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*CUIDADO QUE HAY SPOILERS*
En este final de temporada de “The Last of Us”, se pueden percibir con claridad las consecuencias de haber decidido no adaptar el segundo juego en su totalidad, y de haberle dado únicamente siete episodios a la segunda parte de la serie. Honestamente, considerando lo apresurado que se siente este capítulo, resulta imposible dejar de pensar que, por lo menos, debieron haber sido unos diez episodios los que esta nueva temporada tuviera. Fuera de eso, sin embargo, y de un repentino cliffhanger, tampoco es que el episodio final sea malo. Simplemente esperaba algo más potente y coherente.

En resumidas cuentas, es en este sétimo episodio que finalmente vemos a Ellie (Bella Ramsey) encontrando el escondite de Abby (Kaitlyn Dever): el acuario de Seattle, el cual, tal y como se le reveló a nuestra protagonista la semana antepasada, cuenta con una rueda gigante y un letrero de una ballena. Es así que, luego de dejar a una herida Dina (Isabela Merced) escondida y caminar por las calles de la ciudad un rato con Jesse (Young Mazino), Ellie decide aventurarse en dirección a la isla del acuario en plena tormenta, tomando un bote de noche y finalmente, siendo revolcada por el mar. Felizmente, la chica termina llegando a su destino, pero es ahí que las cosas comienzan a ir de mal en peor.
En pocas palabras: Ellie se termina viendo obligada a matar a una mujer embarazada (aunque un poco de casualidad), lo cual, considerando el estado en el que se encuentra Dina, debería traumarla. Pero es cuando Tommy (Gabriel Luna) y Jesse finalmente la encuentran y se la llevan de vuelta a su escondite en la ciudad que las cosas verdaderamente se van al diablo. Abby los encuentra, mata a Jesse (Q.E.P.D.) y amenaza con asesinar a Tommy. La temporada concluye, pues, con una pantalla a negro mientras Abby dispara en dirección a Ellie (asumimos), para luego mostrarnos el estadio que sirve como base para Abby, Isaac (el siempre excelente Jeffrey Wright) y toda sus fuerzas. Mucho pasa, hay varias elipsis, y encima la temporada termina con un cliffhanger de esos. Lo más frustrante no está solo relacionado al ritmo, si no al hecho de que tendremos que esperar dos años para ver cómo continúa la historia. A ver si Craig Mazin y HBO aceleran al coche. ¡Dos años es demasiado!