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CRÍTICA: High School Musical: The Musical – The Series (1era Temporada)

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Me imagino que cuando se enteraron que Disney Plus, el nuevo servicio de streaming de la corporación del ratón, sacaría una nueva serie basada en las películas de “High School Musical”, sus expectativas no eran las más altas. Después de todo, por más que una generación entera haya crecido con dichos filmes —y que sus dos protagonistas, Zac Efron y Vanessa Hudgens, hayan podido cultivar carreras decentes aprovechando la fama que les brindaron—, no es que puedan ser considerados como clásicos… ¿o si?

¿O?

Esa es LA pregunta que me hacía mientras veía “High School Musical: The Musical – The Series”. Eso se debe a que muchos de los personajes en dicha serie, en efecto, consideran a las películas de “High School Musical” como clásicos, ya sea porque eran fanáticos de las mismas durante su adolescencia, porque las consideran como musicales divertidos y emotivos, o simplemente porque…. la serie ha sido producida por Disney, y si pueden hypear sus propios productos a través de ella —por más de que tengan más de catorce años de antigüedad (¡!)—, ¿por qué no hacerlo? De hecho, uno puede ver este show de manera extremadamente cínica, pensando que no es más que un producto que depende demasiado de la nostalgia que una generación en particular siente hacia estas películas de Disney Channel, y que la aprovecha al máximo para desarrollar algo que podría ayudar a conseguir más suscriptores para su plataforma de streaming.

Pero hay otra opción. Uno también, si así lo desea, puede ver “High School Musical: The Musical – The Series” de manera un poco más inocente, dándose cuenta, de hecho, de que se trata de una serie realizada con cierta dedicación, y que a pesar de tener como público objetivo tanto a los adultos que disfrutaron de la franquicia años atrás, como a los adolescentes que hoy en día están buscando nuevo contenido con el que se puedan identificar, termina sintiéndose sorprendentemente universal. Sí, seguramente ya lo están asumiendo: “High School Musical: The Musical – The Series” me sorprendió gratamente, y hasta me dejó con ganas de ver la (ya confirmada) segunda temporada. Teniendo en cuenta que no he visto ninguna de las películas de “High School Musical”, ¡esto debería considerarse como un milagro!

Ahora bien, lo más interesante de esta nueva serie, es que no se trata de un remake directo de las películas. De hecho, no se lleva a cabo en el mismo universo que las mismas, si no más bien, en un mundo similar al nuestro, donde las películas existen y fueron estrenadas, y son… bueno, ficción. Los personajes mencionan a Zac Efron y Vanessa Hudgens, y hasta enseñan DVDs de la primera cinta. Esto quiere decir, supongo, que la corporación Disney también existe en el universo de “High School Musical: The Musical – The Series”, pero felizmente nunca la nombran directamente. Creo que eso ya hubiese sido demasiado descarado.

Los protagonistas de “High School Musical: The Musical – The Series” son Nini (Olivia Rodrigo) y Ricky (Joshua Bassett), dos adolescentes que estudian en el colegio donde las películas de “High School Musical” fueron filmadas años atrás. Ella es una gran fanática de los musicales y del arte en general, mientras que él es un chico más práctico y distraído, lo cual, a menos en un principio, no evitó que se enamoraran y sean una pareja.

Sin embargo, en este nuevo año escolar, las cosas han cambiado… y no necesariamente para bien. En el verano, Nini conoció a un chico mayor llamado EJ (Matt Cornett, un Clon Joven de Armie Hammer), que va al mismo colegio que ellos, razón por la que decide romper con Ricky y comenzar a salir con su nuevo enamorado (un flashback nos revela que hay otra razón por la que ella decida terminar con la relación). Pero mientras todo esto sucede, el show también nos introduce a la Miss Jenn (Kate Reinders), la nueva profesora de teatro del colegio, quien planea montar una obra basada… bueno, ya saben, en “High School Musical”. Es así que Nina tratará de conseguir el rol protagónico, EJ la seguirá para interpretar a su interés amoroso, y Ricky se meterá en la obra, a pesar de tener poco interés en el tema.

