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CRÍTICA: Splinter Cell: Deathwatch (Temporada 1)

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Interesante que la franquicia de “Splinter Cell” haya regresado después de tanto tiempo no con un videojuego nuevo —por más de que hayan pasado ya algunos años desde el anuncio de un remake—, sino más bien con una serie animada. Es casi como si la gente de Ubisoft estuviese tanteando el interés que queda todavía hacia la saga —una serie de videojuegos de sigilo —o stealth— que en su momento fueron increíblemente populares, pero que debido a la salida de secuelas francamente decepcionantes para plataformas más recientes, fue muriendo gradual y tristemente. En pocas palabras: “Splinter Cell” merecía —o mejor dicho, merece— más.

Pero bueno, parece que el interés sí existe, ya que dicha serie, “Splinter Cell: Deathwatch”, ha sido renovada para una segunda temporada pocos días después de su estreno en Netflix. Eso debe querer decir, al menos en teoría, que se trata de un buen show, ¿no? Pues sí. Lo que tenemos acá es una historia oscura y llena de acción y sangre, protagonizada por un Sam Fisher ya mayor que debe regresar al ruedo para ayudar nuevamente a su país, y de paso, enfrentar a sus demonios del pasado. Es el tipo de trama que se siente más como una “secuela de legado” que otra cosa, pero que felizmente termina por respetar a su fuente de inspiración principal… bueno, hasta cierto punto.

Lo bueno es que creo que los fans cuerdos deberían quedar bastante satisfechos con “Splinter Cell: Deathwatch”.

Al comenzar “Splinter Cell: Deathwatch”, vemos a una agente siendo enviada por Anna Grimsdottir (voz de Janet Varney) de la agencia secreta estadounidense Fourth Echelon (no Third, como en los juegos clásicos) a rescatar a otro operativo que ha sido secuestro y está siendo torturado por el enemigo. Pero cuando la chica, llamada Zinnia McKenna (Kirby Howell-Baptiste) llega al lugar de los hechos, es demasiado tarde: el otro agente está muerto. Sedienta de venganza y llena de ira, Zinnia comienza a matar a medio mundo, pero es herida, lo cual la obliga a escapar.

Es así que Anna (también llamada “Grim”) decide contactar al viejo agente Sam Fisher (Liev Schreiber), ahora retirado en una granja en Polonia con su perro llamado Kaiju, para que la ayude. Después de todo, no solo tiene a una agente malherida, sino también a un Fourth Echelon totalmente apartado de la red, aparentemente hackeado por un enemigo misterioso. Es así que, cuando Sam se encuentra con Zinnia, va develando una conspiración que involucra a la poderosa CEO de una megacorporación supuestamente proambiente llamada Diana Shetland (Kari Wahlgren), quien resulta ser la hija del ex compañero militar de Sam, Douglas Shetland (Kiff VandenHeuvel), a quien nuestro protagonista se vio obligado a matar años atrás.

Más no voy a decir, ya que la narrativa de “Splinter Cell: Deathwatch” se desarrolla con paciencia a lo largo de ocho episodios frustrantemente cortos. De hecho, creo que es ahí donde radica una de las mayores flaquezas de la serie: entiendo que producir animación (especialmente animación en 2D) es costoso y toma tiempo, pero el que cada episodio dure menos de treinta minutos no hace más que dejarlo a uno con la sensación de que algo le falta a “Splinter Cell: Deathwatch”. Uno puede ver la temporada entera en una tarde, lo cual no es algo malo, supongo, pero a la vez, lo deja a uno con ganas de más. Espero que la confirmada segunda temporada no demore demasiado en llegar.

Ahora, fuera de eso, lo que quizás podría dividir a los fanáticos es la forma en que Sam Fisher es retratado. Para este crítico, se trata del Sam de siempre, quizás un poco más serio que el de los primeros tres juegos —extrañé un poco su sentido del humor sarcástico y por momentos sardónico—, pero increíblemente fuerte y capaz. Resulta satisfactorio verlo enfrentarse a los hombres de Diana, y de cuando en cuando utilizar el sigilo para matarlos y sobrevivir. Sí, “Splinter Cell: Deathwatch” es más una serie de acción —sangrienta, brutal— que de suspenso o stealth puro, pero una vez que Sam se pone sus gafas icónicas para salir a cumplir su misión, uno puede evitar emocionarse.

