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Opinión

Critica: Sense8 – temporadas 1 y 2

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Quienes han visto la serie y la han disfrutado, conocen este intro que te eriza la piel con su música de notas in crecendo, flanqueadas por algunas otras en distorsión como dando a entender la llegada o el avance de algo que no entendemos, emergiendo del caos.  Pues bien, esta es la trama de Sense8.

La serie fue producida por Netflix y creada, escrita y dirigida por las Hermanas Wachowski y J. Michael Straczynski.

La historia narra las interacciones que se dan entre 8 personas de distintas nacionalidades, todas ellas en sus países de origen. Luego de la muerte de una misteriosa mujer cuya imagen se aparece a los personajes, estos desarrollan o despiertan la capacidad de comunicarse entre ellos de un modo que yo llamaría «espiritualmente», no es telepatía, es algo que va mucho más allá de eso. Imagínate conversar con una persona que se encuentra al otro lado del mundo y no solo eso; puedes captar los sonidos, ver lo que esa persona está viendo y sintiendo (frío, calor, olores del ambiente, etc), recuerdos, experiencias, las cuales incluyen habilidades, conocimientos; lo que te convertiría en un experto en armas sin jamás haber tocado una. En la serie se les conoce como «Sensates» algo así como «sensitivos» que además es un juego de palabras porque el titulo Sense8 se pronuncia igual…y además son 8.

El argumento de esta serie caló rápido en miles de personas. Al ser estos 8 personajes de orígenes y estilos tan diversos se creó una empatía con la audiencia. Los 8 principales son:

Un policia de chicago , Will Gorski

Una DJ Islandesa que vive en Londres, Riley Blue

Un conductor de Matatu (aka chofer de combi) en Nairobi, Capheus Onyango «Van Damme»

Una mujer de negocios y kickboxer en Corea, Sun Bak

Un actor de películas de acción en México, Lito Rodríguez

Una química farmacéutica en Mumbai, Kala Dandekar

Un ladrón de cajas fuertes en Berlin, Wolfgang Bogdanow

Una bloguera política y hacker transexual en San Francisco, Nomi Marks

Solo imagina la riqueza de historias que se genera de esta mezcla. Definitivamente la trama es original, va directo a la acción sin caer en profundas filosofadas sobre la existencia humana, de hecho, solo rozan el tema con la única función de explicar la conexión entre estas personas.

Otro punto a remarcar es que esta serie es la más inclusiva que haya visto, han procurado que los protagonistas aquí sean los usuales «mejor amigo del protagonista» de otras series, todos por igual, todos con la misma importancia y es precisamente uno de los puntos fuertes de la serie que le hizo ganarse el cariño de los fans. En Netflix, más de 500.000 usuarios calificaron la serie con un promedio de 4.1/5 y Rotten Tomatoes le dio 85% de critica y 95% de audiencia.

Son personajes muy reales, tienen sus propios problemas y aún así deben lidiar con los de sus «contactos»; solo imagina esto: no basta con que tengas mil cosas en la cabeza (las cuentas, problemas en el trabajo, discusión con la pareja), vas a dormir y a los 5 minutos te interrumpe tu contacto de Alemania para decirte que está metido en un problema con una mafia y de repente los otros 6 contactos se suman al chisme e invaden la habitación (porque los ves) y tú solo querías dormir y olvidarte de los problemas del día. Pero aquí viene lo bonito, con todo y su normalidad en cuanto a vida mundana se refiere, se apoyan, son una familia más intima que cualquiera de sangre y más vale llevarte bien porque no puedes simplemente separarte de tus contactos. En ese sentido son héroes porque actúan como tales para proteger y salvar a los miembros de su equipo del típico enemigo que acosa a seres extraordinarios como ellos, el gobierno que descubre su existencia (lo vemos en X-men, Heroes y otras historias similares) y los persigue.

Con esta habilidad resulta imposible estar solo. Incluso en prisión tienes invitados.