Me imagino que, sabiendo ya de qué se trata la serie, resultaría más fácil verla de forma más cínica; después de todo, se trata de un homenaje a la primera cinta de “High School Musical”, en donde los personajes tratan de adaptarla a una obra de teatro escolar. Pero felizmente, lo que comienza como una suerte de melodrama escolar presentado bien a lo Disney —es decir, de forma algo melosa y cursi—, poco a poco se va desarrollando de forma inesperadamente honesta, haciendo que uno se identifique con los personajes —especialmente Nini—, y sorprendentemente, quiera ver cómo acaba la historia. ¿Podrán montar la obra? ¿Regresará Nini con Ricky? ¿EJ se convertirá en una mejor persona?

Y si suena casi como una telenovela… es porque lo es. La diferencia, claro está, es que “High School Musical: The Musical – The Series” tiene un presupuesto mayor que la telenovela promedio; que cuenta con varios números musicales, la mayor parte súper bien hechos, y que está presentada como un mockumentary. Así es; aprovechando el carácter meta del material, el show entrelaza escenas convencionales —aunque dirigidas con cámaras en mano y editadas con un ritmo acelerado y divertido— con testimonios de los personajes hablando a cámara, al más puro estilo de “The Office”, solo que con… adolescentes. Es un recurso al que uno se acostumbra rápidamente, y que contribuye con el desarrollo de algunos de los momentos más graciosos del show.

De hecho, a pesar de tratarse, nuevamente, de un homenaje a las películas de Disney Channel, “High School Musical: The Musical – The Series” parece estar dispuesta a mofarse, aunque sea ligeramente, de aquellas producciones, y de las modas que ayudaron a lanzar. Me divertí con los comentarios que los personajes hacían de las modas de principios de los años 2000 —los peinados, la ropa, los colores extravagantes—, así como de las películas en sí, y de lo atrasadas que se pueden sentir para las generaciones contemporáneas, especialmente en lo que se refiere al desarrollo de los personajes femeninos y el romance central. No es nada muy exagerado, pero ayuda a que la serie se sienta fresca, y no como un simple producto derivado de las películas.

Adicionalmente, disfruté del trabajo de representación y diversidad del show. Muchos de los personajes comienzan como estereotipos andantes —consideren, si no, a Big Red (Larry Saperstein), el mejor amigo de Ricky, que es mostrado como el estereotípico chico pelirrojo “raro”—, pero poco a poco son desarrollados de manera más humana, tanto a través de sus interacciones con otros personajes, como con las decisiones que toman en relación a la obra de teatro en la que tienen que trabajar. Además, hay detalles como el hecho de que Nini tiene dos mamás —lo cual espero que exploren a mayor detalle en la segunda temporada, para que no se quede en simple queer baiting—, o subtramas como la de Carlos (Frankie A. Rodríguez) tratando de invitar a un chico llamado Seb (Joe Serafani) a un baile escolar, que son tratadas con respeto y de manera extremadamente natural. Ojalá sigan con la misma línea —y la expandan— en la siguiente temporada.

Ayuda, también, el que las actuaciones sean bastante decentes —especialmente para estándares adolescentes—, y el que todos los chicos sepan cantar realmente bien. Olivia Rodrigo es muy creíble como Nini, y resulta fácil empatizar con ella —es una chica relativamente madura, que se ve involucrada en los clásicos problemas de adolescentes que uno ve en este tipo de series, pero que los trata de manera inesperadamente realista. Rodrigo tiene una muy buena voz, y le otorga mucho carisma y encanto a su personaje. Por otro lado, el Ricky de Joshua Bassett no está necesariamente al mismo nivel; el personaje está escrito como un chico con muchos defectos, que a pesar de tener el corazón en el lugar correcto (la mayor parte del tiempo), comete errores todo el tiempo, los cuales terminan por dañar a sus seres queridos. Bassett no está mal, pero la manera en que el personaje ha sido escrita no le hace ningún favor.