Ahora bien, otra decisión arriesgada que siento sí funciona es incluir a Zinnia como coprotagonista de la serie. Siento que funciona porque no le quita nada a Sam, y porque termina siendo una contraparte interesante para el avejentado Agente Splinter, con mucho menos experiencia que él, y sedienta de venganza. Zinnia comete errores y Sam está aquí para corregirlos, pero es ella, también, quien le muestra a él cómo las consecuencias de su pasado han llegado al presente para atacarlo, con los dos dándose cuenta de que, a veces, cambiar la realidad problemática contemporánea termina siendo una tarea casi imposible.

De hecho, ese es uno de los temas principales de “Splinter Cell: Deathwatch”: el cambio. Diana, por ejemplo, se supone quiere cambiar el mundo con Xanadu, una isla artificial que ha creado para desarrollar todo tipo de energías verdes y limpias. Pero también quiere realizar un cambio todavía más grande y total, el cual no pienso revelar acá. Por otro lado, Zinnia representa una suerte de cambio para Fourth Echelon y cómo funciona, y aunque Sam representa el pasado —especialmente cuando lo vemos en sus flashbacks como Douglas, que se llevan a cabo en la misma época que los videojuegos clásicos—, él también se ve obligado a cambiar para enfrentar las consecuencias de sus actos.

A nivel visual, no tengo demasiadas quejas. Por ahí he visto a gente decir que el estilo de animación de “Splinter Cell: Deathwatch” es “feo”, pero simplemente no puedo estar de acuerdo. Los personajes manejan una diseño que mezcla lo realista con lo suficientemente “animado”, y las secuencias de acción son presentadas con estilo y verosimilitud, siendo increíblemente sangrientas para causar un mayor impacto. Y la serie en general hace uso de técnicas audiovisuales propias del cine live-action, como Lens Flares, cambios de foco, suciedades en el “lente” y sutiles movimientos de cámara, para que todo se sienta más cercano y realista. Por otro lado, en lo que se refiere a las actuaciones de voz, creo que todos hacen un buen trabajo. Obviamente se extraña a Michael Ironside (la voz original de Sam), pero Schreiber destaca como su reemplazo, oyéndose no como una imitación de Fisher, sino más bien como una reinterpretación del mismo personaje.

La pasé bien con “Splinter Cell: Deathwatch”. Obviamente el factor nostalgia es fuerte a la hora de ver la serie, especialmente para quienes crecimos con los tres juegos originales hace más de veinte años (todavía los tengo para GameCube, y por supuesto, en HD para mi Xbox Series S). Pero fuera de eso, lo que el show nos propone es una historia breve de conspiraciones, asesinos a sueldo, agentes súper capaces, mucha acción y sangre, y poco humor. Visualmente, “Splinter Cell: Deathwatch” es atractiva y convincente, y aunque a nivel narrativo toma algunos riesgos, nada me terminó por fastidiar o enfadar. Derek Kolstad (el también creador de “John Wick”) ha hecho un buen trabajo con “Splinter Cell: Deathwatch”; solo espero que mantenga el mismo nivel de calidad para la segunda temporada, y que la serie en general convenza a Ubisoft de sacar un nuevo juego. ¡Ya es hora!

Cofundador y editor en NoEsEnSerie.com. Bachiller en Comunicación Audiovisual por la PUCP, y miembro de la APRECI—Asociación de Prensa Cinematográfica. Integra el staff de la revista MasGamers, las webs de Nintendo Pe y Fans de Zelda Perú, el portal web Cinencuentro, y el portal de cine peruano FotografiaCalato.com. Adicionalmente, es YouTuber para el canal Aprieta Start, y formó parte del staff de prensa del 18 Festival de Cine de Lima. También trabaja como fotógrafo para Star Wars Fan Club Perú. Desde enero del 2012 publica críticas y comentarios de cine en el blog Proyectando Ideas (el cual forma parte de la Asociación de Blogs de Cine). Crítico oficial de RottenTomatoes.com. Cinéfilo y seriómano empedernido.