Como siempre, evito dar detalles muy específicos y así no arruinar la trama para quienes aún no la han visto. Pero sí puedo decir que son muy humanos, incluso más humanos que la mayoría sin esa maravillosa habilidad.

Otro detalle que me gustó y me pareció increible, sobre todo en estos tiempos en los que, con el chroma, hasta el puesto de periódicos o el jardín de una casa es falso (Mira el video ChromaKey, abajo), los actores son ubicados realmente en las locaciones de esos países. Si el policía de Chicago se traslada mentalmente a Londres para comunicarse con la Dj islandesa, el actor es enviado a Londres o ella a Chicago o a Corea o Nairobi.

Según las Wachowski, esto hace que los paisajes se sientan más orgánicos al ser reales (parece que llevaron la moda orgánica al extremo), grabando incluso con público local. Hay una escena donde Riley, la Dj, se presenta en el famoso auditorio de conciertos Koko en Londres frente a miles de espectadores. Resulta que el público no sabía que ella era una actriz y no una verdadera Dj. Además hay otra escena donde los personajes asisten a una presentación de lucha libre, la cual también fue real con público real. La hacker de San Francisco se subió a una motocicleta en una exhibición real y el chofer de combi condujo el vehículo por todo Nairobi, incluso fue detenido por la policía y la producción tuvo que explicar lo que estaban haciendo.

Tuppence Middleton quien interpreta a Riley la Dj, contó en una ocasión: «Comenzamos en un lugar y luego todos nos movemos hacia el próxima ubicación. Por lo tanto, eso en sí mismo te altera la mente porque se filma todo basado en dónde estás en el mundo, contrario a dónde estás en la historia, eso es muy confuso «.  Y no solo resultó confuso sino que además sumamente caro. Una de las razones por las que la serie fue cancelada al concluir la segunda temporada fue por los elevados costos de producción, 9 millones de dolares por episodio, demasiado para una serie con buena trama pero que no es Games Of Thrones para costar igual. Y eran 12 episodios por temporada, así que saquemos cuentas. Se dice que tenia poca audiencia, creo que más bien tuvo poca para lo que costaba.

La cancelación fue tan sorpresiva que se formaron movimientos y protestas (virtuales por supuesto). Netflix no cedió hasta buen tiempo después. No aprobó de ninguna manera una tercera temporada pero dijo que produciría una película para darle cierre a la historia. En serio, la cancelaron dejando la historia a la mitad y nosotros nos quedamos en el aire sin saber como se resuelve.

Cuando Lana Wachowski recibió la noticia entró en una profunda depresión. Ya recuperada escribió en su Twitter lo siguiente:

«La cantidad de amor y dolor que sucedió a la noticia de que Sense8 no continuaría, fue tan intensa que a menudo me sentí incapaz de abrir mi propio correo electrónico. Nunca había trabajado tan duro ni puesto tanto de mí misma en un proyecto como con ‘Sense8’ y su cancelación me dejó vacía».

 

Lana también señaló que, a pesar del amor de Netflix por Sense8, su escasa audiencia sumada a las dificultades y los crecientes costes que el equipo afrontó durante la segunda temporada, grabada en 16 ciudades de 11 países para capturar las historias de su elenco coral, hicieron inviable su continuidad. Además agradeció a los fans su dedicación, que finalmente llevó a Netflix a recuperar la serie. «Aunque es cierto que estas decisiones suelen ser irreversibles, no siempre es cierto», señaló en su carta. «Improbablemente, impredeciblemente, vuestro amor ha llevado Sense8 de vuelta a la vida'»

La serie es simplemente mágica, para muchos no es entendible o confusa pero es una historia buena que te hace soñar con un mundo en el que los seres humanos son más unidos, más conectados, más inclusivos, seres que se sienten unos a otros y se cuidan.