Los personajes secundarios logran resaltar y ayudan a que el universo de “High School Musical: The Musical – The Series” se sienta ligeramente más verosímil (por más que igual se trate de una serie súper colorida, suavizada y “Disneyificada”). Kate Reinders es suficientemente alegre y enérgica como la Miss Jenn; Matt “Armie Hammer” Cornett ayuda a que EJ logre trascender el estereotipo de “chico patán que ama los deportes”; Larry Saperstein tiene momentos graciosos como Big Red (y eventualmente le dan una subtrama interesante… felizmente), y Sofía Wylie resalta como Gina, una nueva alumna en el colegio, que tiene uno de los arcos de personaje más intrigantes del show. Digamos que comienza cayendo extremadamente mal, pero concluye la temporada de manera inesperada.

No hay mucho más que pueda escribir sobre “High School Musical: The Musical – The Series”, en realidad. Sí, se trata de un show constantemente cursi y ocasionalmente sonso, pero al tener un carácter tan meta, uno se lleva la impresión de que tanto los creadores como los personajes saben lo absurdo que es el material. Eso, junto con el tratamiento respetuoso de ciertos temas —como el divorcio, la homosexualidad, y más—, las actuaciones decentes, y los números musicales enérgicos, hace que el show termine siendo mucho más entretenido de lo que me hubiese imaginado inicialmente. “High School Musical: The Musical – The Series” es mejor de lo que debería ser, y aunque todavía podría considerarse como un producto cínico y desesperado de parte de una corporación que necesita ganar nuevos suscriptores para su nuevo servicio de streaming, está hecho con suficiente dedicación y talento, como para que uno se olvide de eso al verla.

Habrá que esperar a que salga la segunda temporada, pues. Mientras tanto… ¿me animaré a ver las películas de “High School Musical”? No creo… aunque durante esta cuarentena, creo que lo mejor sería nunca decir “nunca”.

“High School Musical: The Musical – The Series” está disponible en Disney Plus.

Cofundador y editor en NoEsEnSerie.com. Bachiller en Comunicación Audiovisual por la PUCP, y miembro de la APRECI—Asociación de Prensa Cinematográfica. Integra el staff de la revista MasGamers, las webs de Nintendo Pe y Fans de Zelda Perú, el portal web Cinencuentro, y el portal de cine peruano FotografiaCalato.com. Adicionalmente, es YouTuber para el canal Aprieta Start, y formó parte del staff de prensa del 18 Festival de Cine de Lima. También trabaja como fotógrafo para Star Wars Fan Club Perú. Desde enero del 2012 publica críticas y comentarios de cine en el blog Proyectando Ideas (el cual forma parte de la Asociación de Blogs de Cine). Crítico oficial de RottenTomatoes.com. Cinéfilo y seriómano empedernido.

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CRÍTICA: Splinter Cell: Deathwatch (Temporada 1)

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Interesante que la franquicia de “Splinter Cell” haya regresado después de tanto tiempo no con un videojuego nuevo —por más de que hayan pasado ya algunos años desde el anuncio de un remake—, sino más bien con una serie animada. Es casi como si la gente de Ubisoft estuviese tanteando el interés que queda todavía hacia la saga —una serie de videojuegos de sigilo —o stealth— que en su momento fueron increíblemente populares, pero que debido a la salida de secuelas francamente decepcionantes para plataformas más recientes, fue muriendo gradual y tristemente. En pocas palabras: “Splinter Cell” merecía —o mejor dicho, merecemás.

