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CRÍTICA: A Touch of Cloth (Temporada 2)

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Si la primera temporada de “A Touch of Cloth” se sintió como el perfecto complemento para cualquiera de las comedias absurdas clásicas del equipo ZAZ de los 70s y 80s, la segunda, más bien, se percibe como una muestra de lo que puede pasar cuando se tiene demasiado de algo bueno. No es que se trate de una temporada terrible ni mucho menos, pero lo que se hace acá con “A Touch of Cloth” definitivamente es algo inferior a lo previo, abusando de algunos chistes repetitivos, e incluyendo gags sexuales que se sienten fuera de lugar. Me reí con la segunda temporada de “A Touch of Cloth”, pero no tanto como con la primera.

La historia comienza con un prólogo que nos muestra el robo a un banco, en el que le disparan a  Todd Carty (haciendo de sí mismo), un oficial de policía vestido de civil que trabaja con Anne Oldman (Suranne Jones). Por su parte, Jack Cloth (John Hannah) está ahora retirado, habiéndose separado de Anne, y dedicándose a manejar un taxi y visitar la tumba de su esposa (por más de que esté con un cliente). Pero es el robo ya mencionado, así como otros crímenes, lo que lo motivan a regresar al ruedo, no para trabajar nuevamente solo con Anne, si no también con Tom Boss (Julian Rhind-Tutt), quien ha regresado a su viejo puesto a pesar de que asesinó tanto a la mujer de Jack como a otras personas. Después de todo, pasó por rehabilitación y un par de cursos y ya.

Empecinado en encontrar a los criminales que están aterrorizando a la City of Town (ja), Jack decide trabajar encubierto, metiéndose a ser parte de la banda del peligroso Macratty (el gran Stephen Dillane, de “Juego de tronos”). Es así que hace de todo —hasta usar un micrófono y grabadora de sonido ridículamente grandes— para enterarse de los planes del líder criminal, los cuales involucran al robo del control remoto de una bomba (nuclear). Jack tiene poco tiempo para detener a Macratty, y necesitará de la ayuda de todos sus compañeros para lograrlo.

Evidentemente, el mismo sentido del humor de la primera temporada de “A Touch of Cloth” se mantiene acá. Todo en el show es muy ridículo, desde el inicio, en el que vemos a Carty sacrificándose en el atraco del banco y escribiendo un mensaje absurdo con sangre en el piso, hasta que nos enteramos de que Boss regresó a la fuerza sin mayores problemas a pesar de ser un asesino (un claro comentario sobre lo fácil que se la lleva la gente con poder e influencias en la vida real, especialmente cuando son hombres blancos). Y por supuesto, una vez que Jack se pone a trabajar encubierto, “A Touch of Cloth” comienza a incluir situaciones cada vez más surrealistas, muchas de las cuales enfatizan lo caricaturesco que es el universo en el que se lleva a cabo esta serie.

Podría seguir mencionando ejemplos del tipo de gags que funcionan en la segunda temporada de “A Touch of Cloth”, pero tampoco es que quiera arruinarles la sorpresa. Solo sepan que hay bastante que me hizo reír, y que esta vez la serie se mofa de los clichés de las series policiales que obligan a sus protagonistas a trabajar junto a criminales (un chiste recurrente sobre como Jack “se ha olvidado de qué lado está” es particularmente brillante, especialmente cuando se toma de forma literal). Cuando la comedia funciona, funciona, de eso no hay duda. Lo malo es que mientras la historia avanza, las risas se hacen menos frecuentes, lo cual quiere decir que la primera parte (creativamente llamada “Undercover Cloth: Parte Uno”) funciona mejor que la segunda (“Undercover Cloth: Parte Dos”). Pero al igual que la primera temporada, si así lo quieren, pueden ver ambas de corrido para que se sientan como una sola película de hora y media.

Ahora, lo que sí vale la pena destacar es que hay más gags que no funcionan en esta temporada que en la anterior. En particular, no disfruté mucho de los chistes más sexuales y algunos que hasta hacen uso del gore. No por razones “cucufatas” o de conservadurismo extremo (no soy ese tipo de persona o crítico, para nada), si no más bien porque se sienten algo fuera de lugar en este mundo tan de caricatura. Cuando la primera temporada incluía chistes sexuales (como el de la erección de Jack en la sala de interrogaciones), lo hacía de forma relativamente elegante, mientras que acá muchos de ellos no combinan bien con el resto de la comedia. No es un defecto terrible, pero sí hace que esta nueva historia se sienta por momentos muy distinta a la anterior.

Eso sí, de las actuaciones no me puedo quejar. John Hannah vuelve a interpretar a Jack Cloth de forma perfecta; como un tipo extremadamente serio, capaz de decir las más grandes estupideces sin mover una sola ceja (me encanta cierto chiste sobre la continuidad, que además involucra un cambio en su barba). Por su parte, Suranne Jones le otorga mucha franqueza a Anne Oldman (“un hombre viejo”), esta vez, en sus interacciones con la candidata a la alcaldía Hope Goodgirl (Anna Chancellor), burlándose de los personajes lésbicos en historias como estas. Y por supuesto, Stephen Dillane destaca como el villano de turno, apropiadamente siniestro por más de que esté rodeado de puro idiota.