En verdad, Sense8 no mereció ser cancelada, al menos de esa forma tan abrupta. Es una serie a la que debes darle su oportunidad. Y si la ves rara es porque es de las hermanas Wachowski.

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Disney Plus

CRÍTICA: The Muppet Show (Disney Plus)

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Si hay algo que define a los Muppets (aparte de su sentido del humor absurdo, la dinámica entre Miss Piggy y Kermit, la música, sus interacciones con personajes humanos… y bueno, todo), es el hecho de que siempre terminan yéndose para luego regresar. Es una franquicia que muere temporalmente, pero que siempre está de vuelta después de un tiempo, demostrando que nunca dejará de ser relevante. Siempre retornan —ya sea en cines, en la televisión, en streaming… no importa cuál sea el medio, los Muppets estarán ahí.

Y eso es precisamente lo que sucede con The Muppet Show (2026), un especial de media hora para Disney Plus que, previsiblemente, representa el regreso de estas entrañables marionetas, apuntando tanto a un público que ya las conoce, como a uno que recién podría estar comenzando a conocerlas. Tanto dentro de la ficción como fuera de ella, es un nuevo intento por mantenernos relevantes (cosa que, como se ha dicho ya, definitivamente son), y que con algo de suerte también debería representar una suerte de retorno permanente. Puede que este sea únicamente un especial, pero con algo de suerte —y muchos visionados en Disney Plus—, debería ser también el inicio de un nuevo show serializado.

Pero, ¿qué es The Muppet Show? Básicamente un show de variedades producido por Seth Rogen (quien tiene un cameo en el programa) y Sabrina Carpenter (quien viene a ser la invitada estrella del show), en donde los Muppets participan de números musicales, breves sketches, e interacciones jocosas que dejan bien en claro sus personalidades. No es nada revolucionario ni particularmente complejo, pero definitivamente resulta gracioso y divertido, como para que públicos de todo tipo recuerden por qué exactamente es que estos personajes terminaron convirtiéndose en iconos culturales norteamericanos.

En lo que se refiere a la música, quien claramente resalta más es Carpenter, quien cuenta con dos números bastante memorables. En el primero, canta Manchild en medio de un bar lleno de Muppets, de quienes se va deshaciendo poco a poco, quedando únicamente rodeada de gallinas que participan de una coreografía con ella. Súmenle a eso un ventilador que va muy rápido y deja a las gallinas desplumadas, y el número se convierte rápidamente en caos puro. Es todo muy divertido, y demuestra que Carpenter es una contraparte perfecta para los Muppets (y no solo porque mide igual que ellos, como dice hacia el final, burlándose de sí misma).

Aparte de eso, tenemos un dúo musical que comienza con ella cantando con Kermit en un bote, pero culmina con este último siendo reemplazado por Miss Piggy. Esta, además, cuenta con un par de subtramas a lo largo del especial que de alguna manera u otra también concluyen en este número. En el primero, hace todo lo posible por que Kermit no cancele un número musical suyo por falta de tiempo (razón por la que decide reemplazarlo en el número con Sabrina). Y en el segundo, acusa a Carpenter de haberse robado todo su look y estilo, razón por la que sus abogados se contactarán con la conocida cantante para demandarla. En todo caso, a Carpenter esto no parece fastidiarle tanto; después de todo, ¡Miss Piggy es su ídola!

Hay un par de números musicales más, pero claramente los más memorables son aquellos donde participa Carpenter. Hay una suerte de cover de Blinding Lights de The Weeknd con unas ratas, pero no es nada particularmente interesante. Pero sí disfruté del último número del show, en el que el reparto entero de Muppets hace un cover de Don’t Stop Me Now de Queen, con pequeño solo de guitarra y todo. Es el final perfecto para un show breve pero entretenido, que lo deja a uno con la sensación de querer ver más. Si al final la serie es aprobada por Disney y se mantiene este nivel de calidad, no dudo que vaya a valer la pena seguirla.

