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CRÍTICA: A Touch of Cloth (Temporada 1)

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Habiendo visto recientemente tanto la trilogía de “¿Y dónde está el policía?” como la nueva (e hilarante) película protagonizada por Liam Neeson, y por supuesto, teniendo en mente joyas como la serie original de “Police Squad!” o la infravalorada “Top Secret!”, tenía ganas de más. Ganas de más humor absurdo, de más chistes surrealistas, y del tipo de comedia que se ve con poca frecuencia hoy en día (pero que espero reviva gracias al éxito de la ya mencionada película con Neeson).

Es así, pues, como llegué a “A Touch of Cloth”.

Lo que tenemos acá es una serie creada y coescrita por Charlie Brooker (sí, el mismo de “Black Mirror”, lo crean o no), y que maneja exactamente el mismo tipo de humor que los ejemplos mencionados líneas arriba. ¿La mayor diferencia? “A Touch of Cloth” es una producción británica, por lo que, a pesar de ser muy similar a las películas de los ZAZ, igual maneja cierto sarcasmo y humor seco muy propio de los británicos. El resultado es un show que, en su primera temporada (que solo consiste de dos episodios muy largos, al igual que las otras dos), terminó por matarme de risa simplemente por lo ridícula que es. Lo cual, obviamente, es a propósito.

John Hannah (a quienes muchos recordarán de aquel clásico moderno de las aventuras, “La Momia”, con Brendan Fraser) interpreta a Jack Cloth, detective de policía en Londres venido a menos. Años antes, su esposa murió asesinada en un misterioso y oscuro lugar, por lo que Jack se dedica ahora a estar en su casa sin hacer nada, mas que recolectar antiguas portadas de periódico sobre sí mismo (obviamente). Un día, sin embargo, llega con un caso su nueva compañera, la oficial Anne Oldman (que se pronuncia como “An Old Man”, o sea, “Un hombre viejo”… ¡ja!), interpretada por Suranne Jones.

Resulta, pues, que un hombre ha sido asesinado de manera muy cruenta, lo cual motiva a Jack a meterse de lleno en el trabajo. Es así que va descubriendo que hay un asesino serial suelto por la ciudad, que va matando a gente que aparentemente no se conocían entre sí. Mientras va realizando esta nueva investigación, Jack va enfrentando sus propios demonios, así como a potenciales sospechosos de los crímenes. Felizmente, cuenta con ayuda. Aparte de Anne (Oldman), tenemos a Asap Qureshi (Navin Chowdhry), siempre a la mano para dar nueva información sobre los crímenes; Des Hairihan (Adrian Bower), quien siempre le dice a Jack que “debería ver esto”; Natasha Sachet (Daisy Beaumont), una médico forense con un pasado sexy con Jack, y al jefe, Tom Boss (Julian Rhind-Tutt), quien siempre encuentra una palabra en otro idioma para describir lo que está pensando.

Como se deben haber dado cuenta ya, “A Touch of Cloth” se mofa de todos los estereotipos y clichés del cine y las series de detectives y policías. Es así que tenemos a un protagonista venido a menos con un pasado trágico; al Jefe que no se lleva bien con él y siempre lo fastidia; a la única policía mujer (y bisexual) del precinto, que además es una adicta al trabajo; al viejo contacto con información pertinente al caso (acá interpretado por el gran Brian Cox), e incluso al personaje que solo sirve para exponer datos y ayudar a que el espectador no se pierda. Es todo muy divertido,  y deja muy claro que Brooker y su equipo conocen perfectamente el género que están parodiando, y además le tienen mucho cariño.

¿Pero qué hay de los gags en sí? Pues hay de todo. El primer tipo de chiste, lamentablemente, se pierde un poco con el doblaje o subtitulado, y se disfruta mejor en su idioma original. Me refiero, por supuesto, a los juegos de palabras. No solo tenemos el nombre de Anne Oldman (el cual es mejor aprovechado cuando se presenta al personaje por primera vez, de manera hilarante), si no también el de Jack Cloth. “Cloth”, por supuesto, es “trapo” en inglés, por lo que el apellido es usado varias veces junto a palabras que le otorgan dicho significado fuera de contexto (especialmente por Tom Boss). Además, la frase “touching cloth” está relacionada a cierta actividad intestinal, por lo que hasta el título de la serie es de naturaleza paródica.