No es que la haya pasado mal con la segunda temporada de “A Touch of Cloth” —todavía tiene varios gags que funcionan y que me hicieron reír a carcajadas. Y la narrativa en sí se sigue burlando de los clichés del cine (y series) de policías y criminales, en muchos casos, de forma eficiente e hilarante. Pero no puedo evitar sentir que Charlie Brooker y compañía se comenzaron a quedar sin ideas acá, repitiendo algunos gags de la primera temporada, y recurriendo a humor sexual o de gore que lamentablemente se siente un poco fuera de lugar. Espero que la tercera temporada de “A Touch of Cloth” me vaya a sorprender gratamente —al menos con la inclusión de Karen Gillan (“Doctor Who”, “Guardianes de la Galaxia”) en el reparto, hay la posibilidad de que vaya a estar mejor que la segunda. ¡A cruzar los dedos!

Cofundador y editor en NoEsEnSerie.com. Bachiller en Comunicación Audiovisual por la PUCP, y miembro de la APRECI—Asociación de Prensa Cinematográfica. Integra el staff de la revista MasGamers, las webs de Nintendo Pe y Fans de Zelda Perú, el portal web Cinencuentro, y el portal de cine peruano FotografiaCalato.com. Adicionalmente, es YouTuber para el canal Aprieta Start, y formó parte del staff de prensa del 18 Festival de Cine de Lima. También trabaja como fotógrafo para Star Wars Fan Club Perú. Desde enero del 2012 publica críticas y comentarios de cine en el blog Proyectando Ideas (el cual forma parte de la Asociación de Blogs de Cine). Crítico oficial de RottenTomatoes.com. Cinéfilo y seriómano empedernido.

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CRÍTICA: Ted Lasso – Temporada 4, Episodio 10 (FINAL)

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****½ sobre *****

*ALERTA DE SPOILERS*

Y llegamos al final. ¿Será el final de la serie en general? ¿O será como la última vez, que el buen Ted y compañía descansarán un rato para luego regresar? El desenlace de este episodio nos sugiere un futuro brillante tanto para él como para Alice y Beard y Rebecca y todo el mundo, por lo que no me fastidiaría ver una quinta temporada. Pero a la vez, si este llegara a ser el final del show (ahora sí de verdad), tampoco me molestaría. La cuarta temporada de Ted Lasso no ha sido la mejor de todas, pero especialmente con este desenlace, al menos ha logrado justificar su propia existencia; y, de paso (y para variar), hacer llorar a su público.

El episodio, pues, termina por resolver todos los enredos y conflictos antes presentados, sin dejar a nadie mal parado –no, ni siquiera a la maldita de Zelda. Como era de esperarse, esta última se revela como la que le estuvo comprando las acciones de Richmond a todo el mundo, pero felizmente, tanto Rebecca como Leslie tenían un as bajo la manga. Ted logra conectar mejor con su hijo al revelarle la verdad de cómo murió su abuelo. Y hablando de muerte, todo el mundo tiene que lidiar con el fallecimiento de Mae del episodio pasado, lo cual, curiosamente, trae consigo buenas consecuencias tanto para el club (y el conflicto con Zelda) como para los tres fieles accionistas y asiduos clientes del pub, quienes se convierten en sus nuevos dueños.


¿Y qué hay de Roy y Keeley? Luego de pasar por algunos momentos (quizás no tan) tensos, se dan cuenta de que están listos para ser padres, con el primero pidiendo una nueva junta de los Diamond Dogs para que sus amigos lo ayuden con sus inseguridades. Y luego de tantos cambios y sorpresas, Rebecca por fin decide casarse, dándose cuenta de que no le tiene miedo al matrimonio o al compromiso; solo al haber estado antes con la persona incorrecta. ¿Se siente todo esto súper conveniente y fresa? Pues sí. Pero a la vez funciona como para cerrarlo absolutamente todo y dejar al espectador en lágrimas, esto último, cortesía de una narración en off particularmente emotiva por parte de Mae.

Ha sido un deleite, pues, tener a Ted Lasso de vuelta en nuestras pantallas. No ha sido una temporada perfecta, pero entre sus nuevos (y memorables) personajes femeninos y arcos interesantemente maduros para los personajes clásicos, me terminó por convencer. Y bueno, ayuda el que literalmente hayan dejado lo mejor para el final. Veremos si llega una quinta temporada; pase lo que pase, al menos podemos decir que ha sido una buena racha de cuatro temporadas.