Porque aparte de la música, las personalidades de los Muppets están muy bien recreadas. Miss Piggy sigue siendo una diva que disfruta de pelearse con Kermit, quien acá hace las veces del organizador nervioso del show. Statler y Waldorf tienen su propio palco, desde el cual lo critican todo y hacen bromas sarcásticas. Y por supuesto, buena parte del reparto interactúa con personajes humanos, desde la ya mencionada Carpenter, hasta Seth Rogen (cuyo supuesto número es eliminado por Kermit por falta de tiempo) y Maya Rudolph (quien sufre un pequeño percance que, felizmente, no termina siendo letal). Lo único un poco cuestionable es la voz de Kermit; Matt Vogel no está fatal en el rol, pero entiendo por qué los fans veteranos del personaje no están del todo convencidos por su trabajo.

Si son fanáticos de los Muppets, sin embargo, la pasarán bien con The Muppet Show. Y si quieren enseñarle a sus hijos quiénes son estos personajes, demostrando por qué se han convertido en verdaderos iconos a lo largo de los años, definitivamente vale la pena que les enseñen este especial. Se trata de un show para toda la familia que, entre sus números musicales, sketches divertidos y buenas caracterizaciones de sus personajes, homenajea a la franquicia y lo deja a uno con la esperanza de que pueda continuar en el futuro cercano. Solo espero que The Muppet Show sea el comienzo de algo y no el final; habrá que esperar un tiempo a ver qué termina sucediendo.

Nota: Vi este film gracias a un screener cortesía de Disney Debut.

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CRÍTICA: Wonder Man (Disney Plus) – Miniserie

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Parece que la gente de Marvel Studios por fin se está dando cuenta de lo mucho que se ha saturado el mercado con películas y series de superhéroes —al menos lo suficiente como para que por lo menos algunos de sus productos se desvíen de los cánones y expectativas del subgénero. Es así que su más reciente serie para streaming, Wonder Man, creada por Destin Daniel Cretton y Andrew Guest, se termina sintiendo no como una historia más de superhéroes, sino más bien como una mezcla entre sátira y homenaje al mundo de Hollywood, los actores, los directores, los agentes y los productores. Interesante, y ciertamente superior a lo que esperaba.

Lo que se supone es una miniserie (pero muy fácilmente podría continuar con una temporada más, o quizás incluso en el cine) comienza con un flashback en el que vemos a un pequeño Simon Williams (Kameron J. Meadows) yendo con su padre, Sandford (Béchir Sylvain), a ver la película de Wonder Wan. Es así que el chico termina encantado con el mundo del cine y la actuación y, años después y ya de adulto (interpretado por Yahya Abdul-Mateen II), se convierte, evidentemente, en actor. ¿El problema? Es un actor que no logra conseguir muchos trabajos y que, cuando lo logra, termina siendo despedido debido a sus ansiedades y ganas de tener el control de todo.

Su fortuna cambia, sin embargo, cuando se hace amigo de Trevor Slattery (el gran Ben Kingsley), a quien recordarán por haber “interpretado” a una versión falsa del Mandarín en Iron Man 3, y por su aparición relativamente reciente en Shang-Chi y la Leyenda de los Diez Anillos. Juntos, deciden ir al casting para una nueva versión de Wonder Wan, esta vez dirigida por un cineasta ganador del Oscar llamado Von Kovak (Zlatko Burić). Y para su sorpresa, ¡son llamados de vuelta! Pero hay un ligero problema. Trevor le está escondiendo un pequeño secreto a su nuevo amigo: está trabajando para el Departamento de Control de Daños, ya que uno de sus agentes, Cleary (Arian Moayed), ha descubierto que Simon tiene poderes de verdad, los cuales podrían llegar a ser peligrosos. Y aunque se supone que Trevor tiene que espiarlo, los eventos de la vida real terminan yendo en contra de aquella misión.