Y no solo el título. Los créditos iniciales, por ejemplo, sin muy parecidos a las secuencias oscuras y estiladas de otros shows, con la vital diferencia de que acá repiten exactamente el mismo plano de Jack volteando a mirar a cámara, solo que de diferentes ángulos. Y por supuesto, tenemos los gags más surrealistas, como cuando la música extradiegética de una persecución de torna diegética (con una banda de músicos tipo Stomp, y todo); Jack comienza a alucinar con su esposa en diferentes lugares (y ella se da cuenta de lo que está pasando); Des le dice a su jefe que “debería ver esto” solo para enseñarle a mujeres en paños menores, o Jack comienza a ver por una ventana que resulta no ser más que una pintura (que dos tipos se llevan cargada).

Y hay más. Están los gags autoreferentes y hasta los que rompen la cuarta pared, como cuando deciden usar “hologramas exagerados” para ver las pistas de su investigación, o como cuando un personaje dice que tiene que irse al “plano de establecimiento” (el episodio corta inmediatamente, por supuesto, a un plano de establecimiento de una casa). Hay chistes cada cinco segundos, y aunque claramente no todos funcionan, la proporción de los que sí dan risa versus los que no está muy bien. En general, esta primera temporada de “A Touch of Cloth” (que se ve puede ver toda de corrida como si fuese una película de hora y media) es muy graciosa, aprovechando lo absurdo de su premisa para burlarse de medio mundo, pero sin llegar a ser demasiado ofensiva.

Por supuesto, si la serie funciona, no es solo gracias al guion ridículo y creativo, si no también al reparto. Imitando un poco al gran Leslie Nielsen, todos se toman cada situación muy en serio, lo cual hace que la comedia funcione. John Hannah (a quien vimos hace relativamente poco en la primera temporada de “The Last of Us”) es hilarante como Jack, precisamente porque se nota a leguas que cree ser un detective sufrido y parco. Pero a la vez, cuando el guion le exige ser melodramático (como cuando le dispara a la lluvia o lo vemos en un flashback gritando al ver a su esposa muerta), también pone todo de sí. Como Anne (¡Oldman!), Suranne Jones es la contraparte perfecta, especialmente cuando se toma todo literalmente. Y Julian Rhind-Tutt es sutilmente hilarante como el Capitán Pesado, especialmente hacia el final de la temporada.

La pasé muy bien con “A Touch of Cloth”, pero era de esperarse. Después de todo, este es mi estilo de humor, ridículo, surrealista y por momentos muy estúpido (pero a propósito, y sin llegar a ser grotesco). Nuevamente: no todos los chistes funcionan, y algunos son más astutos que verdaderamente hilarantes, pero si les gusta este tipo de comedia, dudo mucho que la vayan a pasar mal con la primera temporada de “A Touch of Cloth”. Como se deben imaginar, estoy muy emocionado por ver las siguientes dos —solo espero que Brooker y compañía hayan logrado mantener la misma consistencia humorística que en la primera. (Ah, y por cierto; esta primera temporada de “A Touch of Cloth” está disponible enterita en YouTube, aunque sin ningún tipo de subtítulo).

Cofundador y editor en NoEsEnSerie.com. Bachiller en Comunicación Audiovisual por la PUCP, y miembro de la APRECI—Asociación de Prensa Cinematográfica. Integra el staff de la revista MasGamers, las webs de Nintendo Pe y Fans de Zelda Perú, el portal web Cinencuentro, y el portal de cine peruano FotografiaCalato.com. Adicionalmente, es YouTuber para el canal Aprieta Start, y formó parte del staff de prensa del 18 Festival de Cine de Lima. También trabaja como fotógrafo para Star Wars Fan Club Perú. Desde enero del 2012 publica críticas y comentarios de cine en el blog Proyectando Ideas (el cual forma parte de la Asociación de Blogs de Cine). Crítico oficial de RottenTomatoes.com. Cinéfilo y seriómano empedernido.

