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CRÍTICA – Bridgerton (Primera Temporada)
Publicado
hace 6 añosel
Si “Bridgerton” se ha convertido rápidamente en la serie original más vista en la historia de Netflix, es porque el público ha respondido a lo que el show tiene para ofrecer. Puede ser el drama ligero, las actuaciones sorprendentemente sólidas, o el elemento romántico de la trama. O puede que se deba a que es fantasía pura, una suerte de reinterpretación de la historia —especialmente, de la era Regency en Inglaterra—, en donde no se respeta mucho la exactitud histórica, pero sí los dramas que se vivían en aquella época, especialmente relacionados a los roles de género, y a la obsesión que la gente de poder y dinero tenía con el matrimonio y la continuación de sus linajes. Puede que “Bridgerton” no esté interesado en los detalles históricos, pero sí en una visión algo general de las problemáticas de la época.
Pero me estoy adelantando. Ya que, por más de que “Bridgerton” incluya algunos elementos de interés, tampoco se puede argumentar que sea una gran serie ni mucho menos. De hecho, hasta se podría decir que es una producción bastante telenovelesca, con varios conflictos que se sienten artificiales —o que podrían resolverse rápidamente si es que los personajes realmente se comunicaran entre sí—, y caracterizaciones algo cuestionables. Pero como suele pasar con varias series de Netflix, “Bridgerton” se ve extremadamente beneficiada por el famoso binge watch: se trata, pues, de uno de los shows más adictivos que haya consumido en mucho tiempo, tanto así que me vi la primera temporada en tan solo un par de días (y lo hubiera hecho en uno solo, si es que no tuviese otras cosas que hacer). No podemos negar, entonces, el buen ritmo que maneja, y la gran utilización de los cliffhangers al final de cada episodio, que motivan al espectador a seguir absorbiendo la historia.

¿Estoy defendiendo lo indefendible? No creo. Por más de que no sea ARTE, hay que admitir que “Bridgerton” es un producto pulcro, hecho con profesionalismo, con mucho qué destacar tanto delante como detrás de cámaras. Ayuda, además, el que esté basado en una novela muy popular, lo cual ya de por sí hace que exista un público que esté interesado en el producto por default. Sí, el PRODUCTO: “Bridgerton”, nuevamente, no es ARTE, pero sí un show manufacturado para un público en específico, fanático de las historias de época, románticas y algo anacrónicas. Curiosamente, no me considero parte de dicho público, y sin embargo consumí la serie de manera rápida y furiosa, interesándome en los personajes y sus problemas (algo ridículos para nuestra sociedad contemporánea). De repente es ahí donde radica la genialidad de “Bridgerton”.
¿Pero de qué trata la serie? Pues la historia se lleva a cabo en la Inglaterra del siglo 19, y tiene como protagonista a la joven Daphne Bridgerton (Phoebe Dynevor), una chica privilegiada, perteneciente a una familia acaudalada, obsesionada con la idea del matrimonio y del amor verdadero. La serie nos cuenta todas sus pruebas y tribulaciones, involucrándose con un conde llamado Simon Basset (Regé-Jean Page) que, curiosamente, no cree en el matrimonio, e interactuando tanto con otros posibles pretendientes, como con las chicas de la familia Featherington, quienes no tienen la misma suerte en el amor. Todo es narrado, además, con la voz en off de Lady Whistledown (¡Julie Andrews!), quien publica un panfleto semanal con todos los chismes de la gente privilegiada de Londres. Esto último, de hecho, hizo que las comparaciones entre “Bridgerton” y “Gossip Girl” sean inevitables… y francamente, totalmente entendibles.
En lo que se refiere a tono, “Bridgerton” se siente como una serie adolescente tradicional, pero que se lleva a cabo en la era Regency del Reino Unido. El foco de la trama son los personajes jóvenes: Daphne, por supuesto, pero también su hermana Eloise (quien está obsesionada con descubrir la verdadera identidad de Lady Whistledown), Penelope Featherington (quien busca el amor en el lugar equivocado), su hermano Anthony Bridgerton (sobreprotector, intenso) y Marina Thompson (quien llegó a vivir a la casa de los Featherington, ansiosa por recibir noticias de su novio, quien pelea en una guerra). Los personajes son variados, y aunque muchos tienen caracterizaciones algo genéricas o planas, al menos logran diferenciarse bastante entre ellos, como para que el espectador pueda entender sin problemas sus motivaciones y conflictos.