Lo mejor de Wonder Man es que no se siente para nada como una historia tradicional de superhéroes. Lo que han hecho Cretton y Guest con la serie, más bien, es desarrollar una historia enfocada principalmente en sus protagonistas como seres humanos, situándola en un contexto hollywoodiense que resulta fascinante, y ayuda a que el universo Marvel se sienta más cercano y menos fantástico. Para complementar este tono verosímil, Wonder Man cuenta con varios cameos de actores haciendo de sí mismos, como Joe Pantoliano (o Joey Pants), Ashley Greene o hasta Josh Gad.

Y hablando de Josh Gad. El cómico actor aparece en el cuarto episodio de la serie, el cual, a pesar de desviarse un poco de la narrativa principal, termina siendo uno de los más interesantes de la temporada. En él, vemos cómo un simple guardia de discoteca llamado DeMarr Davis (Byron Bowers) se convierte, de casualidad, en un superhéroe llamado (con cariño) Doorman, pero también en una suerte de celebridad, primero trabajando como el guardaespaldas de Gad y luego como actor. Lo que hace este episodio no es solo justificar por qué Simon tiene tanto miedo de que la gente descubra que tiene poderes, sino también mostrar cómo alguien se puede volver famoso de la noche a la mañana, para luego ser utilizado y escupido por la industria y el público. Se trata de una historia emotiva, trágica y temáticamente relevante para todo lo que hace el show.

Pero regresando a Simon y Trevor. El primero es caracterizado como un tipo de mucho talento e inteligencia quien, sin embargo, siempre logra tropezar cuando se le presentan oportunidades geniales, generalmente debido a que se mete “autocabes”. Su ansiedad, su deseo por controlarlo todo, y el miedo que siente por que descubran sus poderes no solo le cuestan varios trabajos, sino también una relación con una chica llamada Vivian (Olivia Thirlby). Yahya Abdul-Mateen II interpreta a Simon con humanidad, logrando establecer un buen balance entre carisma y algo de ansiedad social.

Por su parte, Ben Kingsley está muy bien, como siempre, como Trevor, esta vez interpretándolo de forma no tan cómica como en Shang-Chi, donde era más una figura secundaria algo absurda. Acá, más bien, vemos que se trata de un hombre astuto que realmente ama la actuación, pero que siempre ha desperdiciado las oportunidades que se le han presentado en la vida. Por ende, quiere ayudar a Simon para que no se convierta en alguien como él. La forma en que culmina su historia, además, es tanto trágica como agridulce y emotiva, y lo deja a uno con la fuerte sensación de que estos dos personajes deberían regresar, ya sea en una segunda temporada o en alguna película.

No se pongan a ver Wonder Man, entonces, pensando que se tratará de una serie llena de acción y efectos visuales. Los poderes del protagonista aparecen muy de vez en cuando y tienen resultados más trágicos y chocantes que emocionantes. Y como se ha mencionado ya, el foco de la narrativa está más en los personajes y sus conflictos internos —y bueno, el conflicto con el Departamento de Control de Daños— que en peleas y secuencias de fantasía vistosa. Si la serie funciona, no solo es porque se siente como una representación fidedigna del mundo del espectáculo en Los Ángeles, sino también porque la dupla inesperada de Abdul-Mateen II y Kingsley resulta emotiva y muy entretenida. Me encantaría ver más aventuras protagonizadas por estos dos, de hecho.

Wonder Man es, pues, la prueba máxima de que Marvel puede hacer algo distinto, que vaya más allá de una experiencia tipo montaña rusa (parafraseando a Scorsese), cuando les da la gana. Por momentos sí se siente como una película estirada, al igual que varias otras series cortas de streaming, pero fuera de eso, no tengo mayores quejas. Lo que tenemos acá es una sólida historia enfocada en la humanidad y defectos de su personaje principal, quien, da la casualidad, tiene superpoderes. No es una serie sobre superhéroes, sino más bien una serie sobre personas que, aparte de todo lo demás, cuentan con superpoderes. Wonder Man me sorprendió gratamente; ojalá Kevin Feige y compañía se animen a sacar más series así (o, idealmente, más historias con estos personajes).