Pero bueno, parece que el interés existe, ya que dicha serie, “Splinter Cell: Deathwatch”, ha sido renovada para una segunda temporada pocos días después de su estreno en Netflix. Eso debe querer decir, al menos en teoría, que se trata de un buen show, ¿no? Pues sí. Lo que tenemos acá es una historia oscura y llena de acción y sangre, protagonizada por un Sam Fisher ya mayor que debe regresar al ruedo para ayudar nuevamente a su país, y de paso, enfrentar a sus demonios del pasado. Es el tipo de trama que se siente más como una “secuela de legado” que otra cosa, pero que felizmente termina por respetar a su fuente de inspiración principal… bueno, hasta cierto punto.

Lo bueno es que creo que los fans cuerdos deberían quedar bastante satisfechos con “Splinter Cell: Deathwatch”.

Al comenzar “Splinter Cell: Deathwatch”, vemos a una agente siendo enviada por Anna Grimsdottir (voz de Janet Varney) de la agencia secreta estadounidense Fourth Echelon (no Third, como en los juegos clásicos) a rescatar a otro operativo que ha sido secuestro y está siendo torturado por el enemigo. Pero cuando la chica, llamada Zinnia McKenna (Kirby Howell-Baptiste) llega al lugar de los hechos, es demasiado tarde: el otro agente está muerto. Sedienta de venganza y llena de ira, Zinnia comienza a matar a medio mundo, pero es herida, lo cual la obliga a escapar.

Es así que Anna (también llamada “Grim”) decide contactar al viejo agente Sam Fisher (Liev Schreiber), ahora retirado en una granja en Polonia con su perro llamado Kaiju, para que la ayude. Después de todo, no solo tiene a una agente malherida, sino también a un Fourth Echelon totalmente apartado de la red, aparentemente hackeado por un enemigo misterioso. Es así que, cuando Sam se encuentra con Zinnia, va develando una conspiración que involucra a la poderosa CEO de una megacorporación supuestamente proambiente llamada Diana Shetland (Kari Wahlgren), quien resulta ser la hija del ex compañero militar de Sam, Douglas Shetland (Kiff VandenHeuvel), a quien nuestro protagonista se vio obligado a matar años atrás.

Más no voy a decir, ya que la narrativa de “Splinter Cell: Deathwatch” se desarrolla con paciencia a lo largo de ocho episodios frustrantemente cortos. De hecho, creo que es ahí donde radica una de las mayores flaquezas de la serie: entiendo que producir animación (especialmente animación en 2D) es costoso y toma tiempo, pero el que cada episodio dure menos de treinta minutos no hace más que dejarlo a uno con la sensación de que algo le falta a “Splinter Cell: Deathwatch”. Uno puede ver la temporada entera en una tarde, lo cual no es algo malo, supongo, pero a la vez, lo deja a uno con ganas de más. Espero que la confirmada segunda temporada no demore demasiado en llegar.

Ahora, fuera de eso, lo que quizás podría dividir a los fanáticos es la forma en que Sam Fisher es retratado. Para este crítico, se trata del Sam de siempre, quizás un poco más serio que el de los primeros tres juegos —extrañé un poco su sentido del humor sarcástico y por momentos sardónico—, pero increíblemente fuerte y capaz. Resulta satisfactorio verlo enfrentarse a los hombres de Diana, y de cuando en cuando utilizar el sigilo para matarlos y sobrevivir. Sí, “Splinter Cell: Deathwatch” es más una serie de acción —sangrienta, brutal— que de suspenso o stealth puro, pero una vez que Sam se pone sus gafas icónicas para salir a cumplir su misión, uno puede evitar emocionarse.

Ahora bien, otra decisión arriesgada que siento sí funciona es incluir a Zinnia como coprotagonista de la serie. Siento que funciona porque no le quita nada a Sam, y porque termina siendo una contraparte interesante para el avejentado Agente Splinter, con mucho menos experiencia que él, y sedienta de venganza. Zinnia comete errores y Sam está aquí para corregirlos, pero es ella, también, quien le muestra a él cómo las consecuencias de su pasado han llegado al presente para atacarlo, con los dos dándose cuenta de que, a veces, cambiar la realidad problemática contemporánea termina siendo una tarea casi imposible.

