Conectate con nosotros

Netflix

CRÍTICA – Warrior Nun (Primera Temporada)

Publicado

el

Al ver que Netflix ha producido una serie llamada “Warrior Nun”, me imagino que se les ocurren todo tipo de historias, muchas de ellas bastante absurdas. Después de todo, un título como “Warrior Nun” suena bastante absurdo, como algo sacado de una tira de cómics; y sí, efectivamente, esta nueva serie de Netflix está basada en una serie de cómics creada por Ben Dunn. Al leer un título como este, sin embargo, no me imagino nada particularmente serio o profundo; más bien, lo que se me viene a la mente es un grupo de monjas con espadas y metralletas, involucradas en una historia que no se toma en serio a sí misma, y que más bien acepta lo cursi que es. Es lo mismo que pasa cuando uno se entera de la existencia de películas como “Abraham Lincoln: Cazador de Vampiros”, o “Orgullo y Prejuicio y Zombies”.

Imaginen mi sorpresa, entonces, cuando termino de ver esta primera temporada de “Warrior Nun”, y me doy cuenta de que se trata de una serie bien hecha, con arcos de personaje creíbles, actuaciones decentes, efectos especiales espectaculares, y una narrativa inesperadamente ambiciosa. En pocas palabras: el título de “Warrior Nun” no le hace justifica a este a serie, y solo porque crea expectativas en el espectador que poco o nada tienen que ver con el producto final. “Warrior Nun” termina siendo, pues, una experiencia sorprendentemente divertida, la cual, de hecho, me encantaría fuese continuada en una segunda temporada. Conociendo a Netflix, sin embargo —y considerando el estado de la industria del entretenimiento durante esta pandemia—, tampoco quiero mantenerme demasiado esperanzado.

El show nos cuenta la historia de la joven Ava (la portuguesa Alba Baptista, quien maneja un acento americano prácticamente perfecto), una cuadriplégica que ha vivido casi toda su vida en un orfanato español, bajo el cuidado de unas monjas bastante sádicas y malgeniadas. Se trata de una existencia monótona y deprimente, la cual se ve interrumpida de manera repentina cuando Ava muere. Es así, de hecho, que termina en la morgue de una iglesia, abandonada y sin una familia que la reclame.

Pero es precisamente ahí donde sucede algo inesperado: una temerosa monja inserta una Aureola en la espalda de Ava, lo cual hace que resucite, y encima, pueda caminar, y utilizar poderes sobrenaturales: tiene súper fuerza, puede recuperarse de graves heridas casi inmediatamente (al más puro estilo de Wolverine), y hasta puede atravesar paredes. Después de todo, la Aureola usualmente es utilizada por la “Warrior Nun”, una monja especial, perteneciente a una secta de la iglesia dedicada a pelear con demonios, conocida como La Orden de la Espada Cruciforme. Sin embargo, Ava no sabe nada de esto, por lo que, confundida, se escapa de la morgue, y tratar de vivir una nueva vida. Pero como deberán estar asumiendo ya, tanto la Orden de la Espada Cruciforme, como un misterioso enemigo, estarán detrás de ella.

Lo más intrigante de “Warrior Nun” termina siendo, también, su mayor debilidad a nivel narrativo. Me gusta el que Ava no quiera pertenecer a la Orden de la Espada Cruciforme, y que desde un principio se niegue a combatir demonios y aceptar su destino. “Warrior Nun” está estructurada de tal manera que sigue muy fielmente al clásico Viaje del Héroe de Joseph Campbell: Ava es una suerte de “elegida”, que inicialmente se niega a aceptar su destino, pero que poco a poco se va convirtiendo en la salvadora de la humanidad. Es una estructura previsible pero que ha funcionado en infinidad de historias, y que en este caso, le permite al show sentirse un poco más serio, sin ahondar en cursilerías o momentos autoconscientes, más bien desarrollando a Ava como una protagonista creíble y sorprendentemente tridimensional.