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CRÍTICA: Ted Lasso – Temporada 4, Episodio 10 (FINAL)

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****½ sobre *****

*ALERTA DE SPOILERS*

Y llegamos al final. ¿Será el final de la serie en general? ¿O será como la última vez, que el buen Ted y compañía descansarán un rato para luego regresar? El desenlace de este episodio nos sugiere un futuro brillante tanto para él como para Alice y Beard y Rebecca y todo el mundo, por lo que no me fastidiaría ver una quinta temporada. Pero a la vez, si este llegara a ser el final del show (ahora sí de verdad), tampoco me molestaría. La cuarta temporada de Ted Lasso no ha sido la mejor de todas, pero especialmente con este desenlace, al menos ha logrado justificar su propia existencia; y, de paso (y para variar), hacer llorar a su público.

El episodio, pues, termina por resolver todos los enredos y conflictos antes presentados, sin dejar a nadie mal parado –no, ni siquiera a la maldita de Zelda. Como era de esperarse, esta última se revela como la que le estuvo comprando las acciones de Richmond a todo el mundo, pero felizmente, tanto Rebecca como Leslie tenían un as bajo la manga. Ted logra conectar mejor con su hijo al revelarle la verdad de cómo murió su abuelo. Y hablando de muerte, todo el mundo tiene que lidiar con el fallecimiento de Mae del episodio pasado, lo cual, curiosamente, trae consigo buenas consecuencias tanto para el club (y el conflicto con Zelda) como para los tres fieles accionistas y asiduos clientes del pub, quienes se convierten en sus nuevos dueños.


¿Y qué hay de Roy y Keeley? Luego de pasar por algunos momentos (quizás no tan) tensos, se dan cuenta de que están listos para ser padres, con el primero pidiendo una nueva junta de los Diamond Dogs para que sus amigos lo ayuden con sus inseguridades. Y luego de tantos cambios y sorpresas, Rebecca por fin decide casarse, dándose cuenta de que no le tiene miedo al matrimonio o al compromiso; solo al haber estado antes con la persona incorrecta. ¿Se siente todo esto súper conveniente y fresa? Pues sí. Pero a la vez funciona como para cerrarlo absolutamente todo y dejar al espectador en lágrimas, esto último, cortesía de una narración en off particularmente emotiva por parte de Mae.

Ha sido un deleite, pues, tener a Ted Lasso de vuelta en nuestras pantallas. No ha sido una temporada perfecta, pero entre sus nuevos (y memorables) personajes femeninos y arcos interesantemente maduros para los personajes clásicos, me terminó por convencer. Y bueno, ayuda el que literalmente hayan dejado lo mejor para el final. Veremos si llega una quinta temporada; pase lo que pase, al menos podemos decir que ha sido una buena racha de cuatro temporadas.

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CRÍTICA: Ted Lasso – Temporada 4, Episodio 9

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**** sobre *****

*ALERTA DE SPOILERS*

El noveno episodio de la cuarta temporada de Ted Lasso es de emociones agridulces y novedades impactantes. Después de todo, ya estamos llegando al final, por lo que tiene sentido que la serie, por fin, comience a desenredar algunos nudos, a poner a sus protagonistas en situaciones difíciles, pero también a obligarlos a triunfar, aunque sea por un ratito. En esos sentidos, el episodio funciona muy bien a nivel emocional, permitiéndole al espectador sentir la euforia de la victoria, pero también las consecuencias (quizás no tan positivas) de algunas decisiones o eventos.