De hecho, ese es uno de los temas principales de “Splinter Cell: Deathwatch”: el cambio. Diana, por ejemplo, se supone quiere cambiar el mundo con Xanadu, una isla artificial que ha creado para desarrollar todo tipo de energías verdes y limpias. Pero también quiere realizar un cambio todavía más grande y total, el cual no pienso revelar acá. Por otro lado, Zinnia representa una suerte de cambio para Fourth Echelon y cómo funciona, y aunque Sam representa el pasado —especialmente cuando lo vemos en sus flashbacks como Douglas, que se llevan a cabo en la misma época que los videojuegos clásicos—, él también se ve obligado a cambiar para enfrentar las consecuencias de sus actos.

A nivel visual, no tengo demasiadas quejas. Por ahí he visto a gente decir que el estilo de animación de “Splinter Cell: Deathwatch” es “feo”, pero simplemente no puedo estar de acuerdo. Los personajes manejan una diseño que mezcla lo realista con lo suficientemente “animado”, y las secuencias de acción son presentadas con estilo y verosimilitud, siendo increíblemente sangrientas para causar un mayor impacto. Y la serie en general hace uso de técnicas audiovisuales propias del cine live-action, como Lens Flares, cambios de foco, suciedades en el “lente” y sutiles movimientos de cámara, para que todo se sienta más cercano y realista. Por otro lado, en lo que se refiere a las actuaciones de voz, creo que todos hacen un buen trabajo. Obviamente se extraña a Michael Ironside (la voz original de Sam), pero Schreiber destaca como su reemplazo, oyéndose no como una imitación de Fisher, sino más bien como una reinterpretación del mismo personaje.

La pasé bien con “Splinter Cell: Deathwatch”. Obviamente el factor nostalgia es fuerte a la hora de ver la serie, especialmente para quienes crecimos con los tres juegos originales hace más de veinte años (todavía los tengo para GameCube, y por supuesto, en HD para mi Xbox Series S). Pero fuera de eso, lo que el show nos propone es una historia breve de conspiraciones, asesinos a sueldo, agentes súper capaces, mucha acción y sangre, y poco humor. Visualmente, “Splinter Cell: Deathwatch” es atractiva y convincente, y aunque a nivel narrativo toma algunos riesgos, nada me terminó por fastidiar o enfadar. Derek Kolstad (el también creador de “John Wick”) ha hecho un buen trabajo con “Splinter Cell: Deathwatch”; solo espero que mantenga el mismo nivel de calidad para la segunda temporada, y que la serie en general convenza a Ubisoft de sacar un nuevo juego. ¡Ya es hora!

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CRÍTICA: Indomable (Temporada 1)

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Centrada en la investigación de un asesinato que se lleva a cabo en el Parque Nacional Yosemite en los Estados Unidos, “Indomable” termina siendo una experiencia tensa e intrigante, que además combina una narrativa correcta con un camino emocional potente para sus personajes. Protagonizada por el siempre excelente Eric Bana (“Hulk”, “Troya”, “The Dry”), la serie se puede ver rápido —la primera temporada consta de tan solo seis episodios— y resulta interesante para quienes tengan ganas de ver una historia de investigación, suspenso, personajes bien realizados, y misterios bien construidos. Puede que el final no sea necesariamente el mejor, pero todo lo que viene antes del mismo en “Indomable” funciona.