¿Cuál es el problema, entonces? Pues por alguna razón, los creadores de “Warrior Nun” decidieron que Ava tenía que pasarse casi la mitad de la primera temporada rehusándose a participar en la historia, lo cual puede terminar por cansar a algunos espectadores. No me tomen a mal; el hecho de que la serie se tome su tiempo, y más bien prefiera desarrollar a Ava y ahondar en sus pensamientos —haciendo uso, incluso, de una voz en off por momentos innecesaria e irritante— es una decisión valiente, pero no llega a satisfacer del todo. Si Ava hubiera decido “responder a su llamado” un par de capítulos antes, esta primera temporada se hubiese sentido ligeramente menos tediosa, y bastante más satisfactoria y emocionante.

Felizmente, “Warrior Nun” cuenta con varias subtramas que le otorgan algo de textura a la narrativa, y que de hecho le permiten trascender los estereotipos del Viaje del Héroe. Consideren, si no, a la Doctora Jillian Salvius (Thekla Reuten), una científica que, al principio, parece ser la antagonista principal de la historia, pero que poco a poco va demostrando que tiene buenas razones para tratar de descubrir una puerta al cielo (o de repente, al infierno). O si no también tenemos al Cardenal Duretti (Joaquim de Almeida, un eterno villano), un ambicioso y poderoso miembro de la Iglesia, que también parece estar en contra de la Orden de la Espada Cruciforme. La manera en que estos dos personajes y sus secuaces se involucran en la historia es suficientemente intrigante, y ayuda a que uno entienda casi inmediatamente el contexto en el que se desenvuelven Ava y los demás.

De hecho, una vez que Ava decide hacerse amiga de las monjas, por más de que esté enamorada de un apuesto y joven criminal llamado JC (Emilio Sakraya), “Warrior Nun” se pone bastante más interesante. Me gustó, por ejemplo, la química entre la Ava de Alba Baptista y la Hermana Beatrice de Kristina Tonteri-Young (una novel actriz con mucho potencial), o las interacciones entre nuestra protagonista y Shotgun Mary (Toya Turner), una guerrera afiliada a la Secta, pero que a pesar de matar demonios para ellos, no es una monja. Hasta el líder del grupo, el Padre Vincent (Tristán Ulloa), tiene mucho qué hacer, y se va haciendo más importante mientras la serie avanza, demostrando que no deberíamos confiar en las apariencias. Cada uno de estos personajes secundarios tiene un backstory interesante, y le permiten a Ava considerar diferentes aspectos de su situación actual.

Evidentemente, ayuda también el que la mayoría de actuaciones sean de alto nivel, especialmente para un show llamado “Warrior Nun”. Alba Baptista (un clon portugués de Ellen Page; en serio, tienen que estar relacionadas de algún modo) interpreta a Ava mezclando cierta cantidad de inocencia con algo de sarcasmo y valentía, haciendo que su transformación de chica incrédula a Monja Guerrera resulte creíble. Y más importante: a pesar de ser su primera serie americana, demuestra que tiene todo el talento necesario para cargar una historia de este tipo sobre sus hombros.

Como Shotgun Mary, Toya Turner es suficientemente agresiva y valiente, aunque algunas de sus reacciones son frustrantemente molestas, haciendo que el personaje no siempre caiga del todo bien (esto es más culpa del guión y del diálogo que le dan, que de Turner). Como la Hermana Beatrice, Kristina Tonteri-Young está genial; la interpreta como una monja fuerte y siempre dispuesta a seguir las reglas, pero que también sabe cuándo rebelarse y seguir sus instintos. Se trata de una interpretación intensa, la cual, espero, traiga consigo muchas otras oportunidades para Tonteri-Young. Por otro lado, Joaquim de Almeida es siniestro como el Cardenal Duretti (me encantaría verlo en un papel heroico algún día), y Thekla Reuten logra humanizar a la doctora Salvius, haciendo que uno entienda por qué hace lo que hace, por más de que, a veces, tenga que ir en contra de los deseos de nuestra protagonista.

