La mejor forma de celebrar el anuncio de la confirmación de la tercera temporada de Euphoria ha sido este episodio que comprueba que la serie está más vigente que nunca y que, además, ha servido para acallar unas cuantas críticas que empezaban a aparecer respecto a la «poca sustancia dentro un envoltorio bonito» que parecía caracterizar esta segunda parte de la producción dirigida por Sam Levinson.
Me había parecido que el protagonismo de Rue estaba incomodando la trama porque se encontraba en un punto muerto poco interesante y que no aportaba mucho porque ya habíamos visto versiones más extremas del personaje de Zendaya. Sin embargo, la segunda temporada se había estado tomando el arduo trabajo de ir cavando lentamente el agujero en el que finalmente ha caído la protagonista.

Ha sido un episodio dedicado por completo a ella, pero muy distinto a su especial estrenado luego de la primera temporada. En este tenemos mucha más acción, pero de ello hablaremos en un momento porque el inicio del capítulo nos traslada al interior de la familia Bennett. Leslie, la madre de Rue, ha descubierto que su hija ha recaído en el consumo de drogas. Lo cierto es que no fui el único espectador disconforme la semana pasada por la poca fineza con la que se trató el tema de Jules y como descubre que su novia está metida en drogas de nuevo. Era bastante evidente y lo mismo aplica con su madre. Sin embargo, los minutos iniciales son suficiente recompensa como para reconciliarnos y olvidarnos de ese tropezón. Una discusión muy violenta y que grafica estupendamente la dinámica de una familia que tiene un hijo o hija con problemas de adicción y todo lo que ello implica. No solo Gia y Leslie son víctimas de los insultos y amenazas de Rue (Zendaya ha estado en una de esas interpretaciones que te hacen ganar un Emmy), sino también Elliot y Jules, quienes están presentes. Sin embargo, el problema para Rue no es que todos hayan descubierto la verdad, sino que ha perdido la maleta de opioides que debe vender.
Lo que esto origina es una odisea para Rue a la que acompañaremos ese día (y esa noche), de arriba para abajo, buscando refugio mientras afronta un grave síndrome de ansiedad. Así, luego de huir de su carro mientras su familia la llevaba a rehabilitación, deambula por la ciudad y llega a la casa de Lexi y Cassie, donde, sin motivo alguno que sea explicado, también están Kat y Maddy. Rue está fuera de sí, completamente dominada por su adicción, pues su inquietud no es conseguir un lugar donde pasar la noche, sino buscar cualquier droga que calme la ansiedad que tiene. Por muchos momentos me ha parecido estar viendo una comedia negra, en especial cuando, en frente de todas, le pregunta a Cassie hace cuánto estaba teniendo sexo con Nate. Cassie solo ha querido ayudarla, pero Rue no quiere ayuda y ha volcado toda su ira contra ella. Como este es un episodio únicamente sobre la protagonista, hemos visto solo las migajas de la reacción de Maddy reclamándole a Cassie. Lo correcto sería que le den un capítulo entero a este tema ya que ha sido uno de los ejes de la temporada.
Volviendo al episodio actual, Rue logra burlar esa situación y huir, incluso de su madre nuevamente, quien también había llegado a la casa para verla. Prosigue una visita al piso de Fez, quien, para evitarse problemas, tampoco la recibe. El gran detalle del episodio está en que la degradación de la protagonista es cada vez mayor. Encuentra un garaje abierto de una casa completamente desconocida y se mete a robar. Es el comportamiento de una drogadicta que ha tocado fondo. No sé si es un poco de morbo (o bastante), pero esta es la versión de Rue que se convierte en un activo más interesante a la trama.

De hecho, uno de los mejores momentos es la persecución policial que viene luego. Es tan divertida que podría inspirar un videojuego, pero es triste al mismo tiempo porque estamos viendo un espectáculo a causa de una chica que está absolutamente desorientada y hundida en su adicción. Una serie de obstáculos y unos saltos estilos parkour la llevan a escaparse de la policía y llegar a la casa de Laurie, la dealer que le suministró la droga para que la venda. Tras una conversación que parece amigable en principio, Rue pide que, para calmar el dolor que le produce el síndrome de ansiedad, le suministre morfina. Al día siguiente, Rue logra huir de este sitio también y se dirige sin rumbo conocido, aunque podría ser que vuelva a su hogar.
Creo que este capítulo no tendría nada que envidiarle a una cinta del estilo de Requiem for a Dream, que es, a mi manera de ver, de las películas que mejor ha sabido abordar el tema de la drogadicción. Si bien Euphoria explora varios temas sobre los adolescentes, las drogas siempre han jugado un papel primordial en el desarrollo del argumento y en este episodio, que ha sido el mejor de la temporada hasta ahora, se acerca a mostrar un retrato mucho más trágico de las consecuencias pues, aunque ya no tenemos el enfoque cuidadoso que se le daba a todas las subtramas durante la primera temporada para que todas puedan desarrollarse de manera equilibrada, a cambio nos han brindado mayor intensidad con la que algunos personajes puede explotar por completo sus problemas internos y sufrir la peor cara de estos.