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CRÍTICA: Splinter Cell: Deathwatch (Temporada 1)

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Interesante que la franquicia de “Splinter Cell” haya regresado después de tanto tiempo no con un videojuego nuevo —por más de que hayan pasado ya algunos años desde el anuncio de un remake—, sino más bien con una serie animada. Es casi como si la gente de Ubisoft estuviese tanteando el interés que queda todavía hacia la saga —una serie de videojuegos de sigilo —o stealth— que en su momento fueron increíblemente populares, pero que debido a la salida de secuelas francamente decepcionantes para plataformas más recientes, fue muriendo gradual y tristemente. En pocas palabras: “Splinter Cell” merecía —o mejor dicho, merecemás.

Pero bueno, parece que el interés existe, ya que dicha serie, “Splinter Cell: Deathwatch”, ha sido renovada para una segunda temporada pocos días después de su estreno en Netflix. Eso debe querer decir, al menos en teoría, que se trata de un buen show, ¿no? Pues sí. Lo que tenemos acá es una historia oscura y llena de acción y sangre, protagonizada por un Sam Fisher ya mayor que debe regresar al ruedo para ayudar nuevamente a su país, y de paso, enfrentar a sus demonios del pasado. Es el tipo de trama que se siente más como una “secuela de legado” que otra cosa, pero que felizmente termina por respetar a su fuente de inspiración principal… bueno, hasta cierto punto.

Lo bueno es que creo que los fans cuerdos deberían quedar bastante satisfechos con “Splinter Cell: Deathwatch”.

Al comenzar “Splinter Cell: Deathwatch”, vemos a una agente siendo enviada por Anna Grimsdottir (voz de Janet Varney) de la agencia secreta estadounidense Fourth Echelon (no Third, como en los juegos clásicos) a rescatar a otro operativo que ha sido secuestro y está siendo torturado por el enemigo. Pero cuando la chica, llamada Zinnia McKenna (Kirby Howell-Baptiste) llega al lugar de los hechos, es demasiado tarde: el otro agente está muerto. Sedienta de venganza y llena de ira, Zinnia comienza a matar a medio mundo, pero es herida, lo cual la obliga a escapar.

Es así que Anna (también llamada “Grim”) decide contactar al viejo agente Sam Fisher (Liev Schreiber), ahora retirado en una granja en Polonia con su perro llamado Kaiju, para que la ayude. Después de todo, no solo tiene a una agente malherida, sino también a un Fourth Echelon totalmente apartado de la red, aparentemente hackeado por un enemigo misterioso. Es así que, cuando Sam se encuentra con Zinnia, va develando una conspiración que involucra a la poderosa CEO de una megacorporación supuestamente proambiente llamada Diana Shetland (Kari Wahlgren), quien resulta ser la hija del ex compañero militar de Sam, Douglas Shetland (Kiff VandenHeuvel), a quien nuestro protagonista se vio obligado a matar años atrás.

Más no voy a decir, ya que la narrativa de “Splinter Cell: Deathwatch” se desarrolla con paciencia a lo largo de ocho episodios frustrantemente cortos. De hecho, creo que es ahí donde radica una de las mayores flaquezas de la serie: entiendo que producir animación (especialmente animación en 2D) es costoso y toma tiempo, pero el que cada episodio dure menos de treinta minutos no hace más que dejarlo a uno con la sensación de que algo le falta a “Splinter Cell: Deathwatch”. Uno puede ver la temporada entera en una tarde, lo cual no es algo malo, supongo, pero a la vez, lo deja a uno con ganas de más. Espero que la confirmada segunda temporada no demore demasiado en llegar.