Ahora bien, como deben estar asumiendo, “Warrior Nun” es, más que nada, una serie de acción sobrenatural, y en ese sentido, resulta ser bastante cumplidora. Las secuencias de pelea están expertamente coreografias, con los personajes utilizando todo tipo de armas, desde metralletas y pistolas (o escopetas en el caso de Shotgun Mary), hasta espadas fabricadas con un elemento llamado Divinium (sí, en serio), una suerte de Criptonita para los demonios. Los efectos visuales, por otro lado, son de alta calidad —de repente ligeramente tiesos, en lo que se refiere a la animación de los demonios que aparecen en dos de los diez episodios, pero bastante espectaculares en otros momentos (digamos que la experiencia de atravesar paredes es presentada de manera bastante novedosa en esta serie). Por más que la primera mitad de la temporada se enfoque en desarrollar a Ava y en sus interacciones (a veces entretenidas, a veces algo cursis) con otros personajes, “Warrior Nun” termina siendo bastante emocionante, especialmente cada vez que las Monjas se involucran en una balacera o pelea contra sus enemigos.

No obstante, fuera de las secuencias de acción y el trabajo de construcción de Ava como personaje, también disfruté de algunos de los temas que introduce “Warrior Nun” en esta temporada. Si son muy religiosos, por ejemplo, dudo mucho que les vaya a hacer gracia la perspectiva más bien cínica que los creadores de la serie tienen de la Iglesia —la presentan como una organización sedienta de poder, y capaz de hacer cualquier cosa por mantener el control que tienen sobre una buena parte de la población de la Tierra (es decir, la presentan tal y como es… ¡ok, ok, lo siento!) Pero estos y otros temas no son introducidos de manera gratuita; más bien, contribuyen al desarrollo de la trama, e incluso ayudan a introducir algo de conflicto entre Ava y los demás personajes. Después de todo, ella tiene que tener varias razones para no querer unirse a la Orden de la Espada Cruciforme.

Si el concepto de “Warrior Nun” les llama la atención, estoy casi seguro que la pasarán bien con el show. Se trata de una serie que se toma en serio a sí misma, sí, pero que por momentos igual incluye algunos chistes —muchos de ellos, cortesía de la siempre sardónica Ava—, como para que no se convierta en una experiencia pesada o innecesariamente oscura. Si pueden ver más allá del título, se encontrarán con una serie inmensamente entretenida, que hace un buen trabajo de world building, y que hasta nos presenta a un grupo de actrices poco conocidas (Alba Baptista, Toya Turner, y especialmente Kristina Tonteri-Young), al que me gustaría ver en más y mejores cosas.

No, “Warrior Nun” no es una obra maestra ni mucho menos, y puede ser por momentos poco sutil y hasta inverosímil —el diálogo generalmente no ayuda—, pero cumple con su cometido, y más importante aún, lo deja a uno con ganas de más. De hecho, considerando el abrupto desenlace de esta primera temporada, me enfadaría mucho con Netflix si es que decidiesen cancelar el show. ¡Necesito saber qué es lo que va a pasar a continuación!

Cofundador y editor en NoEsEnSerie.com. Bachiller en Comunicación Audiovisual por la PUCP, y miembro de la APRECI—Asociación de Prensa Cinematográfica. Integra el staff de la revista MasGamers, las webs de Nintendo Pe y Fans de Zelda Perú, el portal web Cinencuentro, y el portal de cine peruano FotografiaCalato.com. Adicionalmente, es YouTuber para el canal Aprieta Start, y formó parte del staff de prensa del 18 Festival de Cine de Lima. También trabaja como fotógrafo para Star Wars Fan Club Perú. Desde enero del 2012 publica críticas y comentarios de cine en el blog Proyectando Ideas (el cual forma parte de la Asociación de Blogs de Cine). Crítico oficial de RottenTomatoes.com. Cinéfilo y seriómano empedernido.