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CRÍTICA: Ted Lasso – Temporada 4, Episodio 10 (FINAL)

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****½ sobre *****

*ALERTA DE SPOILERS*

Y llegamos al final. ¿Será el final de la serie en general? ¿O será como la última vez, que el buen Ted y compañía descansarán un rato para luego regresar? El desenlace de este episodio nos sugiere un futuro brillante tanto para él como para Alice y Beard y Rebecca y todo el mundo, por lo que no me fastidiaría ver una quinta temporada. Pero a la vez, si este llegara a ser el final del show (ahora sí de verdad), tampoco me molestaría. La cuarta temporada de Ted Lasso no ha sido la mejor de todas, pero especialmente con este desenlace, al menos ha logrado justificar su propia existencia; y, de paso (y para variar), hacer llorar a su público.

El episodio, pues, termina por resolver todos los enredos y conflictos antes presentados, sin dejar a nadie mal parado –no, ni siquiera a la maldita de Zelda. Como era de esperarse, esta última se revela como la que le estuvo comprando las acciones de Richmond a todo el mundo, pero felizmente, tanto Rebecca como Leslie tenían un as bajo la manga. Ted logra conectar mejor con su hijo al revelarle la verdad de cómo murió su abuelo. Y hablando de muerte, todo el mundo tiene que lidiar con el fallecimiento de Mae del episodio pasado, lo cual, curiosamente, trae consigo buenas consecuencias tanto para el club (y el conflicto con Zelda) como para los tres fieles accionistas y asiduos clientes del pub, quienes se convierten en sus nuevos dueños.


¿Y qué hay de Roy y Keeley? Luego de pasar por algunos momentos (quizás no tan) tensos, se dan cuenta de que están listos para ser padres, con el primero pidiendo una nueva junta de los Diamond Dogs para que sus amigos lo ayuden con sus inseguridades. Y luego de tantos cambios y sorpresas, Rebecca por fin decide casarse, dándose cuenta de que no le tiene miedo al matrimonio o al compromiso; solo al haber estado antes con la persona incorrecta. ¿Se siente todo esto súper conveniente y fresa? Pues sí. Pero a la vez funciona como para cerrarlo absolutamente todo y dejar al espectador en lágrimas, esto último, cortesía de una narración en off particularmente emotiva por parte de Mae.

Ha sido un deleite, pues, tener a Ted Lasso de vuelta en nuestras pantallas. No ha sido una temporada perfecta, pero entre sus nuevos (y memorables) personajes femeninos y arcos interesantemente maduros para los personajes clásicos, me terminó por convencer. Y bueno, ayuda el que literalmente hayan dejado lo mejor para el final. Veremos si llega una quinta temporada; pase lo que pase, al menos podemos decir que ha sido una buena racha de cuatro temporadas.

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CRÍTICA: Ted Lasso – Temporada 4, Episodio 9

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**** sobre *****

*ALERTA DE SPOILERS*

El noveno episodio de la cuarta temporada de Ted Lasso es de emociones agridulces y novedades impactantes. Después de todo, ya estamos llegando al final, por lo que tiene sentido que la serie, por fin, comience a desenredar algunos nudos, a poner a sus protagonistas en situaciones difíciles, pero también a obligarlos a triunfar, aunque sea por un ratito. En esos sentidos, el episodio funciona muy bien a nivel emocional, permitiéndole al espectador sentir la euforia de la victoria, pero también las consecuencias (quizás no tan positivas) de algunas decisiones o eventos.