Esta vez, tenemos al equipo femenino de Richmond viajando a Bristol para un partido decisivo: si no gana, no será promocionado a la liga. Lamentablemente, luego de desmayarse en un partido previo, Keeley no puede viajar; resulta, pues, que está embarazada, noticia que la tiene muy tensa, y que tiene miedo de contarle a Roy. Por otro lado, Gemma está empecinada en volver a las canchas; Beard se ha puesto pelo (Dios mío…); y la gran Mae Green (Annette Badland), dueña del pub al que van todos los personajes, es invitada por Ted para acompañarlos en el bus hasta Bristol. Después de todo, necesitan todo el apoyo posible para ganar.


Acá incluyo spoilers, así que tiene sentido decir que sí, efectivamente, las chicas ganan el partido, y debido a varias razones. Primero porque la arquera Quinn (Jude Mack) por fin se anima a usar guantes; porque Gemma entra un rato a la cancha para meter un gol, y finalmente, porque por fin le dan la oportunidad a la calientabancas de Shannon (Shannon Hayes) de jugar en el partido, lo cual resulta en un gol más. Pero como no todo puede ser felicidad, a la par nos enteramos de quién ha estado comprando las acciones de Richmond: nada más y nada menos que Zelda (Tracey Ullman), lo cual, valgan verdades, no es del todo chocante, pero seguro tendrá repercusiones en el episodio final. Pero lo peor es que, al final del partido, vemos que Mae ha caído, y aunque no escuchamos lo que Rebecca le dice a Ted, podemos asumir que la fanática más antigua de Richmond ha fallecido.

Habrá que esperar a la próxima semana a ver qué sucede. Pero con un solo episodio más de historia, creo que esta cuarta temporada de Ted Lasso tendrá que hacer bastante para concluir de forma satisfactoria (un algo agridulce). A menos, claro, que una quinta temporada sea anunciada inmediatamente…

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CRÍTICA: Ted Lasso – Temporada 4, Episodio 8

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**** sobre *****

*ALERTA DE SPOILERS*

Más que los otros episodios de esta temporada, el octavo se concentra en el drama, dejando la comedia un poco de lado para permitirles crecer a sus personajes. Y cuando hablo de los personajes, me refiero a los secundarios, ya que fuera de un excelente discurso para las chicas, Ted (Jason Sudeikis) no aparece mucho acá –y Beard (Brendan Hunt) tampoco (aunque vamos viendo cómo va lidiando con su crisis de la mediana edad, primero con los ojos azules el episodio pasado, y al parecer, ahora injertándose pelo). Es así que terminamos con el episodio más largo de la temporada hasta ahora, que aprovecha al máximo su duración para avanzar con la historia.


Para este crítico, la trama principal es la de Alice (Tanya Reynolds) y Gemma (Abbie Hern). La segunda sufre una lesión en un partido a la vez que le ofrecen un trabajo fuera del mundo del fútbol, lo cual la hace dudar sobre su futuro en Richmond. Y la primera se dedica el episodio entero a lidiar con esto, finalmente dándose cuenta del valor que tiene su jugadora no solo para ella sino también para el resto del equipo. Mientras tanto, Roy Kent (Brett Goldstein) se rehúsa a ir a su homenaje, y cuando es obligado por Keeley (Juno Temple), se ve involucrado en una serie de situaciones absurdas que, finalmente, le permiten darse cuenta de que sí valdría la pena darle una nueva oportunidad a una relación con la chica.

Fuera de aquellas tramas, tenemos a Leslie (Jeremy Swift) investigando un repentino misterio: resulta que un montón de gente ha estado vendiendo sus acciones en Richmond, lo cual parece ser parte de una conspiración contra el equipo. Y aunque vemos a otros personajes como Rebecca (Hannah Waddingham) o el resto de jugadoras del equipo, el episodio termina concentrándose en estas dos tramas principales y la secundaria… para bien. Porque, fuera de un par de gags que no funcionan y momentos caricaturescos que van en contra del tono más bien serio de esta semana (como cuando Roy rompe el sunroof de su carro y de alguna forma logra que Keeley salga por ahí), el octavo episodio de esta temporada de Ted Lasso logra atar varios nudos, completar ciertas subtramas y hacer crecer a sus personajes. No me reí mucho, pero sentí bastante; no hay muchas quejas.

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