Continuar leyendo
Comentarios

destacado

CRÍTICA: Splinter Cell: Deathwatch (Temporada 1)

Publicado

el

Interesante que la franquicia de “Splinter Cell” haya regresado después de tanto tiempo no con un videojuego nuevo —por más de que hayan pasado ya algunos años desde el anuncio de un remake—, sino más bien con una serie animada. Es casi como si la gente de Ubisoft estuviese tanteando el interés que queda todavía hacia la saga —una serie de videojuegos de sigilo —o stealth— que en su momento fueron increíblemente populares, pero que debido a la salida de secuelas francamente decepcionantes para plataformas más recientes, fue muriendo gradual y tristemente. En pocas palabras: “Splinter Cell” merecía —o mejor dicho, merecemás.

Pero bueno, parece que el interés existe, ya que dicha serie, “Splinter Cell: Deathwatch”, ha sido renovada para una segunda temporada pocos días después de su estreno en Netflix. Eso debe querer decir, al menos en teoría, que se trata de un buen show, ¿no? Pues sí. Lo que tenemos acá es una historia oscura y llena de acción y sangre, protagonizada por un Sam Fisher ya mayor que debe regresar al ruedo para ayudar nuevamente a su país, y de paso, enfrentar a sus demonios del pasado. Es el tipo de trama que se siente más como una “secuela de legado” que otra cosa, pero que felizmente termina por respetar a su fuente de inspiración principal… bueno, hasta cierto punto.

Lo bueno es que creo que los fans cuerdos deberían quedar bastante satisfechos con “Splinter Cell: Deathwatch”.

Al comenzar “Splinter Cell: Deathwatch”, vemos a una agente siendo enviada por Anna Grimsdottir (voz de Janet Varney) de la agencia secreta estadounidense Fourth Echelon (no Third, como en los juegos clásicos) a rescatar a otro operativo que ha sido secuestro y está siendo torturado por el enemigo. Pero cuando la chica, llamada Zinnia McKenna (Kirby Howell-Baptiste) llega al lugar de los hechos, es demasiado tarde: el otro agente está muerto. Sedienta de venganza y llena de ira, Zinnia comienza a matar a medio mundo, pero es herida, lo cual la obliga a escapar.

Es así que Anna (también llamada “Grim”) decide contactar al viejo agente Sam Fisher (Liev Schreiber), ahora retirado en una granja en Polonia con su perro llamado Kaiju, para que la ayude. Después de todo, no solo tiene a una agente malherida, sino también a un Fourth Echelon totalmente apartado de la red, aparentemente hackeado por un enemigo misterioso. Es así que, cuando Sam se encuentra con Zinnia, va develando una conspiración que involucra a la poderosa CEO de una megacorporación supuestamente proambiente llamada Diana Shetland (Kari Wahlgren), quien resulta ser la hija del ex compañero militar de Sam, Douglas Shetland (Kiff VandenHeuvel), a quien nuestro protagonista se vio obligado a matar años atrás.

Más no voy a decir, ya que la narrativa de “Splinter Cell: Deathwatch” se desarrolla con paciencia a lo largo de ocho episodios frustrantemente cortos. De hecho, creo que es ahí donde radica una de las mayores flaquezas de la serie: entiendo que producir animación (especialmente animación en 2D) es costoso y toma tiempo, pero el que cada episodio dure menos de treinta minutos no hace más que dejarlo a uno con la sensación de que algo le falta a “Splinter Cell: Deathwatch”. Uno puede ver la temporada entera en una tarde, lo cual no es algo malo, supongo, pero a la vez, lo deja a uno con ganas de más. Espero que la confirmada segunda temporada no demore demasiado en llegar.

Ahora, fuera de eso, lo que quizás podría dividir a los fanáticos es la forma en que Sam Fisher es retratado. Para este crítico, se trata del Sam de siempre, quizás un poco más serio que el de los primeros tres juegos —extrañé un poco su sentido del humor sarcástico y por momentos sardónico—, pero increíblemente fuerte y capaz. Resulta satisfactorio verlo enfrentarse a los hombres de Diana, y de cuando en cuando utilizar el sigilo para matarlos y sobrevivir. Sí, “Splinter Cell: Deathwatch” es más una serie de acción —sangrienta, brutal— que de suspenso o stealth puro, pero una vez que Sam se pone sus gafas icónicas para salir a cumplir su misión, uno puede evitar emocionarse.