Lo cual, evidentemente, está muy relacionado a la “modernidad” de “Bridgerton”. Porque, a pesar de que la historia se lleva a cabo a principios del siglo 19, muchas de las actitudes de los personajes se sienten como extraídas del siglo 21. Esto se refleja claramente en el personaje de Eloise, quien habla frecuentemente sobre los roles de género de la época, sobre como ella tiene sus propios objetivos y no está interesada en el matrimonio, y hasta de cómo las mujeres son tratadas como inferiores en la Londres del siglo 19. Se siente algo anacrónico, es cierto, y carece de sutileza, pero a la vez, va muy bien con la propuesta general de la serie. Ayuda, además, el que Claudia Jessie interpreta a Eloise con convicción, desarrollándola como una chica con obsesiones algo infantiles, pero a la vez, algo de madurez emocional.
De hecho, las actuaciones son todas bastante decentes, lo cual ayuda a sobrellevar de manera más fácil el diálogo frecuentemente absurdo y por momentos hasta ridículo. Phoebe Dynevor está muy bien como Daphne, interpretando a nuestra protagonista como una mujer poco preparada para el mundo real y para las relaciones románticas y/o sexuales —el show hace un gran énfasis, incluso, en lo poco que sabe sobre el sexo, especialmente considerando lo cerca que está a casarse (y más importante, a tener una luna de miel). Nicola Coughlan destaca como Penelope Featherington, uno de los miembros más ignorados de dicha familia; la sufrida Marina Thompson de Ruby Barker es de los personajes que más empatan causan, y René-Jean Page interpreta a Simon como un hombre complicado, algo tóxico incluso —lo cual hace que el “romanticismo” de su relación con Daphne sea algo cuestionable—, pero previsiblemente apuesto. Y de los adultos, resaltan Ruth Gemmell como Lady Violet Bridgerton, Ben Miller (Bough en “Johnny English”) como un Lord Featherington con varios problemas de apuestas, y Adjoa Andoh como la sarcástica Lady Danbury.

Ahora bien, es imposible escribir sobre “Bridgerton” sin mencionar el “cásting daltónico” de los personajes. Con esto me refiero a que, como parte de la propuesta anacrónica de la serie, los personajes —tanto secundarios como principales— son interpretados por actores de todo tipo de color y ascendencia. Esta es la prueba máxima de que la precisión histórica no es una de las prioridades del show —pero también resulta en algunas caracterizaciones desafortunadas, como el tener a la mayoría de protagonistas como personajes blancos, y a muchos de los personajes negros como villanos o intereses románticos de personalidades cuestionables. Además, desde un inicio asumí que, al ser un “cásting daltónico”, nadie dentro de la ficción diría nada al respecto… hasta que vi una escena en particular, en donde uno de los personajes da a entender que la gente negra se volvió parte de la clase alta, cuando el Rey de Inglaterra decidió casarse con una mujer morena. Dicho momento confirma que “Bridgerton” se lleva a cabo en una línea de tiempo alterna, diferente a la nuestra, pero francamente, al ser tan breve, me dejó con más preguntas que respuestas.
Adicionalmente, los realizadores utilizan otros recursos para dar a entender que se trata de una versión modernizada —o como ya se dijo, alterna— de la era Regency de Inglaterra. La banda sonora, aunque usualmente tradicional, hace uso de canciones pop contemporáneas, interpretadas con instrumentos clásicos —me dio risa, por ejemplo, cuando en una escena comenzó a sonar “Thank you, Next” de Ariana Grande, tocada con violines. Y el show en general es bastante más explícito y sexual que la historia de época promedio; aunque considerando todo lo que había leído en redes sociales, pensé que iba a ser peor. De hecho, el contenido sexual comienza recién en el quinto episodio, y es parte importante del crecimiento de Daphne como personaje —como se mencionó líneas arriba, es alguien que sabía poco o nada sobre sexo antes de casarse, y que al estar con alguien por primera vez, comienza a disfrutar muchísimo del mismo. Las escenas de sexo, además, no están dirigidas de manera gratuita, y de hecho, carecen —en su mayoría— del infame male gaze, concentrándose más en la conexión entre los personajes, que en planos innecesarios de traseros o senos.