Esta vez, tenemos al equipo femenino de Richmond viajando a Bristol para un partido decisivo: si no gana, no será promocionado a la liga. Lamentablemente, luego de desmayarse en un partido previo, Keeley no puede viajar; resulta, pues, que está embarazada, noticia que la tiene muy tensa, y que tiene miedo de contarle a Roy. Por otro lado, Gemma está empecinada en volver a las canchas; Beard se ha puesto pelo (Dios mío…); y la gran Mae Green (Annette Badland), dueña del pub al que van todos los personajes, es invitada por Ted para acompañarlos en el bus hasta Bristol. Después de todo, necesitan todo el apoyo posible para ganar.


Acá incluyo spoilers, así que tiene sentido decir que sí, efectivamente, las chicas ganan el partido, y debido a varias razones. Primero porque la arquera Quinn (Jude Mack) por fin se anima a usar guantes; porque Gemma entra un rato a la cancha para meter un gol, y finalmente, porque por fin le dan la oportunidad a la calientabancas de Shannon (Shannon Hayes) de jugar en el partido, lo cual resulta en un gol más. Pero como no todo puede ser felicidad, a la par nos enteramos de quién ha estado comprando las acciones de Richmond: nada más y nada menos que Zelda (Tracey Ullman), lo cual, valgan verdades, no es del todo chocante, pero seguro tendrá repercusiones en el episodio final. Pero lo peor es que, al final del partido, vemos que Mae ha caído, y aunque no escuchamos lo que Rebecca le dice a Ted, podemos asumir que la fanática más antigua de Richmond ha fallecido.

Habrá que esperar a la próxima semana a ver qué sucede. Pero con un solo episodio más de historia, creo que esta cuarta temporada de Ted Lasso tendrá que hacer bastante para concluir de forma satisfactoria (un algo agridulce). A menos, claro, que una quinta temporada sea anunciada inmediatamente…

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CRÍTICA: Ted Lasso – Temporada 4, Episodio 8

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**** sobre *****

*ALERTA DE SPOILERS*

Más que los otros episodios de esta temporada, el octavo se concentra en el drama, dejando la comedia un poco de lado para permitirles crecer a sus personajes. Y cuando hablo de los personajes, me refiero a los secundarios, ya que fuera de un excelente discurso para las chicas, Ted (Jason Sudeikis) no aparece mucho acá –y Beard (Brendan Hunt) tampoco (aunque vamos viendo cómo va lidiando con su crisis de la mediana edad, primero con los ojos azules el episodio pasado, y al parecer, ahora injertándose pelo). Es así que terminamos con el episodio más largo de la temporada hasta ahora, que aprovecha al máximo su duración para avanzar con la historia.


Para este crítico, la trama principal es la de Alice (Tanya Reynolds) y Gemma (Abbie Hern). La segunda sufre una lesión en un partido a la vez que le ofrecen un trabajo fuera del mundo del fútbol, lo cual la hace dudar sobre su futuro en Richmond. Y la primera se dedica el episodio entero a lidiar con esto, finalmente dándose cuenta del valor que tiene su jugadora no solo para ella sino también para el resto del equipo. Mientras tanto, Roy Kent (Brett Goldstein) se rehúsa a ir a su homenaje, y cuando es obligado por Keeley (Juno Temple), se ve involucrado en una serie de situaciones absurdas que, finalmente, le permiten darse cuenta de que sí valdría la pena darle una nueva oportunidad a una relación con la chica.

Fuera de aquellas tramas, tenemos a Leslie (Jeremy Swift) investigando un repentino misterio: resulta que un montón de gente ha estado vendiendo sus acciones en Richmond, lo cual parece ser parte de una conspiración contra el equipo. Y aunque vemos a otros personajes como Rebecca (Hannah Waddingham) o el resto de jugadoras del equipo, el episodio termina concentrándose en estas dos tramas principales y la secundaria… para bien. Porque, fuera de un par de gags que no funcionan y momentos caricaturescos que van en contra del tono más bien serio de esta semana (como cuando Roy rompe el sunroof de su carro y de alguna forma logra que Keeley salga por ahí), el octavo episodio de esta temporada de Ted Lasso logra atar varios nudos, completar ciertas subtramas y hacer crecer a sus personajes. No me reí mucho, pero sentí bastante; no hay muchas quejas.

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