Ahora bien, otra decisión arriesgada que siento sí funciona es incluir a Zinnia como coprotagonista de la serie. Siento que funciona porque no le quita nada a Sam, y porque termina siendo una contraparte interesante para el avejentado Agente Splinter, con mucho menos experiencia que él, y sedienta de venganza. Zinnia comete errores y Sam está aquí para corregirlos, pero es ella, también, quien le muestra a él cómo las consecuencias de su pasado han llegado al presente para atacarlo, con los dos dándose cuenta de que, a veces, cambiar la realidad problemática contemporánea termina siendo una tarea casi imposible.

De hecho, ese es uno de los temas principales de “Splinter Cell: Deathwatch”: el cambio. Diana, por ejemplo, se supone quiere cambiar el mundo con Xanadu, una isla artificial que ha creado para desarrollar todo tipo de energías verdes y limpias. Pero también quiere realizar un cambio todavía más grande y total, el cual no pienso revelar acá. Por otro lado, Zinnia representa una suerte de cambio para Fourth Echelon y cómo funciona, y aunque Sam representa el pasado —especialmente cuando lo vemos en sus flashbacks como Douglas, que se llevan a cabo en la misma época que los videojuegos clásicos—, él también se ve obligado a cambiar para enfrentar las consecuencias de sus actos.

A nivel visual, no tengo demasiadas quejas. Por ahí he visto a gente decir que el estilo de animación de “Splinter Cell: Deathwatch” es “feo”, pero simplemente no puedo estar de acuerdo. Los personajes manejan una diseño que mezcla lo realista con lo suficientemente “animado”, y las secuencias de acción son presentadas con estilo y verosimilitud, siendo increíblemente sangrientas para causar un mayor impacto. Y la serie en general hace uso de técnicas audiovisuales propias del cine live-action, como Lens Flares, cambios de foco, suciedades en el “lente” y sutiles movimientos de cámara, para que todo se sienta más cercano y realista. Por otro lado, en lo que se refiere a las actuaciones de voz, creo que todos hacen un buen trabajo. Obviamente se extraña a Michael Ironside (la voz original de Sam), pero Schreiber destaca como su reemplazo, oyéndose no como una imitación de Fisher, sino más bien como una reinterpretación del mismo personaje.

La pasé bien con “Splinter Cell: Deathwatch”. Obviamente el factor nostalgia es fuerte a la hora de ver la serie, especialmente para quienes crecimos con los tres juegos originales hace más de veinte años (todavía los tengo para GameCube, y por supuesto, en HD para mi Xbox Series S). Pero fuera de eso, lo que el show nos propone es una historia breve de conspiraciones, asesinos a sueldo, agentes súper capaces, mucha acción y sangre, y poco humor. Visualmente, “Splinter Cell: Deathwatch” es atractiva y convincente, y aunque a nivel narrativo toma algunos riesgos, nada me terminó por fastidiar o enfadar. Derek Kolstad (el también creador de “John Wick”) ha hecho un buen trabajo con “Splinter Cell: Deathwatch”; solo espero que mantenga el mismo nivel de calidad para la segunda temporada, y que la serie en general convenza a Ubisoft de sacar un nuevo juego. ¡Ya es hora!

Continuar leyendo

destacado

CRÍTICA: Indomable (Temporada 1)

Publicado

el

Centrada en la investigación de un asesinato que se lleva a cabo en el Parque Nacional Yosemite en los Estados Unidos, “Indomable” termina siendo una experiencia tensa e intrigante, que además combina una narrativa correcta con un camino emocional potente para sus personajes. Protagonizada por el siempre excelente Eric Bana (“Hulk”, “Troya”, “The Dry”), la serie se puede ver rápido —la primera temporada consta de tan solo seis episodios— y resulta interesante para quienes tengan ganas de ver una historia de investigación, suspenso, personajes bien realizados, y misterios bien construidos. Puede que el final no sea necesariamente el mejor, pero todo lo que viene antes del mismo en “Indomable” funciona.