Ahora, fuera de eso, lo que quizás podría dividir a los fanáticos es la forma en que Sam Fisher es retratado. Para este crítico, se trata del Sam de siempre, quizás un poco más serio que el de los primeros tres juegos —extrañé un poco su sentido del humor sarcástico y por momentos sardónico—, pero increíblemente fuerte y capaz. Resulta satisfactorio verlo enfrentarse a los hombres de Diana, y de cuando en cuando utilizar el sigilo para matarlos y sobrevivir. Sí, “Splinter Cell: Deathwatch” es más una serie de acción —sangrienta, brutal— que de suspenso o stealth puro, pero una vez que Sam se pone sus gafas icónicas para salir a cumplir su misión, uno puede evitar emocionarse.

Ahora bien, otra decisión arriesgada que siento sí funciona es incluir a Zinnia como coprotagonista de la serie. Siento que funciona porque no le quita nada a Sam, y porque termina siendo una contraparte interesante para el avejentado Agente Splinter, con mucho menos experiencia que él, y sedienta de venganza. Zinnia comete errores y Sam está aquí para corregirlos, pero es ella, también, quien le muestra a él cómo las consecuencias de su pasado han llegado al presente para atacarlo, con los dos dándose cuenta de que, a veces, cambiar la realidad problemática contemporánea termina siendo una tarea casi imposible.

De hecho, ese es uno de los temas principales de “Splinter Cell: Deathwatch”: el cambio. Diana, por ejemplo, se supone quiere cambiar el mundo con Xanadu, una isla artificial que ha creado para desarrollar todo tipo de energías verdes y limpias. Pero también quiere realizar un cambio todavía más grande y total, el cual no pienso revelar acá. Por otro lado, Zinnia representa una suerte de cambio para Fourth Echelon y cómo funciona, y aunque Sam representa el pasado —especialmente cuando lo vemos en sus flashbacks como Douglas, que se llevan a cabo en la misma época que los videojuegos clásicos—, él también se ve obligado a cambiar para enfrentar las consecuencias de sus actos.

A nivel visual, no tengo demasiadas quejas. Por ahí he visto a gente decir que el estilo de animación de “Splinter Cell: Deathwatch” es “feo”, pero simplemente no puedo estar de acuerdo. Los personajes manejan una diseño que mezcla lo realista con lo suficientemente “animado”, y las secuencias de acción son presentadas con estilo y verosimilitud, siendo increíblemente sangrientas para causar un mayor impacto. Y la serie en general hace uso de técnicas audiovisuales propias del cine live-action, como Lens Flares, cambios de foco, suciedades en el “lente” y sutiles movimientos de cámara, para que todo se sienta más cercano y realista. Por otro lado, en lo que se refiere a las actuaciones de voz, creo que todos hacen un buen trabajo. Obviamente se extraña a Michael Ironside (la voz original de Sam), pero Schreiber destaca como su reemplazo, oyéndose no como una imitación de Fisher, sino más bien como una reinterpretación del mismo personaje.

La pasé bien con “Splinter Cell: Deathwatch”. Obviamente el factor nostalgia es fuerte a la hora de ver la serie, especialmente para quienes crecimos con los tres juegos originales hace más de veinte años (todavía los tengo para GameCube, y por supuesto, en HD para mi Xbox Series S). Pero fuera de eso, lo que el show nos propone es una historia breve de conspiraciones, asesinos a sueldo, agentes súper capaces, mucha acción y sangre, y poco humor. Visualmente, “Splinter Cell: Deathwatch” es atractiva y convincente, y aunque a nivel narrativo toma algunos riesgos, nada me terminó por fastidiar o enfadar. Derek Kolstad (el también creador de “John Wick”) ha hecho un buen trabajo con “Splinter Cell: Deathwatch”; solo espero que mantenga el mismo nivel de calidad para la segunda temporada, y que la serie en general convenza a Ubisoft de sacar un nuevo juego. ¡Ya es hora!

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