Stranger Things, actualmente en producción en Atlanta, acaba de añadir a los siguientes personajes recurrentes para la temporada 4:
Amybeth McNulty (Anne with an E) interpretará a Vickie, una genial y persuasiva nerd de banda, que llama la atención de uno de nuestros queridos héroes.
Myles Truitt (Queen Sugar, Black Mafia Family) interpretará a Patrick, una estrella del baloncesto de Hawkins con amigos, talento y una buena vida… hasta que una serie de acontecimientos impactantes hacen que su vida se salga de control.
Regina Ting Chen (Queen of the South, Falcon y el Soldado del Invierno) es la Sra. Kelly, una popular consejera de orientación que se preocupa profundamente por sus estudiantes, especialmente por los que tienen más dificultades.
Grace Van Dien (Las chicas de Manson, La Aldea) como Chrissy, la líder de las porristas de la secundaria Hawkins y una de las chicas más populares en el colegio. Pero debajo de su apariencia aparentemente perfecta esconde un oscuro secreto.
Esta noticia fue anunciada hoy durante el Geeked Week, el primer evento virtual para fanáticos organizado por Netflix Geeked, que revela primeros detalles y vistazos de diversas producciones, y celebra todo lo relacionado con el género de entretenimiento en Netflix.
Los admiradores de Amybeth McNulty podrán verla dentro de poco.
Acerca de Stranger Things: Stranger Things, un homenaje a las películas de género de la década del ochenta que marcaron a una generación, está ambientada en Hawkins, Indiana, un pueblito aparentemente normal. Después de la repentina desaparición de un niño, la agobiante búsqueda de su familia, sus amigos y la policía termina enredándolos en una serie de eventos mortales con grandes riesgos. Bajo la apariencia ordinaria de este pueblo se esconde un enorme misterio sobrenatural, además de experimentos secretos del Gobierno y un peligroso portal que conecta nuestro mundo con un reino poderoso pero siniestro. Descubrir lo que cambiará para siempre a Hawkins —y quizás al mundo entero— pondrá a prueba la amistad de los protagonistas y tendrá un gran impacto en sus vidas.
Desde su estreno en 2016, Stranger Things es un fenómeno mundial reconocido con más de 65 galardones y 175 nominaciones, que incluyen premios Emmy, Globo de Oro, Grammy, SAG, DGA, WGA, BAFTA; un premio Peabody; el premio al programa del año del AFI; los premios People’s Choice Awards, MTV Movie & TV Awards y Teen Choice Awards, y muchos otros. La serie, tres veces nominada al premio Emmy a mejor drama, es uno de los títulos más vistos de Netflix: solamente Stranger Things 3 contó con una audiencia de más de 40.7 millones de hogares en sus primeros cuatro días (más de cualquier otra película o serie de Netflix en el mismo periodo) y 64 millones de hogares en sus primeras cuatro semanas.
Una creación de los hermanos Duffer con producción de Monkey Massacre Productions y 21 Laps Entertainment, Stranger Things 4 está próxima a estrenarse. La producción ejecutiva está a cargo de los hermanos Duffer, junto con Shawn Levy y Dan Cohen de 21 Laps Entertainment, e Iain Paterson.
Y llegamos al final. ¿Será el final de la serie en general? ¿O será como la última vez, que el buen Ted y compañía descansarán un rato para luego regresar? El desenlace de este episodio nos sugiere un futuro brillante tanto para él como para Alice y Beard y Rebecca y todo el mundo, por lo que no me fastidiaría ver una quinta temporada. Pero a la vez, si este llegara a ser el final del show (ahora sí de verdad), tampoco me molestaría. La cuarta temporada de Ted Lasso no ha sido la mejor de todas, pero especialmente con este desenlace, al menos ha logrado justificar su propia existencia; y, de paso (y para variar), hacer llorar a su público.
El episodio, pues, termina por resolver todos los enredos y conflictos antes presentados, sin dejar a nadie mal parado –no, ni siquiera a la maldita de Zelda. Como era de esperarse, esta última se revela como la que le estuvo comprando las acciones de Richmond a todo el mundo, pero felizmente, tanto Rebecca como Leslie tenían un as bajo la manga. Ted logra conectar mejor con su hijo al revelarle la verdad de cómo murió su abuelo. Y hablando de muerte, todo el mundo tiene que lidiar con el fallecimiento de Mae del episodio pasado, lo cual, curiosamente, trae consigo buenas consecuencias tanto para el club (y el conflicto con Zelda) como para los tres fieles accionistas y asiduos clientes del pub, quienes se convierten en sus nuevos dueños.
¿Y qué hay de Roy y Keeley? Luego de pasar por algunos momentos (quizás no tan) tensos, se dan cuenta de que están listos para ser padres, con el primero pidiendo una nueva junta de los Diamond Dogs para que sus amigos lo ayuden con sus inseguridades. Y luego de tantos cambios y sorpresas, Rebecca por fin decide casarse, dándose cuenta de que no le tiene miedo al matrimonio o al compromiso; solo al haber estado antes con la persona incorrecta. ¿Se siente todo esto súper conveniente y fresa? Pues sí. Pero a la vez funciona como para cerrarlo absolutamente todo y dejar al espectador en lágrimas, esto último, cortesía de una narración en off particularmente emotiva por parte de Mae.