Al comenzar “Indomable”, nos enteramos de que una chica llamada Lucy Cook (Ezra Franky) se ha tirado de un barranco en el Parque Nacional Yosemite, ya que es encontrada por dos escaladores mientras intentan subir por la montaña. Es así que el Agente Especial Federal Kyle Turner (Bana) es llamado a la escena del crimen, viéndose obligado, eventualmente, a trabajar junto a una nueva Park Ranger recién venida de Los Ángeles, la amable Naya Vásquez (Lily Santiago). Mientras los dos se encargan de la investigación, van interactuando con todo tipo de personajes que trabajan y/o viven en el Parque, incluyendo a la ex esposa de Kyle, Jill Bodwin (Rosemarie DeWitt); el jefe de Kyle, Paul Souter (Sam Neill, de “Jurassic Park”); un Ranger que no se lleva bien con Kyle, Bruce Milch (William Smillie); y un cuidador de animales salvajes sorprendentemente violento, Shane Maguire (Wilson Bethel, de “Daredevil”).

Ahora, al ser esta una serie, los showrunners aprovechan el tiempo que tienen para desarrollar subtramas interesantes para sus dos protagonistas. Kyle, por ejemplo, está lidiando con la muerte reciente de su hijo Caleb (Ezra Wilson), alucinando con él, recurriendo al alcohol cuando no está trabajando, e interactuando con su ex esposa, también dolida, quien sin embargo ahora cuenta con nueva pareja. Y por su parte, Naya vive con su hijito Gael (Omi Fitzpatrick-Gonzales), mientras intenta evitar a su agresivo ex esposo (también policía), que al parecer no descansará hasta haber encontrado a su ex familia.

En términos generales, “Indomable” hace un buen trabajo entrelazando el misterio principal con aquellas subtramas, desarrollando temas como el manejo del duelo, la muerte, las relaciones de pareja, y lo difícil que es cuidar y proteger a los niños, con cierta efectividad. En términos generales, “Indomable” es una serie que mucho nos dice sobre la vulnerabilidad de los más jóvenes, y especialmente cuando llega a su prologanda conclusión, deja bien en claro que se trata de una historia sobre padres arrepentidos e hijos que han sufrido terribles consecuencias. A veces, como padre o madre, uno quiere hacer lo mejor por sus hijos, pero lamentablemente no siempre es posible.

Esto, evidentemente, se ve con nuestros dos protagonistas. Kyle es un hombre sufrido, que simplemente no puede lidiar con el dolor que siente y por ende se sumerge tanto en su trabajo como en la botella. Tiene todavía una conexión fuerte con Jill, quien claramente empatiza mucho con él, y es incapaz de superar lo que les sucedió un tiempo atrás. Y por su parte, Naya es alguien que simplemente quiere seguir adelante pero tiene que lidiar con sus errores del pasado, haciendo todo lo posible por proteger al pequeño Gael mientras trabaja, dejándolo con la vecina o en el colegio o, eventualmente, incluso con Jill. Es a través de estos dos personajes que vemos diferentes maneras de ser padre o madre, y lo difícil que resulta proteger a los más pequeños en un mundo peligroso.

Previsiblemente, Eric Bana hace un excelente trabajo interpretando a Kyle. Aprovechando lo apuesto que es, logra desarrollar al personaje como un tipo a la vez profesional e imprevisible, a quien la gente le perdona mucho, pero que por momentos le causa canas verdes a sus superiores. Es una actuación que muy fácilmente podría haber resultado sufrida e insoportable, pero que gracias al carisma de Bana, convence. Por su parte, Lily Santiago es encanto puro como Naya, convirtiéndola en un personaje con el que resulta fácil empatizar, y que contrasta perfectamente con el Kyle de Bana, al más puro estilo de una historia Buddy Cop clásica. Y el reparto secundario complementa el trabajo de los principales, siendo lo que resaltan más Sam Neill (considerado, empático) Rosemarie DeWitt (amable, dolida) y Wilson Bethel (psicopático, intenso).