Si nada de lo ya expuesto los convence de ver “Bridgerton”, entonces nada lo hará. Lo que tenemos acá es una serie anacrónica y fantástica, que se desarrolla como parte de una historia alterna en donde la gente de diferentes orígenes y colores de piel conviven armoniosamente… pero donde, curiosamente, todavía existe la pobreza y los roles de género muy estrictos que uno esperaría de una sociedad occidental del siglo 19. Como se dijo líneas arriba; no es ARTE, y por momentos puede ser extremadamente melodramático e inverosímil. Pero se consume fácilmente, y está hecho con suficiente cuidado, como para que no resulte aburrido o frustrante. Entiendo perfectamente por qué “Bridgerton” terminó siendo tan popular —es como algodón de azúcar, dulce y sabroso, pero bastante vacío y poco nutritivo. Sin embargo, estaré esperando con ansias la ya anunciada segunda temporada… ¡y no me duele (tanto) admitirlo!
Cofundador y editor en NoEsEnSerie.com. Bachiller en Comunicación Audiovisual por la PUCP, y miembro de la APRECI—Asociación de Prensa Cinematográfica. Integra el staff de la revista MasGamers, las webs de Nintendo Pe y Fans de Zelda Perú, el portal web Cinencuentro, y el portal de cine peruano FotografiaCalato.com. Adicionalmente, es YouTuber para el canal Aprieta Start, y formó parte del staff de prensa del 18 Festival de Cine de Lima. También trabaja como fotógrafo para Star Wars Fan Club Perú. Desde enero del 2012 publica críticas y comentarios de cine en el blog Proyectando Ideas (el cual forma parte de la Asociación de Blogs de Cine). Crítico oficial de RottenTomatoes.com. Cinéfilo y seriómano empedernido.
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**** sobre *****
*ALERTA DE SPOILERS*
El noveno episodio de la cuarta temporada de Ted Lasso es de emociones agridulces y novedades impactantes. Después de todo, ya estamos llegando al final, por lo que tiene sentido que la serie, por fin, comience a desenredar algunos nudos, a poner a sus protagonistas en situaciones difíciles, pero también a obligarlos a triunfar, aunque sea por un ratito. En esos sentidos, el episodio funciona muy bien a nivel emocional, permitiéndole al espectador sentir la euforia de la victoria, pero también las consecuencias (quizás no tan positivas) de algunas decisiones o eventos.
Esta vez, tenemos al equipo femenino de Richmond viajando a Bristol para un partido decisivo: si no gana, no será promocionado a la liga. Lamentablemente, luego de desmayarse en un partido previo, Keeley no puede viajar; resulta, pues, que está embarazada, noticia que la tiene muy tensa, y que tiene miedo de contarle a Roy. Por otro lado, Gemma está empecinada en volver a las canchas; Beard se ha puesto pelo (Dios mío…); y la gran Mae Green (Annette Badland), dueña del pub al que van todos los personajes, es invitada por Ted para acompañarlos en el bus hasta Bristol. Después de todo, necesitan todo el apoyo posible para ganar.

Acá incluyo spoilers, así que tiene sentido decir que sí, efectivamente, las chicas ganan el partido, y debido a varias razones. Primero porque la arquera Quinn (Jude Mack) por fin se anima a usar guantes; porque Gemma entra un rato a la cancha para meter un gol, y finalmente, porque por fin le dan la oportunidad a la calientabancas de Shannon (Shannon Hayes) de jugar en el partido, lo cual resulta en un gol más. Pero como no todo puede ser felicidad, a la par nos enteramos de quién ha estado comprando las acciones de Richmond: nada más y nada menos que Zelda (Tracey Ullman), lo cual, valgan verdades, no es del todo chocante, pero seguro tendrá repercusiones en el episodio final. Pero lo peor es que, al final del partido, vemos que Mae ha caído, y aunque no escuchamos lo que Rebecca le dice a Ted, podemos asumir que la fanática más antigua de Richmond ha fallecido.
Habrá que esperar a la próxima semana a ver qué sucede. Pero con un solo episodio más de historia, creo que esta cuarta temporada de Ted Lasso tendrá que hacer bastante para concluir de forma satisfactoria (un algo agridulce). A menos, claro, que una quinta temporada sea anunciada inmediatamente…
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CRÍTICA: Ted Lasso – Temporada 4, Episodio 8
Publicado
hace 1 semanael
23 septiembre, 2026
**** sobre *****
*ALERTA DE SPOILERS*
Más que los otros episodios de esta temporada, el octavo se concentra en el drama, dejando la comedia un poco de lado para permitirles crecer a sus personajes. Y cuando hablo de los personajes, me refiero a los secundarios, ya que fuera de un excelente discurso para las chicas, Ted (Jason Sudeikis) no aparece mucho acá –y Beard (Brendan Hunt) tampoco (aunque vamos viendo cómo va lidiando con su crisis de la mediana edad, primero con los ojos azules el episodio pasado, y al parecer, ahora injertándose pelo). Es así que terminamos con el episodio más largo de la temporada hasta ahora, que aprovecha al máximo su duración para avanzar con la historia.