Al comenzar “Indomable”, nos enteramos de que una chica llamada Lucy Cook (Ezra Franky) se ha tirado de un barranco en el Parque Nacional Yosemite, ya que es encontrada por dos escaladores mientras intentan subir por la montaña. Es así que el Agente Especial Federal Kyle Turner (Bana) es llamado a la escena del crimen, viéndose obligado, eventualmente, a trabajar junto a una nueva Park Ranger recién venida de Los Ángeles, la amable Naya Vásquez (Lily Santiago). Mientras los dos se encargan de la investigación, van interactuando con todo tipo de personajes que trabajan y/o viven en el Parque, incluyendo a la ex esposa de Kyle, Jill Bodwin (Rosemarie DeWitt); el jefe de Kyle, Paul Souter (Sam Neill, de “Jurassic Park”); un Ranger que no se lleva bien con Kyle, Bruce Milch (William Smillie); y un cuidador de animales salvajes sorprendentemente violento, Shane Maguire (Wilson Bethel, de “Daredevil”).

Ahora, al ser esta una serie, los showrunners aprovechan el tiempo que tienen para desarrollar subtramas interesantes para sus dos protagonistas. Kyle, por ejemplo, está lidiando con la muerte reciente de su hijo Caleb (Ezra Wilson), alucinando con él, recurriendo al alcohol cuando no está trabajando, e interactuando con su ex esposa, también dolida, quien sin embargo ahora cuenta con nueva pareja. Y por su parte, Naya vive con su hijito Gael (Omi Fitzpatrick-Gonzales), mientras intenta evitar a su agresivo ex esposo (también policía), que al parecer no descansará hasta haber encontrado a su ex familia.

En términos generales, “Indomable” hace un buen trabajo entrelazando el misterio principal con aquellas subtramas, desarrollando temas como el manejo del duelo, la muerte, las relaciones de pareja, y lo difícil que es cuidar y proteger a los niños, con cierta efectividad. En términos generales, “Indomable” es una serie que mucho nos dice sobre la vulnerabilidad de los más jóvenes, y especialmente cuando llega a su prologanda conclusión, deja bien en claro que se trata de una historia sobre padres arrepentidos e hijos que han sufrido terribles consecuencias. A veces, como padre o madre, uno quiere hacer lo mejor por sus hijos, pero lamentablemente no siempre es posible.

Esto, evidentemente, se ve con nuestros dos protagonistas. Kyle es un hombre sufrido, que simplemente no puede lidiar con el dolor que siente y por ende se sumerge tanto en su trabajo como en la botella. Tiene todavía una conexión fuerte con Jill, quien claramente empatiza mucho con él, y es incapaz de superar lo que les sucedió un tiempo atrás. Y por su parte, Naya es alguien que simplemente quiere seguir adelante pero tiene que lidiar con sus errores del pasado, haciendo todo lo posible por proteger al pequeño Gael mientras trabaja, dejándolo con la vecina o en el colegio o, eventualmente, incluso con Jill. Es a través de estos dos personajes que vemos diferentes maneras de ser padre o madre, y lo difícil que resulta proteger a los más pequeños en un mundo peligroso.

Previsiblemente, Eric Bana hace un excelente trabajo interpretando a Kyle. Aprovechando lo apuesto que es, logra desarrollar al personaje como un tipo a la vez profesional e imprevisible, a quien la gente le perdona mucho, pero que por momentos le causa canas verdes a sus superiores. Es una actuación que muy fácilmente podría haber resultado sufrida e insoportable, pero que gracias al carisma de Bana, convence. Por su parte, Lily Santiago es encanto puro como Naya, convirtiéndola en un personaje con el que resulta fácil empatizar, y que contrasta perfectamente con el Kyle de Bana, al más puro estilo de una historia Buddy Cop clásica. Y el reparto secundario complementa el trabajo de los principales, siendo lo que resaltan más Sam Neill (considerado, empático) Rosemarie DeWitt (amable, dolida) y Wilson Bethel (psicopático, intenso).