Ahora bien, no quiero incluir spoilers en el presente texto, por lo que solo diré que el desenlace de “Indomable” no me terminó de encantar. Y es extraño, porque el giro final en sí no está mal. Lo que no convence es el hecho de que el último episodio de la temporada se siente como un epílogo extenso, algo cansador luego de la intensidad emocional del clímax natural de la narrativa. Y aunque, como se ha dicho, el reparto de “Indomable” es de primer nivel, hay cierta escena en dicho episodio en el que sus dos actores protagonistas se ven incómodos —no debido al contexto de la escena, si no más bien como si no estuviesen seguros de cómo actuar. Más no puedo decir; solo consideren que, a pesar de lo entretenida e interesante que es “Indomable”, su último episodio no es el mejor.

No obstante, aquel defecto no termina por arruinar “Indomable”. De hecho, disfruté mucho de esta primera temporada, especialmente gracias al desarrollo de su misterio central, y al uso de las locaciones naturales, haciendo que, arriesgándome a caer en clichés, el Parque de Yosemite se convierta en un personaje más de la historia. Además, Bana y Santiago dan excelentes actuaciones, transformándose en protagonistas a los que vale la pena seguir. Todo aquello convierte a “Indomable” en una grata sorpresa; tensa, intrigante y relativamente breve, que me da gusto haya sido renovada para una segunda temporada. Solo espero que la nueva historia esté a la altura de esta primera, y que no demore demasiado en llegar a Netflix.

Continuar leyendo

destacado

CRÍTICA: Cunk on Earth (miniserie)

Publicado

el

Philomena Cunk (no confundir su apellido con… otra palabra en inglés) es un personaje del que quizás no sepamos demasiado acá en Latinoamérica, pero que poco a poco ha ido ganando adeptos, más que nada gracias a las redes sociales. Originándose en la serie mockumental de Charlie Brooker Weekly Wipe, Cunk fue presentada al inicio —y hasta cierto punto, todavía— como una reportera no muy inteligente y de ideas curiosas, y a partir de ahí fue siendo desarrollada a través de nuevos proyectos. Es decir, poco a poco, Cunk fue cobrando más importancia, lo cual resultó en una miniserie como “Cunk on Britain” (la cual, desgraciadamente, no está disponible en Latinoamérica… legalmente).

La buena noticia, sin embargo, es que la segunda miniserie de Cunk fue coproducida entre la BBC y Netflix, lo cual quiere decir que está disponible en nuestra zona del mundo. Y para el agrado tanto de los fanáticos como de quienes recién estén descubriendo al personaje, “Cunk on Earth” es tan graciosa, ácida e imprevisible como su predecesora. Lo que tenemos acá, de hecho, es una sátira de miniserie documental en donde la buena Philomena pasa por diferentes lugares del mundo (ya sea de verdad, o con pantallas chroma… ya cada uno decidirá cuál es la verdad), hablándonos sobre la historia y el desarrollo de la humanidad. Comenzando con los hombres primitivos, pasando por la edad media, el renacimiento, la revolución industrial, y apropiadamente culminando en el presente, Cunk nos habla de mucho, lo cual puede resultar hasta un poco agobiante.

Pero no importa. Porque como se deben imaginar, “Cunk on Earth” funciona gracias al ritmo ágil que maneja —solo cuenta con cinco episodios de menos de media hora cada uno—, y por supuesto, al sentido del humor de su presentadora. Porque Philomena Cunk sigue siendo un personaje curioso, que por momentos actúa de manera muy estúpida, y en otros con una curiosidad digna de una niña que recién está descubriendo el mundo (apropiado para esta serie, además). Y Diane Morgan la interpreta con una seriedad perfecta, recitando diálogos francamente absurdos sin esbozar ni media sonrisa, dejando en claro que tanto ella como el creador de la serie, Charlie Brooker, saben que mientras más serio sea el tono de la cuestión, más risas causarán en el espectador.