Para este crítico, la trama principal es la de Alice (Tanya Reynolds) y Gemma (Abbie Hern). La segunda sufre una lesión en un partido a la vez que le ofrecen un trabajo fuera del mundo del fútbol, lo cual la hace dudar sobre su futuro en Richmond. Y la primera se dedica el episodio entero a lidiar con esto, finalmente dándose cuenta del valor que tiene su jugadora no solo para ella sino también para el resto del equipo. Mientras tanto, Roy Kent (Brett Goldstein) se rehúsa a ir a su homenaje, y cuando es obligado por Keeley (Juno Temple), se ve involucrado en una serie de situaciones absurdas que, finalmente, le permiten darse cuenta de que sí valdría la pena darle una nueva oportunidad a una relación con la chica.
Fuera de aquellas tramas, tenemos a Leslie (Jeremy Swift) investigando un repentino misterio: resulta que un montón de gente ha estado vendiendo sus acciones en Richmond, lo cual parece ser parte de una conspiración contra el equipo. Y aunque vemos a otros personajes como Rebecca (Hannah Waddingham) o el resto de jugadoras del equipo, el episodio termina concentrándose en estas dos tramas principales y la secundaria… para bien. Porque, fuera de un par de gags que no funcionan y momentos caricaturescos que van en contra del tono más bien serio de esta semana (como cuando Roy rompe el sunroof de su carro y de alguna forma logra que Keeley salga por ahí), el octavo episodio de esta temporada de Ted Lasso logra atar varios nudos, completar ciertas subtramas y hacer crecer a sus personajes. No me reí mucho, pero sentí bastante; no hay muchas quejas.
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CRÍTICA: Ted Lasso – Temporada 4, Episodio 7
Publicado
hace 2 semanasel
16 septiembre, 2026
**** sobre *****
*ALERTA DE SPOILERS*
Interesante cómo este séptimo episodio de la cuarta temporada de Ted Lasso lidia con los eventos de la semana pasada. Primero, tenemos a una Alice (Tanya Reynolds) decidiendo decirle sí a todo para tratar de convertirse en una mejor entrenadora (y quizás mejor persona). Luego a un Ted (Jason Sudeikis) intentando crearse un perfil en una app de citas, pero sin saber cómo describirse en tres palabras. A un Roy (Brett Goldstein) finalmente dándose cuenta de que le gusta la Dra. Beaumont (Laura Haddock), pero que sí enamorado de Keeley (Juno Temple). A una Rebecca (Hannah Waddingham) y un Leslie (Jeremy Swift) tratando de lidiar con el abogado inescrupuloso de Dani Rojas (a quien no vemos, lamentablemente) con la ayuda de Zelda (Tracey Ullman). Y finalmente, a las chicas del equipo, cada una con sus diferentes problemas (carros malogrados, subidas de precio de alquiler, exesposos irresponsables, y más).

Si suena a que es bastante, pues sí que lo es. Pero a diferencia de episodios previos, este hace un mejor trabajo balanceando todas estas historias, haciendo que la mayoría gire en torno al concepto de Creer tan presente en temporadas previas (el letrero está de vuelta, solo que ahora en la nueva oficina de Ted), y a la forma en que decidimos resolver nuestros problemas. Esto concluye de forma algo angustiosa cuando vemos a Ted finalmente animándose a invitar a salir a la chica que conoció en el teatro (luego de borrar la app de citas), para enterarse de que está saliendo con alguien. A veces, igual vale la pena ser valiente y animarse a hacer algo, por más que los resultados no sean los que uno esperaba.
Este séptimo episodio, pues, termina convenciendo gracias a cómo se concentra en sus personajes más importantes, dejando un poco al fútbol de lado para mostrarnos cómo ciertas decisiones pueden ayudar a que crezcan. En particular, me gustó la conversación final entre Beaumont y Roy, donde este finalmente se da cuenta de lo que siente por Keeley, disculpándose, hasta cierto punto, con su cuasi nueva novia por ser parte de un experimento. El final, sin embargo, es lo más emotivo que nos entrega el episodio; da gusto ver a Ted ser algo más aparte de su versión feliz y inspiradora, especialmente luego de haber recibido tantos consejos de parte de una Keeley noble y amable. Mezclando lo cursi con lo verosímil, este séptimo episodio de la nueva temporada de Ted Lasso convence y nos deja con la esperanza de ver más novedades la próxima semana.
CRÍTICA: Ted Lasso – Temporada 4, Episodio 9
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