zinnia, va develando una conspiración que involucra a la poderosa CEO de una megacorporación supuestamente proambiente llamada Diana Shetland (Kari Wahlgren), quien resulta ser la hija del ex compañero militar de Sam, Douglas Shetland (Kiff VandenHeuvel), a quien nuestro protagonista se vio obligado a matar años atrás.
Más no voy a decir, ya que la narrativa de “Splinter Cell: Deathwatch” se desarrolla con paciencia a lo largo de ocho episodios frustrantemente cortos. De hecho, creo que es ahí donde radica una de las mayores flaquezas de la serie: entiendo que producir animación (especialmente animación en 2D) es costoso y toma tiempo, pero el que cada episodio dure menos de treinta minutos no hace más que dejarlo a uno con la sensación de que algo le falta a “Splinter Cell: Deathwatch”. Uno puede ver la temporada entera en una tarde, lo cual no es algo malo, supongo, pero a la vez, lo deja a uno con ganas de más. Espero que la confirmada segunda temporada no demore demasiado en llegar.

Ahora, fuera de eso, lo que quizás podría dividir a los fanáticos es la forma en que Sam Fisher es retratado. Para este crítico, se trata del Sam de siempre, quizás un poco más serio que el de los primeros tres juegos —extrañé un poco su sentido del humor sarcástico y por momentos sardónico—, pero increíblemente fuerte y capaz. Resulta satisfactorio verlo enfrentarse a los hombres de Diana, y de cuando en cuando utilizar el sigilo para matarlos y sobrevivir. Sí, “Splinter Cell: Deathwatch” es más una serie de acción —sangrienta, brutal— que de suspenso o stealth puro, pero una vez que Sam se pone sus gafas icónicas para salir a cumplir su misión, uno puede evitar emocionarse.
Ahora bien, otra decisión arriesgada que siento sí funciona es incluir a Zinnia como coprotagonista de la serie. Siento que funciona porque no le quita nada a Sam, y porque termina siendo una contraparte interesante para el avejentado Agente Splinter, con mucho menos experiencia que él, y sedienta de venganza. Zinnia comete errores y Sam está aquí para corregirlos, pero es ella, también, quien le muestra a él cómo las consecuencias de su pasado han llegado al presente para atacarlo, con los dos dándose cuenta de que, a veces, cambiar la realidad problemática contemporánea termina siendo una tarea casi imposible.

De hecho, ese es uno de los temas principales de “Splinter Cell: Deathwatch”: el cambio. Diana, por ejemplo, se supone quiere cambiar el mundo con Xanadu, una isla artificial que ha creado para desarrollar todo tipo de energías verdes y limpias. Pero también quiere realizar un cambio todavía más grande y total, el cual no pienso revelar acá. Por otro lado, Zinnia representa una suerte de cambio para Fourth Echelon y cómo funciona, y aunque Sam representa el pasado —especialmente cuando lo vemos en sus flashbacks como Douglas, que se llevan a cabo en la misma época que los videojuegos clásicos—, él también se ve obligado a cambiar para enfrentar las consecuencias de sus actos.
A nivel visual, no tengo demasiadas quejas. Por ahí he visto a gente decir que el estilo de animación de “Splinter Cell: Deathwatch” es “feo”, pero simplemente no puedo estar de acuerdo. Los personajes manejan una diseño que mezcla lo realista con lo suficientemente “animado”, y las secuencias de acción son presentadas con estilo y verosimilitud, siendo increíblemente sangrientas para causar un mayor impacto. Y la serie en general hace uso de técnicas audiovisuales propias del cine live-action, como Lens Flares, cambios de foco, suciedades en el “lente” y sutiles movimientos de cámara, para que todo se sienta más cercano y realista. Por otro lado, en lo que se refiere a las actuaciones de voz, creo que todos hacen un buen trabajo. Obviamente se extraña a Michael Ironside (la voz original de Sam), pero Schreiber destaca como su reemplazo, oyéndose no como una imitación de Fisher, sino más bien como una reinterpretación del mismo personaje.
La pasé bien con “Splinter Cell: Deathwatch”. Obviamente el factor nostalgia es fuerte a la hora de ver la serie, especialmente para quienes crecimos con los tres juegos originales hace más de veinte años (todavía los tengo para GameCube, y por supuesto, en HD para mi Xbox Series S). Pero fuera de eso, lo que el show nos propone es una historia breve de conspiraciones, asesinos a sueldo, agentes súper capaces, mucha acción y sangre, y poco humor. Visualmente, “Splinter Cell: Deathwatch” es atractiva y convincente, y aunque a nivel narrativo toma algunos riesgos, nada me terminó por fastidiar o enfadar. Derek Kolstad (el también creador de “John Wick”) ha hecho un buen trabajo con “Splinter Cell: Deathwatch”; solo espero que mantenga el mismo nivel de calidad para la segunda temporada, y que la serie en general convenza a Ubisoft de sacar un nuevo juego. ¡Ya es hora!
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CRÍTICA: Peacemaker (Temporada 2, Episodio 8, FINAL)
Publicado
hace 5 mesesel
10 octubre, 2025
***½ sobre *****
Y llegamos al final de la segunda temporada de “Peacemaker”. Lo que muy bien podría haber sido un festín de cameos, escenas de acción y referencias a otros personajes e historias de DC, terminó siendo de los episodios más emotivos y mejor actuados, pero también más irregulares de la serie. Por un lado, tenemos el mejor trabajo de Danielle Brooks hasta ahora (su Adebayo ciertamente es la MPV del show), así como un cierre satisfactorio para la relación de Chris y Harcourt. Pero por otro lado, tenemos un final que se siente desconectado de mucho de lo que vino antes, y cuyo ritmo pudo ser mejor. No me sorprende, entonces, que varios espectadores hayan quedado algo decepcionados luego de este final. No es horrendo, pero tampoco es completamente satisfactorio.

No obstante, definitivamente se puede decir que pasa bastante en él. Adebayo y Vigilante usan la plata de este último para sacar a Chris de la cárcel. Vemos flashbacks al famoso momento de Chris y Harcourt en el bote (resulta que tuvieron un beso increíble durante un concierto). Bordeaux por fin cambia de bando y se alía con Harcourt, y luego el resto. Eagly es encontrado. Y por supuesto, nos enteramos de cuál fue el plan de Rick Flag Sr todo este tiempo: encontrar un planeta similar a la Tierra en una dimensión alterna, para convertirlo en una prisión para Metahumanos. Es al enterarse de eso que Bordeaux decide traicionarlo. Y es por eso que Harcourt, Economos y el resto deciden encontrar a un prófugo Peacemaker.
Y eso es lo que terminan haciendo, precisamente, lo cual resulta en una de las escenas más emotivas de la serie, con Adebayo convenciéndolo a él de que es querido por todos sus amigos, y que debe escucharse a sí mismo y no a los demás. No obstante, fuera de eso, y del grupo creando, por fin, su propia agencia para alejarse completamente de ARGUS, el episodio (y la serie, al parecer) termina con un cliffhanger: Rick Flag Sr captura a Chris y lo mete en el planeta prisión, dejándolo ahí encerrado. James Gunn ya ha dicho que no hay planes para hacer una tercera temporada (¿¿??), así que asumo que volveremos a ver a Chris y a los demás en… ¿otra serie? ¿Otra película? Solo sé que terminar el show con un cliffhanger es algo cruel, y que esto DEBE ser resuelto pronto. Nuevamente: el final de la segunda temporada de “Peacemaker” tiene momentos brillantes, pero ese cliffhanger… ¡necesito respuestas, y ya!
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