Ahora bien, no quiero incluir spoilers en el presente texto, por lo que solo diré que el desenlace de “Indomable” no me terminó de encantar. Y es extraño, porque el giro final en sí no está mal. Lo que no convence es el hecho de que el último episodio de la temporada se siente como un epílogo extenso, algo cansador luego de la intensidad emocional del clímax natural de la narrativa. Y aunque, como se ha dicho, el reparto de “Indomable” es de primer nivel, hay cierta escena en dicho episodio en el que sus dos actores protagonistas se ven incómodos —no debido al contexto de la escena, si no más bien como si no estuviesen seguros de cómo actuar. Más no puedo decir; solo consideren que, a pesar de lo entretenida e interesante que es “Indomable”, su último episodio no es el mejor.

No obstante, aquel defecto no termina por arruinar “Indomable”. De hecho, disfruté mucho de esta primera temporada, especialmente gracias al desarrollo de su misterio central, y al uso de las locaciones naturales, haciendo que, arriesgándome a caer en clichés, el Parque de Yosemite se convierta en un personaje más de la historia. Además, Bana y Santiago dan excelentes actuaciones, transformándose en protagonistas a los que vale la pena seguir. Todo aquello convierte a “Indomable” en una grata sorpresa; tensa, intrigante y relativamente breve, que me da gusto haya sido renovada para una segunda temporada. Solo espero que la nueva historia esté a la altura de esta primera, y que no demore demasiado en llegar a Netflix.

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CRÍTICA: Cunk on Earth (miniserie)

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Philomena Cunk (no confundir su apellido con… otra palabra en inglés) es un personaje del que quizás no sepamos demasiado acá en Latinoamérica, pero que poco a poco ha ido ganando adeptos, más que nada gracias a las redes sociales. Originándose en la serie mockumental de Charlie Brooker Weekly Wipe, Cunk fue presentada al inicio —y hasta cierto punto, todavía— como una reportera no muy inteligente y de ideas curiosas, y a partir de ahí fue siendo desarrollada a través de nuevos proyectos. Es decir, poco a poco, Cunk fue cobrando más importancia, lo cual resultó en una miniserie como “Cunk on Britain” (la cual, desgraciadamente, no está disponible en Latinoamérica… legalmente).

La buena noticia, sin embargo, es que la segunda miniserie de Cunk fue coproducida entre la BBC y Netflix, lo cual quiere decir que está disponible en nuestra zona del mundo. Y para el agrado tanto de los fanáticos como de quienes recién estén descubriendo al personaje, “Cunk on Earth” es tan graciosa, ácida e imprevisible como su predecesora. Lo que tenemos acá, de hecho, es una sátira de miniserie documental en donde la buena Philomena pasa por diferentes lugares del mundo (ya sea de verdad, o con pantallas chroma… ya cada uno decidirá cuál es la verdad), hablándonos sobre la historia y el desarrollo de la humanidad. Comenzando con los hombres primitivos, pasando por la edad media, el renacimiento, la revolución industrial, y apropiadamente culminando en el presente, Cunk nos habla de mucho, lo cual puede resultar hasta un poco agobiante.

Pero no importa. Porque como se deben imaginar, “Cunk on Earth” funciona gracias al ritmo ágil que maneja —solo cuenta con cinco episodios de menos de media hora cada uno—, y por supuesto, al sentido del humor de su presentadora. Porque Philomena Cunk sigue siendo un personaje curioso, que por momentos actúa de manera muy estúpida, y en otros con una curiosidad digna de una niña que recién está descubriendo el mundo (apropiado para esta serie, además). Y Diane Morgan la interpreta con una seriedad perfecta, recitando diálogos francamente absurdos sin esbozar ni media sonrisa, dejando en claro que tanto ella como el creador de la serie, Charlie Brooker, saben que mientras más serio sea el tono de la cuestión, más risas causarán en el espectador.