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CRÍTICA: Ted Lasso – Temporada 4, Episodio 9

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**** sobre *****

*ALERTA DE SPOILERS*

El noveno episodio de la cuarta temporada de Ted Lasso es de emociones agridulces y novedades impactantes. Después de todo, ya estamos llegando al final, por lo que tiene sentido que la serie, por fin, comience a desenredar algunos nudos, a poner a sus protagonistas en situaciones difíciles, pero también a obligarlos a triunfar, aunque sea por un ratito. En esos sentidos, el episodio funciona muy bien a nivel emocional, permitiéndole al espectador sentir la euforia de la victoria, pero también las consecuencias (quizás no tan positivas) de algunas decisiones o eventos.

Esta vez, tenemos al equipo femenino de Richmond viajando a Bristol para un partido decisivo: si no gana, no será promocionado a la liga. Lamentablemente, luego de desmayarse en un partido previo, Keeley no puede viajar; resulta, pues, que está embarazada, noticia que la tiene muy tensa, y que tiene miedo de contarle a Roy. Por otro lado, Gemma está empecinada en volver a las canchas; Beard se ha puesto pelo (Dios mío…); y la gran Mae Green (Annette Badland), dueña del pub al que van todos los personajes, es invitada por Ted para acompañarlos en el bus hasta Bristol. Después de todo, necesitan todo el apoyo posible para ganar.


Acá incluyo spoilers, así que tiene sentido decir que sí, efectivamente, las chicas ganan el partido, y debido a varias razones. Primero porque la arquera Quinn (Jude Mack) por fin se anima a usar guantes; porque Gemma entra un rato a la cancha para meter un gol, y finalmente, porque por fin le dan la oportunidad a la calientabancas de Shannon (Shannon Hayes) de jugar en el partido, lo cual resulta en un gol más. Pero como no todo puede ser felicidad, a la par nos enteramos de quién ha estado comprando las acciones de Richmond: nada más y nada menos que Zelda (Tracey Ullman), lo cual, valgan verdades, no es del todo chocante, pero seguro tendrá repercusiones en el episodio final. Pero lo peor es que, al final del partido, vemos que Mae ha caído, y aunque no escuchamos lo que Rebecca le dice a Ted, podemos asumir que la fanática más antigua de Richmond ha fallecido.

Habrá que esperar a la próxima semana a ver qué sucede. Pero con un solo episodio más de historia, creo que esta cuarta temporada de Ted Lasso tendrá que hacer bastante para concluir de forma satisfactoria (un algo agridulce). A menos, claro, que una quinta temporada sea anunciada inmediatamente…

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CRÍTICA: Ted Lasso – Temporada 4, Episodio 8

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**** sobre *****

*ALERTA DE SPOILERS*

Más que los otros episodios de esta temporada, el octavo se concentra en el drama, dejando la comedia un poco de lado para permitirles crecer a sus personajes. Y cuando hablo de los personajes, me refiero a los secundarios, ya que fuera de un excelente discurso para las chicas, Ted (Jason Sudeikis) no aparece mucho acá –y Beard (Brendan Hunt) tampoco (aunque vamos viendo cómo va lidiando con su crisis de la mediana edad, primero con los ojos azules el episodio pasado, y al parecer, ahora injertándose pelo). Es así que terminamos con el episodio más largo de la temporada hasta ahora, que aprovecha al máximo su duración para avanzar con la historia.


Para este crítico, la trama principal es la de Alice (Tanya Reynolds) y Gemma (Abbie Hern). La segunda sufre una lesión en un partido a la vez que le ofrecen un trabajo fuera del mundo del fútbol, lo cual la hace dudar sobre su futuro en Richmond. Y la primera se dedica el episodio entero a lidiar con esto, finalmente dándose cuenta del valor que tiene su jugadora no solo para ella sino también para el resto del equipo. Mientras tanto, Roy Kent (Brett Goldstein) se rehúsa a ir a su homenaje, y cuando es obligado por Keeley (Juno Temple), se ve involucrado en una serie de situaciones absurdas que, finalmente, le permiten darse cuenta de que sí valdría la pena darle una nueva oportunidad a una relación con la chica.

Fuera de aquellas tramas, tenemos a Leslie (Jeremy Swift) investigando un repentino misterio: resulta que un montón de gente ha estado vendiendo sus acciones en Richmond, lo cual parece ser parte de una conspiración contra el equipo. Y aunque vemos a otros personajes como Rebecca (Hannah Waddingham) o el resto de jugadoras del equipo, el episodio termina concentrándose en estas dos tramas principales y la secundaria… para bien. Porque, fuera de un par de gags que no funcionan y momentos caricaturescos que van en contra del tono más bien serio de esta semana (como cuando Roy rompe el sunroof de su carro y de alguna forma logra que Keeley salga por ahí), el octavo episodio de esta temporada de Ted Lasso logra atar varios nudos, completar ciertas subtramas y hacer crecer a sus personajes. No me reí mucho, pero sentí bastante; no hay muchas quejas.

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