Ha sido un deleite, pues, tener a Ted Lasso de vuelta en nuestras pantallas. No ha sido una temporada perfecta, pero entre sus nuevos (y memorables) personajes femeninos y arcos interesantemente maduros para los personajes clásicos, me terminó por convencer. Y bueno, ayuda el que literalmente hayan dejado lo mejor para el final. Veremos si llega una quinta temporada; pase lo que pase, al menos podemos decir que ha sido una buena racha de cuatro temporadas.
El noveno episodio de la cuarta temporada de Ted Lasso es de emociones agridulces y novedades impactantes. Después de todo, ya estamos llegando al final, por lo que tiene sentido que la serie, por fin, comience a desenredar algunos nudos, a poner a sus protagonistas en situaciones difíciles, pero también a obligarlos a triunfar, aunque sea por un ratito. En esos sentidos, el episodio funciona muy bien a nivel emocional, permitiéndole al espectador sentir la euforia de la victoria, pero también las consecuencias (quizás no tan positivas) de algunas decisiones o eventos.
Esta vez, tenemos al equipo femenino de Richmond viajando a Bristol para un partido decisivo: si no gana, no será promocionado a la liga. Lamentablemente, luego de desmayarse en un partido previo, Keeley no puede viajar; resulta, pues, que está embarazada, noticia que la tiene muy tensa, y que tiene miedo de contarle a Roy. Por otro lado, Gemma está empecinada en volver a las canchas; Beard se ha puesto pelo (Dios mío…); y la gran Mae Green (Annette Badland), dueña del pub al que van todos los personajes, es invitada por Ted para acompañarlos en el bus hasta Bristol. Después de todo, necesitan todo el apoyo posible para ganar.
Acá incluyo spoilers, así que tiene sentido decir que sí, efectivamente, las chicas ganan el partido, y debido a varias razones. Primero porque la arquera Quinn (Jude Mack) por fin se anima a usar guantes; porque Gemma entra un rato a la cancha para meter un gol, y finalmente, porque por fin le dan la oportunidad a la calientabancas de Shannon (Shannon Hayes) de jugar en el partido, lo cual resulta en un gol más. Pero como no todo puede ser felicidad, a la par nos enteramos de quién ha estado comprando las acciones de Richmond: nada más y nada menos que Zelda (Tracey Ullman), lo cual, valgan verdades, no es del todo chocante, pero seguro tendrá repercusiones en el episodio final. Pero lo peor es que, al final del partido, vemos que Mae ha caído, y aunque no escuchamos lo que Rebecca le dice a Ted, podemos asumir que la fanática más antigua de Richmond ha fallecido.
Habrá que esperar a la próxima semana a ver qué sucede. Pero con un solo episodio más de historia, creo que esta cuarta temporada de Ted Lasso tendrá que hacer bastante para concluir de forma satisfactoria (un algo agridulce). A menos, claro, que una quinta temporada sea anunciada inmediatamente…
Más que los otros episodios de esta temporada, el octavo se concentra en el drama, dejando la comedia un poco de lado para permitirles crecer a sus personajes. Y cuando hablo de los personajes, me refiero a los secundarios, ya que fuera de un excelente discurso para las chicas, Ted (Jason Sudeikis) no aparece mucho acá –y Beard (Brendan Hunt) tampoco (aunque vamos viendo cómo va lidiando con su crisis de la mediana edad, primero con los ojos azules el episodio pasado, y al parecer, ahora injertándose pelo). Es así que terminamos con el episodio más largo de la temporada hasta ahora, que aprovecha al máximo su duración para avanzar con la historia.
Para este crítico, la trama principal es la de Alice (Tanya Reynolds) y Gemma (Abbie Hern). La segunda sufre una lesión en un partido a la vez que le ofrecen un trabajo fuera del mundo del fútbol, lo cual la hace dudar sobre su futuro en Richmond. Y la primera se dedica el episodio entero a lidiar con esto, finalmente dándose cuenta del valor que tiene su jugadora no solo para ella sino también para el resto del equipo. Mientras tanto, Roy Kent (Brett Goldstein) se rehúsa a ir a su homenaje, y cuando es obligado por Keeley (Juno Temple), se ve involucrado en una serie de situaciones absurdas que, finalmente, le permiten darse cuenta de que sí valdría la pena darle una nueva oportunidad a una relación con la chica.
Fuera de aquellas tramas, tenemos a Leslie (Jeremy Swift) investigando un repentino misterio: resulta que un montón de gente ha estado vendiendo sus acciones en Richmond, lo cual parece ser parte de una conspiración contra el equipo. Y aunque vemos a otros personajes como Rebecca (Hannah Waddingham) o el resto de jugadoras del equipo, el episodio termina concentrándose en estas dos tramas principales y la secundaria… para bien. Porque, fuera de un par de gags que no funcionan y momentos caricaturescos que van en contra del tono más bien serio de esta semana (como cuando Roy rompe el sunroof de su carro y de alguna forma logra que Keeley salga por ahí), el octavo episodio de esta temporada de Ted Lasso logra atar varios nudos, completar ciertas subtramas y hacer crecer a sus personajes. No me reí mucho, pero sentí bastante; no hay muchas quejas.