Lo cual no quiere decir que Philomena sea un personaje plano o poco interesante. De hecho, todo lo contrario. Da risa no solo escucharla hacer las preguntas más estúpidas posibles a profesores de Cambridge o de Oxford, si no que también participa de secuencias físicamente entretenidas. Destaca, por ejemplo, una escena en la que se mete a un castillo medieval, y comienza a recrear una supuesta escena cotidiana de la época, señalando diferentes partes del ambiente mientras se incluyen los efectos de sonido apropiados en postproducción. Todo es resuelto en un plano secuencia, lo que ya de por sí es impresionante, pero además va escalando. Comienza de forma bastante verosímil (con Philomena mencionando a caballeros y reyes y súbditos), pero termina incluyendo elementos fantásticos que simplemente hicieron que llorara de la risa.

Y es ahí, obviamente, donde radica la genialidad de “Cunk on Earth”: es una excelente parodia, que maneja los mismos elementos narrativos y estilísticos de la serie documental promedio de la BBC, pero con una presentadora que poco o nada sabe del tema del que está hablando. No, no todos los gags funcionan —algunas referencias a cultura popular pueden sentirse forzadas, a decir verdad—, pero el ritmo de inclusión de chistes es tan rápido y furioso, que si alguno no funciona, uno no debe preocuparse: el siguiente viene pronto, y lo más probable es que dé risa. Consideren, si no, la múltiples malas pronunciaciones por parte de Cunk de palabras complicadas (o no tan complicadas, como “Biblia”), o ciertos comentarios sardónicos sobre problemas contemporáneos, muchos relacionados a la religión o la tecnología.

“Cunk on Earth” usa, además, ciertos recursos puramente audiovisuales para hacernos reír. Está la sección en la que Cunk habla sobre el islamismo, la cual es simplemente “cortada” de la emisión por ser ofensiva. O la frecuente inclusión de la canción “Pump Up the Jam” de Technotronic. O la aparición de cierto comercial para un resort mexicano en el que Cunk DEFINITIVAMENTE se quedó, porque DEFINITIVAMENTE estuvo grabando en México para la serie. Elementos como esos hay varios, y honestamente, la mayoría ayudan a que los cinco episodios del show pasen rápido, resulten inesperadamente informativos, y por supuesto, lo hagan matarse de risa a uno. “Cunk on Earth” es presentada, pues, como una miniserie de bajo presupuesto, y como una miniserie que sabe que tiene un bajo presupuesto.

Además, el show cuenta con algunos momentos inesperadamente humanos o hasta informativos, lo cual contrasta perfectamente con toda la ridiculez. Muchos de los invitados de Philomena —científicos, profesores, investigadores, ingenieros, y más… ¡todos reales!— son capaces de responder a sus preguntas absurdas con reflexiones bastante honestas, y la mayoría de episodios son capaces de decirnos algo interesante sobre la religión, la guerra, el desarrollo tecnológico, o la naturaleza humana. Y aunque que es parte de la parodia, me sorprendió cuando Cunk se puso a llorar al enterarse de que la perrita Laika murió cuando fue enviada al espacio por los rusos durante la Guerra Fría —un momento de inesperada humanidad para un personaje que, por lo demás, es una caricatura.

La pasé muy bien con “Cunk on Earth”. Me vi todos los episodios en menos de un día, no solo porque son pocos y porque son cortos, si no porque resultan adictivos. Cada uno maneja un tema y una época en específicos, lo cual lo motiva a uno a seguir viendo hasta el final. Y por supuesto, todos manejan un excelente estilo del humor y un nivel de calidad súper alto, lo cual ayuda a que uno siempre diga al final de cada episodio: “¿y si veo el siguiente?”. Nuevamente, no todos los gags funcionan, pero aquellos que no dan risa son la minoría, en realidad, y entre la excelente actuación de Morgan, el ocasional comentario social y político, la ridiculez de la premisa, y la seriedad del tono —y los invitados—, “Cunk on Earth” logra convertirse en una experiencia divertidísima, adictiva y altamente recomendable. Felizmente sabemos que esta no será la última aparición de Philomena Cunk en el mundo audiovisual; de lo contrario, no me quedaría más que protestar hasta que la BBC o Netflix me haga caso.

“Cunk on Earth” está disponible en Netflix.

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