Lo cual no quiere decir que Philomena sea un personaje plano o poco interesante. De hecho, todo lo contrario. Da risa no solo escucharla hacer las preguntas más estúpidas posibles a profesores de Cambridge o de Oxford, si no que también participa de secuencias físicamente entretenidas. Destaca, por ejemplo, una escena en la que se mete a un castillo medieval, y comienza a recrear una supuesta escena cotidiana de la época, señalando diferentes partes del ambiente mientras se incluyen los efectos de sonido apropiados en postproducción. Todo es resuelto en un plano secuencia, lo que ya de por sí es impresionante, pero además va escalando. Comienza de forma bastante verosímil (con Philomena mencionando a caballeros y reyes y súbditos), pero termina incluyendo elementos fantásticos que simplemente hicieron que llorara de la risa.

Y es ahí, obviamente, donde radica la genialidad de “Cunk on Earth”: es una excelente parodia, que maneja los mismos elementos narrativos y estilísticos de la serie documental promedio de la BBC, pero con una presentadora que poco o nada sabe del tema del que está hablando. No, no todos los gags funcionan —algunas referencias a cultura popular pueden sentirse forzadas, a decir verdad—, pero el ritmo de inclusión de chistes es tan rápido y furioso, que si alguno no funciona, uno no debe preocuparse: el siguiente viene pronto, y lo más probable es que dé risa. Consideren, si no, la múltiples malas pronunciaciones por parte de Cunk de palabras complicadas (o no tan complicadas, como “Biblia”), o ciertos comentarios sardónicos sobre problemas contemporáneos, muchos relacionados a la religión o la tecnología.

“Cunk on Earth” usa, además, ciertos recursos puramente audiovisuales para hacernos reír. Está la sección en la que Cunk habla sobre el islamismo, la cual es simplemente “cortada” de la emisión por ser ofensiva. O la frecuente inclusión de la canción “Pump Up the Jam” de Technotronic. O la aparición de cierto comercial para un resort mexicano en el que Cunk DEFINITIVAMENTE se quedó, porque DEFINITIVAMENTE estuvo grabando en México para la serie. Elementos como esos hay varios, y honestamente, la mayoría ayudan a que los cinco episodios del show pasen rápido, resulten inesperadamente informativos, y por supuesto, lo hagan matarse de risa a uno. “Cunk on Earth” es presentada, pues, como una miniserie de bajo presupuesto, y como una miniserie que sabe que tiene un bajo presupuesto.

Además, el show cuenta con algunos momentos inesperadamente humanos o hasta informativos, lo cual contrasta perfectamente con toda la ridiculez. Muchos de los invitados de Philomena —científicos, profesores, investigadores, ingenieros, y más… ¡todos reales!— son capaces de responder a sus preguntas absurdas con reflexiones bastante honestas, y la mayoría de episodios son capaces de decirnos algo interesante sobre la religión, la guerra, el desarrollo tecnológico, o la naturaleza humana. Y aunque que es parte de la parodia, me sorprendió cuando Cunk se puso a llorar al enterarse de que la perrita Laika murió cuando fue enviada al espacio por los rusos durante la Guerra Fría —un momento de inesperada humanidad para un personaje que, por lo demás, es una caricatura.

La pasé muy bien con “Cunk on Earth”. Me vi todos los episodios en menos de un día, no solo porque son pocos y porque son cortos, si no porque resultan adictivos. Cada uno maneja un tema y una época en específicos, lo cual lo motiva a uno a seguir viendo hasta el final. Y por supuesto, todos manejan un excelente estilo del humor y un nivel de calidad súper alto, lo cual ayuda a que uno siempre diga al final de cada episodio: “¿y si veo el siguiente?”. Nuevamente, no todos los gags funcionan, pero aquellos que no dan risa son la minoría, en realidad, y entre la excelente actuación de Morgan, el ocasional comentario social y político, la ridiculez de la premisa, y la seriedad del tono —y los invitados—, “Cunk on Earth” logra convertirse en una experiencia divertidísima, adictiva y altamente recomendable. Felizmente sabemos que esta no será la última aparición de Philomena Cunk en el mundo audiovisual; de lo contrario, no me quedaría más que protestar hasta que la BBC o Netflix me haga caso.

“Cunk on Earth” está disponible en Netflix.

Continuar leyendo